Colaboración FamilyandMedia.eu 

 

 

 

Thirteen Reasons Why (Por trece razones) es una de las más recientes “bombas” mediáticas de la exitosa compañía cinematográfica Netflix y que en las últimas semanas se ha convertido en un producto de consumo ideal para los amantes del “binge-watching”.

 

En esencia, la serie norteamericana se puede clasificar como una brillante adaptación del best seller escrito por Jay Asher que lleva el mismo título, publicado en 2007. Su impacto social es por demás considerable, pues su excelente narrativa se desenvuelve a lo largo de trece capítulos con su respectivo tono ascendente. En ellos, el director Brian Yorkey nos cuenta la historia de Hanna Baker (Katherine Lagford), una adolescente que ha tomado la decisión de quitarse la vida, dejando como testimonio trece audio-cassettes en los que se explican las razones que la llevaron a tomar la fatal decisión del suicidio. Me parece que desde la tragedia expuesta se entresacan tres reflexiones que pueden servir para “vacunar” a aquellos interesados en profundizar en esta accidentada serie.

 

1. El suicidio como remedio fallido

 

Como ya se ha comentado, el tema principal de la serie alude a las razones por las que una joven mujer decide quitarse la vida. La música y la escenografía se encargan de adentrarnos con gran éxito en este terrible drama. No es menor el revuelo que estas imágenes han causado en el sector educativo y en las asociaciones pro-familia, pues hay que aceptar que vivimos en una sociedad que se sigue escandalizando (cada vez menos) ante la imagen del suicidio juvenil. Sin embargo, es posible que pocos se hayan detenido a considerar las razones por las que un tema tan delicado genera tanta expectativa, pues es evidente que el mensaje de la serie contiene un cierto “tufo” de verdad.

 

Me parece que en la actualidad no somos realmente sensibles al aburrimiento y a la soledad que viven nuestros hijos adolescentes. Basta con verles a los ojos para percibir su hastío, en medio de una sociedad que sufre de espasmos de conciencia y se queda perpleja contemplando su propia ignorancia. Mientras tanto, la serie erige a Hanna como una “mártir” de los ideales liberales, “dando” su vida para que otros entiendan los males que acechan a las mujeres que siguen siendo más vulnerables que los hombres. Pareciere que la modernidad sigue empeñada en crear “héroes de palo”, cuyos actos libres y heroicos tienden a la autodestrucción. A final de cuentas, Hanna concibe con astucia su propia muerte, e idea un plan que absorberá la atención de su círculo social, escenificación suicida que se puede tornar en un gran “caldo de cultivo” para alentar todo tipo de desórdenes sociales disfrazados con un falso “manto heroico”, como ya lo estamos viendo con el fenómeno mediático Blue Whale.

 

2. Ser padres de una hija ya no es fácil

 

Los padres de familia y sus diversos estereotipos hacen acto de presencia en la serie, pasando por la familia pseudo-conservadora a la familia desintegrada (con padrastro violento y madre drogadicta), hasta toparnos con una “familia homoparental”. Se hace un reconocimiento con “bombo y platillo” a la diversidad de orientaciones y preferencias propias de la sociedad liberal en su versión norteamericana. Sin embargo, en ninguno de los casos se denota una verdadera preocupación por parte de los padres hacia sus hijos. El cuidado y el cariño es poco y precario, sobre todo superficial. Los padres de Hanna, Andy y Olivia, son el ejemplo claro de este fenómeno, quienes ignoran totalmente las acciones de su hija, optando por buscar respuestas meramente coyunturales, mediocres, hasta el punto de iniciar una “cacería de brujas” al estilo de The Death Poets Society. Pero su ausencia y superficialidad influyen de manera definitoria en el triste desenlace de Hanna, evidencia que no deja escapatoria para uno de los males más extendidos en Occidente, a saber, las “nauseas del vacío” – que diría Alejandro Llano– ante la banalidad de la propia existencia. En ese tenor, Thirteen Reasons Why puede ser visto como una “jalón de orejas” para los padres de familia contemporáneos, a quienes se les ha de exhortar a tomarse más en serio la vida familiar con sus hijos en el hogar. Ahora bien, es evidente que los personajes femeninos son aparentemente inocentes a lo largo de toda la serie. Pero según avanza la trama, se puede apreciar el leitmotiv (nada nuevo en nuestros días) que asigna a la mujer el duro papel de “víctima” permanente. Por su parte los varones, (salvo alguna confusa excepción) se muestran malévolos, abusadores e inconscientes, quienes sólo viven para satisfacer sus apetencias sexuales, rindiendo homenaje al término toxic masculinity. Sin embargo, la pedagogía de la exageración en torno a la figura masculina puede resultar para muchos insulsa, incluso tendenciosa e infantil. Al final, me parece que una de las razones principales por las que Hanna decide suicidarse es porque ha perdido la esperanza de ser amada por un varón. Esta última enunciación puede anular toda pretensión de exaltar esta serie como un intento apologético de dar razón a los postulados del feminismo radial.

 

3. La amistad y la sexualidad superficial

 

Quizás un tema poderoso que atrae al público como “abejas a la miel”, es el tópico de la amistad y su tergiversación en materia de sexualidad. En Thirteen Reasons Why se refleja la triste realidad: si eres noble y confiado, es imposible tener amigos sinceros. En este aspecto es evidente que Hanna goza una gran capacidad de amar, pero siempre es defraudada y lastimada por sus cercanos. El interés, el cariño, el respeto que la joven suicida profesa a los demás parece ser en vano, pues nadie es capaz de hacerse cargo de todo lo que ella es y siente. Quizás esto se deba a que vivimos en una sociedad individualista y materialista, incapaz de tratar con dignidad definitiva al otro, y esto hace que la mayoría de los jóvenes busquen autoafirmarse atendiendo a comportamientos que se alejan de una “vida lograda”. Es aquí donde la banalización de las relaciones sexuales hace su esperada aparición. No hace falta ser muy observador para concluir que la serie presenta la vida sexual activa entre jóvenes como una actividad más o como un derecho inalienable de toda relación entre el hombre y la mujer. Sin embargo, como la misma palabra promiscuidad sugiere, las relaciones sexuales a destiempo confunden, y esto también se hace patente en la trama, siendo Hanna una clara víctima de este desorden.

 

*Por Rafael Hurtado y Rafael García Yeoman. Colaboración de www.FamilyandMedia.eu para LaFamilia.info

 

 

 

Emma Young / Mosaic Science - 16.10.2017

 

Foto: Freepik 

 

La autora Emma Young expuso el caso de Islandia en un completo artículo publicado en Mosaic Science, puesto que en los últimos 20 años este país ha reducido radicalmente el consumo de tabaco, drogas y bebidas alcohólicas entre los jóvenes. ¿Cómo lo ha conseguido y por qué otros países no siguen su ejemplo? A continuación algunos apartes del artículo, traducido por ElPais.com

 

***

 

Actualmente, Islandia ocupa el primer puesto de la clasificación europea en cuanto a adolescentes con un estilo de vida saludable. El porcentaje de chicos de entre 15 y 16 años que habían tenido una borrachera el mes anterior se desplomó del 42% en 1998 al 5% en 2016. El porcentaje de los que habían consumido cannabis alguna vez ha pasado del 17 al 7%, y el de fumadores diarios de cigarrillos ha caído del 23% a tan solo el 3%.

 

Hace 20 años, cuenta Gudberg Jónsson -psicólogo islandés-, que los adolescentes islandeses eran de los más bebedores de Europa. “El viernes por la noche no podías caminar por las calles del centro de Reikiavik porque no te sentías seguro”, añade Harvey Milkman, catedrático de Psicología estadounidense que da clases en la Universidad de Reikiavik. “Había una multitud de adolescentes emborrachándose a la vista de todos”.

 

El país ha conseguido cambiar la tendencia por una vía al mismo tiempo radical y empírica, pero se ha basado en gran medida en lo que se podría denominar “sentido común forzoso”. “Es el estudio más extraordinariamente intenso y profundo sobre el estrés en la vida de los adolescentes que he visto nunca”, elogia Milkman. “Estoy muy impresionado de lo bien que funciona”.

 

Si se adoptase en otros países, sostiene, el modelo islandés podría ser beneficioso para el bienestar psicológico y físico general de millones de jóvenes, por no hablar de las arcas de los organismos sanitarios o de la sociedad en su conjunto. Un argumento nada desdeñable.

 

La tesis doctoral de Milkman concluía que las personas elegían la heroína o las anfetaminas dependiendo de cómo quisiesen lidiar con el estrés. Los consumidores de heroína preferían insensibilizarse, mientras que los que tomaban anfetaminas preferían enfrentarse a él activamente. Cuando su trabajo se publicó, Milkman entró a formar parte de un grupo de investigadores reclutados por el Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de Estados Unidos para que respondiesen a preguntas como por qué empieza la gente a consumir drogas, por qué sigue haciéndolo, cuándo alcanza el umbral del abuso, cuándo deja de consumirlas y cuándo recae.

 

“Cualquier joven de la facultad podría responder a la pregunta de por qué se empieza, y es que las drogas son fáciles de conseguir y a los jóvenes les gusta el riesgo. También está el aislamiento, y quizá algo de depresión”, señala. “Pero, ¿por qué siguen consumiendo? Así que pasé a la pregunta sobre el umbral del abuso y se hizo la luz. Entonces viví mi propia versión del “¡eureka!”. Los chicos podían estar al borde de la adicción incluso antes de tomar la droga, porque la adicción estaba en la manera en que se enfrentaban a sus problemas”.

 

En la Universidad Estatal Metropolitana de Denver, Milkman fue fundamental para el desarrollo de la idea de que el origen de las adicciones estaba en la química cerebral. Los menores “combativos” buscaban “subidones”, y podían obtenerlos robando tapacubos, radios, y más adelante, coches, o mediante las drogas estimulantes. Por supuesto, el alcohol también altera la química cerebral. Es un sedante, pero lo primero que seda es el control del cerebro, lo cual puede suprimir las inhibiciones y, a dosis limitadas, reducir la ansiedad.

 

“La gente puede volverse adicta a la bebida, a los coches, al dinero, al sexo, a las calorías, a la cocaína… a cualquier cosa”, asegura Milkman. “La idea de la adicción comportamental se convirtió en nuestro distintivo”.

 

De esta idea nació otra. “¿Por qué no organizar un movimiento social basado en la embriaguez natural, en que la gente se coloque con la química de su cerebro –porque me parece evidente que la gente quiere cambiar su estado de conciencia– sin los efectos perjudiciales de las drogas?”

 

En 1992, su equipo de Denver había obtenido una subvención de 1,2 millones de dólares del Gobierno para crear el Proyecto Autodescubrimiento, que ofrecía a los adolescentes maneras naturales de embriagarse alternativas a los estupefacientes y el delito. Solicitaron a los profesores, así como a las enfermeras y los terapeutas de los centros escolares, que les enviasen alumnos, e incluyeron en el estudio a niños de 14 años que no pensaban que necesitasen tratamiento, pero que tenían problemas con las drogas o con delitos menores.

 

“No les dijimos que venían a una terapia, sino que les íbamos a enseñar algo que quisiesen aprender: música, danza, hip hop, arte o artes marciales”. La idea era que las diferentes clases pudiesen provocar una serie de alteraciones en su química cerebral y les proporcionasen lo que necesitaban para enfrentarse mejor a la vida. Mientras que algunos quizá deseasen una experiencia que les ayudase a reducir la ansiedad, otros podían estar en busca de emociones fuertes.

 

Al mismo tiempo, los participantes recibieron formación en capacidades para la vida, centrada en mejorar sus ideas sobre sí mismos y sobre su existencia, y su manera de interactuar con los demás. “El principio básico era que la educación sobre las drogas no funciona porque nadie le hace caso. Necesitamos capacidades básicas para llevar a la práctica esa información”, afirma Milkman. Les dijeron a los niños que el programa duraría tres meses. Algunos se quedaron cinco años.

 

En 1991, Milkman fue invitado a Islandia para hablar de su trabajo, de sus descubrimientos y de sus ideas. Se convirtió en asesor del primer centro residencial de tratamiento de drogadicciones para adolescentes del país, situado en la ciudad de Tindar. “Se diseñó a partir de la idea de ofrecer a los chicos cosas mejores que hacer”, explica. Allí conoció a Gudberg, que por entonces estudiaba Psicología y trabajaba como voluntario. Desde entonces son íntimos amigos.

 

Al principio, Milkman viajaba con regularidad a Islandia y daba conferencias. Estas charlas y el centro de Tindar atrajeron la atención de una joven investigadora de la Universidad de Islandia llamada Inga Dóra Sigfúsdóttir. La científica se preguntaba qué pasaría si se pudiesen utilizar alternativas sanas a las drogas y el alcohol dentro de un programa que no estuviese dirigido a tratar a niños con problemas, sino, sobre todo, a conseguir que los jóvenes dejasen de beber o de consumir drogas.

 

¿Has probado el alcohol alguna vez? Si es así, ¿cuándo fue la última vez que bebiste? ¿Te has emborrachado en alguna ocasión? ¿Has probado el tabaco? Si lo has hecho, ¿cuánto fumas? ¿Cuánto tiempo pasas con tus padres? ¿Tienes una relación estrecha con ellos? ¿En qué clase de actividades participas?

 

En 1992, los chicos y chicas de 14, 15 y 16 años de todos los centros de enseñanza de Islandia rellenaron un cuestionario con esta clase de preguntas. El proceso se repitió en 1995 y 1997.

 

Los resultados de la encuesta fueron alarmantes. A escala nacional, casi el 25% fumaba a diario, y más del 40% se había emborrachado el mes anterior. Pero cuando el equipo buceó a fondo en los datos, identificó con precisión qué centros tenían más problemas y cuáles menos. Su análisis puso de manifiesto claras diferencias entre las vidas de los niños que bebían, fumaban y consumían otras drogas, y las de los que no lo hacían. También reveló que había unos cuantos factores con un efecto decididamente protector: la participación, tres o cuatro veces a la semana, en actividades organizadas –en particular, deportivas–; el tiempo que pasaban con sus padres entre semana; la sensación de que en el instituto se preocupaban por ellos, y no salir por la noche.

 

“En aquella época había habido toda clase de iniciativas y programas para la prevención del consumo de drogas”, cuenta Inga Dóra, que fue investigadora ayudante en las encuestas. “La mayoría se basaban en la educación”. Se alertaba a los chicos de los peligros de la bebida y las drogas, pero, como Milkman había observado en Estados Unidos, los programas no daban resultado. “Queríamos proponer un enfoque diferente”.

 

El alcalde de Reikiavik también estaba interesado en probar algo nuevo, y muchos padres compartían su interés, añade Jón Sigfússon, compañero y hermano de Inga Dóra. Por aquel entonces, las hijas de Jón eran pequeñas, y él entró a formar parte del nuevo Centro Islandés de Investigación y Análisis social de Sigfúsdóttir en 1999, año de su fundación. “Las cosas estaban mal”, recuerda. “Era evidente que había que hacer algo”.

 

Utilizando los datos de la encuesta y los conocimientos fruto de diversos estudios, entre ellos el de Milkman, se introdujo poco a poco un nuevo plan nacional. Recibió el nombre de Juventud en Islandia.

 

Las leyes cambiaron. Se penalizó la compra de tabaco por menores de 18 años y la de alcohol por menores de 20, y se prohibió la publicidad de ambas sustancias. Se reforzaron los vínculos entre los padres y los centros de enseñanza mediante organizaciones de madres y padres que se debían crear por ley en todos los centros junto con consejos escolares con representación de los padres. Se instó a estos últimos a asistir a las charlas sobre la importancia de pasar mucho tiempo con sus hijos en lugar de dedicarles “tiempo de calidad” esporádicamente, así como a hablar con ellos de sus vidas, conocer a sus amistades, y a que se quedasen en casa por la noche.

 

Asimismo, se aprobó una ley que prohibía que los adolescentes de entre 13 y 16 años saliesen más tarde de las 10 en invierno y de medianoche en verano. La norma sigue vigente en la actualidad.

 

Casa y Escuela, el organismo nacional que agrupa a las organizaciones de madres y padres, estableció acuerdos que los padres tenían que firmar. El contenido varía dependiendo del grupo de edad, y cada organización puede decidir qué quiere incluir en ellos. Para los chicos de 13 años en adelante, los padres pueden comprometerse a cumplir todas las recomendaciones y, por ejemplo, a no permitir que sus hijos celebren fiestas sin supervisión, a no comprar bebidas alcohólicas a los menores de edad, y a estar atentos al bienestar de sus hijos.

 

Estos acuerdos sensibilizan a los padres, pero también ayudan a reforzar su autoridad en casa, sostiene Hrefna Sigurjónsdóttir, directora de Casa y Escuela. “Así les resulta más difícil utilizar la vieja excusa de que a los demás les dejan hacerlo”.

 

Se aumentó la financiación estatal de los clubs deportivos, musicales, artísticos, de danza y de otras actividades organizadas con el fin de ofrecer a los chicos otras maneras de sentirse parte de un grupo y de encontrarse a gusto que no fuesen consumiendo alcohol y drogas, y los hijos de familias con menos ingresos recibieron ayuda para participar en ellas. Por ejemplo, en Reikiavik, donde vive una tercera parte de la población del país, una Tarjeta de Ocio facilita 35.000 coronas (250 libras esterlinas) anuales por hijo para pagar las actividades recreativas.

 

Un factor decisivo es que las encuestas han continuado. Cada año, casi todos los niños islandeses las rellenan. Esto significa que siempre se dispone de datos actualizados y fiables.

 

Entre 1997 y 2012, el porcentaje de adolescentes de 15 y 16 años que declaraban que los fines de semana pasaban tiempo con sus padres a menudo o casi siempre se duplicó ¬–pasó del 23 al 46%–, y el de los que participaban en actividades deportivas organizadas al menos cuatro veces por semana subió del 24 al 42%. Al mismo tiempo, el consumo de cigarrillos, bebidas alcohólicas y cannabis en ese mismo grupo de edad cayó en picado.

 

“Aunque no podemos presentarlo como una relación causal –lo cual es un buen ejemplo de por qué a veces es difícil vender a los científicos los métodos de prevención primaria– la tendencia es muy clara”, observa Kristjánsson, que trabajó con los datos y actualmente forma parte de la Escuela Universitaria de Salud Pública de Virginia Occidental, en Estados Unidos. Los factores de protección han aumentado y los de riesgo han disminuido, y también el consumo de estupefacientes. Además, en Islandia lo han hecho de manera más coherente que en ningún otro país de Europa”.

 

 

Este artículo fue publicado originalmente en inglés por Mosaic Science. Autora: Emma Young

 

 

Noticiascaracol.com - 27.09.2017

 


Foto publicada por Gisel Rach en su Facebook

 

“La cara de este hombre y sus ojos llenos de lágrimas de tanta emoción, por algo tan simple como esto, no lo olvido nunca”, dijo enfermera que reveló historia.

 

De acuerdo con el relato de Gisel Rach, el adulto mayor cumplía 84 años y acudió al hospital Regional Español de Bahía Blanca, Argentina, diciendo sufrir una fuerte cefalea.

 

“Fue a la guardia por una ‘cefalea’ y lo pongo entre comillas porque, ¿saben cuál era su verdadera dolencia? No tuvo hijos y su compañera de vida se fue hace 4 años. Sus hermanos fallecieron todos, él era el menor de ellos”, añadió.

 

Al darse cuenta que el hombre lo que necesitaba era aliviar su alma con compañía, Gisel y otras tres trabajadoras del hospital decidieron ponerse manos a la obra.

 

“Decidimos comprarle una minitortita, una vela para que pida lo 3 deseos y como verán improvisamos unos globos con guantes”, escribió la enfermera en la red social.

 

Este es el post que la enfermera compartió en su Facebook: 

 

"Anoche este hombre fue a la guardia por una "cefalea" y lo pongo entre comillas porque saben cual era su verdadera dolencia? Hoy cumple 84 años y no queria estar solo. Sí, asi como lo leen. Seguro se te cerro el pecho igual que a mi y a mis compañeros. 

 

No tuvo hijos y su compañera de vida se fue hace 4 años. Sus hermanos fallecieron todos, el era el menor de ellos.

 

Con ellas decidimos comprarle una mini tortita ,una vela para que pida lo 3 deseos y como veran improvisamos unos globos con guantes. La cara de este hombre y sus ojos llenos de lagrimas de tanta emocion por algo tan simple como esto no me lo olvido NUNCA mas. Uno de sus deseos fue que el proximo año le pase lo mismo.

 

Valoremos lo que tenemos y no lo que nos falta, si tenes alguien que te espera, alguien q te llama, que se preocupa por vos, te valora y te ama, ama mucho y sobretodo CUIDALO porque sos millonario y no te estas dando cuenta."

 

¡FELIZ CUMPLE OSCAR!

 

La publicación ya se acerca a los cien mil compartidos y ha desatado más de 183.000 reacciones en Facebook. Por si fuera poco, tiene más de 25.000 comentarios.

 

Sin duda esta historia nos toca el corazón, no olvidemos a nuestros adultos mayores, nunca olvidemos que algún día también llegaremos a esa etapa... 

 

 

ACI - 10.10.2017

 

 

 

En su discurso del pasado 6 de octubre, a los participantes del Congreso Dignidad Infantil en el Mundo Digital que se realizó en Roma, el Papa Francisco señaló que “sería un grave engaño pensar que una sociedad en la que el consumo anómalo de sexo en la red se extiende entre los adultos será capaz de proteger eficazmente a los menores”.

 

Francisco dijo que cuando se mira los problemas de los niños, es posible “subestimar o tratar de hacer olvidar que también se dan problemas en los adultos y que, aunque para los ordenamientos jurídicos se necesita un límite que distinga entre el menor y el mayor de edad, eso no es suficiente para afrontar los desafíos, porque la difusión de una pornografía cada vez más extrema y otros usos impropios de la red no solo causan trastornos, adicciones y daños graves incluso entre los adultos, sino que afecta también a la representación simbólica del amor y a las relaciones entre los sexos”.

 

El Pontífice alertó luego de la propagación en Internet de algunos “fenómenos extremadamente peligrosos” como “la difusión de imágenes pornográficas cada vez más extremas porque con la adicción se eleva el umbral de la estimulación; el creciente fenómeno del sexting entre chicos y chicas que utilizan las redes sociales; la intimidación que se da cada vez más en la red y representa una auténtica violencia moral y física contra la dignidad de los demás jóvenes; la sextortion; la captación a través de la red de menores con fines sexuales es ya un hecho del que hablan continuamente las noticias”.

 

Además de estos fenómenos, continuó el Papa, se llega “a los crímenes más graves y estremecedores de la organización online del tráfico de personas, la prostitución, incluso de la preparación y la visión en directo de violaciones y violencia contra menores cometidos en otras partes del mundo”.

 

“Por lo tanto, la red tiene su lado oscuro y regiones oscuras (la dark net) donde el mal consigue actuar y expandirse de manera siempre nueva y cada vez con más eficacia, extensión y capilaridad”.

 

El Papa lamentó luego que “la antigua difusión de la pornografía a través de medios impresos era un fenómeno de pequeñas dimensiones comparado con lo que está sucediendo hoy en día, de una manera cada vez más creciente y rápida, a través de la red”.

 

En este sentido, prosiguió, es importante cuidar a los niños que actualmente constituyen más de la cuarta parte (unos 800 millones) de los usuarios de Internet. “¿Qué es lo que se encuentran en la red? ¿Y cómo son considerados por quienes, de tantas maneras, tienen poder sobre la red?”, cuestionó el Papa.

 

Debemos tener los ojos abiertos y no ocultar una verdad que es desagradable y que no quisiéramos ver. Por otra parte, ¿no hemos entendido demasiado bien en estos años que ocultar la realidad del abuso sexual es un gravísimo error y fuente de tantos males?”, preguntó.

 

El Papa compartió luego que “sentirse mirado por los ojos de los niños es una experiencia que todos conocemos y que nos toca en lo más hondo del corazón, y que también nos obliga a un examen de conciencia”.

 

“¿Qué hacemos para que estos niños nos puedan mirar sonriendo y conserven una mirada limpia, llena de confianza y de esperanza? ¿Qué hacemos para que no se les robe esta luz, para que esos ojos no sean perturbados y corrompidos por lo que encontrarán en la red, que será parte integral e importantísima de su ambiente de vida?”, cuestionó a todos.

 

“Trabajemos por tanto todos juntos para tener siempre el derecho, el valor y la alegría de mirar a los ojos de los niños de todo el mundo”, concluyó.

 

 

ACI - 14.09.2017

 

 Foto: CNN en Español

 

Consuelo del Socorro Córdoba es una colombiana que estaba decidida a morir al someterse a la eutanasia a causa de las graves dolencias que le generó el ataque con ácido causado por su ex esposo en el año 2001. Pero tras su encuentro con el Papa Francisco el pasado 9 de septiembre, desistió de acabar con su vida.

 

La mujer, que sufre de toxoplasmosis –una infección muy grave que afecta al cerebro– ha sido sometida a 87 cirugías, pero aún le quedan 6 más ya que no puede consumir alimentos sólidos, solamente puede ingerir líquidos.. En diálogo con CNN en Español narró que su encuentro con el Papa Francisco en la Nunciatura Apostólica en Bogotá.

 

“Yo fui la primera en la fila y la primera que saludó fue a mí. Me abrazó, le entregué el regalo. Estoy feliz, le dije que me iba a hacer la eutanasia, que me ayudara, y me dijo que no, que no iba a hacer eso. Me dijo que yo era muy valiente y muy linda”.

 

Este encuentro con Francisco, la “cambió totalmente. Ahora sí quiero vivir y necesito que el mundo entero lo sepa”. “Gracias a Dios se pudo dar este milagro que yo pudiera estar acá”, compartió la mujer que aún necesita varios miles de dólares para su tratamiento.

 

Pensaba hacerme la eutanasia el 29 de septiembre. Aquí tengo la carta. Aquí en Teusaquillo el doctor Gustavo Quiñones me iba a aplicar la inyección, pero ya no me la voy a hacer más”, sentenció.

 

Consuelo también pidió ayuda para salir de la miseria en la que vive ya que solo tiene para sostenerse un bono de 84 mil pesos, unos 30 dólares estadounidenses. Ahora, explicó Consuelo, “quiero soñar con muchas cosas: techo, negocio, casa, de todo porque ya no voy a morir”.

 

Al Papa, concluyó, “le regalé mi corazón y le compré una cosa hermosa como un corazón lindo y todo este documental, la carta de eutanasia, todo, para que él lo vea allá en Roma”.

 

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