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(Actuall/InfoCatólica) - 05.03.2018

 

Foto: Freepik 

 

Un nuevo estudio publicado por Infant and Child Development confirma que las diferencias entre niños y niñas son biológicas y no fluidas, como dicen las teorías transgénero. Las preferencias de ambos grupos no son resultado del entorno o la educación, sino que son intrínsecas a cada sexo.

 

Durante la campaña de Navidad, y de cara a la fiesta de los Reyes Magos, algunos grupos de personas con una marcada tendencia ideológica, e incluso equipos de gobierno, como en el caso del Ayuntamiento de Madrid, iniciaron un bombardeo por las redes sociales contra los juguetes sexistas.

 

La teoría que se encuentra de fondo de este tipo de campañas es la ideología de género, y la afirmación de que todos los niños, niños y niñas, son iguales y que la tendencia a jugar con determinados juguetes viene impuesto por la educación que reciben y su entorno, obviando las cuestiones biológicas. Es decir, que el sexo es una construcción social.

 

Aunque como suele suceder en las ideologías, luego llega la ciencia y desmonta el chiringuito. Recientemente se acaba de publicar un estudio por parte del Infant and Child Development que vuelve a confirmar que las diferencias entre los niños y las niñas no son fluidas, como arguyen las teorías transgénero, sino que son biológicas.

 

El estudio concluye que no es la educación que reciben los niños ni el entorno lo que muestra las preferencias de los niños y las niñas a la hora de escoger con qué juguetes jugar, sino que la elección depende de aspectos más intrínsecos al propio niño.

 

Para este informe se realizaron 16 estudios que contaron con la presencia de 787 niños y 813 niñas. Tras el estudios los investigadores concluyeron que «los niños jugaron con juguetes para niños, más que las niñas; y que las niñas jugaron más con juguetes para niñas, más que los niños».

 

Según el informe, «no hubo diferencia pese a la presencia de un adulto, los contextos del estudio, la localización geográfica del estudio, la fecha de la publicación, la edad de los niños o la inclusión de juguetes de género neutro», lo que deja bastante claro que el contexto no es un elemento distintivo.

 

«La consistencia al encontrar diferencias entre los sexos en la elección de los niños de juguetes adecuados a su género muestra la fuerza de este fenómeno y la probabilidad de que tenga un origen biológico», ha concluido el estudio.

 

El estudio no niega que la influencia social también afecte, de manera que si los adultos obligan a jugar a los niños con juguetes más adecuados al otro sexo, están así forzando una inclinación natural de los niños y niñas a jugar con los juguetes que les son más propios.

 

En esa misma línea se ha manifestado el conocido pediatra suizo Remo H. Largo en una entrevista concedida a El Confidencial. El pediatra ha afirmado que según su experiencia y sus estudios, las diferencias entre niños y niñas son bastante claras. Incluso al jugar con un mismo objeto -él hizo un experimento con un hornillo y los niños intentan comprobar cómo funcionaba mientras las niñas jugaban a cocinar con él-, se perciben diferencias.

 

«Los grupos de niños observan más las fortalezas de sus congéneres, quién corre más rápido, quién puede subir a un árbol, quién puede hacer el coche más grande con piezas de lego, y los grupos de niñas muestran sin embargo una jerarquía plana que se rige por criterios sociales», ha afirmado Remo. H. Largo.

 

«Educar en la igualdad, darle muñecas a los niños y coches a las niñas, no funciona», ha concluido el pediatra suizo.

 

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ElColombiano.com - 14.02.2018

 

Foto: Freepik 

 

Un juego que incita a jóvenes a cumplir retos para bajar drásticamente de peso en el menor tiempo posible, y que se está fomentando a través WhatsApp, ha puesto en alerta a las autoridades y padres de familia.

 

Este reto, conocido como ‘Ana y Mía’, se trata un juego virtual en el que se incita a los niños entre los 8 y 14 años a que participen de competencias para verse mejor físicamente, perdiendo peso. Entre las prácticas que deben realizar los menores se cuentan dejar de comer, provocar el vómito, comer cubos de hielo durante varios días al punto de obtener pesos inferiores.

 

Este reto tiene una serie de códigos que son implementados para pasar desapercibidos ante los adultos y empiezan desde el mismo nombre del ‘juego’. De hecho, ‘Ana’, es entendida como anorexia y ‘Mía’ como bulimia. En la aplicación se utilizan términos como ‘carreras de kilos’, para denominar las competencias que hacen los menores para ver quién pierde más peso en menos tiempo; o ‘purgar’, que es como se conocen las incitaciones al vómito.

 

Las autoridades lanzaron una voz de alerta a los colegios y a los padres de familia, porque la principal responsabilidad del bienestar de los niños radica en el hogar. El uso de la tecnología en menores debe ser limitada y regulada por los padres de familia.

 

Esta modalidad de retos virtuales empezó siendo popular en países como Argentina, Chile, Cuba, y en Colombia ya empezó a tener impacto en los menores.

 

Casos en Colombia

 

Una niña de doce años de edad hace parte de los cinco casos que se han registrado en el Valle del Cauca, Colombia. Su madre, quien decidió omitir su nombre, contó que los cambios de conducta en la menor se empezaron a registrar en octubre del 2017 y solo un mes más tarde se dio cuenta de la existencia del reto. “Ella no comía porque decía que no se sentía conforme con su cuerpo, empezó a usar ropa oscura y sacos; cuando comía, iba a vomitar”, dijo.

 

Además de presentar estos cambios, la menor se cortaba las muñecas y las piernas (Ver también: “Self Cutting”: la nueva moda adolescente). La madre descubrió en su celular conversaciones de grupos en los que personas con números de países como Argentina, México y Cuba le indicaban que debía vomitar, dejar de comer, no hacerle caso a su padres.

 

“Recurrí a ayuda por parte de la Coordinación de Juventudes, ellos me han ayudado a difundir para que no pasen más casos. Nosotros fuimos a la Fiscalía a denunciar, pero su respuesta fue que no podían detener a nadie porque no saben quién sea el responsable”, añadió la madre de la menor.

 

Por su parte, la entidad Red PaPaz indicó que estos trastornos alimenticios se pueden prevenir en los menores cuando los padres de familia hacen pedagogía en los hogares. Carolina Piñeros, directora ejecutiva de esta organización, indicó que ‘Ana y Mía’ es un reto que no es nuevo y que se debe estar atento a cambios de comportamiento en los niños para atajar el desarrollo de enfermedades.

 

*Publicado originalmente en ElColombiano.com

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Forumlibertas.com - 01.02.2018

 

Foto: Pixabay 

  

El Journal of American Physicians & Surgeons (Revista trimestral de Médicos y Cirujanos Americanos) ha publicado en su último número un estudio (ver aquí) sobre las experiencias posteriores al aborto, que demuestra la mayoría de las mujeres abortan para satisfacer a otros.

 

Según el estudio, el 58,3% de las mujeres dijeron que abortaron para hacer felices a los demás, mientras que el 28,4% lo hicieron por temor a perder a su pareja.

 

El 73,8% asegura que no fueron totalmente libres a la hora de abortar. El 49.2% indica que eran conscientes que el feto era un ser humano y el 66% reconoce que sabían en su corazón que estaban obrando mal al practicarse el aborto.

  

“El aborto no empodera a las mujeres”, afirma la activista provida Obianuju Ekeocha en su cuenta de Twitter:

 

 

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Colaboración FamiliyandMedia.eu – 02.02.2018

 

 
Foto: Campaña publicitaria “Phone Wall” de Ogilvy & Mather China (ver aquí)

 

¿Quién no ha visto alguna vez un grupo de chicos en una fiesta, en la plaza o en un restaurante, todos juntos, pero cada uno por su cuenta, solos con sus celulares? ¿Cuántos niños pasan sus días encerrados en casa, ante la tv, con un ordenador o la Playstation, en lugar de jugar con otros niños? Y ¿quién de nosotros, viendo un hermoso paisaje o un monumento, no ha pensado en fotografiarlo inmediatamente (y publicarlo en las redes sociales), en lugar de contemplarlo y compartir sensaciones y pensamientos con la persona que tenemos al lado?

 

Son sólo ejemplos de cómo unos instrumentos pensados para relacionarnos con los demás pueden, al contrario, alejarnos de ellos.

 

Uno de los instrumentos que en la vida cotidiana puede “crear barreras” entre nosotros y los que están a nuestro lado es el teléfono móvil. No se trata de hacer aquí una diatriba contra el smartphone, pero conviene recordar que el riesgo de la dependencia está siempre en acecho.

 

Baste pensar que, como media, empezamos a utilizar el smartphone a las 7 de la mañana y terminamos a las 11 de la noche, y pasamos casi 3 horas al día pendientes del aparatito. Esta media diaria, multiplicada por los siete días de la semana, supone casi 24 horas. En práctica es como si pasáramos una jornada entera a la semana relacionándonos únicamente con nuestro teléfono.

 

Recientes estudios confirman que la dependencia del celular es ya un fenómeno muy extendido en los países avanzados, independientemente de edad, sexo y condición social: en lugar de ser un instrumento que ayuda a vivir la relación con los otros, se convierte en un instrumento de gestión de nuestras relaciones. De este modo es posible sustituir la “comunicación real” por la comunicación a través de teléfono… el instrumento técnico toma el control y se sustituye a la realidad.

 

Si la sencillez de los niños puede devolvernos a la realidad

 

Mi hijo, más que cualquier estudio sobre el tema, me demostró cómo a veces ciertos instrumentos se convierten en obstáculo a una auténtica comunicación.

 

Con su espontaneidad (tiene pocos meses), me hizo comprender que estaba viviendo mal mi relación con la tecnología.

 

Hace poco tiempo, como cualquier recién nacido, empezó a darme sus primeras sonrisas: un espectáculo maravilloso.

 

Y yo, en lugar de saborear sus deliciosas muecas, lo primero que pensé fue agarrar el celular, para fotografiarlo y así inmortalizar ese momento.

 

Pero cuando mi hijo, en vez de su mamá, se encontró con el smartphone, dejó de sonreír inmediatamente.

 

"¿Ya no ríes, cariño?", le pregunté, mirándolo. Él, entonces, de nuevo se echó a reír.

 

Retomé el celular y volví a intentar fotografiarlo.

 

Y una vez más, delante de mi smartphone, dejó de sonreír.

 

En ese momento comprendí una verdad en absoluto descontada (sobre todo en una era como la nuestra, en la que, a menudo, nos convertimos en víctimas del fanatismo de "compartir información en tiempo real"): él quería sonreírme a mí, a su mamá, en carne y hueso.

 

Sonreía porque me veía, porque yo le daba seguridad. Sonreía para mí, a mí, y dejaba de tener motivo para demostrar alegría y asombro si en mi lugar se encontraba con un instrumento sin vida.

 

El celular (¡utilísimo para muchísimas cosas!), en ese momento se había convertido en un obstáculo entre él y yo, se interponía entre su rostro y mi rostro, hacía menos auténtica nuestra comunicación.

 

Más que nunca en aquella ocasión, entendí que a veces hay que dejar el smartphone en el bolsillo y disfrutar de la sonrisa de quien tenemos al lado.

 

*Por Cecilia Galatolo. Colaboración de www.FamilyandMedia.eu para LaFamilia.info 

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Infobae.com - 15.01.2018

 


Foto: video de Daddy Yankee

  

El reguetón angustia a los niños y provoca un "impacto negativo en su desarrollo cognitivo", sobre todo canciones "hipersexualizadas" para las que no están preparados para discernir, dijo la psicóloga infantil Daniela Muñoz.

 

Para los niños, “la música debe ser apropiada y cumplir con un objetivo formativo, promoviendo el aprendizaje y la identificación con modelos adecuados de conducta”, sobre todo en las escuelas, afirmó.

 

Los adultos y docentes, indicó, deben "respetar el desarrollo físico y emocional del infante", sobre todo en momentos en que se vive una "crisis de valores sociales" y se prioriza "un modelo de éxito basado en los atributos físicos".

 

La especialista estimó que "la propuesta musical utilizada en las escuelas debe pasar por un análisis", a fin de promover el aprendizaje y la diversión.

 

En cuanto a la educación en casa, consideró "indispensable" generar una interacción emocional sana y equilibrada, así como fomentar la convivencia entre todos los integrantes de la familia, "adecuándose a las formas de aprendizaje infantil".

 

"El mundo es terrorífico cuando no sabemos quiénes somos ni en qué lugar estamos situados", dijo Muñoz, quien resaltó la importancia de la convivencia de los niños "en un medio que fomente la identificación con modelos positivos, sanos, equilibrados y estables a seguir".

 

Cuando menores de 12 años escuchan música hipersexualizada, “se vulnera su capacidad de desarrollo porque no comprenden el significado de las letras y las imágenes complejas, agresivas o sexuales”, explicó.

 

Entre los 2 y 7 años, los niños no tienen la capacidad para concluir si una canción es favorable o desfavorable para ellos, ni “tampoco para discernir si ese es el contexto en el que viven”.  

 

Ello empieza a cambiar entre los 7 y 12 años, cuando los niños utilizan la lógica para llegar a conclusiones válidas en situaciones precisas, específicas, delimitadas y bien definidas, aunque aún requieren de ayuda de un adulto o de un ambiente formativo para entender la información del entorno.

 

Según la psicóloga, es hasta los 12 años cuando "un niño tiene la capacidad para entender que el reguetón corresponde a una expresión artística y personal, dirigida a un público definido".

 

"Este proceso psicológico" está ligado con la creación de la identidad del ser humano y "la música es uno de los factores más importantes para ello", por lo que los niños "requieren estímulos sanos que les proveerán herramientas para entender este mundo tan complejo lleno de simbolismos", señaló.

 

"Las canciones hipersexualizadas son violentas y restringen la perspectiva del planeta, mostrándonos una pequeña parte de él; existen una variedad de géneros musicales que podemos utilizar para cada etapa del desarrollo", aseveró.

 

Sin embargo, matizó, "generalizar el reguetón sería injusto" por ser "una manifestación que, al igual que el rock, el jazz y otros géneros musicales, se expresan a través de palabras, notas y ritmos específicos que deben ser respetados, al igual que los procesos psicológicos infantiles".

 

*Publicado en infobae.com con información de EFE

 

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