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Blog de Los Ángeles - 27.06.2016

 

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Foto: página oficial de Ana María Montero - www.anamariamontero.ch

 

Ana María Montero es una de las presentadoras estrella de la CNN en español. Se incorporó a la cadena en 1997 y por el plató de su programa en Hollywood, Escenario, pasaron durante años las principales figuras mundiales del cine y la música.

Nacida en Atlanta (Georgia), desde hace cinco años vive en Zúrich (Suiza), con su marido, Fadri Casty, y con sus dos hijas, Isabella y Madlaina, nacida con síndrome de Down. Ha hecho un paréntesis en su carrera para cuidar de su familia. Sobre ella y sobre ser madre habló recientemente con su amiga Nunu para el Blog de Los Ángeles, y de esta charla surgió una bonita entrevista en la que conversaron acerca de "ciertas profundidades insondables de la vida, especialmente al recordar los momentos del difícil embarazo que vivió a causa de esa niña por la que casi nadie apostaba que llegaría a ver la luz, que batalló en su vientre desde el quinto mes por mantenerse viva, a quien al nacer su mamá decidió bautizar con un segundo nombre: Valentina, para poder decirle así al referirse a ella: Madlaina La Valiente".

– Tienes dos hijas como dos soles… ¿Qué ha significado para ti la maternidad? ¿Qué has aprendido de ella?


– ¡Uff! Por donde empiezo… Sí, son mis soles, en eso tienes razón. Cuando tengo días (y los tengo) en que no entiendo nada y cuestiono todo, sólo tengo que fijarme en ellas y es como si se me aclarara la vista…

He aprendido, desde luego, lo que significa tener paciencia. Y estar presente, no sólo físicamente, sino mentalmente: desde que nace tu primer hijo, eres mamá 24 horas al día, no es como que puedas desconectar y decir ¡ya! basta por hoy, no, tus hijos te necesitan… Sobre todo, cuando son tan pequeñas como las mías.

Aprendes a ser más creativa: te conviertes en la “crisis manager number one” mientras tratas de mantener el tipo con una sonrisa… Y creo, de manera egoísta, que estoy aprendiendo a verme como me ven ellas y a amarme a mí misma como ellas lo hacen: de manera incondicional.

– Ser mamá, ¿siempre lo soñaste?


– La maternidad para mí es un camino que siempre soñé que caminaría. Al principio, pensé que lo viviría más joven… Es decir, que con veinticinco años ya estaría casada y tendría tres hijos, pero fue como si Dios me hubiese tomado de la mano y me hubiese dicho no, todavía no. Primero nos vamos por aquí. Y me llevó a CNN En Español, donde en lugar de ser esposa y mamá joven, me convertí en presentadora de televisión.

En ese pequeño desvío, ja ja, pasaron veinte años, pero al final pude retomar mi sueño y creo que con mucha más sabiduría y experiencia que la que hubiera podido aportar que cuando tenía veinte… Y, realmente, es la faceta que a mí en lo personal me faltaba para poder seguir realizándome en la vida. Todo lo que he aprendido con mis hijas y todo lo que seguiré aprendiendo, me ayuda a seguir creciendo como ser humano y, ¡ensanchándome cada vez más el corazón!

– ¿Se parece la maternidad a lo que imaginabas de niña?


– No, nunca me hubiese podido imaginar lo que me esperaba. Es imposible hacerlo hasta que lo vives. ¡Eres responsable de la vida de otro ser humano! Es una gravedad que jamás podrías imaginarte cuando jugabas a las muñecas. Pero eso sí, tampoco el impresionante sentimiento que te produce verlas aprender algo nuevo, sonreír, crecer día a día… El poder llegar a querer tanto a una persona, eso nunca me lo imaginé. Es duro a veces, sacrificado siempre, pero también divertido y enriquecedor.

– Madlaina Valentina es toda sonrisas y amor


– Sí, lo es… Es una niña muy cariñosa, mimosa, tranquila… Y que duerme bien. ¡Eso también contribuye mucho a que sea feliz! –exclama riendo-. La queremos a rabiar y me gustaría pensar que eso ella lo refleja también.

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Foto: Nunu, Blog de Los Ángeles.

– Cuando el médico te dijo que la niña nacería con problemas en el quinto mes de embarazo, fue un momento muy difícil para ti


– Es curioso… Cuando la tengo delante de mí, la miro a los ojos y me río tanto con ella, es difícil acordarme del por qué lo pasé tan mal… Porque está claro que sí lo pasé muy mal, vamos… De ¡ábrete tierra y trágame! Que te digan  los médicos de pronto que tu embarazo viene mal, que lo más probable es que la vida de tu bebé no llegue a término y no sobreviva y que, si lo hace, no sólo tendrá Trisomia 21 (síndrome de Down) sino que además, lo más probable es que nazca con muchos más problemas terribles… Sinceramente, en ese momento, como madre estás viviendo tu peor pesadilla… En tierra extranjera, con mi mamá, mis hermanos, ¡todos tan lejos! Fue muy, muy fuerte.

– ¿Alguna vez se cruzó por tu mente la idea de interrumpir el embarazo?


– Me dieron la opción… Estaba ya en el límite del tiempo en el que era “legal” abortar aquí y para muchos, de cierta forma, era comprensible que lo hiciera… A pesar de que uno diga de este agua jamás beberé y que nunca sería una opción para mí, el miedo te nubla la mente… El si pudiésemos ‘borrar’ todo esto e intentarlo de nuevo, tener una segunda oportunidad… Qué gran tentación. Pero no fui capaz… En el fondo de mi corazón, sabía que nunca lo haría…

Y en esos momentos de desolación y oscuridad ante lo desconocido, sentí una compasión enorme por todas aquellas mujeres que, alguna vez en su vida, se habían enfrentado a la misma situación que yo y habían decidido terminar su embarazo. Ese miedo, esa incertidumbre es completamente abrumadora y es normal y natural que el primer impulso sea querer escapar. Pero la formación que me dieron mis padres, el saber que cada vida es única y eternamente valiosa, que nadie es el dueño de la vida de nadie, mis creencias, mi fe, mi forma de ver la vida… Todo se aunó en ese momento y ahí encontré todo el valor que necesitaba.

Cuando el pediatra, uno que no conocía, me vino a ver a mi cama de hospital, fue como si Dios me hubiera mandado un ángel. Como todos, me preguntó que qué había decidido hacer, y le dije que seguiría adelante con el embarazo. Pensé que se iba a llevar las manos a la cabeza, pero nunca se me olvidará la expresión de su cara: sus ojos se iluminaron con una luz asombrosa, sonrió de oreja a oreja, me felicitó con una alegría inmensa y me confesó que se alegraba infinito de que le diera una oportunidad a mi hija… También me dijo que no me preocupara de nada, que si naciera antes, él la atendería. Nunca le olvidaré.

»Ese momento fue muy importante para mí, el sentir que tenía un aliado… ¡Me felicitó por mi embarazo, cuando yo casi había olvidado el milagro que sucedía en mi vientre! Fue muy reconfortante… Y efectivamente, él la recibió cuando llegó tres meses más tarde y fue su primer pediatra.

»También quisiera añadir que nació con el corazón casi perfecto, no necesitó de oxígeno para respirar, nada de todo el panorama desalentador que me habían contado. Lo único a lo que tuvieron que ayudarle, fue a alimentarse porque estaba demasiado débil y cansada y prefería dormir antes que comer… Pero vamos, eso también a las dos semanas se resolvió y nos la llevamos a casa.

– ¿Cuáles son tus miedos respecto a Madlaina y qué haces para superarlos?


– Como, gracias a Dios, no padece de problemas de salud más allá del síndrome de Down, por el momento estamos tranquilos. Puede que desarrolle otras cosas a medida que vaya creciendo, pero por ahora está bien. Come, duerme, ríe, llora, oye bien, ve bien, se sienta sola, empezó ya a gatear por todos lados… En fin, parece ir de acuerdo con el medio año de retraso que suelen tener los niños con trisomía 21.

Mis miedos son más de cara al futuro… ¿Cómo será su vida?, ¿cómo llevará el colegio?, ¿la adolescencia?, ¿el amor?… ¿Podrá tener hijos? ¿Cómo la tratará el mundo? ¿Sufrirá mucho? ¿Poco? ¿La sabremos apoyar lo suficiente? ¿Estaremos haciendo todo lo posible? Trato de no pensarlo más de la cuenta, me volvería loca…

En eso los niños, sobre todo cuando vienen con ‘special needs’ [necesidades especiales], son un recordatorio constante de esa gran verdad que dice que lo más importante es vivir el momento con tus cinco sentidos.

– ¿Qué sentiste cuando la pusieron en tus brazos por primera vez?


– ¡Tantas emociones! Pero sobre todo, una inmensa gratitud, porque finalmente la tenía conmigo, en mis brazos, y con síndrome y todo, se veía perfecta. Un angelito…

– Y ahora, cuando la miras…


– ¡Me derrito de amor! Vamos, ¡me quedo hecha un charco! Es difícil de describir, es como si se me expandiera el corazón tanto que temo que se me vaya a escapar del pecho. Y me pasa lo mismo con la mayor… Es increíble que se pueda querer tanto a otro ser humano. Cuando miro a la peque entre mis brazos, ella sonríe y yo le sonrío y así estamos, todo el día sonriéndonos la una a la otra, ja ja… Y me la como a besos, claro.

– Isabella, ¿sabe que su hermanita tiene necesidades especiales? ¿Has hablado de eso con ella?


– No todavía… Recién cumplió cinco y la bebé, uno. Hasta ahora, no ha habido gran diferencia entre Madlaina y otros bebés de su edad, por lo que Isabella no pregunta. Pero sí, creo que en los próximos meses será un tema que tendremos que abordar.

– ¿Qué les dirías a las mamás que están enfrentando ahora una situación como la que tú viviste durante tu embarazo?


– Pues sobre todo, que tengan valor. Que confíen en sus corazones y que apuesten por sus hijos, por esa vida que ya existe y que llevan dentro. El que tu hijo o tu hija tenga  trisomía 21 no significa que se vaya a acabar el mundo. Aunque lo sientas en ese momento, te prometo que no pasará. Y cuando nacen, son una alegría como cualquier bebé: es tu bebé y nada más.

También ayuda mucho que se informen, que contacten o se conecten con otros padres que hayan tenido un bebé con T21. Compartir con ellos ayuda muchísimo. En mi caso particular, tengo una ex-compañera y súper amiga de CNN con un varón que también nació con síndrome de Down. En cuanto se lo dije, me mandó un montón de información y estuvo horas conmigo al teléfono.

Luego acá, conecté con una alemana que ya tenía una bebé de cuatro meses. Sin habernos conocido nunca, estuvo dos horas contestando mis preguntas por teléfono. Pero sobre todo, me aseguraba que todo iba a estar bien, que cuando finalmente la tuviese en brazos, se me pasaría todo el miedo… Y así fue.

Es más, ahora me he vuelto voluntaria de Insieme 21, que es la organización oficial aquí en Suiza dedicada al síndrome. Además de ayudarles con diferentes eventos, también tengo la dicha de ser ese ‘lifeline’ para otros padres en Zurich, sobre todo extranjeros, cuyo idioma materno no es el alemán.

– ¿Cuál es el mejor consejo que te han dado al respecto cuando has comentado tu experiencia?


– Soy muy dichosa porque en cuanto lo empecé a decir, aparecieron contactos por todas partes de familias que también tenían hijos con T21 y con ello, mil consejos, ideas, información. Y creo que, en lo que más coincidieron, fue en felicitarme por mi nueva bebé. Al recordarlo aún se me aguan los ojos porque entre miedos, dudas, incertidumbres, es fácil olvidarse en determinados momentos de que sí, efectivamente has tenido una bebé y es digna de que la celebren y tú de que te feliciten… -recuerda con una gran sonrisa-. En lo práctico, se preocuparon de que me asegurara de darle seguimiento a todas las pruebas y a los demás temas relacionados con su salud, y que la metiera cuanto antes a terapia física.

"Ay, mi Ana María… ¡Tú si que eres Ana María La Valiente!…", concluye Nunu: "Enhorabuena amiga por tu preciosa familia, por enfrentarte desde el amor a tus luchas diarias y por tu canto de esperanza ante esos momentos difíciles que de pronto nos planta la vida frente a frente. Sigue mirando al futuro con una sonrisa, de la mano de esa fe que te hace invencible. ¡Y sí! ¡Vuelve pronto! ¡La televisión en español de Estados Unidos te necesita!".

 

Publicada por Blog de Los Ángeles by Nunu

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Comentarios  

#2 Idalia 05-07-2016 15:08
Tengo un hijo Down. Es un amor
#1 Idalia 05-07-2016 15:06
Tengo un hijo Downs de 30 años. Son un amor3y

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