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Medciencia.com
25.11.2013

 

 

 

En comparación con otras enfermedades y lesiones, el trastorno depresivo mayor, también llamado depresión clínica, es la segunda causa de discapacidad global (4% de la población está diagnosticada con la enfermedad) y la undécima de las principales causas de carga global en 2010, según los resultados de un estudio reciente publicado en Plos Medicine. La afección también contribuye a la mortalidad para un número de otras condiciones.

 

Para el estudio, los autores, de la Universidad de Queensland y el Centro de Investigación de Salud Mental de Queensland (Australia), han recopilado la información necesaria para ello de todos los estudios de investigación publicados sobre el trastorno depresivo mayor y la distimia, una forma crónica de depresión más leve. Los datos utilizados se han centrado en la prevalencia, la incidencia y la duración de la depresión, lo que ayuda a determinar la carga de salud pública y social de la enfermedad en todo el mundo.

 

Variaciones por país y por región

 

De acuerdo con el trabajo, Oriente medio, África del Norte, Europa del Este y el Caribe (¡sorpresa!) son las regiones donde se sufren las tasas de depresión más altas del mundo (más del 5% de las personas sufren la enfermedad). Al parecer, además, esto les está costando años de vida.

 

Por el contrario, la depresión es supuestamente menor en Asia oriental, seguida de Australia/Nueva Zelanda y el sudeste de Asia. Una gráfica publicada en The Washington Post muestra cómo cada región del mundo se ve afectada por la depresión. En el mismo artículo también se publica un mapa con los mayores índices de depresión diagnosticada. Por países, el más depresivo es Afghanistan, con más del 5% de su población que sufre la enfermedad. El menos depresivo es Japón, con un 2,5% de su población.

 

Aunque los científicos no pueden explicar de manera concluyente por qué la depresión es mucho más frecuente y dañina en algunos países que en otros, tienen algunas teorías. Entre estos motivos se incluyen los conflictos, que aumentan de forma considerable las tasas de depresión, y la presencia de epidemias graves. Por ejemplo, como dicen los investigadores, en el caso del norte de África/Oriente Medio, el conflicto en la región aumentó la prevalencia de la depresión. En África subsahariana, por otra parte, las enfermedades como la malaria y el SIDA han convertido a la depresión en una afección de alto riesgo.

 

Como indica Caitlin Dewey en su artículo en el periódico norteamericano, científicos sociales y defensores de la salud pública han identificado otras causas ambientales para la depresión. Un documento de 2010 elaborado por el Inter American Development Bank encontró, por ejemplo, que el desempleo, los bajos ingresos y las grandes desigualdades económicas se correlacionan con altos índices de depresión. También se encontró una relación entre la depresión y la edad: las personas de entre 16 y 65 años tienden a sufrir depresión a tasas mucho más altas.

 

Ese factor de la edad, junto con el crecimiento masivo de la población, explica el hecho de que la carga de depresión haya aumentado en casi una tercera parte desde 1990, aseguran los investigadores. Y no hay previsión de que estas cifras dejen de crecer, por el envejecimiento de la población y porque las desigualdades cada vez son mayores.

 

Posibles sesgos: países infradiagnosticados o poco estudiados

 

Como se indica en la noticia sobre el estudio publicada en The Washington Post, el hecho de que los investigadores hayan utilizado datos preexistentes crear un claro sesgo en el estudio. Me explico: para el trabajo, los científicos han comprobado las tasas de depresión ya diagnosticada, ¿pero qué pasa con aquellas que tienen la enfermedad y no lo están? Es evidente que aquellas personas que viven en países con una mayor conciencia y un acceso más fácil a los servicios de salud mental, reciben diagnósticos más tempranos y, por lo tanto, los índices de depresión son también más altos. ¿Pero qué ocurre en aquellos países en los que estos servicios son deficientes? ¿Significa esto que en ese país las tasas son mucho menores o lo que ocurre es que hay muchas personas sin diagnosticar?

 

Pero no sólo los servicios de salud deficientes pueden reducir los índices de diagnóstico. También los tabúes que existen con los trastornos de la salud mental en general pueden provocar este descenso (algo presente sin duda alguna, también, en muchos países occidentales).

 

El último sesgo: ¿qué pasa con las tasas en aquellos países pobres donde no hay dinero para investigar acerca de la prevalencia de la depresión clínica en dicha región? Para ello, los investigadores llegaron a sus propias estimaciones basadas en modelos de regresión estadística. Ciertamente, no obstante, se trata de eso, de estimaciones.

 

Fuentes: Europapress, The Washington Post

 

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