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ReL - 22.08.2018

 

 Foto: Freepik

 

Después de 37 años de divorcio legal en España y de 13 años de "divorcio exprés", el diario muy progresista El País descubre, con asombro, parece, que el divorcio es una fábrica de pobreza especialmente en las clases medias. Cuando se rompe una familia de clase media, aparecen varias "agrupaciones" de clase empobrecida.

 

Así lo admite en un detallado artículo del 12 de agosto con el título "Romper el vínculo familiar supone para las clases medias un viaje hacia el empobrecimiento". El artículo repasa algunos datos fríos. "En España se registraron en 2016 (últimos datos disponibles) unos 96.824 divorcios, 4.353 separaciones y 117 nulidades.

 

El artículo no detalla que ahora hay en España algunos divorcios menos porque muchas de las rupturas que se dan -también dañinas y traumáticas- es en parejas que ni siquiera se molestaron en casarse.

 

El divorcio, dice el artículo, es "un viaje, muchas veces glacial, a través de notarios, jueces, procuradores, peritos. Profesionales que disolverán ese pasado y esa vida común". A lo largo del detallado artículo, el texto parece presentar el divorcio como una desgracia inevitable, sin alternativas... Es curioso constatar, al mismo tiempo, que el artículo no intenta encontrarle al divorcio ninguna ventaja ni beneficio.

 

Un agujero negro que arruina

 

"El divorcio es un agujero negro que atrae y malogra el patrimonio con la misma determinación que esa geografía del espacio encarcela la luz y la materia. Jay Zagorsky, investigador en la Universidad de Ohio, ha estudiado la economía del matrimonio y su disolución. “El divorcio causa pérdidas económicas por tres circunstancias:

- se desbarata la habilidad de compartir costes fijos, 

- el proceso en sí resulta caro 

- y consume tiempo de trabajo. No puedes ganar dinero si estás sentado en la oficina del abogado”, ahonda.

 

Y una vez más la grieta se ceba con la fragilidad. “Las rupturas son más habituales entre las personas menos educadas de las sociedades occidentales, lo que sugiere que la inseguridad económica, la tensión del trabajo y el cuidado de los niños se ha convertido en algo extremadamente cargante”, avisa Daniel Carlson, sociólogo en la Universidad de Utah.

 

Arruina en España, también con divorcio exprés

 

"En España, el coste de la disolución de la familia tiene un tributo económico marcado por la complejidad, el pacto o la pelea. Las tasas son muy variadas. El Colegio de Abogados maneja unas tablas por los servicios, pero son orientativas. Si el divorcio es de mutuo acuerdo, los precios varían bastante frente al contencioso y la necesidad de acabar ante al juez. En el primer caso puede ir de los 2.000 a los 4.000 euros, mientras que el segundo fácilmente se dispara entre 6.000 y 16.000 euros. Aparte cae toda una avalancha de notas a pie de página: procuradores, psicólogos, notarios e incluso abogados penalistas".

 

La gran batalla se da en los campos de la pensión alimenticia o compensatoria. “En muchos casos, el progenitor que no tiene la custodia se desentiende totalmente y paga lo menos posible. Aquí la lucha es a muerte”, observa la abogada experta en familia Carmen Marcos. “Se ocultan ingresos, se inventan deudas e incluso se declaran en insolvencia con tal de no pagar o pagar lo menos posible”.

 

Javier Orts, socio del bufete B. Cremades y Asociados explica: “En mi experiencia, en el tema de las pensiones, la clase media y media alta es la que sale peor parada, tanto quien paga como quien recibe. Porque las clases altas pueden permitirse abonar unas pensiones que no suelen hacer mella en su economía”, admite Javier Orts.

 

La custodia de los hijos es otra batalla. “Es la parte más complicada, por encima de la económica”, apunta Delia M. Rodríguez, directora de Vestalia Asociados. En su experiencia, “cuando existen discrepancias las posiciones son irreconciliables y hay que acudir al juez”. Entonces, los pleitos parecen no terminar nunca. Siempre hay nuevas medidas que solicitar, un nuevo incidente, una nueva ejecución, una nueva providencia; un nuevo dolor.

 

"El País" no osa hablar de mediación ni terapia de pareja

 

El artículo de El País no plantea la posibilidad de mediación familiar, de terapia de pareja, de recuperación del amor, de buscar la reconciliación y la reconstrucción de la convivencia.

 

Solo da dos opciones: ruptura muy cara y conflictiva, o ruptura algo menos cara y conflictiva.

 

Tampoco intenta vender la famosa y mítica "separación sin daños", "como amigos"... que tanto venden las películas americanas.

 

Con el divorcio exprés, en el "mejor de los casos", "un acuerdo mutuo, en una notaría, sin hijos, sin bienes, sin nada, cuesta unos 600 euros. Si hubiera que liquidar activos andaría entre 3.000 y 5.000 euros en función de las propiedades, a lo que habría que sumar las minutas del abogado y el procurador. El precio de decir adiós es elevado, incluso en los tiempos digitales. Por eso han irrumpido infinidad de plataformas que por unos 300 o 400 euros tramitan el divorcio. Unos competidores que chirrían en el statu quo del sector. “La relación entre abogado y cliente es muy especial, tienes que dar datos muy personales y no puede ser sustituida por unos formularios sacados de Internet”, critica la abogada Elena Zarraluqui".

 

Más barato: separación de hecho... si se puede pactar

 

Pese a todas las facilidades e impulsos del sistema, muchos prefieren la mera separación de hecho: es más barata.

 

“En la actualidad, son muchísimos los cónyuges con problemas que se separan de hecho; cada uno hace su vida, pero continúan casados. Porque en cuanto les dices que si se divorcian no le quedará pensión compensatoria [los jueces las están fijando por periodos limitados] ni de viudedad y además tendrán que vender la casa y su nivel de vida bajará, entonces se lo piensan”, relata Carmen Marcos. “O bien continúan como están o tramitan el divorcio directamente sin previa separación legal”.

 

Pese al famoso divorcio exprés, ni es exprés ni es barato en España. "Un divorcio de mutuo acuerdo puede consumir entre cuatro y cinco meses. Si es contencioso, de siete meses a un año. Se escribe como una condena y muchos divorciados lo sienten así".

 

"Alberto Ferrero (nombre y apellido ficticio de una persona real) tuvo una ruptura difícil. De esas que necesitan pastillas, psicólogos, terapia. Socio de un gran bufete, no solo su salud pagó el desencuentro con su mujer, sino también el rendimiento en el trabajo. Dos hijos en común y un matrimonio de apenas cinco años. Un sufrimiento profundo y una frustración". “Cuando entras en la sala del tribunal tienes una inmensa sensación de derrota”, recuerda. “La otra parte va a conseguir todo y tú tendrás que pagar y renunciar a la custodia de los hijos”. Pese a cierto cambio de tendencia, los jueces aún otorgan mayoritariamente (66,2%, datos del INE, de 2016) el cuidado de los chicos a sus madres. En la ruptura de Alberto se repitió la lógica de las togas: la custodia para ella y una manutención elevada.

 

Pese a enumerar todas estas desgracias que causa el divorcio, el artículo no da datos de sus efectos sobre la salud física y mental de los que recurren a esta práctica (o son víctimas de que su cónyuge recurra a ella) ni tampoco de los efectos graves en las otras víctimas cercanas: los hijos.

 

Es curiosa la pertinaz ausencia en el artículo de las alternativas: la terapia de pareja, la mediación familiar, la exploración de posibles reconciliaciones... Parece ser aún un tabú.

 

Unos cien matrimonios nulos anuales según la Iglesia

 

Da algunos datos sobre el centenar de casos de matrimonios declarados nulos cada año por la Iglesia: "Potestad de la Iglesia, apenas se dan unas cien al año en España. El papa Francisco, quizá porque llegó a su pontificado con una frase (“¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres!”) que era toda una encíclica, ha reducido al máximo —por debajo de un año— el tiempo de su tramitación y pide que, dentro de lo posible, sean gratuitas. Hoy los costes se reparten entre tasas judiciales (600-800 euros), un abogado experto en legislación canónica (2.500 euros) y los peritos (por ejemplo, psicólogos o psiquiatras), que cobran de 800 a 900 euros. “La propuesta del Papa es toda una revolución, pues antes las causas podían durar muchos años y tenían un coste”, admite un sacerdote que pide no ser citado. Junto a las causas conviven las razones para solicitar la nulidad. La Iglesia admite situaciones como “la inmadurez afectiva”, “el engaño u ocultamiento” o “el impedimento de crimen”."

 

El artículo no explica bien que la Iglesia lo que hace es reconocer que nunca hubo realmente matrimonio. Así, por ejemplo, el "engaño u ocultamiento" implica haber ocultado al cónyuge datos esenciales como el tener ya otro cónyuge, el ser del mismo sexo, el fingir estar casándose sin ninguna intención real de hacerlo o el ocultar una infertilidad o problema psíquico que impide el consentimiento.

 

El peculiar caso de China al abortar sus niñas

 

El artículo habla después de que en China "faltan mujeres, necesita novias. En 2010 había 119 niños menores de cinco años por cada 100 niñas. Un desequilibrio en parte consecuencia de la hoy arrinconada política de un hijo único. Por eso los demógrafos John Bongaarts y Christophe Guilmoto calculan que China pierde más de 60 millones de mujeres y chicas".

 

El artículo no llega a decir la palabra clave que causa este desequilibrio: feminicidio prenatal. O aborto. De bebés niñas. ¿Le parece bien el aborto a El País cuando se abortan bebés niñas? ¿Hay abortos que están mal para este periódico entusiasta de esta práctica?

 

Como faltan chicas en el país, las que hay son muy preciadas para los hombres que buscan pareja. “Muchos se dan cuenta de que nunca lo lograrán y que deben olvidarse de la unión y de la progenie (y en parte del sexo). Por lo tanto, la respuesta a medio plazo es la aparición de una clase de hombres solteros, para quienes este estado civil semeja el estigma de un fracaso en lugar de una opción como en Europa”. La sociología, entonces, conecta su desesperanza con las matemáticas. Los investigadores Zhang Xiaobo y Wei Shangjin estiman que la mitad del incremento de la tasa de ahorro del país entre 1990 y 2007 se debe al aumento de los costes del matrimonio en una sociedad sobrepasada de hombres.

 

Por último, el artículo finaliza admirando una frase anterior al amor romántico, y mucho más cercana a la idea cristiana de lo que es amar: "hace más de cien años Otto von Bismarck escribió a su mujer: Tengo miedo de que me olvides”, anotó su esposa. El canciller alemán contestó: “No me casé contigo porque te quisiera, me casé contigo para quererte”.

 

*Publicado originalmente por ReL

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