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Aceprensa
29.03.2013

Nuevas investigaciones ponen de manifiesto que la excesiva alabanza a los menores no conduce a su mejor desarrollo, ni a su felicidad. Sobre este tema hablan recientemente, en el The Wall Street Journal, la columnista Sue Shellenbarger y el matrimonio Jason y Cara Green, padres de tres hijos de 1 a 8 años.

Con buena intención, muchos padres intentan inculcar en sus hijos una fuerte dosis de autoestima, pensando que esto les ayudará a enfrentarse con seguridad a los retos de la vida. Sin embargo, nuevos estudios hacen ver que el exceso de ánimos es contraproducente. Mark Leary, profesor de psicología y neurociencia de la universidad de Duke (EE.UU.), explica que desde los 8 años los niños experimentan altibajos en su autoestima como consecuencia de las relaciones con sus compañeros de colegio. “Los niños tienen una imperiosa necesidad de sentirse valorados, aceptados y amados”, dice el Dr. Leary. Pero también manifiesta que es bueno que los chicos se sientan mal consigo mismos, temporalmente, si su conducta no ha sido correcta.

Jason Green explica que enseñó a sus hijos el lema “nadie es mejor que tú, pero tú no eres mejor que los demás”. Nos cuenta cómo al entrenar a un equipo de fútbol de niños sentó a su hijo Wyatt en el banquillo, por mal comportamiento. Después le explicó las razones de esta medida; se dieron un abrazo y el hijo aprendió la lección. Por otra parte, Wyatt experimentó problemas de retraso en comprensión lectora en la escuela. Su madre le puso un profesor particular, y le dijo que todos tenemos que afrontar problemas: “ahora te toca a ti”. Le hizo ver que lo importante era lo que él era y el esfuerzo que tenía que poner; los resultados ya llegarían. Así ocurrió.

La revista Journal of Experimental Psychology (febrero de 2013), publicó un estudio de 313 niños de 8 a 13 años, quienes tuvieron que medir sus destrezas con un programa de ordenador. Los chicos que venían con excesiva confianza en sí mismos se sintieron avergonzados después, por sus malos resultados. Los que llegaron con perspectivas más modestas y realistas no sintieron ninguna vergüenza y se centraron mejor en su tarea. El estudio, dirigido por investigadores de la universidad de Utrecht (Holanda), afirma que a veces los adultos “pueden fomentar en los niños con baja autoestima la vulnerabilidad emocional que están tratando de evitar”. La investigación considera que mucho mejor que alabar en exceso, es hacerlo según el esfuerzo que pongan los niños.

En un contexto de apoyo y cariño familiar, la autoestima de los chicos es efecto del esfuerzo desempeñado en sus compromisos; no su causa. Enseñarles a valorarse según una adecuada relación con la realidad, especialmente con los demás, es clave para adquirir una verdadera autoestima.

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