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ReligiónenLibertad.com
20.08.2012

Su hijo venía con un síndrome de Down profundo y otras complicaciones pero a ellos no les importaba. Esperaban al pequeño con alegría y con una profunda fe. La ginecóloga sólo le recomendaba el aborto. Finalmente, el hijo nació completamente sano. Esta madre se pregunta cuántos niños han dejado de nacer por estos falsos diagnósticos.

El primer diagnóstico que le ofrecieron fue un profundo síndrome de Down. “Me dijo la ginecóloga que el niño no aguantaría ni un año de vida”. La doctora se empeñó en realizarle nuevas pruebas para determinar de qué discapacidad o malformación se trataba pero Guadalupe le aseguró que ella no deseaba hacerse ninguna prueba más. “Para mí lo que me comunicó no era ninguna desgracia, por eso, ni pedí una segunda opinión médica”. Pero para cuando Guadalupe manifestó su voluntad a la doctora, ésta ya le había propuesto abortar a su hijo. No contenta con ello, la facultativa además le sugirió una ligadura de trompas porque, según ella, los próximos hijos de Guadalupe también vendrían mal.

“Me dijo 20 veces que abortara y yo le dije que no, que no quería deshacerme de mi hijo. Le tuve que decir que quien iba a cuidarlo, viviera lo que viviera, iba a ser yo y que me dejara de proponer el aborto”.

Dispuestos a aprender

Guadalupe y su marido asumieron que su hijo iba a tener unas condiciones especiales, diferentes a las de su primer hijo pero “que tendríamos simplemente que aprender. Nuestro hijo era para nosotros una alegría”.

Y llegó el día del parte y Arturo resultó ser un bebé “perfecto”. Ni rastro de malformación o trisomía 21, al pequeño Arturo no le pasaba nada. La ginecóloga, que erró completamente en el diagnóstico, nunca pidió perdón a Guadalupe. “Dijeron que el niño venía mal y al final nació sano. Me pregunto qué pensaría esa doctora si hubiera matado al niño sin ser down” asevera la madre de Arturo.

Víctimas de falsos diagnósticos

Guadalupe contaba con el apoyo de su marido y el pilar de la fe para sobrellevar una posible discapacidad o enfermedad de un hijo pero muchas otras mujeres, sin apoyo familiar, social o espiritual, confían en estos diagnósticos que, en ocasiones, son equivocados y ceden ante las presiones.

Hoy, con 15 años, Arturo conoce toda la historia y agradece a sus padres el coraje de haber seguido adelante. “Cuando hablamos de un aborto es muy importante lo que está en juego, es un bebé, como lo fue él”. Esta familia, con cinco hijos, sabe muy bien que “nadie tiene derecho a decir quién puede o no vivir”.

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