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Aprendemosjuntos.elpais.com - 05.04.2019

 

 

Daniel J. Siegel es doctor en Medicina, profesor de Psiquiatría Clínica de la Universidad de California, codirector del UCLA Mindful Awareness Research Center y director ejecutivo del Mindsight Institute. Siegel es autor de bestsellers como ‘Ser padres conscientes’, ‘Mindsight’, la nueva ciencia de la transformación personal y de uno de los libros más aclamados internacionalmente ‘The Developing Mind’. En su obra ‘Tormenta Cerebral’, Daniel J. Siegel aporta las claves para acabar con algunos de los mitos y falsas creencias más extendidas sobre la adolescencia. Desde una visión positiva, Siegel afirma que la adolescencia es una etapa muy especial, una chispa emocional, un momento de conexión social, de búsqueda de lo nuevo y con esencia creativa. En el siguiente video de la colección "Aprendemos juntos" del BBVA y El País, el experto amplía el tema. 

 

 

Ver también: 

VIDEO: "Prepara a tu hijo para la vida, no la vida para tu hijo”. Tim Elmore

VIDEO: "Sed los entrenadores emocionales de vuestros hijos". Elsa Punset

VIDEO: “La atención es el nuevo cociente intelectual”. Gregorio Luri

VIDEO: “Sobreproteger a los niños es desprotegerlos”. Eva Millet

VIDEO: "La frustración nos hace más humanos y más inteligentes". María Jesús Álava
VIDEO: "Siete pasos para ayudar a tu hijo a entender sus emociones". Rafael Guerrero

VIDEO: ¿Puede el perdón curar el dolor?. Irene Villa

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Carmelo López-Arias / ReL - 29.03.2019

 

Foto: Freepik 

 

La relación personal de los adolescentes con sus amigos ha decrecido enormemente en la última década, en la misma proporción que ha crecido su sensación de soledad.

 

Quien advierte de ello es Jean Twenge, madre de tres hijos y profesora de Psicología en la Universidad de San Diego, donde se ha especializado en los problemas de la denominada iGeneración, esto es, los adolescentes y jóvenes contemporáneos de la hiperconectividad vinculada a dispositivos móviles. A quienes describe en el libro que les ha consagrado como "menos rebeldes, más tolerantes, menos felices y absolutamente nada preparados para la vida adulta".

 

Y con una dificultad añadida: la soledad. En un reciente artículo en The Conversation, que resume un estudio publicado por ella y sus colaboradores en Psicology of Popular Media Culture, a partir de 2007 la generalización del teléfono móvil con acceso a redes sociales ha transformado completamente los patrones de ocio común de los adolescentes y jóvenes, hasta convertirles en "la generación más solitaria que se recuerda".

 

Dos gráficas lo muestran palmariamente:

 

 

La gráfica muestra el porcentaje de jóvenes que ven a sus amigos "casi todos los días". 

 

Los de 17-18 años (en rojo en la gráfica: 12º curso en el sistema educativo estadounidense) pasaron del 52,25% en 1976 al 43,31% en 2010, una caída del 17% a lo largo de 34 años. A partir de ahí, el desplome es significativo: del 43,31% en 2010 al 27,60% en 2017, una caída del 36% en siete años.

 

Los de 15-16 años (en rosa en la gráfica, 10º curso en el sistema educativo estadounidense) pasaron el 53,45% en 1991 al 40,80% en 2010, una caída del 23,67% en 19 años. Y luego, del 40,80% en 2010 al 26,20% en 2017, una caída del 35,78% en siete años.

 

Los de 13-14 años (en naranja en la gráfica, 8º curso en el sistema educativo estadounidense) pasaron del 52,04% en 1991 al 37,90% en 2010, una caída del 27,17% en 19 años. Y luego, del 37,90% en 2010 al 25,90% en 2017, una caída del 31,66% en siete años.

 

Estamos, pues, ante un proceso que es obedece a muchas razones y ya se presentaba antes de 2010, pero que a partir de esa fecha se acelera sin que exista otra causa identificable que el uso de móviles para la interacción social.

 

"Nos preguntamos entonces si esa tendencia tendría consecuencias en los sentimientos de soledad", explica Twenge antes de introducir el segundo resultado del estudio. Y así es:

 

 

La gráfica muestra el porcentaje de adolescentes y jóvenes que se identificaron con la afirmación "Muchas veces me siento solo". 

 

En los de 17-18 años, el porcentaje pasa del 22% en 2007 al 38,80% en 2017, un crecimiento del 76,36% en diez años.

 

En los de 15-16 años, pasa del 21,40% en 2007 al 32,40% en 2017, un crecimiento del 51,40% en diez años.

 

En los de 13-14 años, pasa del 20,10% en 2007 al 28,00% en 2017, un crecimiento del 39,30% en diez años.

 

Un cambio generacional

 

Lo significativo de estos cambios es que no son individuales, sino generacionales. En efecto, como señala Twenge, otros estudios señalan que no se produce un desplazamiento de los contactos activos (físicos) a los pasivos (mediante móvil), y que los adolescentes y jóvenes más hiperconectados no son necesariamente los que ven menos físicamente a sus amigos.

 

¿Cómo explicar la aparente contradicción?

 

Tiene que ver, explica, con la dinámica "del grupo frente a la del individuo". En un grupo de amigos siempre hay algunos más sociales y dispuestos a salir y verse con los demás, y otros menos propensos a ello. Una vez que todos se conectan a redes sociales, los patrones de conducta suelen repetirse. Así, el más social y más conectado sigue saliendo, aunque menos, porque pasa más tiempo en casa con las redes. Sin embargo, los menos sociales se ven más afectados por el menor tiempo que aquel pasa ahora con ellos. Si a la vez son menos propensos a mantener actividad en las redes sociales, su situación de soledad se agrava: "¿Quién querrá salir con ellos si la mayor parte de sus amigos están solos en su habitación con Instagram?"

 

Algunos sostienen, dice Twenge, que "los adolescentes, simplemente, han decidido comunicarse de otra forma, y que el auge de la comunicación electrónica no es preocupante". Pero hay estudios que hablan de "epidemia" de depresión y angustia entre los jóvenes, y de infelicidad. No se puede sostener, concluye, que "la comunicación electrónica sea tan buena para mitigar la soledad y la depresión como la interacción cara a cara... Hay algo en el hecho de tener al lado a otra persona -el contacto físico, la mirada, la risa- que no puede ser sustituido por la comunicación digital. El resultado es una generación de adolescentes más solitaria que nunca".

 

¿Causa y efecto?

 

En otro artículo sobre esta cuestión en Psychology Today, Twenge recoge los datos de otro de sus estudios, que muestra que "los adolescentes que pasaron más tiempo ante las pantallas eran menos felices, más depresivos y con un riesgo de suicidio", relación que se mantenía incluso teniendo en cuenta otros factores como el sexo, la raza o el estatus socioeconómico. 

 

Con todo, la concurrencia de hechos no es lo mismo que causalidad, comenta ella misma: pudiese ser que las personas con mayor tendencia a la depresión buscasen más las pantallas. Pero cita tres estudios que apuntan claramente a una relación de causa-efecto. Dos encontraron que, "mientras el mayor uso de redes sociales conducía a la infelicidad sin embargo la infelicidad no conducía aun mayor uso de redes sociales. Ambos estudios se referían a Facebook, como el tercero, que es directo y orientado a definir causalidad. En este último, se crearon dos grupos aleatoriamente, uno tuvo acceso a Facebook durante una semana, y el otro no: "Los que dejaron de usar Facebook acabaron la semana más felices, menos solitarios y menos deprimidos".

 

Si surgen evidencias de que el incremento de la infelicidad de adolescentes y jóvenes (un hecho empíricamente demostrado), tiene otras causas, Twenge se muestra dispuesta a estudiarla: "Pero, por el momento, el smartphone es el agente de cambio más probable, así que es el que yo estoy considerando con mis propios hijos, y lo que creo que otros padres deberían también considerar".

 

*Publicado originalmente en ReL

 

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ReligionConfidencial/13.07.2018

 

 

 

El cerebro de los adolescentes es un cerebro en crecimiento y cuando consumen alcohol se producen daños en zonas específicas, según explica Jesús Paños, responsable de la Unidad de Psicología Clínica de Infancia y Adolescencia del Hospital San Rafael de Madrid. “No hace falta que hablemos de un consumo regular para que aparezcan graves complicaciones permanentes en nuestro sistema nervioso central, una ingesta leve o algunas intoxicaciones es suficiente para hacerlo”.

 

Una de las áreas que se ve más afectada es el hipocampo, una estructura fundamental para el aprendizaje y la memoria. Escáneres cerebrales realizados en jóvenes alcohólicos revelan que el hipocampo de éstos es significativamente más pequeño que el de los otros adolescentes que no beben alcohol, informa Europa Press.

 

Controlar los impulsos 

 

Además, el alcohol puede dañar otra estructura fundamental, los lóbulos prefrontales, añade el psicólogo clínico. “Esta área se encarga de permitirnos programar acciones, empatizar, planificar, anticipar consecuencias de nuestros actos, controlar nuestros impulsos y mantener intactos nuestros circuitos atencionales. Todas estas funciones son necesarias para aprender, madurar y hacernos responsables y autónomos”, señala Paños.

 

Lamenta que los jóvenes incurren en una contradicción, ya que “beben para mejorar su estima y parecer mayores y sin darse cuenta se lo impiden al hacerlo”. El experto recuerda que es importante dar información a la población, pero no es suficiente para cambiar conductas o actitudes, “se hace necesario algo más. Aprender habilidades y cambiar actitudes”.

 

Hablarles con claridad

 

El experto apuesta por “hablarles con claridad de los efectos indeseables de las drogas y sus consecuencias, no ser modelo de consumo para ellos, entrenarles en hábitos saludables, desarrollar junto a ellos un ocio sano y un interés por actividades que despierten su atención por hacerlas en grupo y superarse".

 

Asimismo, cree que hay que “educarles en valores, mejorar sus habilidades de comunicación y sus habilidades de relación social, mejorar su estima, enseñarles a pensar y razonar y a identificar y manejar sus emociones, hacerles autónomos, gratificar sus progresos, ser personas significativas y cercanas a sus problemas, escucharles, ponerles límites y razonarlos, ser flexibles, saber dialogar y llegar a acuerdos, ponerles normas además de expresarles afecto y amor, y confiar en ellos y expresárselo”.

 

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LaFamilia.info - 07.09.2018

 

Foto: Freepik

 

El 10 de septiembre se celebra el Día Mundial de Prevención del Suicidio, iniciativa que busca poner el tema en la agenda pública, haciendo énfasis en la necesidad de su prevención. 

 

La conducta suicida se ha ido incrementando alrededor del mundo, incluso la Organización Mundial de la Salud (OMS) la ha declarado un problema de salud pública. Según datos de esta entidad, anualmente, cerca de 800 000 personas se quitan la vida y muchas más intentan hacerlo. En el año 2016, el suicidio fue la segunda causa principal de defunción en el grupo de 15 a 29 años en todo el mundo. Y no solo se produce en los países de altos ingresos, sino que es un fenómeno global que afecta a todas las regiones del mundo. De hecho, en 2016, más del 79% de los suicidios en todo el mundo tuvieron lugar en países de ingresos bajos y medianos.

 

El suicidio es un problema complejo en el que intervienen factores psicológicos, sociales, biológicos, culturales y ambientales; sin embargo los trastornos mentales (especialmente la depresión y los trastornos por consumo de alcohol) son los principales.

 

Cada suicidio es una tragedia que afecta a las familias y deja una huella imborrable en ellas; no obstante, es prevenible mediante intervenciones oportunas. 

 

Señales de alarma

 

Teniendo en cuenta que las redes sociales se han convertido en un espacio en que los jóvenes se expresan libremente, incluso muchos manifiestan deseos de acabar con su vida por estos medios, Facebook ha lanzado una guía sobre cómo ayudar a un amigo. Esta campaña busca promover la prevención del suicidio en alianza con el Instituto Hispanoamericano de Suicidología, Decide Vivir México, The Jed Foundation y The Clinton Foundation, organizaciones sin ánimo de lucro que trabajan promoviendo el bienestar emocional, para compartir posibles señales de alarma que te indican que alguien puede estar sufriendo, angustiado o necesitando ayuda, las cuales compartimos a continuación. 

 

Así que presta atención a estados, publicaciones, mensajes, fotos o videos que incluyan los siguientes temas:

 

1. Comentarios relacionados con sentirse solo, sin esperanza, aislado, inútil o como una carga para los demás: “Siento que estoy en un agujero”; “No quiero volver a levantarme de la cama”; “Déjenme en paz”; “Todo lo hago mal”.

 

2. Muestras de irritabilidad y hostilidad fuera de lo común: “Odio a todo el mundo”; “A la mie**a con todo”.

 

3. Muestras de comportamientos impulsivos: conducción imprudente, un cambio significativo y, sobre todo, un aumento en el consumo de sustancias o exposición a otros riesgos. 

 

4. Publicaciones sobre insomnio: “Son las 3 de la mañana y sigo sin poder dormir”. 

 

5. Abandono de las actividades cotidianas: “Vuelvo a faltar a prácticas de química, no valgo para nada”; “Otro día más bajo las sábanas”.

 

6. Uso de emoticonos negativos: uso repetido de emoticonos que describen los siguientes estados de ánimo. 

 

Aunque puede ser difícil, sobre todo en Internet, saber si alguien está exagerando, siendo sarcástico o hablando en serio, cuando amenaza con quitarse la vida, siempre hay que tomarlo en serio. Estos son algunos ejemplos de frases que puede decir una persona con tendencias suicidas:

 

7. Hablar del suicidio o de querer morir: “No quiero seguir viviendo”; “Todo el mundo estaría mejor sin mí”; “No tengo motivos para vivir”.

 

8. Desesperación emocional intensa y urgente o culpa o vergüenza intensas, sentirse atrapado: “No puedo soportar más [el dolor]”; “No hay salida”; “Estoy acabado”; “Siento mucho los problemas que causé a todo el mundo”.

 

9. Mostrar rabia o buscar venganza: “Les daré una lección a todos”; “Se arrepentirá”.

 

10. Despedirse, desprenderse de bienes personales: “Los voy a extrañar a todos”; “Ya no se tendrán que preocupar más por mí”.

 

11. Glorificar o idealizar la muerte o hacer que la muerte parezca un acto heroico: “La muerte es bella”.

 

12. Preguntar dónde o cómo obtener medios potencialmente letales, como el acceso a pastillas o armas.

 

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Colaboración FamiliyandMedia.eu - 09-01.2018

 

Foto: Freepik 

 

¿Cómo influye el uso de los social media en la percepción que tienen las mujeres de su cuerpo?

 

Un reciente estudio titulado The Mediating Role of Appearance Comparisons in the Relationship Between Media Usage and Self-Objectification in Young Women, publicado en la revista de psicología Young Women - Psychology of Women Quarterly intenta responder a esta pregunta investigando la relación entre la imagen que tienen las mujeres del propio cuerpo y la utilización de distintos tipos de media: Facebook, internet, televisión y revistas.

 

En concreto, el estudio examina el fenómeno de la auto-objetivación del cuerpo femenino. La premisa es que la imagen de las mujeres ofrecida por los medios de comunicación, muchas veces se concentra en su aspecto físico, más que en sus capacidades o su personalidad. Por esta razón, exponerse a los media que promueven la imagen de la mujer como objeto sexual provoca, en las adolescentes, verse a través de esta clave de lectura.

 

Esta teoría, llamada teoría de la objetivación, pone en guardia ante los aspectos más peligrosos de este fenómeno: la auto-objetivación puede llevar a trastornos alimentarios, trastornos de ansiedad, a avergonzarse del propio cuerpo, y a la depresión.

 

La encuesta fue realizada en el Reino Unido sobre una muestra de 150 chicas de edades comprendidas entre los 17 y los 25 años, que contestaron a cuestionarios relativos a:

● Cómo utilizan los media;

● Su tendencia a comparar su aspecto físico con el de los demás;

● La costumbre de comparar su cuerpo con el de grupos concretos de personas - como amigos o conocidos- en Facebook.

 

Los resultados han mostrado que el uso de Facebook está vinculado al fenómeno de la auto-objetivación, ya que es el social network por excelencia del aspecto físico. En efecto, Facebook es el lugar donde se comparten fotos personales y se reciben comentarios valorativos de los amigos virtuales, reforzando o debilitando así la confianza en sí mismos.

 

Sólo en 2013, en Facebook se compartieron 250 mil millones de fotografías; esto, unido a la creciente popularidad del medio entre las mujeres jóvenes, y el tiempo que éstas dedican a los social network (unas dos horas al día, según el Australian Bureau of Statistics), nos ilustran el poder de las imágenes que vemos desfilar en el timeline para la construcción de la percepción del cuerpo femenino.

 

El estudio concluye que el fenómeno de la auto-objetivación surgido por el uso de Facebook está relacionado con el hecho de que las chicas tienen una tendencia a comparar su aspecto físico con el de otras mujeres.

 

La comparación entre el propio aspecto físico y el ajeno, tiene lugar sobre todo con sus coetáneos, amigos o conocidos, más que en relación a celebridades. Esto se debe a que el estilo de vida es más similar, y los coetáneos representan un ideal físico más fácilmente alcanzable.

 

Por esto es fácil comprender el poder de los nuevos medios, en especial los social network como Facebook, sobre la percepción que las mujeres jóvenes tienen de su cuerpo.

 

Y es fundamental hacer comprender a las chicas -sobre todo a las adolescentes- que existe una clara separación entre la realidad y el mundo online.

 

Debemos enseñarles que cada mujer es única e irrepetible, espléndida en sí misma; que los estereotipos con los que nos tropezamos todos los días son modelos inexistentes. Toda mujer tiene sus defectos, incluso aquellas que parecen perfectas. Lo que marca la diferencia es aceptar las propias imperfecciones y gustarse tal como somos. Éste es el secreto para tener una relación serena consigo misma y con el mundo que nos rodea. Por eso, queridas chicas, hay que cerrar los smartphone y dejar de obsesionarnos.

 

*Por Fabiana Aloisi. Colaboración de www.FamilyandMedia.eu para LaFamilia.info  

 

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