Teresa Arnaboldi – HacerFamilia.net
08.01.2013

 

El consumo de bebidas energéticas y sus sucedáneos se hace cada vez más común entre los jóvenes. No existe regulación alguna para su venta a pesar de que el abuso de ellas puede producir trastornos en la salud.

 

Debido a las leyes de protección a los menores de edad, los jóvenes están buscando alternativas para estimularse a la hora de salir en la noche. Una de estas opciones son las bebidas energéticas y sus derivados, que proliferan día a día y que también son usados para pasar de largo las noches estudiando. A raíz de este nuevo mercado de compradores, hoy se pueden ver sucedáneos de las bebidas como chicles, polvos que se mezclan con agua, shots energéticos e incluso versiones light de las gaseosas.

 

Sin embargo, es importante aclarar que estas bebidas no serían energéticas, sino que bebidas euforizantes o estimulantes. Al respecto, los especialistas coinciden en que es el abuso y consumo excesivo el que podría provocar problemas en el organismo, pero no su consumo aislado, ya que el contenido de cafeína de una lata de 250 ml. corresponde tan sólo a 80 miligramos, que es lo mismo que una taza de café de cafetera de filtro. Ello está lejos del mito popular que dice que una lata es más que cuatro tazas de café expreso. Según Héctor López, cardiólogo de la Clínica Santa María, sobre un consumo de 400 mg. empiezan a aparecer los efectos colaterales.

 

El mito del esfuerzo físico

 

El doctor Jordi Sapena de la Universidad Central de Barcelona del Centro Médico Teknon -fundación que ha realizado estudios científicos- ha señalado en distintas publicaciones, que hay que distinguir entre las bebidas energéticas que proporcionan energía, agua y sales minerales que se consumen durante el esfuerzo físico, y las bebidas estimulantes o euforizantes mal llamadas “energéticas” que contienen sustancias psicoestimulantes.

 

Éstas disminuyen la sensación y la percepción de fatiga física y mental por parte de quien las toma, pero el esfuerzo físico que se hace es el mismo. Entonces, al disminuir la percepción de cansancio, se puede someter al organismo a esfuerzos superiores a los que tolera cada individuo. Es por esto que no se debe confundir las bebidas estimulantes con las bebidas energizantes para los deportistas. Para estas actividades las más indicadas son las isotónicas. Su función es mejorar la absorción de agua y suplementar las pérdidas de sales minerales y azúcares que se producen durante el ejercicio físico.

 

En Chile, las marcas de bebidas energéticas auspician campeonatos de deportes extremos para que se las asocie con actividades físicas como son los rallys, torneos de snowboard, skate, surf y otros eventos.

 

Entre los efectos secundarios más habituales del abuso de las “energizantes” se encuentran: aumento de la presión sanguínea, mareos, incoordinación motora y la sensación de ansiedad e inquietud. A estos efectos se añade la fatiga intensa tanto física como psíquica que aparece una vez pasado el efecto estimulante de la bebida. “Puede producir aumento de taquicardias en personas con riesgos al corazón, incluso arritmias, insomnio y temblor muscular si las cantidades son importantes”, agrega el doctor López.

 

El cardiólogo añade que la recomendación a nivel mundial de la cafeína es que no la tomen los niños y los adolescentes si es que la consumen, que sea en cantidades mínimas. “La cafeína es un alcaloide y en su exceso puede producir dos fenómenos: adicción, ya que si no se toma, los individuos se sienten inquietos, y también puede producir dependencia, que significa que la persona necesita cada vez más cantidad para no tener la sensación que se produce cuando se deja de tomar”, explica.

 

Efectos colaterales de una mezcla dañina

 

Para los jóvenes se está haciendo habitual mezclar bebidas “energéticas” con alcohol y el efecto que se produce al abusar de estas mezclas es altamente nocivo. Lo estimulante de la cafeína neutraliza temporalmente los resultados depresores del alcohol, lo que produce una disminución de la sensación de embriaguez y lleva muchas veces a consumir cantidades de alcohol superiores a las que el organismo está preparado para asumir y metabolizar en condiciones normales.

 

“El individuo que abusa de la ingesta de los combinados de alcohol y bebidas estimulantes puede no ser consciente de su estado etílico y, por ello, creerse apto para realizar tareas para los que no está preparado, como la conducción de vehículos, el manejo de maquinarias o actividades de riesgo. El alcohol también potencia la acción diurética de la cafeína, habiéndose reportado casos de deshidratación intensa con estos combinados”, dice el doctor Jordi Sapena.

Héctor López agrega que cuando se juntan estas dos sustancias en exceso, se suman los efectos colaterales del alcohol con la cafeína, lo que genera que haya mayores posibilidades de tener taquicardias, además se puede producir gastritis o inflamación del estómago.

 

La última alarma sobre este tema la dio la Food and Drug Administration (FDA) en Estados Unidos, quien alertó a cuatro compañías y les exigió retirar del mercado sus bebidas energizantes, por considerarlas un problema de seguridad pública.
 Las marcas vedadas incluían alcohol en su preparación, o sea un depresor y un potente estimulante, que puede provocar lo que se denomina como el estado de wide-awake drunk o un estado de borrachera despierta. Las marcas aludidas fueron: Core High Gravity HG, Lemon Lime Core Spiked, Moonshot, Four Loko y Joose and Max.

 

Para decidir prohibir las bebidas con cafeína y alcohol, la FDA revisó literatura científica para ver los efectos de las sustancias juntas, consultaron a expertos y realizaron análisis de laboratorios. Un estudio publicado en la revista “Addictive Behaviors” demostró que las personas que bebían alcohol mezclado con bebidas energéticas eran tres veces más propensos a abandonar un bar altamente intoxicados y tenían cuatro veces más probabilidades de tratar de manejar, que los clientes de bares que bebían sin cafeína.
Otro estudio publicado en la revista “Alcoholism: Clinical & Experimental Research” dice que que el alto consumo de bebidas energéticas se asoció con la dependencia del alcohol y su consumo excesivo.

 

Chicles energéticos

 

Hace unos meses se reportó en Italia un caso grave de alteración física en un adolescente causada por “chicles energéticos”. El joven entró en el servicio de urgencias de un hospital muy agitado y agresivo y aseguró que no había ingerido drogas, pero sentía malestar abdominal, dolor al orinar y picor en las piernas. Los médicos que examinaron al joven encontraron elevada presión arterial, agitación en el ritmo respiratorio y un excesivo ritmo cardiaco.

 

La madre del joven descubrió dos paquetes vacíos de “chicles energéticos” en su mochila e informó de la situación al hospital. El joven reconoció que se había comido todos los chicles en apenas cuatro horas. En total consumió 320 mg. de cafeína, que es el equivalente a cuatro tazas de café. Algunos días más tardes, este joven presentó un ritmo cardiaco bajo, síntomas de somnolencia y se desenvolvía con reflejos retardados. Casi una semana después, el joven ya se encontraba completamente recuperado.

 

Hace poco tiempo aparecieron en Chile estas gomas de mascar que son de absorción sublingual, lo que permite una absorción más rápida de la cafeína en el organismo. Cada chicle equivale a dos latas energizantes. El último que apareció se llama “L.A. Fuel”, importado desde la República Checa. El envase contiene 7 unidades sin azúcar y con sabor a menta. Un paquete de estos chicles equivale a consumir 14 bebidas energéticas.

 

 

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