ReligionConfidencial/13.07.2018

 

 

 

El cerebro de los adolescentes es un cerebro en crecimiento y cuando consumen alcohol se producen daños en zonas específicas, según explica Jesús Paños, responsable de la Unidad de Psicología Clínica de Infancia y Adolescencia del Hospital San Rafael de Madrid. “No hace falta que hablemos de un consumo regular para que aparezcan graves complicaciones permanentes en nuestro sistema nervioso central, una ingesta leve o algunas intoxicaciones es suficiente para hacerlo”.

 

Una de las áreas que se ve más afectada es el hipocampo, una estructura fundamental para el aprendizaje y la memoria. Escáneres cerebrales realizados en jóvenes alcohólicos revelan que el hipocampo de éstos es significativamente más pequeño que el de los otros adolescentes que no beben alcohol, informa Europa Press.

 

Controlar los impulsos 

 

Además, el alcohol puede dañar otra estructura fundamental, los lóbulos prefrontales, añade el psicólogo clínico. “Esta área se encarga de permitirnos programar acciones, empatizar, planificar, anticipar consecuencias de nuestros actos, controlar nuestros impulsos y mantener intactos nuestros circuitos atencionales. Todas estas funciones son necesarias para aprender, madurar y hacernos responsables y autónomos”, señala Paños.

 

Lamenta que los jóvenes incurren en una contradicción, ya que “beben para mejorar su estima y parecer mayores y sin darse cuenta se lo impiden al hacerlo”. El experto recuerda que es importante dar información a la población, pero no es suficiente para cambiar conductas o actitudes, “se hace necesario algo más. Aprender habilidades y cambiar actitudes”.

 

Hablarles con claridad

 

El experto apuesta por “hablarles con claridad de los efectos indeseables de las drogas y sus consecuencias, no ser modelo de consumo para ellos, entrenarles en hábitos saludables, desarrollar junto a ellos un ocio sano y un interés por actividades que despierten su atención por hacerlas en grupo y superarse".

 

Asimismo, cree que hay que “educarles en valores, mejorar sus habilidades de comunicación y sus habilidades de relación social, mejorar su estima, enseñarles a pensar y razonar y a identificar y manejar sus emociones, hacerles autónomos, gratificar sus progresos, ser personas significativas y cercanas a sus problemas, escucharles, ponerles límites y razonarlos, ser flexibles, saber dialogar y llegar a acuerdos, ponerles normas además de expresarles afecto y amor, y confiar en ellos y expresárselo”.

 

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