ABC - 09.09.2013
 

 

En algunos casos, es fácil atravesar la delgada línea que separa el cariño y la educación, de la sobreprotección; siendo ésta un arma de doble filo, pues en lugar de ayudar al desarrollo emocional del adolescente, lo puede perjudicar.

 

Los hijos pueden acusar esta sobreprotección cuando tengan que enfrentarse a situaciones tan cotidianas como resolver un conflicto con los amigos, responder a sus obligaciones en el colegio o en casa e, incluso, a la hora de afrontar exámenes o situaciones nuevas que aparezcan en su vida y ante las que no sepan comportarse si son siempre sus padres los que actúan por ellos.

 

Por eso es muy importante permitir a los hijos, y con mayor atención cuando pasan por la adolescencia, enfrentarse a las situaciones propias de su edad con naturalidad y sin miedo. De este modo les aportarán herramientas para que puedan convertirse en adolescentes seguros, con iniciativa y capaces de valorar lo que sucede a su alrededor.

 

El experto en educación Fernando Alberca, autor del libro “Adolescentes. Manual de instrucciones”  (Editorial ESPASA) expone 10 situaciones en las que los padres actúan de un modo sobreprotector con los hijos adolescentes:

 

1. Darle todos los gustos, hasta los más absurdos. Darle con rapidez lo que solicita con urgencia.

 

2. Evitarle las intervenciones que le exijan vencer obstáculos como la incomodidad o la timidez. Permitirle que se escape de las obligaciones y de las consecuencias de su incumplimiento, dedicándole mucho más tiempo del que necesita.

 

3. Ejercer sobre él una vigilancia constante, fruto del temor a que le suceda algo. Elegir por ellos o hacerlo.

 

4. Anticiparse a sus deseos de comida, ropa, juguetes, ocio...

 

5. Evitarle la práctica de deportes o juegos arriesgados.

 

6. Justificarlo en la escuela su falta de trabajo, sus errores en los exámenes o ausencias injustificadas.

 

7. Evitarle labores de casa y responsabilidades que conlleven esfuerzo. Ayudarle en sus tareas escolares.

 

8. No dejarle salir con amigos. Intervenir cuando tiene una disputa con un compañero o amigo.

 

9. Correr con las consecuencias con las que debe cargar el hijo por sus actos voluntarios.

 

10. Disculpar su mala conducta ante otros adultos o sus hermanos. Ocultar el mal comportamiento al cónyuge, para que no le castigue o corrija. No corregirle con el argumento de que es demasiado pequeño, no es el momento o ya es demasiado mayor.

 

El autor propone revisar, una a una, las actitudes de sobreprotección sobre los hijos y luchar por combatirlas o evitarlas.

 

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