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ReL/HacerFamilia - 18.06.2018

 

Foto: Freepik 

 

El matrimonio es un camino de "ires y venires", en el cual es natural que surjan momentos de dificultad. Por eso, una vez se presenten, es importante atenderlos de forma oportuna y adecuada. 

 

En la revista Hacer Familia señalan los 9 momentos más comunes en que los matrimonios son especialmente vulnerables y requieren una atención extra.

 

1. Cuando, novatos, ¡descubrimos que somos distintos!

 

Es una de las crisis más frecuentes de los primeros compases de la pareja. Surge al iniciar la convivencia. El enamoramiento que versa sobre los grandes temas posiblemente no se ha parado a mirar en esos detalles mínimos que se perciben en el día a día. Aunque parezca mentira, no son pocas las crisis que los matrimonios tienen que superar por tópicos tan clásicos como la pasta de dientes abierta o si los platos de la cena se recogen o se dejan en la pila. Es entonces cuando descubrimos que cada uno es "de su padre y de su madre". Las educaciones recibidas durante todos los años precedentes son distintas y se nota.

 

Para enfrentarse a esta situación necesitamos trabajar especialmente la empatía. Es importante ponerse en la piel del otro para juzgar adecuadamente cada situación. La valoración incluye saber si realmente la otra persona es consciente de que determinada actitud nos molesta. En ocasiones, posiblemente, ni sepa que hay otro modo de hacer las cosas porque en casa de sus padres se hacían así. El diálogo tiene que ser muy fluido porque si no se comentan los detalles, se pueden enquistar. Pero al mismo tiempo, nunca se puede perder la perspectiva de que se trata de cuestiones de una importancia solo relativa.

 

2. Cuando se meten las familias políticas

 

Aunque ante el altar solo están los novios, no cabe duda de que a la familia llegan también los suegros, los cuñados, los sobrinos y todo un séquito con el que no contábamos. La injerencia de la familia propia y la política en los asuntos que conciernen al matrimonio puede provocar serias tensiones en determinadas circunstancias. Además, los cónyuges tienen la sensación de estar entre la espada y la pared, puesto que se deben tanto a sus mayores como a su pareja.

 

En estos casos, el diálogo es el arma más eficaz para solventar los problemas. Pero no se debe entender como un diálogo destinado a que el contrario entienda a la familia política, puesto que es poco probable que ocurra, sino a que el matrimonio acuerde unos principios básicos mínimos que no se podrán transgredir. Como las situaciones son dispares y se presentarán muchas veces a lo largo de la vida, conviene hablar de cada caso en concreto, como las vacaciones, el cuidado de nietos o las fiestas navideñas. En cualquier caso, es imprescindible no atacar nunca al cónyuge por los comportamientos de su familia.

 

3. Cuando el bebé no llega

 

Ese deseo por tener hijos en común que es positivo y afianza la relación, se puede convertir en un foco de conflicto cuando, mes tras mes, ese hijo no llega, cuando se frustran los embarazos. La tristeza se puede hacer presente en la vida de ese matrimonio. Y de esa tristeza surge fácilmente la distancia puesto que, para no provocar más dolor, se evita mencionar un tema que sigue latente en los dos. En ocasiones, deriva en reproches, más o menos explícitos, hacia el otro, y puede acabar incluso con un matrimonio si no se sabe gestionar.

 

La mejor manera de evitar esta grave crisis matrimonial es no retrasar el momento de la boda y de la paternidad por causas como la necesidad de crecer en el trabajo o de alcanzar un determinado nivel económico. Pero si esa circunstancia ya no se puede soslayar y si el problema persiste, resulta fundamental entender el valor del matrimonio en sí mismo. Aunque los hijos supongan una riqueza para la pareja, el amor de los cónyuges no está supeditado a tener descendencia. Con esta perspectiva en mente, el vínculo matrimonial no flaqueará a pesar de la ausencia de hijos.

 

4. Cuando nacen los bebés

 

La llegada de un hijo suele ser un momento de extrema felicidad para un matrimonio y, sin embargo, también es un momento de tremenda crisis. Lo que pasa es que las parejas suelen adaptarse a los cambios que supone la paternidad con enorme alegría porque para ellos pesan más en la balanza los aspectos positivos. Pero no cabe duda de que supone un cambio radical en la vida de un matrimonio acostumbrado a ser dueño de su tiempo, a tenerse el uno al otro sin interrupciones, a tomar decisiones con bastante libertad. Todo cambia con los niños: ritmos, horas de sueño, planes posibles, tiempo disponible, gastos del hogar, prioridades. Puede que al matrimonio le cueste adaptarse, que tarden en comprender cuáles son sus nuevos roles y que los sincronicen. 

 

Serán necesarias grandes dosis de comprensión por parte del padre y de la madre para que cada uno vaya tomando posiciones en el nuevo escenario. Aunque un niño reclame gran parte de nuestra atención, el matrimonio no debe descuidarse porque será la piedra angular de esa familia que acaba de crecer. Por eso, mirar las cosas desde la perspectiva del otro limará muchas asperezas. Conviene poner distancia sobre los problemas y entender que algunos se van resolviendo solos con el paso de los meses, como la falta de sueño o la atadura que supone la etapa de la lactancia. También es importante dejar de mirar hacia el recuerdo de lo que ya no se puede hacer y centrarse en las posibilidades que ofrece la nueva vida.

 

5. Cuando hay que decidir cómo educar a los niños

 

Las parejas mejor avenidas encuentran en muchas ocasiones puntos de fricción en temas que se refieren a la educación de los hijos. Si aquello de proceder "de su padre y de su madre" se hace patente al inicio de la convivencia, la sensación vuelve a escena cuando los problemas con los niños llegan a casa. Como en la educación no existen recetas, cada miembro de la pareja planteará ante cada circunstancia la forma de educar que considere más oportuna. Y tendrá que ver con su experiencia personal, con sus vivencias familiares, con su forma de ser y con otros elementos con los que tenemos que ser particularmente comprensivos.

 

La comunicación en el seno del matrimonio será la clave para resolver estas crisis puntuales. La negociación permitirá acercar posturas en vías de solución que no son ni buenas ni malas, solo diferentes. Pero lo imprescindible es tener presente en todo momento que los acuerdos son necesarios por el bien de los niños. No se trata solo de pensar en qué opción de las dos es la más beneficiosa sino que, una vez tomada una decisión, los padres deben actuar al unísono para que los hijos tengan un referente moral claro.

 

6. Cuando escasea el dinero

 

El dinero no da la felicidad pero la falta de dinero genera más de un quebradero de cabeza. En muchos hogares, situaciones como el desempleo de larga duración han servido para unir más a los matrimonios, que buscan juntos soluciones imaginativas para sacar adelante el hogar. Pero no cabe duda de que un cambio radical en el nivel de ingresos supone una crisis a la que hay que hacer frente. Adaptarse a las nuevas circunstancias es complicado y se puede caer en errores comunes tales como comparar los esfuerzos de unos y otros o culpar al otro de la falta de recursos.

 

Cuando el dinero escasea, mirar hacia lo importante es el paso indispensable. Sin embargo, acto seguido es importante que el matrimonio se ponga a buscar modos de resolver una situación que puede ser coyuntural o alargarse en el tiempo. Aunque la meta pueda estar puesta en recuperar determinado nivel de ingresos, será imprescindible que la pareja sepa adoptar medidas a corto plazo que den un poco de oxígeno a las cuentas y tranquilidad a la familia. Las decisiones en este sentido tienen que ser consensuadas para que ambas partes sientan que están aportando. Si los hijos tienen la edad suficiente, conviene hacerles partícipes, sin alarmismos, de la situación, para que entiendan y colaboren en el programa de ajustes.

 

7. Cuando todo es rutina y el matrimonio se resiente

 

La conciliación de la vida laboral y familiar sumado al reparto de tareas en el hogar provoca que muchos matrimonios vivan inmersos en una vorágine en el que se comunican con meros mensajes utilitarios y no pasan tiempo juntos. El engranaje funciona, pero los cónyuges viven en soledad incluso aunque pasen buena parte del tiempo acompañados por los hijos o en el trabajo. El matrimonio se va resintiendo porque no se detiene a charlar sobre lo importante sino que se centra únicamente en lo urgente. La vida de pareja se puede convertir en un mero intercambio de anotaciones de tareas en la agenda común. 

 

La pareja necesita tiempo para crecer y fortalecerse, tiempo de calidad que no tiene por qué implicar viajes incosteables o románticas cenas que se salgan del presupuesto familiar. Lo importante es reservarse tiempo para dedicar al otro, para que pueda explayarse contando aquello que le preocupa y no estemos nerviosos intentando saltar a la siguiente tarea, para compartir los temas comunes y debatir sobre los problemas que vislumbramos en el horizonte. Se puede fijar en esa apretada agenda un rato en común, quizá sea solo un café tranquilo los viernes antes de ir a buscar niños al colegio, o una cena casera especial después de que se vayan a la cama. Pero es fundamental no sentirse solo.

 

8. Cuando nos atrae una tercera persona

 

Las infidelidades están a la orden del día. El matrimonio avanza por su complicada cotidianidad marcada por los problemas y, de pronto, surge una tercera persona que no genera complicaciones, que no aturde con quejas y que siempre pone buena cara. La tentación existe y muchas veces la salida posible no estriba en huir de ella, puesto que puede tratarse de alguien con quien estamos obligados a tratar.

 

Si en un matrimonio uno de los cónyuges mira hacia fuera es imprescindible que vuelva la vista hacia dentro para saber dónde está la fuga que no detiene su mirada. Si se deja llevar por un emotivismo que está a flor de piel, es posible que acabe inmerso en una pendiente deslizante con mal final.

 

Es muy conveniente hacer autocrítica del matrimonio, es decir, analizar qué parte del matrimonio nos corresponde y no estamos haciendo bien y qué parte no hace bien el otro, qué parte no podemos tolerar y qué parte tenemos que aprender a superar. Solo si percibimos que existe un problema estaremos en condiciones de atajarlo. Si no conseguimos atajar el problema o incluso descubrirlo, la ayuda de un experto es la mejor de las opciones antes de que la situación empeore.

 

Lo importante es no caer en el error de pensar que una atracción física por un tercero significa que el matrimonio esté acabado y que, por tanto, se puede dar rienda suelta al deseo. La tentación es como la señal de alarma que salta en el coche y que nos indica que tiene que ir al taller. Si se hacen bien las cosas, el matrimonio saldrá fortalecido.

 

9. Cuando llegan problemas serios

 

En el camino del matrimonio pueden surgir problemas graves que afecten a la familia en su conjunto. Una enfermedad de alguno de sus miembros, el comportamiento inadecuado de alguno de los hijos, tenerse que hacer cargo de algún mayor, una discapacidad... Son situaciones en las que, aunque la pareja deba permanecer especialmente unida, es probable que los estados de ánimo se vean afectados por los acontecimientos.

 

Ante estas situaciones hace falta mirar el nuevo escenario desde la distancia, tomar en consideración cuáles son todas las circunstancias, determinar si el cambio de situación va a ser circunstancial o definitivo. Hace falta ser pragmático y buscar soluciones a aquellas cuestiones del día a día que necesitan ser resueltas. De lo contrario, pequeños problemas cotidianos se pueden convertir en cargas inasumibles que acaben por deteriorar el matrimonio. Los esposos tienen que pasar juntos los momentos propios del duelo que implica la aceptación de todo problema. Solo así serán capaces de salir juntos de esa crisis y afrontar la vida tal como viene dada.

 

*Por Marina Berrio de Hacer Familia. Publicado por ReL

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ReL/HacerFamilia - 05.06.2018

 

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A veces la relación en pareja puede ser dura. No todo es siempre felicidad, y dentro del amor hay momentos en los que se pasa mal. Las peleas por celos o desconfianzas pueden hacer que una buena relación termine por simples malentendidos. Es importante fortalecer la relación. Por eso, Hacer Familia, propone 10 consejos para fortalecer la relación de pareja. 

 

1. Aceptar los defectos de la pareja es fundamental para que la relación sea feliz y duradera

 

Cuando los errores se asumen, dejan de ser un factor decisivo para el deterioro de los vínculos afectivos. Además, permite apreciar mejor los aspectos positivos de la otra persona y se valora más huyendo de las descalificaciones.

 

2. Siempre debe haber muestras de cariño entre las parejas

 

Por mucho que el paso del tiempo pueda enfriar ciertos gestos los abrazos, los besos y las caricias deben estar presentes para mantener viva la relación. Las parejas que son más cariñosas entre ellas tienen muchas menos discusiones y disfrutan más de la vida y de la relación.

 

3. La pareja, junto con los amigos son el mejor medio para alcanzar la felicidad

 

Cuidar el bienestar del otro favorecerá también cuidar nuestro propio bienestar.

 

4. Expresar los sentimientos y emociones con el otro es otra buena técnica

 

Para mantener una buena relación es importante acostumbrarse a decir las cosas, y sobre todo las positivas aunque sean las que más cuestan decir. Las parejas tienen que comprobar que son valorados por sus allegados por medio de sus palabras.

 

5. No cansarse de dar las gracias

 

Muchas veces no agradecemos a la otra persona todo lo que nos aporta, y es importante ser agradecidos y reconocer los buenos gestos de los demás también con buenos gestos.

 

6. Comprometerse en buscar el bien común para la pareja

 

Superar malas rachas juntos y los problemas que pueda tener la relación, dando segundas oportunidades cuando sea necesario.

 

7. Revivir juntos los buenos momentos de la relación ayudan a mantener la ilusión activa

 

También ayudan a sacar fuerza para reencaminar una relación que no pasa por sus mejores momentos.

 

8. Guardar la lealtad y la fidelidad entre la pareja

 

Ayudarse mutuamente y estar disponibles para colaborar con el otro en la búsqueda de la felicidad de ambos.

 

9. Prestar un hombro en el que apoyase

 

Hay quién piensa que esto es una señal de debilidad, pero llegan ciertos momentos ante distintas circunstancias en las que es bueno tener a quien quieres al lado. 

 

10. Si surgen dudas en la relación, lo mejor es discutirlo

 

No vale de nada guardase los sentimientos y que estos sigan creciendo en nuestro interior sin aclararlo con la otra persona, por eso una conversación civilizada es una herramienta muy portante.

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Por LaFamilia.info - 30.04.2018

 

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Cada año que pasa al lado de tu pareja es un acontecimiento muy importante, es un día para recordar y revivir el amor que los llevó a unirse para siempre. Por ello, ¡amerita una gran celebración! Estas son algunas ideas. 

 

Existen muchas razones por las que este día no debería trascurrir como cualquier otro: es una gran oportunidad para fortalecer el amor de pareja, además para echar una mirada atrás y memorizar todas las situaciones por las que se han pasado y se han superado, y también para imaginar el futuro que ambos quieren construir, por eso ¡no lo desperdicies! Estas ideas podrán darte un poco de imaginación: 

 

1. Agradece

 

Hay que empezar agradeciendo, pues hay muchos motivos: agradece que tienes a tu lado una persona que te ama y que juntos han afrontado obstáculos que los han hecho más firmes a través de los años, agradece por cada día que pasa en compañía de tu esposo(a), agradece por los hijos (si los hay) que han sido fruto de esta unión, agradece por los aprendizajes, etc… Una eucaristía o una ceremonia, dependiendo de tu creencia o religión, son una buena forma de “materializar” este agradecimiento.  

 

2. Revive el día de tu matrimonio

 

"Recordar es vivir", así que traten de recordar juntos el día del matrimonio de principio a fin, si hay videos o fotos, es momento de sacarlos del armario y traer todos los recuerdos. Seguramente volverán “las mariposas en el estómago” y los suspiros tan maravillosos de la época del noviazgo. 

 

3. Una escapada solos 

 

Una cena romántica, una aventura en la naturaleza, un viaje soñado, una segunda luna de miel o una simple salida en pareja; no importa la actividad que escojan, lo importante es dedicar un momento especial a esta celebración, ojalá sea algo que se salga de la rutina y que ambos disfruten. 

 

4. Que no falten los detalles 

 

No hay que gastar mucho, incluso puede ser algo hecho por ti y que tenga un significado especial para los dos, por ejemplo: una foto, una carta, un video, una comida, etc. 

 

5. Inspírate en el símbolo

 

Cada año de matrimonio tiene un símbolo que lo representa, puedes valerte de este concepto para crear una ocasión especial para tu pareja o un obsequio con “sello propio”:

 

1 año: Papel

2 años: Algodón

3 años: Cuero

4 años: Lienzo

5 años: Madera

6 años: Hierro

7 años: Cobre

8 años: Bronce

9 años: Cerámica

10 años: Estaño

11 años: Acero

12 años: Seda

13 años: Encaje

14 años: Marfil

15 años: Cristal

20 años: Porcelana

25 años: Plata

30 años: Perla

35 años: Coral

40 años: Rubí

45 años: Zafiro

50 años: Oro

55 años: Esmeralda

60 años: Diamante

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LaFamilia.info - 21.05.2018

 

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Algunas de las crisis matrimoniales, que en algunos casos llevan a la separación y al divorcio, tienen sus raíces en el noviazgo, especialmente en aquellos aspectos que la pareja prefirió “ignorar” o que nunca conversaron con franqueza. Esto llevó a dos profesoras del Instituto de la Familia de la Universidad de La Sabana a investigar el tema y a publicar un libro con preguntas para que los novios se hagan, antes de decidirse por un proyecto de vida en común y para siempre.

 

El libro “Yo te amo, tú me amas, ¿nos casamos?”, escrito por Annabel Astuy Lossada y Patricia Ortiz Marín, es una guía sencilla, práctica y útil, que pretende ser para las parejas una asesoría amigable e incondicional para que su relación de noviazgo se fortalezca y se sume gratamente a su deseo de dar el paso hacia el matrimonio.

 

Las autoras realizaron una profunda investigación en la cual entrevistaron a personas casadas, separadas y divorciadas, así como a diferentes profesionales del tema; además diseñaron un modelo de asesoría a través de preguntas que desarrollaron en sesiones conversacionales con 10 parejas de novios, siete de las cuales decidieron terminar su relación afectiva durante el proceso. De las tres restantes, una ya se casó y continúa la asesoría, la otra se casará próximamente y la última terminó su relación meses después de haber concluido la asesoría.

 

“Las rupturas de estas parejas se hizo de manera reflexionada, dándose cuenta de los puntos no negociables, de lo que era vital para cada uno y qué no eran capaces de ofrecerle al otro. Esto brindó esperanza, por el conocimiento personal adquirido. Yo les digo a las parejas que asesoro: ‘un noviazgo que se termina son dos matrimonios que se salvan’. Y sí, el noviazgo está hecho para que se termine, sea porque dan el paso al matrimonio o porque rompen. Además, nunca el dolor de la ruptura de un noviazgo es mayor al de un matrimonio, más cuando hay hijos”, señala la autora. 

 

Para hablar consigo mismo y con el otro

 

Una idea errónea es pensar que aquellos aspectos “sutiles” que incomodan del otro cuando son novios van a desaparecer o cambiar en el matrimonio, porque precisamente en el día a día de la convivencia y en un ambiente de seguridad y confianza la persona se muestra tal cual es, con sus virtudes y defectos. Lo interesante de realizar el ejercicio que propone el libro y de vivir el noviazgo como un camino de discernimiento es que cada uno se da cuenta de lo que puede y quiere cambiar por amor al otro, porque “nadie cambia a nadie”, sino la persona en sí misma.

 

“Somos seres perfectibles y la propuesta es que desde el noviazgo vayan construyendo juntos los caminos de mejora personal. En nuestra investigación observamos cómo el éxito marital estaba asociado a que las parejas tenían conversadas previamente las 12 áreas o atributos que proponemos, mientras que en los matrimonios en crisis no había coincidencias en estos asuntos y no lo hablaron en el noviazgo”, asegura Astuy Lossada.

 

A continuación un resumen de los 12 aspectos sobre los cuales las dos coautoras proponen que los novios hablen gradualmente antes de dar el paso al matrimonio, primero a modo de reflexión personal y luego en pareja, aunque las investigadoras advierten: “esto no es una receta, porque cada pareja le imprime un sello personal a su relación y proyecto matrimonial y familiar, así como estos procesos no implican que luego no haya problemas, sino que serán oportunidades para avanzar”.

 

1. Datos personales y estado de salud

 

Incluye aspectos como el tipo de sangre, adicciones propias o en la familia, enfermedades actuales o pasadas.

 

2. Conocimiento de sí mismo y de tu novi@ 

 

¿Qué tanto me conozco para saber qué tanto puedo conocer al otro?, ¿cualidades, virtudes, defectos, gustos, intereses, reacciones, sentimientos? Aborda aspectos tan diversos como los elogios que le gusta recibir a la persona y cuáles podría darle al otro, o cómo se siente cada uno con los estilos de comunicación que hay en la familia política y que tendría que compartir con ellos.

 

3. La familia de origen y la familia política 

 

¿Cómo es mi relación con mis padres?, ¿me gusta y me siento satisfecho de cómo criaron a mi novi@?, ¿qué tan prioritario es para mí compartir tiempo en familia?

 

4. Las relaciones de amistad 

 

¿Me gustan los amigos de mi novi@?, ¿cuánto tiempo le dedico a mis amigos?, ¿qué significan esas amistades, hay confianza y complicidad?, ¿qué gustos compartimos con ellos? Aquí se destaca, además, la importancia de compartir momentos juntos con los amigos como historias gratas para recordar y revivir en el matrimonio.

 

5. Los pasatiempos

 

¿Cuáles compartiría con mi novi@ en una vida ya de esposos?, ¿cuáles pasatiempos le restarían valor y calidad a la relación?

 

6. La comunicación 

 

¿Cómo nos comunicamos?, ¿reconozco mis sentimientos?, ¿hablo de mis ideales con mi novi@?, ¿qué tanto puedo controlar mis emociones negativas?, ¿poseo confianza para expresarle al otro lo que siento o mejor me callo?, ¿me preocupo por entender el punto de vista del otro?

 

7. Resolución de conflictos 

 

Permite reflexionar sobre si hay buenos modelos de comunicación como novios que les permita solucionar sus conflictos.

 

8. Amor conyugal

 

¿Cómo comprendo la fidelidad y el compromiso en un proyecto común con mi pareja?, ¿entiendo que yo te voy a ser feliz a ti y no tú a mí?, ¿cómo nos imaginamos lo que pasará con el amor en la vida matrimonial?, ¿se transformará la pasión?

 

“Acá hablamos del amor sexuado entre un hombre y una mujer, en su totalidad y unicidad. Además, el amor no es solamente un sentimiento, sino también una decisión por la cual este amor se operativiza. Se comprende la incondicionalidad, propia de los amores familiares, del ‘voy a amarte siempre y por siempre’”, precisa Astuy Lossada.

 

9. El manejo del dinero 

 

¿Cómo vemos el asunto de la economía familiar?, ¿hay claridad o desconfianza en el manejo de las finanzas personales y de los bienes materiales que poseo?

 

10. Profesión y trabajo 

 

¿Qué tan importante es el éxito profesional y la formación académica para mí y para el otro?, ¿equilibro el tiempo de trabajo con otras dimensiones de mi vida, como la familia?

 

11. El significado de los hijos 

 

¿Cuántos hijos queremos tener o no?, ¿cómo los educaremos?, ¿en qué tipo de colegio o sistema educativo?, ¿qué tanto dejaría involucrar a mis suegros en la crianza de ellos?, ¿qué creencias religiosas queremos transmitirles?, si mi novi@ y yo somos de diferentes credos, ¿cómo será esto?

 

Frente a la posibilidad de que los novios estén pensando en no tener hijos, la también asesora personal y familiar explica que este modelo permite “hablar abiertamente sobre esto y comprender qué lleva a no desearlos”. 

 

12. Sexualidad

 

¿Conozco las diferencias biológicas y psicológicas entre un hombre y una mujer y que, por ende, tenemos una visión distinta?, en la regulación de la planificación familiar, ¿conozco los efectos colaterales de los métodos artificiales y su relación con los cambios emocionales, por ejemplo, de la mujer?, ¿conozco los métodos naturales?, ¿he sido fiel con la otra persona?, ¿qué sentido tienen para nosotros las relaciones sexuales?

 

Fuente: razonmasfe.com

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Por LaFamilia.info - 16.04.2018

 

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Ya sea por un motivo grave o por una secuencia de pequeños actos, se puede perder la confianza en la pareja y recuperarla es una tarea que requiere esfuerzo. 

 

“La desconfianza es uno de los principales problemas por los cuales se acude a terapia de pareja, puesto que es uno de los más habituales tras la mala o nula comunicación, y, en algunas ocasiones, produce la ruptura de la pareja, porque el proyecto vital en común, se rompe, y nada vuelve a ser como antes” cuenta Maria Dolors del portal siquia – Psicólogos online. 

 

Por eso estos son cinco comportamientos te ayudarán a reconstruir este importante ingrediente de toda relación matrimonial:

 

1. Admite tus errores

 

Todos nos podemos equivocar, pero hay una gran diferencia cuando se reconoce ese error y hay un arrepentimiento sincero. Para recuperar la confianza hay que reconocer que se ha fallado y dar un paso adelante para generarla de nuevo. 

 

2. Muéstrate abiertamente, sé transparente

 

“El que nada debe, nada teme”. Si no hay nada que ocultar, ¿por qué ser misteriosos y reservados? Si a tu pareja le crea desconfianza tus redes sociales por ejemplo, muéstraselas para que él/ella vea que nada pasa, esto genera seguridad. 

 

3. No tengas secretos

 

Los secretos son grandes enemigos de la confianza. Muchas veces las personas ocultan cosas, algunas sin mayor importancia (por ejemplo, cuando se hace un gasto que la pareja no está de acuerdo, cuando se programa una reunión sin contar con el otro, etc.) y esto crea un gran conflicto sin necesidad. 

 

4. Sé coherente entre lo que se dices y lo que se haces

 

La coherencia es un importante indicador de la honestidad. No prometas “el cielo y la tierra” a tu esposo(a), mejor demuéstrale con acciones, éstas son realmente las que valen. Cumple lo que prometes.

 

5. Escucha a tu pareja, demuestra interés y valida sus sentimientos

 

Entiende que le has fallado a tu pareja, esto conlleva a un sinfín de emociones y desconocerlas sería injusto. Por lo tanto, escucha a tu pareja, comprende sus temores y trata de ponerte en su lugar: si tu fueras el engañado(a), ¿qué estarías sintiendo? ¿qué estarías pensando?

 

Y, por último, dale tiempo. Recuerda que hay heridas, a veces profundas que cuestan sanar, así que ten paciencia. La confianza no se recupera de la noche a la mañana, esto es un proceso que requiere un gran esfuerzo de ambos, lo importante ser constante y permanecer firme en el propósito de recuperarla. En algunos casos es necesario contar con una ayuda extra, como un terapeuta de pareja o un asesor familiar; agotar todos los recursos es primordial para recuperar la confianza perdida. 

 

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