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Por Tay Cuéllar / lavidalucida.com - 09.10.2017

 

Foto: Freepik 

 

Todas las relaciones necesitan “alimentarse” y el matrimonio es tal vez la más exigente en este aspecto. Por eso todas las ideas y los consejos que contribuyan a lograr un matrimonio feliz, no se pueden dejar pasar por alto! Aquí les compartimos estas reglas: 

 

1. Mantente enfocado en lo bueno

 

“Un matrimonio feliz no significa que tienes un cónyuge perfecto o un matrimonio perfecto. Simplemente significa que has elegido mirar más allá de las imperfecciones en ambos” -Darlene Schacht-. 

 

Es fácil perdonar los pequeños defectos de nuestro compañero cuando estamos centrados en las buenas cualidades que nos atrajeron en el primer lugar. Por eso, mantente enfocado en lo bueno.

 

2. Encuentra tu ser feliz

 

“El matrimonio no te hace feliz: tú haces feliz a tu matrimonio” -Drs. Les & Leslie Parrott-.

 

Haz algo diario que te haga feliz y tus relaciones se beneficiarán. No puedes ser feliz en una relación, si no estás contento contigo mismo.

 

3. Perdona las imperfecciones

 

“Un matrimonio exitoso no es la unión de dos personas perfectas. Es el de dos personas imperfectas que han aprendido el valor del perdón y de la gracia” -Darlene Schacht-.

 

Perdonar es un ingrediente tan importante en las relaciones. Aferrarse a las cosas que te hacen enojar, te mantiene en un espacio negativo y te impide ser tu mejor yo.

 

4. Comienza contigo

 

“El éxito en el matrimonio no viene simplemente por encontrar al compañero adecuado, sino por ser el compañero adecuado”  -Barnett R. Brickner-.

 

Tratar de cambiar a tu pareja, sólo se volverá contraproducente, así que concéntrate en tu contribución. Aborda sólo lo que puedas controlar.

 

5. Haz de tu matrimonio una prioridad

 

“El matrimonio no es un sustantivo; es un verbo No es algo que se obtiene. Es algo que haces. Es la forma en que amas a tu pareja todos los días” -Barbara De Angelis-.

 

Deja de mirar el matrimonio como una cosa y empieza a pensar en ello como parte de ti. Cuida de él, nútrelo y déjalo crecer.

 

6. Expresa tu amor diariamente

 

“La debilidad más grande de la mayoría de los seres humanos, es su vacilación para decir a otros cuánto los ama mientras están todavía vivos” -Orlando Battista-. 

 

Está abierto con tus expresiones de amor.

 

7. Saborear el bien

 

“El matrimonio es como un buen vino, si se cuida adecuadamente, sólo mejora con la edad” Desconocido-. 

 

Apreciar y disfrutar de lo bueno en tu relación, atrae más bien, y tu relación se vuelve más fuerte y mejor.

 

8. Haz del autocuidado una prioridad

 

“Uno de los regalos más grandes que puedes dar a tu marido es tu propia plenitud” -Stormie Omartian-.

 

No puedes cuidar de tus relaciones si no se estás cuidándote tú mismo. Haz que sea una prioridad.

 

9. Aprende del pasado y del sueño del futuro

 

“Matrimonio. Es como un pasamano cultural. Enlaza a la gente con el pasado y los guía al futuro” -Diane Frolov-. 

 

Encuentra las lecciones del pasado y úsalas para ayudarte a configurar tu futuro.

 

10. Aprende algo nuevo cada día

 

“Un buen matrimonio es aquel que permite el cambio y el crecimiento en los individuos y en la forma en que expresan su amor” -Pearl Buck-.

 

Aprende a amar el aprendizaje. El aprendizaje es la clave del crecimiento y la evolución. Y el crecimiento es la clave para las relaciones fuertes.

 

11. Vivir el presente

 

“Amor como si no hubiera mañana, y si el mañana viene, ama de nuevo” -Max Lucado-.

 

Mantente enfocado en lo que realmente importa y no dejes que las distracciones de la vida te impidan vivir en el momento.

 

12. Celebren lo mejor de cada uno

 

“En el matrimonio, cuando nos honramos y celebramos el uno al otro, estamos liberados para ser la mejor persona que podemos ser” -Drs. Les & Leslie Parrott-.

 

Haz cada día una celebración del bien en tu relación y en el otro.

 

13. Sé amable y generoso

 

“Un buen matrimonio es un concurso de generosidad” -Diane Sawyer-.

 

Haz algo especial todos los días. Una pequeña nota, una sorpresiva taza de café o una llamada telefónica sencilla sólo para decir hola, cuenta mucho para mostrar a tu pareja cuánto los valoras.

 

14. Las acciones hablan más que las palabras

 

“Las parejas casadas que se aman se dicen mil cosas sin hablar” -Proverbio chino-.

 

Asegúrate de que tus acciones muestran tu amor. Muchas veces lo que haces y cómo lo haces, dice más que expresar tu amor con palabras.

 

15. Invierte tu tiempo

 

“Cuanto más inviertes en un matrimonio, más valioso se vuelve” -Amy Grant-.

 

Nada toma el lugar de dedicar tiempo a las relaciones que más importan.

 

16. Pasa por alto

 

“Haz una lista de diez de las faltas de tu cónyuge, las cuales, por el bien de tu matrimonio, siempre pasarás por alto. Puedes vivir con esos diez” -J & G Murphy-.

 

Hay cosas que te molestan sobre tu pareja. Haz un compromiso para aceptarlos y dejarlos ir.

 

17. Son las pequeñas cosas

 

“Son las pequeñas cosas que nos mantienen unidos. Esas pequeñas cosas me harán amarte para siempre” -Sonia Schaad-.

 

No son los grandes gestos que dicen amor, son todas las pequeñas cosas que hacemos todos los días.

 

18. Sé un apoyo

 

“Apóyense en las fuerzas del otro. Perdonen las debilidades del otro” –Desconocido-.

 

Es fácil estar en una relación cuando las cosas van bien, pero son los tiempos difíciles los que refuerzan el vínculo. Recuerda estar allí, ser solidario y pedir ayuda cuando lo necesites.

 

19. El mantenimiento cuenta

 

“Una relación es como una casa. Cuando una bombilla se quema, no vayas a comprar una casa nueva, cambia la bombilla” –Desconocido-. 

 

Asegúrate de que tu relación recibe un cuidado regular. Se vuelve más costoso si esperas demasiado tiempo.

 

20. Piensa libremente

 

“Si quieres saber dónde está tu corazón, mira a donde va tu mente cuando vaga” –Desconocido-.

 

Fomentar tu mente creativa y pensante, te mantendrá feliz y floreciente en tus relaciones.

 

21. Estar comprometido

 

“El matrimonio tiene éxito sólo como compromiso de por vida sin cláusulas de escape” -Dr. James Dobson-. 

 

Es muy simple, tienes que estar dispuesto a recorrer los valles tanto como estás dispuesto a atravesar los picos. Ponte todo el equipaje y mantente en él por largo plazo.

 

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Colaboración FamilyandMedia – 02.10.2017

 

Foto: Freepik 

 

A menudo, las películas románticas presentan historias que recalcan perfectamente unos clichés preestablecidos.

 

Pensemos, por ejemplo, en la clásica escena en que uno de los dos futuros esposos abandona el altar para ir al encuentro de la persona que realmente ama, que llega corriendo al lugar donde se iba a celebrar la boda para interrumpir la ceremonia. Uno de los filmes con este final es -por ejemplo- una comedia romántica del 2001, The Wedding planner, con Jennifer López, dirigida por Adam Shankman.

 

Después hay otro guión visto y revisto: un hombre y una mujer, que estuvieron locamente enamorados, se vuelven a reunir tras años de separación. Fatalmente la pasión se reaviva, y tras superar una serie de problemáticas vinculadas a las nuevas condiciones de vida de uno y otro, por fin ambos estarán de nuevo juntos. Letters to Juliet, una película de 2010, dirigida por Gary Winick, relata una historia de este tipo.

 

Luego está la típica historia que nace entre dos amigos/enemigos, que se detestan, pero al mismo tiempo se sienten atraídos, y que acaban por enamorarse tras afrontar una aventura que les obliga a pasar mucho tiempo juntos, llevándoles a conocerse mejor y a apreciarse más. Un ejemplo de este género es Princesa por sorpresa 2, película 2004 dirigida por Garry Marshall.

 

Y luego están el hombre o la mujer divorciados o con un matrimonio en crisis que vuelven a descubrir el amor, pero fuera de su matrimonio… Desilusionados y frustrados, encuentran a alguien que les lleva a creer de nuevo en el amor. Aquellos sentimientos fuertes, muertos en la primera unión, resucitan ahora en la segunda relación. Una historia de este tipo es, por ejemplo, la película All you need is love, dirigida por Susana Bier.

 

No raramente estos clichés se entrelazan y se solapan. Pero vamos a concentrarnos en el último.

 

Si el segundo amor es siempre el más maravilloso…

 

No es ésta la sede adecuada para exponer unos conceptos archiconocidos por quienes se ocupan de terapia familiar o de pareja, pero es evidente que todo matrimonio puede atravesar períodos de crisis, más o menos largos y más o menos intensos.

 

Ningún vínculo -tampoco un vínculo de tipo nupcial, caracterizado por convivencia y exclusividad- carece de problemas, y es claro que a cualquier esposo le puede suceder que deje de sentirse feliz al lado de su cónyuge. Incluso puede dejar de reconocer como la persona amada al hombre o a la mujer que está a su lado.

 

La pregunta que surge espontánea es: ¿Cuál es la solución?

 

Un compromiso definitivo que necesita de cuidados en el tiempo. Hay que especificar que estamos hablando de matrimonio, no de noviazgo: dos novios, en efecto, están viviendo una fase de conocimiento, durante la cual es lícito tomar nota de que no se dan las bases necesarias para seguir adelante, y a veces dejarse es signo de valentía y humildad… Dos personas casadas, en cambio, han llegado a jurarse amor eterno. Para desear que un amor no tenga fin, y para prometerse -contra cualquier duda y temor- una fidelidad sin límites, probablemente se ha encontrado algo único y valioso en ese vínculo; algo que, quizá, merece ser redescubierto y desempolvado cuando quede sumergido bajo las escorias generadas por las dificultades de la vida.

 

Es cierto que también puede suceder que dos personas se equivoquen al elegirse… Quizá por ingenuidad o imprudencia, un hombre y una mujer pueden llegar a casarse casi sin darse cuenta, sin que se dieran las premisas para una unión duradera.

 

También es posible que, en el seno de una unión dictada por motivos diferentes del enamoramiento, dos personas lleguen a descubrirse y aprendan a amarse. Esta última opción, narrativamente ausente en el imaginario creado por el Romanticismo, ha encontrado respuesta en la realidad: la historia enseña que no todas las parejas creadas por motivos dinásticos o de Estado fueron infelices, ni todos los matrimonios de campesinos celebrados por "interés" o por la fuerza de las cosas han sido necesariamente desgraciados. Esta dinámica puede presentarse también hoy, aunque más raramente.

 

En cualquier caso, son muchísimos los casos en que se añora un "gran amor", el que llevó a prometerse, con fervor y convicción, pasar juntos el resto de la vida.

 

¿Por qué no valorizar más en el cine el esfuerzo por resucitar un matrimonio? ¿Por qué elegir la escapatoria del "segundo amor", en vez de mostrar que es bello y posible resucitar un matrimonio?

 

¿Por qué presentar a la primera mujer y al primer marido como monstruosos, ciegos e insensibles, y de este modo convencer al espectador que es totalmente imposible resucitar esa relación?

 

Volver a enamorarse: una empresa posible

 

Las personas pueden cambiar, pero a menudo los directores usan como artificio narrativo la figura de la antigua esposa, versión madrastra de Cenicienta o la figura del ex marido versión ogro malo, para que el espectador apoye sin condiciones la segunda historia.

 

Sin duda, hablar de un segundo amor, fresco y recién nacido es más fácil… porque es más simple enamorarse desde cero de una persona nueva, que enamorarse nuevamente de una persona que se ha comenzado a detestar o que ya no somos capaces de reconocer.

 

Pero el amor, el auténtico, no tiene miedo al esfuerzo y a las tribulaciones, no tiene miedo a morir, para luego volver a una nueva vida. El amor, el de verdad, no se mide por el cosquilleo que sentimos en el estómago, por la sintonía y por el romanticismo… se mide por la capacidad de apretar los dientes en un momento de crisis, por la capacidad de esperar y de luchar contra toda posible tentación, y así poder alzarse de nuevo siempre a la vez. Queridos directores, no tengan miedo de contarnos un amor así.

 

Colaboración de www.FamilyandMedia.eu para LaFamilia.info

 

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Por Malgorzata Rybak / Aleteia.org - 04.09.2017

 

Foto: Freepik 

 

Entre las causas que afectan negativamente a la intimidad en el matrimonio se citan a menudo: la rutina, la fatiga, la confusión, e incluso, el aburrimiento. Sin embargo, es cierto que no hay nada más destructivo que… el egoísmo. Este se centra sólo en mis necesidades como: comer, beber, disfrutar de los bienes y también del sexo.

 

No sólo (cuentan) mis necesidades

 

No estoy acusando al hecho de tener necesidades. Comprenderlas y hacerse responsable de ellas demuestra la madurez y determina, en gran medida, nuestro éxito en la comunicación con otras personas. Cuando una esposa casi no se mantiene de pie por lo cansada que está, es ella misma la responsable de su descanso y no tiene por qué hacer reproches a todo el mundo por haberse olvidado de ella. Cuando un esposo necesita de actividad física para estar en forma, determina un horario para ir a patear la pelota con sus colegas en lugar de culpar a su esposa e hijos por quitarle el tiempo para hacerlo.

 

Sin embargo, la intimidad es un lugar donde “la necesidad” exige una definición diferente. El punto de partida sería la necesidad de cercanía en la que están implicadas dos personas y no una. Cuando una de las dos personas sólo piensa en satisfacer “sus propias necesidades”, uno comienza a herir al otro.

 

A una persona se la puede herir de diferentes maneras, pero desde luego lo peor sería tratarla de manera instrumental. En la esfera de la sexualidad esto produce enormes estragos a nivel emocional difícil de arreglarlo después. En una zona en la que una persona debería sentirse lo más segura posible, se cuelan la humillación y falta de dignidad. Y, como escribió Karol Wojtyla, una persona nunca debe ser un medio para un fin, porque sólo merece amor.

 

Confianza y aceptación

 

Así que en lugar de pensar en “las propias necesidades” y no en las de nuestra pareja, se debe activar una perspectiva mucho más profunda como la construcción de una relación plenamente voluntaria, como de dos seres diferentes entre sí que se entregan el uno al otro. Entonces nuestro encuentro íntimo se hace necesario para ambos, para dar y recibir algo extremadamente importante. Se convierte en un acto de confianza mutua y de aceptación. De estar atento a la fragilidad del otro y a sus necesidades. De la disposición a enriquecer a otra persona con nuestro ser, aunque lo que entreguemos sea tan imperfecto como nosotros mismos.

 

Cuando el cuerpo no dialoga sobre el amor, trata de satisfacer solo su hambre. El egoísmo, sin embargo, es insaciable. Da igual cuánto se lleve para sí mismo, deja al hombre en un estado de insatisfacción y frustración.

 

Además, el lenguaje corporal expresa las actitudes de lo que sucede en nuestra vida cotidiana. Si pretendemos siempre tener razón, entonces el dormitorio se convierte en un lugar de la dominación y subordinación. Si día a día todo lo que se recibe del marido o de la mujer es percibido como una decepción, entonces cuando este o esta se entreguen al otro, también será insuficiente. Si en la lista de prioridades de la vida el marido o la mujer ocupan el último lugar, entonces también sus encuentros íntimos serán tratados de manera superficial y como cualquier otro asunto.

 

 ¿Quién soy para ti?

 

Cuando dos personas se juntan como si de en un mismo cuerpo se tratara, con su dolor, sus figuras imperfectas, su propia condición física y su carga emocional, se preguntan: “¿quién soy para ti?”. Por lo tanto, la proximidad exige de un gran esfuerzo para no herir al otro, para no quitarle nada, para darle la ternura que sólo puede nacer del amor, que no establece condiciones previas ni reclamaciones de ningún tipo y nunca juega con la carta de chantaje o sensación de superioridad.

 

Cuando pienso en ello, llego a la conclusión de que lo que mejor nos prepara para este encuentro es el gesto de “lavarle los pies” al otro, a través de estas pequeñas cosas en las que expreso mi preocupación por el marido o la mujer, incluso si él o ella no los puede ver. Cuando no suelto esa palabra hiriente. Cuando le echo una mano en sus tareas. Cuando le digo un cumplido. Y no se refiere sólo que el hombre le tenga que decir piropos a la mujer para tenerla más cerca. Por lo general, se refiere a que el marido o la esposa provoquen el “wow” en la persona amada – que cuando se encuentren juntos en la intimidad, no habrá duda ninguna de que es alguien importante para el otro.

 

*Alianza LaFamilia.info y Aleteia

 

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Colaboración FamilyandMedia/Cecilia Galatolo – 18.09.2017

 

 

 

Como es apenas lógico, los niños temen perder la estabilidad, el bienestar y la seguridad que les provee un hogar con papá y mamá que se aman, se respetan y conviven en armonía. Así lo ha comprobado Cecilia Galatolo de primera mano cuando dictaba una catequesis a un grupo de niños:

 

«Hace un par de años, durante una catequesis en una parroquia de Roma, estaba hablando de la familia de Jesús. En un cierto momento, no recuerdo en relación con qué, una niña afirmó: “Mi gran miedo es que mis padres se divorcien…”.

 

Después de esa externalización, le siguieron los comentarios de los compañeros, que, uno detrás de otro, empezaron a decir:Sí, también el mío”. Y lo dijeron todos.

 

Eran diez niños, no es una muestra representativa que nos permita afirmar que “el miedo más grande de todos los niños es la separación de los padres”, pero ese episodio me hizo meditar.

 

No soy ni psicóloga ni pediatra, pero ese día reflexioné mucho sobre el hecho que los niños no vienen separadamente del padre o de la madre, sino de la unión de los dos y ninguna ley, ninguna ideología podrá nunca cambiar esta realidad.

 

Sin juzgar a todas esas personas que han encontrado en el divorcio la única solución a sus problemas, creo que no se puede olvidar que para los niños la separación de los padres es un drama» afirma Cecilia.

 

La separación: fuente de sufrimientos para los cónyuges y para los hijos

 

El final de un matrimonio es siempre fuente de sufrimiento y de dificultades. Verdad descontada. Sin embargo, este no debería ser un punto de llegada de la reflexión, sino un punto de partida o de re-partida.

 

Dos personas que se casan nutren, más o menos conscientemente, esperanzas y expectativas hacia su unión: se presume que si dos personas deciden casarse es porque creen y se desean transcurrir serenamente el resto de su vida juntos.

 

Sean los que sean los motivos que pueden llevar a una separación, es verdad que en cualquier caso se trata de un fracaso que deja heridas.

 

¿Pero qué sucede cuando el divorcio sucede entre personas que tienen hijos? ¿Cómo viven los niños la separación de los padres?

 

Muchos creen que el niño puede crecer adecuadamente también con los padres separados: lo que contaría para el niño, de hecho, sería el amor de la madre y el amor del padre….no el amor entre la madre y el padre. Pero ¿es realmente así?

 

El conflicto: primera causa de dolor para los hijos

 

Muchos psicólogos concuerdan en el hecho de que los hijos crezcan mejor con padres separados en vez de en un clima de conflicto con padres que viven juntos. Son de este parecer, por ejemplo, el doctor Marco Schneider, psicólogo y psicoterapeuta sistémico familiar y la doctora Stefania Ferrari, psicóloga y mediadora familiar. De acuerdo con un estudio realizado por ellos, habría una estrecha correlación entre el conflicto entre los padres (unidos o separados) y el malestar psicológico de los hijos. Según ellos, es por tanto más importante que los padres no estén en conflicto en vez de que estén juntos. Hay además situaciones extremas, en las que la separación se presenta como la única salida.

 

Pero el lugar ideal para crecer permanece una familia unida

 

Sin embargo, a pesar de que las primeras causas de malestar para los niños son el conflicto y la violencia, no podemos olvidar que también el divorcio en cuanto tal –también cuando es vivido en aparente armonía- genera en ellos laceraciones.

 

Los hijos son el fruto de una unión, no vienen de dos personas tomadas singularmente. Esto, a nivel biológico y antropológico no puede ser considerado un hecho irrelevante: los hijos, viniendo de esa unión, quieren participar de ella y en ella buscan protección.

 

Los niños no solo prefieren vivir con ambos padres, en vez de pasar de una casa a otra, sino que son felices de ver que su madre y su padre se aman. Crecer en una familia unida les ayuda a adquirir seguridad y confianza en las relaciones humanas.

 

La relación de los padres: primer modelo relacional para los hijos

 

No puede descuidarse el hecho de que los niños aprenden a relacionarse con los otros, incluidos los futuros novios o cónyuges, sobre la base de las relaciones que han vivido con los padres y que han visto entre los padres. Una persona que ha asistido al disgregarse del propio núcleo familiar puede ser poco propensa a creer en las relaciones sólidas y duraderas y puede tener dificultad para comprometerse seriamente en una relación porque, quizá inconscientemente, la teme.

 

Son muchas las dificultades que pueden nacer de esta condición que, en cualquier caso, viene percibida por el niño como una condición anómala. Es esto lo que demuestra otro estudio realizado por el “Centro de Psicología Clínica y Psicoterapia”.

 

El amor entre los cónyuges: un bien también para los hijos

 

El hombre y la mujer se convierten en padre y madre juntos, en el mismo momento. Ver al padre que ama a la madre y viceversa puede ayudar al niño a descubrir qué es el amor.

 

Quien ha fracasado en la tarea de mostrar la maravilla del amor esponsal no debe ser estigmatizado: condenar a alguien desde fuera es tan fácil como injusto.

 

A todos aquellos que van a aventurarse en la misión de convertirse en padres, sin embargo, es necesario recordar que cultivar el amor no será un bien solo para ellos, sino también para los hijos: para los niños, de hecho, no será lo mismo ver que los padres viven una relación conyugal serena, armoniosa o sufrir sus conflictos hasta el día de la división definitiva.

 

Colaboración de www.FamilyandMedia.eu para LaFamilia.info

 

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ReL - 14.08.2017

 

Foto: Freepik 

 

 

El psicólogo Doug Weiss, norteamericano, director del centro de consejería familiar Heart to Heart, es el autor de varios libros de ayuda para la vida matrimonial, entre ellos The 7 Love Agreements (Los 7 acuerdos del amor) en el que propone a los matrimonios tomarse en serio su relación y apostar por ella con fuerza tomando el firme propósito de cumplir con siete acuerdos básicos que los protegerán de la ruptura y del desamor. 

 

"Estos acuerdos de amor no garantizan resultado inmediatos, pero nos lanzan en un proceso de mejorar la relación. El proceso funciona mejor cuando esposa y esposo optan juntos por ellos. Pero un cónyuge por su cuenta puede hacer estos acuerdos por si solo como una forma de acercarse más a su pareja. Estos acuerdos de amor no son promesas para hacer una sola vez en la vida. Como seres humanos, tenemos que ser pacientes y amables. Es mejor repasarlos y renovarlos frecuentemente. Día a día construirán amor verdadero e intimidad" señala el autor. 

 

Los 7 acuerdos del amor

 

1. Fidelidad: Seré fiel a mi cónyuge siempre, en toda circunstancia.

 

2. Paciencia: No intentaré cambiar las cosas de mi cónyuge que no me gustan, pero yo sí modificaré aquellos de mis hábitos que molestan a mi cónyuge.

 

3. Perdón: Cuando haya ofendido a mi pareja, rápidamente pediré perdón. Y yo perdonaré sus ofensas en mi corazón incluso antes de que me lo pida.

 

4. Servicio: Me anticiparé a las necesidades emocionales, espirituales, físicas y materiales de mi cónyuge y haré todo lo que pueda para satisfacerlas.

 

5. Respeto: No hablaré ni actuaré de formas que pongan en ridículo o avergüencen a mi cónyuge.

 

6. Amabilidad: Seré amable con mi pareja, eliminando cualquier rasgo de aspereza en mi comportamiento y en mis palabras.

 

7. Celebración: Apreciaré los dones de mi pareja y sus atributos y los celebraré personalmente y también públicamente.

 

"Cuando entiendes los acuerdos de amor, te das cuenta de que puedes tomar decisiones de corazón que te orientan a actuar de forma más cristiana con tu esposo o esposa", explica Doug Weiss.

 

Pueden parecer objetivos muy ambiciosos, muy elevados, pero Weiss explica que "al menos, al intentarlo, irás en la dirección correcta". 

 

La clave está en empezar un camino decidido de amar intencionalmente. "Empezarás a encontrar formas de mejorar, y eso dará una dinámica nueva a tu matrimonio". 

 

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