Aleteia.org - 26.02.2018

 

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De fabricación ya venimos equipados con una serie de necesidades emocionales y para que nuestro matrimonio sea más sólido cada día, es esencial conocerlas y satisfacerlas mutuamente por medio de actos de amor, de servicio. 

 

Willard F. Harley, Jr. en su libro “Lo que él necesita, lo que ella necesita” dice de que hombres y mujeres somos diferentes y con distintas necesidades emocionales. Entonces muchos matrimonios tienen problemas porque no conocen ni comprenden las necesidades de su pareja. A continuación, las necesidades emocionales que Harvey nos presenta en su libro y una pequeña explicación de Ivonne Ramírez (Orientador Familiar y Matrimonial y Coach certificado):

 

 

1. (Ella) Afecto. Una mujer necesita sentirse amada, valorada, querida, apreciada, sentir que es especial y constantemente escuchar palabras reafirmantes. Hombres: digan cosas lindas a sus mujeres y ya verán que lo que lograrán en ellas. Recuerden que “hacer el amor” es un acto que comienza desde que amanece.

 

(Él) Plenitud Sexual. Resulta que el hombre se casa pensando que tendrá su intimidad resuelta. ¿Y qué sucede poco después de la luna de miel? ¡Que se da cuenta de que se ha casado con una mujer que sufre terribles y casi diarios dolores de cabeza! Muchas mujeres comenten el gravísimo error de “castigar” al esposo con esto, negarse a tener intimidad por razones que no son precisamente de peso.

 

Aquí es importante aclarar lo siguiente: una de estas ideas erróneas es que el sexo es una necesidad vital y que está bien que “lo practiques” cada vez que lo “sientas”. ¡Mentira! Necesidad vital es comer, dormir, etc. Necesidad que si no se satisface a corto plazo perdemos la vida. ¿Cuándo has visto a alguien en la sala de emergencias de un hospital muriéndose por falta de actividad sexual?

 

El sexo es un apetito, un instinto, una expresión del amor que no puede ser reducido a mera biología; es un regalo que está al servicio del hombre para un fin muy específico: comunicar amor.

 

La mujer que de todo se da cuenta y su cerebro almacena todo como computadora observa y piensa: “No me ha dado dinero para comprarme ese vestido, no me ha dicho que me veo bonita con mi nuevo corte de cabello y hace mucho que no me dice que me quiere, entonces no me interesa estar lista entre las sábanas para él” (claro que yo lo pongo con palabras más elegantes porque las que en realidad pasan por la mente de la mujer no son precisamente aptas para leerse). ¡Grave error, mujer! No chantajees ni manipules a tu marido con eso porque con esto lo único que estás generando es un círculo vicioso.

 

La mujer percibe: no me quiere porque no me da afecto, y él percibe: no me quiere porque no está dispuesta para mí. ¿Cómo romper este círculo? Pensando cada uno en la necesidad del otro. Así que mujercita si no tienes “ganas”, ¡pues las encuentras! Recuerda que el principal órgano sexual es el cerebro.

 

La sexualidad humana es diseño de Dios por lo tanto es perfecta. Quizá no tenemos claro todo lo que se transmite mediante el acto íntimo. Ese mismo acto Dios lo utiliza como fuente de infinitas gracias o ayudas para el matrimonio es por eso que ese acto es sagrado.

 

 

2. (Ella) Conversación. Varón, tu mujer necesita soltar las más de 10 mil -muchas más- palabras que “necesita” decir al día, por eso cuando ella comience a hablar simplemente escúchala. De hecho, cuando ella habla la mayoría de las veces es solo para eso, para que la escuches y no para que le des soluciones. Dale tiempo para que hable y hable y tú muestra interés. Sí -y solo sí- ella te pide consejo, dáselo.

 

(Él) Compañía recreativa o actividades en pareja. Mujer, a tu esposo le fascina compartir tiempo contigo, hacer cosas en pareja, necesita sentirte a su lado. El hombre difícilmente puede estar solo, necesita estar acompañado, no disfruta tanto de la soledad como lo haría una mujer. Si busca tu compañía, aunque sea para que le acompañes a poner combustible, ve con él. Recuerda que uno le dedica tiempo a aquello que ama. 

 

Busquen coincidir en intereses. Vayan al cine y luego comenten la película. También, si a él le gusta el golf, pueden compartir tiempo juntos. La mujer espera cómodamente en el carrito y entre hoyo y hoyo pueden conversar.

 

 

3. (Ella) Honradez y franqueza. A la mujer la deshaces con mentiras y hay hombres que con tal de no tener problemas con ella las dicen. Lo mejor es tener una comunicación abierta y no ocultar nada. Por el otro lado, la mujer necesita estar dispuesta a escuchar absolutamente todo de su esposo, esté o no de acuerdo.

 

(Él) Una mujer atractiva. El hombre es visual y necesita tener una mujer de la cual sentirse orgulloso. Luego las esposas se acomplejan y viven en la queja de que están gordas, llenas de celulitis, flácidas y llenas de estrías. Créanme cuando les digo que su esposo lejos de ver eso a lo que ustedes llaman “imperfecciones o defectos”, ven a una mujer -su mujer- a quien amar.

Mujer, recuerda que tu atractivo radica en que seas escultural sino en que seas inteligente, segura, íntegra, agradable, aseada, pulcra; en que te cuides porque sabes y reconoces tu valor como mujer. No necesitas ser una “Miss Universo” sino ser la mejor versión de ti misma y ser atractiva a los ojos de tu hombre. No necesitas que te digan frases morbosas como “estás bien buena” para subir tu autoestima obteniendo ese tipo de reconocimiento porque la belleza no es tan solo imagen sino una actitud de vida.

 

 

4. (Ella) Seguridad financiera. Y no es porque sea interesada, es una seguridad inconsciente, mas muy real. En el reino animal, cuando los lobos llegan a querer aparearse con la loba, ella instintivamente elige al más fuerte porque sabe que protegerá a sus crías. Lo mismo sucede con la mujer, necesita tener la certeza de que su esposo la protegerá a ella y a sus hijos. En esta necesidad emocional el hombre responde siendo el proveedor principal, cuidando lo que gana e invirtiéndolo principalmente en su familia.

 

(Él) Paz y tranquilidad. El hombre necesita un hogar de paz, llegar a su casa sintiendo que arriba a un ambiente de tranquilidad y cordialidad. Que la familia -la esposa en especial- le hagan sentir bienvenido, todos emocionados cuando le vean entrar. Por favor, que no le dé más gusto al perro de verle que a la familia.

 

Mujeres, cuidado con las amenazas que suelen decirles a los hijos, tales como “ya verás cuando llegue tu padre cómo te irá”. Si hacemos eso, los chicos, en vez de estar esperando a papá con gusto estarán muertos de miedo y sin deseos de que él llegue.

 

 

5. (Ella) Compromiso familiar. La mujer necesita tener la garantía de que será un buen padre que guiará a toda la familia por un camino de virtudes y amor. Necesita tener la certeza de que para él su primer compromiso es con la familia, en especial con ella.

 

(Él) Admiración. El hombre necesita sentirse admirado y que se lo hagan saber, en especial, su mujer. Necesita sentir que todo lo que hace es reconocido por ella, por su familia. Mujer, procura que de tu boca salgan menos quejas y más palabras de afirmación hacia tu esposo. Que con tu actuar y tu hablar él se dé cuenta que de verdad reconoces y aprecias todo lo que él es y lo que hace. Hazle sentir que el don de su persona es valiosísimo para ti.

 

 

Después de explicarte las 5 necesidades emocionales básicas de cada uno, la invitación el día de hoy es que tú salgas de ti mismo, de tu egoísmo y egocentrismo y te enfoques centrándote en las necesidades de tu cónyuge, no solo para conocerlas sino para satisfacerselas de acuerdo a cómo lo necesite. Recuerda que también nos casamos para hacer feliz a otro ser humano, para amarlo y para mutuamente ayudarnos, es por eso que hay que salir de uno mismo y pensar en la necesidad del otro y, aunque yo no sienta hacerlo, satisfacer su necesidad por amor.

 

Alimentemos nuestro vínculo porque no se puede renunciar a un matrimonio solo porque ya no estoy a gusto o feliz, eso tiene remedio. Si las necesidades emocionales estuvieran mutuamente satisfechas el índice de infidelidades y divorcio disminuiría tremendamente.

 

*Publicado bajo la alianza Aleteia.org y LaFamilia.info

 

Por Dolors Massot / Aleteia.org - 05.02.2018

 

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La maternidad lo cambia todo, los hijos te necesitan... ¿Eso significa que él debe pasar a un segundo plano?

 

Mientras fueron novios, todo era perfecto. Ella mandaba whatsapp preguntándole cómo iba en el trabajo, a la hora del bocadillo le sorprendía con un mail, escogía su mejor perfil para cada selfie…

 

Los fines de semana le acompañaba al partido de fútbol a pesar de que no le interesaba lo más mínimo ese deporte, buscaba el restaurante más recoleto para que el plan de cena fuera único, era capaz de cambiar turnos y trabajar más horas por verse al salir del trabajo, alteró la ruta del autobús por darle los buenos días antes de que él entrara en la fábrica…

 

Él hacía lo mismo. Se desvivía por ella con los detalles que le iban soplando los amigos. A pesar de ser poco romántico, aprendió a enviar un dibujo, a dejarle una frase encendida en el bolsillo del abrigo, a acercarse con unas flores…

 

Y se casaron. Llegó el primer embarazo y el primer hijo. La alegría más absoluta. Y comenzaron los despertares a medianoche, las tomas de la criatura, la falta de sueño llevada con humor… La baja de maternidad fue un soplo y el horario del trabajo quedó pegado al del bebé.

 

Eso sí, siguieron unos buenos días cariñosos y un “robar” tiempo para ellos dos solos. Pero cuando llegó el segundo, una hermosa niña, ella creyó definitivamente que los hijos debían ser la prioridad.

 

“Los hijos necesitan sobre todo a la madre, y más en los primeros años”, se decía. La falta de tiempo y los cambios en la economía doméstica relegaban a un segundo plano los fines de semana en un hotel con encanto. Incluso se hizo imposible ir al cine en las “noches del espectador”, esos miércoles con descuento.

 

A ella le comenzó a dar pereza maquillarse y encontró que para no salir mal parada con las babas de la pequeña era mejor ir con un fondo de armario al llegar a casa. O sea, con una camiseta de algodón blanca, negra o gris, según la época. Del recogido estudiado y con mecha suelta se pasó al moño de lápiz.

 

Ella creía que se debía a los niños. Que el papel que le otorgaba la vida era el de ser madre por encima de todo. Y en ese todo también estaba él. Dentro de unos años recuperarían el romanticismo de la primera etapa, pero ahora tocaba bregar en otra dirección.

 

Él se vio relegado a un papel secundario. Sentado en el banquillo en vez de jugando en los partidos de la vida familiar.

 

Él o los niños, ¿gran dilema?

 

¿Realmente primero hay que atender a los hijos y luego al marido? Ella explicaba que los maridos ya son adultos y saben lo que deben hacer mientras que a los pequeños hay que guiarles en sus primeros pasos porque son dependientes. Error de manual. 

 

Cuando llegan los hijos a la familia, eso no implica que haya que cambiar lo esencial, lo que es básico y sostiene todo el edificio. A saber:

 

1. El amor de tu vida es tu marido, no son tus hijos.

2. Con quien tú te casaste es con tu marido, no con tus hijos.

3. Con él terminarás tus días, con ellos no. 

4. Quien dijo (y dice) que te quiere para siempre es tu marido, no son tus hijos. 

 

Hay que volver a formular la ecuación

 

Recuerda que los hijos son fruto de nuestro amor, pero lo que no puedes hacer es olvidar al marido o apartarlo por atender a los hijos. Ni siquiera ellos te lo piden. Y si alguna vez crees que tus hijos te están pidiendo algo que va contra el amor a tu marido, es que algo está equivocado en la ecuación y hay que reformular.

 

¿Recuerdas aquellas matemáticas de hace un tiempo? La x, la y, las constantes y las variables… Una de las mejores maneras de formular bien el proyecto de familia es precisamente contar con que tú y él son constantes, mientras que lo demás es variable. Y los hijos, sí, aunque parezca una ofensa, son una variable.

 

Son una variable en el número y son una variable en el tiempo: hoy están, quién sabe si mañana se marchan libremente.

 

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Lo primero para una mujer con familia es siempre el marido. Y lo mismo se aplica al marido (aunque ahora no hablemos de ellos): lo primero es la mujer.

 

Si no vienen los hijos, no se desmontará el castillo porque no son la esencia de nuestra unión. Y si vienen (uno, dos o los que sean) tampoco desmontarán el castillo porque los cimientos siempre van a ser los dos unidos.

 

Esa unión no es una cuestión de papeles sino de corazón, de entrega absoluta. ¿A quién vas a querer más que a tu marido? Por mucho que el instinto de maternidad te una con una fuerza casi irracional a tus hijos, el amor verdadero en la familia empieza por el amor de pareja.

 

Es la relación de pareja la que hay que cuidar, preservar, mimar. Decía un sabio conocedor del amor humano que las mujeres deben proponerse querer al marido como si fuera el hijo pequeño. Ese puede ser un buen termómetro de tu amor. Así nunca estará desatendido y nunca habrá problemas de desorden afectivo. El marido ocupará el lugar adecuado si está por encima de la atención que reciben los hijos.

 

¿Significa eso desatender a los hijos? En absoluto. Y eso, quien lea este texto lo sabe, es algo que no suele ocurrir en una madre salvo esas excepciones en que nos encontramos con una madre “desnaturalizada”.

 

Lo importante, pues, es encajar los diferentes periodos de la relación de pareja y adaptarse a las variables de cada etapa. La constante “él” ha de ser siempre el motor de tu amor. Los hijos, cuando eso es así, salen fortalecidos por ese amor, que los cuida, los protege y los hace crecer en la seguridad de la familia estable.

 

*Publicado bajo la alianza Aleteia.org y LaFamilia.info

 

 

 

Patheos.com - 05.02.2018

 

Foto: Freepik 

 

Dave Wills, asesor matrimonial, propone en su blog Patheos , doce hábitos potencialmente destructivos sobre los que debemos vigilar y, en su caso, corregir. Son éstos:

 

1. Criticar continuamente

 

Cuando se enciende una luz de aviso en el panel de tu coche, significa que algo no va bien bajo el capó y requiere atención inmediata. Una de las mayores "luces de aviso" en un matrimonio es el tono de constante criticismo. Cuando el marido y la mujer empiezan a ser los mayores críticos uno del otro en vez de ser sus mayores motivadores, y cuando empiezan a centrarse solo en lo negativo y no en lo positivo, se crea una espiral descendiente que con frecuencia conduce al divorcio.

 

2. Dividirlo todo entre "lo de él"  y "lo de ella"

 

Cuando marido y mujer tienen cuentas bancarias distintas, aficiones distintas, amigos distintos y sueños distintos, corren el riesgo de crear vidas completamente distintas. El matrimonio va de combinar; el divorcio va de dividir. Cuanto más puedan compartir, más fuerte será el matrimonio.

 

3. Poner el matrimonio "en espera" mientras se cría a los hijos

 

He visto derrumbarse demasiados matrimonios porque dos personas bien intencionadas se centraron demasiado en sus hijos y olvidaron seguir invirtiendo en el matrimonio. Algunas parejas reducen su relación a una sociedad de coeducación, y al final, cuando los niños han crecido, descubren que crearon un nido vacío y un matrimonio vacío. Dale a tus hijos el regalo de ver a sus padres en un matrimonio que se ama y que crece. Modela el tipo de matrimonio que hará que tus hijos deseen casarse algún día.

 

4. Darse mutuamente las "sobras"

 

Algunas parejas tienen lo que yo llamo "matrimonio de compañía de televisión por cable". ¿Te has dado cuenta de que las compañías de televisión por cable te dan su mejor producto y servicio al principio de la relación, pero que, cuando termina el "periodo inicial", te dan lo menos posible que te mantenga contratado? Algunas parejas casadas se daban uno al otro lo mejor al principio de la relación, pero con el paso del tiempo comienzan a darse uno al otro las sobras. Hay que esforzarse por seguir dándose lo mejor uno al otro. Profundizar en el amor, respeto y amistad en todas las etapas del matrimonio.

 

5. Guardar rencores y "llevar la cuenta"

 

Si llevas casado más de quince minutos, lo más probable es que tu esposo o esposa haya hecho algo que te moleste y tú hayas hecho algo que le moleste a él o ella. Cuando nuestras palabras o actos hacen daños, es imprescindible admitir el error rápidamente y pedir perdón. Cuando tú cónyuge que ha hecho daño, es imprescindible que ofrezcas rápidamente la posibilidad de reconciliación, para reconstruir la confianza y para que la amargura no encuentre lugar para echar raíces en tu corazón. No utilices heridas antiguas como munición en las discusiones. Deja que el perdón circule libremente por tu matrimonio. Ningún matrimonio puede sobrevivir sin él.

 

6. Confiar en tus "sentimientos" más que en tus compromisos

 

Habrá días en los que no te "sentirás" a gusto estando casado/a, pero los sentimientos son volubles y nunca deben ser nuestros consejeros principales en las decisiones importantes. A menudo los "sentimentos" conducen a la gente al adulterio. Las parejas que mejor funcionan han descubierto que el amor es un compromiso, no solo un sentimiento. Su compromiso mutuo persiste independientemente de lo que sientan. La fortaleza de ese compromiso les permite tener una intimidad más profunda, una conexión más fuerte y un matrimonio más feliz.

 

7. Tomar decisiones sin consultar a tu esposo o esposa

 

Nuestro orgullo puede convencernos muchas veces de que no tenemos que preguntar nada a nadie y debemos ser capaces de tomar decisiones sin consultar a nadie. ¡El orgullo ha sido la perdición de tantos matrimonios...! Las parejas más sanas han aprendido que toda decisión que toman individualmente repercutirá de alguna manera sobre el otro, así que se consultan uno a otro respetuosa y amablemente toda decisión.

 

8. Intentar cambiar al otro

 

Cuando "intentas" cambiar a tu cónyuge, ambos acaban frustrados. Como probablemente ya sabes, no puedes cambiar al otro, solo pueden amarse mutuamente. La única parte del matrimonio que puedes cambiar es la que ves cuando te miras al espejo. Estate dispuesto a cambiar tus respuestas al comportamiento de tu esposo/a. Busca formas de amarse y servirse el uno a otro cuando tengan perspectivas o preferencias distintas. Probablemente ambos terminarán "cambiando" a mejor durante el proceso.

 

9. Planificar una estrategia de salida

 

Las parejas más sanas han eliminado la "palabra con D" (divorcio) de su vocabulario. Cuando amenazamos con el divorcio o comenzamos calladamente a fantasear con la idea de vivir con alguien nuevo, estamos destruyendo el fundamento del matrimonio. Las parejas que funcionan bien no son las que nunca tienen una razón para divorciarse; son, simplemente, aquellas cuyo compromiso mutuo siempre es mayor que sus diferencias y fallos.

 

10. Ocultar el hecho de que estás casado

 

Si estás ocultando deliberadamente tu estatus como persona casada o estás transmitiendo "disponibilidad" flirteando, quitándote el anillo o actuando como soltero con tus amigos solteros o en los bares, entonces estás traspasando los límites. Esos engaños sutiles son en sí mismos formas de infidelidad, aunque nunca desemboquen en un encuentro sexual.

 

11. Ver pornografía o leer novelas o cómics eróticos como si fuese "entretenimiento inocuo"

 

Cuando tienes fantasías sexuales en las que no está tu cónyuge, es un acto de infidelidad mental. Toda intimidad auténtica y toda infidelidad comienza en la mente; no en la cama. Si tus ojos y tus pensamientos vagabundean lejos de tu esposa(o), entonces tu corazón irá detrás. 

 

12. Ser egoístas

 

Todos somos egoístas por naturaleza, pero el matrimonio solo puede funcionar cuando dejamos de lado nuestro egoísmo y ponemos las necesidades de nuestro esposo o esposa por encima de nuestras propias necesidades. Cuando ambos cónyuges están dispuestos a amarse generosamente y a servir así uno al otro, el matrimonio prosperará. La parte difícil es que tú debes querer ir por delante, incluso en aquellos momentos en los que él/ella no está correspondiendo de la misma manera. Tus actos podrían dar la vuelta a las cosas. Elige ser un termostato, no un termómetro. Un termómetro siempre se ajusta a la temperatura de la habitación, pero un termostato cambia la temperatura de la habitación. Sé tú el factor de cambio. ¡Tienes más influencia de la que crees!

 

*Publicado en ReL

 

 

Por LaFamilia.info - 12.02.2018

 

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Es cierto que San Valentín es una fecha que promueve el comercio, sin embargo, podemos sacar provecho de este día y tomarlo como “excusa” para celebrar el amor y nutrir nuestro matrimonio, así que en LaFamilia.info te damos estas ideas para sorprender y enamorar a tu pareja; el gran secreto es que ¡no se encuentran en las tiendas!

 

1. Tiempo para los dos

 

Si el día a día los absorbe tanto que no les deja espacio para compartir en pareja, ¡este es el mejor regalo que le puedes dar! Planea una salida a solas, hagan algo que ambos disfruten, así como lo hacían en la época del noviazgo: ir al cine, a un restaurante, a un hotel a las afueras de la ciudad... O si el tema del dinero es un impedimento, haz una cena en casa o disfruten de una buena película con palomitas y una copa de vino, y manda a los niños donde los primos o abuelos. Todo es posible si nos lo proponemos.

 

2. Dar las “gracias”

 

Pasan los días y vamos a un ritmo de vida tan agitado, de tanto estrés, que nos olvidamos de admirar y agradecer a la persona que tenemos en frente como es nuestro cónyuge. 

 

Aquella persona que le da sentido a nuestras vidas, hace muchas cosas por nosotros y pocas veces caemos en cuenta de ello. Este San Valentín puede ser el momento perfecto para expresarle a tu pareja tantas cosas que sientes pero que nunca las dices. Puedes dejarle una nota en la mesa de noche, comprarle unos chocolates con un bonito mensaje, mandarle un chat o decirlo cara a cara, cada quien escoge el medio que prefiera.  

 

3. Perdonar 

 

Ningún matrimonio puede sobrevivir sin el perdón, tal como dice el asesor matrimonial, Dave Wills: “Si llevas casado más de quince minutos, lo más probable es que tu esposo o esposa haya hecho algo que te moleste y tú hayas hecho algo que le moleste a él o ella. Cuando nuestras palabras o actos hacen daños, es imprescindible admitir el error rápidamente y pedir perdón”. 

 

Por tanto, si hay algo que aún no perdonas y por consiguiente está afectando la relación, pues no se diga más, ¡este es el mejor regalo para San Valentín! Este obsequio sanará y dejará que todo siga fluyendo favorablemente. 

 

4. Dale gusto, así te cueste esfuerzo 

 

Dale gusto a tu pareja especialmente en algo que sea importante para él/ella. Por ejemplo, si tienes una relación difícil con tus suegros, haz un esfuerzo e invítales a que pasen un tiempo todos juntos.

 

Estos “sacrificios” que se hacen por la pareja, son una inmensa demostración de amor que suelen ser más valoradas que cualquier regalo material. 

 

Finalmente, recuerda que el amor es también una decisión, no sólo un sentimiento, por eso no deben faltar los esfuerzos y las iniciativas para cultivar el amor, especialmente si hay hijos que tanto tiempo y energía demandan. Ten en cuenta que si el matrimonio está bien, ¡lo hijos también lo estarán! 

 

Todo lo anterior no quita que vaya acompañado de ese regalo material que tanto le gusta a tu pareja.

 

 

 

Por Aníbal Cuevas - 29.01.2018

 

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Quienes entendemos que el matrimonio es uno de los más importantes caminos para ser feliz no podemos acostumbrarnos a que cada vez más jóvenes lo rechacen como forma de vida. El último estudio de la Fundación SM sobre la juventud española nos da pistas sobre cuál es el motivo de que aprecien la familia y no tanto el matrimonio.

 

La agencia periodística Aceprensa ha publicado un artículo que nos da las 6 claves para entender porqué los jóvenes prefieren mayoritariamente la cohabitación al matrimonio. Son ellos mismos quienes dicen: prefieren probar primero como es la convivencia diaria, no necesitan que el Estado certifique su relación o el matrimonio es pura apariencia social.

 

Además de esas tres razones, dicen no estar seguros de querer comprometerse tanto con la otra persona, no tener dinero para la boda o que casarse supone una perdida de libertad e independencia.

 

Las razones son de naturaleza variada, se mezclan motivos teóricos y prácticos y como la idea de esta entrada no es estudiar el tema a fondo sino intentar vislumbrar el origen de este rechazo, me voy a centrar en la que creo que es razón nuclear: no estoy seguro de querer comprometerme tanto con la otra persona.

 

Y creo que es importante y fundamental esta razón porque afecta al origen mismo del matrimonio: el compromiso, la entrega incondicional, el amor sin límites. Casarse supone, entre otras tareas: quererte, cuidarte y ayudarte todos los días de mi vida; en los buenos momentos y en los no tan buenos. Si se entiende que el compromiso es un valor inherente al amor, las otras cinco razones desaparecen o pierden peso.

 

Lo positivo que leo en el estudio es que los jóvenes entienden el matrimonio como lo que es: un compromiso. Sin embargo lo malo es que entienden el compromiso como algo negativo.

 

Lo que el autor del artículo citado define como provisionalidad se ha instalado en el corazón de nuestros jóvenes, y el amor es incompatible con la temporalidad. Exige por naturaleza, entrega; por eso proporciona tanta felicidad.

 

Los jóvenes, y no tan jóvenes, anhelan un amor para siempre pero viven instalados en la cultura de la provisionalidad. No han descubierto lo hermoso del amor verdadero y por eso pesan más los miedos. Un reto apasionante para quienes sí hemos tenido la suerte de conocerlo es mostrarlo.

 

Cortesía del autor Aníbal Cuevas para LaFamilia.info

Blog anibalcuevas.com
Twitter @anibal_cuevas

 

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