Revista Misión - 03.07.2018

 

Foto: Freepik

 

Las relaciones con la familia política son, con frecuencia, un foco de tensión que afecta negativamente tanto al matrimonio como a las relaciones entre padres, hijos y hermanos. La ausencia de límites claros, una excesiva injerencia de la familia extensa, recelos infundados o la dificultad para perdonar las ofensas son, según los expertos, las causas más comunes de unos conflictos que, sin embargo, tienen solución. A pesar de todo, merece la pena cuidar y querer mucho a la familia política.

 

“Aunque los problemas con la familia política tienen algo de mito y hay muchas ideas preconcebidas, la realidad es que estas relaciones no siempre son fáciles, pues suponen un proceso de aprendizaje, conocimiento y respeto que no siempre se da en las condiciones en que debería darse”, explica para la Revista Misión la doctora Teresa Barrera, psicóloga familiar del gabinete del Doctor Chiclana.

 

Según Barrera, “muchas veces pensamos que llegamos al matrimonio y está todo hecho, y que será fácil construir una nueva familia dejando atrás nuestra familia de origen. Sin embargo, este cambio implica un proceso de ‘duelo de la salida’ para todos, que no siempre es fácil.  Y más si no caemos en la cuenta de que las dos familias de origen son igual de importantes, pues forman parte de nuestra historia, son la raíz de la persona que más queremos y serán relevantes para nuestros hijos”.

 

Las causas más comunes de conflictos

 

La psicóloga familiar María José Marcilla, del Centro de Orientación Familiar de Dos Hermanas, en Sevilla, explica que entre las causas más comunes de los conflictos con la familia política están:

 

- las excesivas injerencias de la familia de origen –incluso cuando son bienintencionadas–,

- la ausencia de límites claros, 

- unas dependencias materiales o emocionales mal canalizadas, 

- la frialdad en el trato, 

- los desplantes mal cicatrizados, 

- el hartazgo acumulado 

- y la falta de comunicación.

 

Mención aparte merecen los problemas que surgen cuando las familias de origen son muy dispares: “La integración entre los miembros de ambas familias de origen hay que cuidarla con mucho mimo y cariño, sin pensar que la mía es la mejor y la tuya un desastre (o viceversa), y sin criticar a las familias por sus costumbres”, apunta Marcilla.

 

Amar con los defectos

 

Por desgracia, no todos los problemas con la familia extensa (tanto la de origen, como la política) son por pequeñas cosas, sino también por ofensas graves, malas acciones o fuertes discusiones en las que todos creen llevar razón.  “Estas situaciones –explica la doctora Barrera– son duras y difíciles, pero es posible superarlas gracias al perdón”. Y recuerda que aunque el otro no pida perdón, o no quiera retomar la relación, “yo puedo perdonar igualmente y tener una actitud de aceptación del otro” porque “si sabemos qué queremos vivir como familia, y cuáles son nuestros valores y prioridades, no perderemos el norte”.

 

No obstante, Barrera aconseja que si hay conflictos con la familia política, “lo mejor es que intervenga cada uno con su familia de origen, porque solemos tener más confianza con ellos”.  “A no ser –matiza–, que el conflicto sea entre padres e hijos, pues en ese caso el cónyuge tal vez pueda expresarse con más neutralidad”.

 

Consejos prácticos

 

Las psicólogas mencionadas, Teresa Barrera y María José Marcilla, dan 9 consejos prácticos para tener una buena relación con tu familia política:

 

1. Las dos por igual

Valora a las dos familias de origen por igual: las dos son igual de importantes porque son las raíces de la persona a la que queremos.

 

2. Proyecto claro

Cada núcleo familiar tiene sus propios valores, prioridades, estilos de comunicarse y de educar, modos de expresar el afecto… Si lo hablamos como matrimonio y sabemos hacia dónde queremos dirigir nuestra familia, vamos a relacionarnos con las otras familias sin verlas como una amenaza.

 

3. Juntos, pero no revueltos 

Poner límites es necesario para relacionarnos de forma sana, pero no deben ser improvisados, sino acordados por el matrimonio, y expresados cada uno con su familia de origen.

 

4. Evita comparaciones

No critiques ni insultes a tu familia política, y menos delante de tu cónyuge. Evita las comparaciones: somos diferentes, no mejores ni peores.

 

5. No rompas los puentes

Si es necesario, aumenta la distancia, pero nunca faltes al respeto ni rompas la relación con la familia política.

 

6. Valora y disfruta 

Valora a cada miembro de tu familia extensa en lo que tiene de bueno. No dediques tiempo a la familia política “por obligación”, sino para disfrutar; y elige cómo hacerlo: si quieres ir todos los domingos a comer, que sea por una elección personal, libre y que les deje a todos buen sabor de boca.

 

7. No acapares

Comprende que tu cónyuge quiere a sus padres y demás familia porque son de quienes recibió el cariño que ahora sabe dar. Aprende a ser generoso y no quieras acaparar el cariño y el amor de tu pareja o de tus hijos.

 

8. Perdona y pide perdón 

Los conflictos pueden llegar, pero hablarlos para solucionarlos, pedir perdón y perdonar incluso cuando no nos pidan perdón, es un triunfo mayor que estancarse en el rencor.

 

9. Tú tampoco eres perfecto

La familia es un regalo para nosotros y nuestros hijos, son los cimientos de nuestra vida, así que aunque las relaciones no sean como nos gustaría, la familia es importante y hay que dedicar tiempo a escuchar, cuidar, aceptar, perdonar y disfrutar. No son perfectos, pero nosotros tampoco, gracias a Dios.

 

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