Aceprensa - 04.08.2017

 

 
Nacho Tornel

 

Nacho Tornel, es mediador familiar y autor del libro Enparejarte. En entrevista con Aceprensa, el autor defiende las ventajas de acudir a un profesional.

 

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Las dificultades forman parte de la vida cotidiana de las personas, también en la convivencia conyugal. Pero a veces las situaciones se enquistan y hace falta la ayuda de un experto. ¿Ante qué señales recomendaría usted acudir a esa ayuda externa?

 

— Suelo decir que todas las parejas experimentamos diferencias, tenemos discusiones, que normalmente se zanjan en una conversación mientras paseamos al perro, preparamos la cena o hablamos un rato en el sofá. Cuando la pareja no consigue resolver por sí misma esas diferencias, cuando se suceden las discusiones sin cerrar –porque termina levantándose uno de los dos del sofá, o incluso con un portazo o un mal comentario–, entonces ha llegado el momento de buscar ayuda externa.

 

Esa ayuda normalmente no debe buscarse entre algún amigo o miembro de la familia que, de ordinario, estará más cerca de uno que del otro, aunque hay excepciones, claro. La ayuda debe venir de alguien que sea totalmente neutral y que pueda aportar objetividad a la situación.

 

Más señales serían el sufrimiento y el dolor profundo que suponen no estar en paz con tu pareja, la permanencia de fondo de un sentimiento de distancia hacia el otro. O ver que las discusiones por cualquier tontería, que deberían resolverse en poco tiempo, se prolongan y se agudizan.

 

A este tipo de orientación, pensada para las parejas que no se han planteado la ruptura, algunos la llaman “mediación preventiva”. ¿Cuál es su experiencia con estas parejas? ¿Realmente es eficaz?

 

— En mi caso, ese es el tipo de mediación que hago (www.nachotornel.com). La práctica totalidad de las parejas que vienen a verme lo hacen buscando una solución que restaure su relación. Es verdad que con frecuencia hablan de un “último cartucho”: consideran que es su última oportunidad, porque a menudo esperan mucho antes de pedir ayuda profesional externa.

 

En cuanto a la eficacia, yo creo que es enorme. Con ver a una pareja que mejora y que salen adelante juntos y reforzados, vale la pena. Gracias a Dios, son muchos más que una pareja; no hago estadísticas, pero la literatura profesional en este terreno habla de un 70% de éxitos. El mérito es de la pareja fundamentalmente: el hecho de tener la valentía y la humildad de buscar ayuda fuera, les hace recorrer ya más de la mitad del camino. Luego viene su trabajo diario, dejarse guiar y orientar…

 

Cuando la decisión de separarse ya está tomada, la mediación familiar por parte de un profesional neutral (abogado, psicólogo…) sigue teniendo sentido para acompañar a la pareja y ayudarles a que la ruptura se haga del modo más pacífico posible. ¿Ve posible la reconciliación en este estadio?

 

— Absolutamente. Es fundamental que en un momento tan crítico estén acompañados por alguien que les ayude a serenar el ánimo y a tratar de ver más allá. Es grande la ayuda que se les puede aportar animándoles a reflexionar sobre el alcance del paso que están dando, sobre el modo de enfocarlo lo mejor posible, sobre el impacto que tendrá en los hijos…

 

Y cabe la posibilidad de que, fruto de ese nuevo modo de hablar y de tratarse más sereno, acompañados por ese profesional, los dos o uno de los dos vea ciertas posibilidades de solución. Esto no quiere decir que la decisión de la ruptura se haya tomado a consecuencia de una rabieta o de “un pronto”; pero a veces, cuando nos despegamos un poco del muro, conseguimos ver el campo que está detrás con todo lo que nos ofrece.

 

¿Qué ventajas presenta esta forma de mediación respecto de los procesos judiciales contenciosos?

 

— Es evidente que también para una pareja que rompe su relación es fundamental mantener el buen trato con el otro progenitor de sus hijos. Y, en ese sentido, la mediación ayuda en gran medida a que los dos puedan continuar hablando y viéndose en los años venideros. Un proceso contencioso siempre es desgarrador: les enfrenta, les lleva a utilizar armas indeseables, a veces mal asesorados; consiguen incendiar lo que no debía ser pasto de las llamas.

 

El espacio de reflexión, serenidad y objetividad que ofrece la mediación abre un abanico de opciones para la pareja, y les ayuda a ver más allá del momento actual, tenso y difícil.

 

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