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Colaboración FamiliyandMedia.eu - 11.12.2017

 

Foto: Freepik 

 

Comparándose con los modelos de belleza que ve a su alrededor, una mujer que acaba de dar a luz corre el riesgo de sentirse incómoda con su aspecto físico cambiado, con sus inevitables kilos de más o sus cicatrices. Sin embargo, esos defectos físicos sólo son la consecuencia de un hecho maravilloso.

 

Con frecuencia, tener un hijo es considerado sólo uno de los muchos aspectos de la vida de una mujer y, a menudo, ni siquiera se sitúa entre los más importantes. Hay una infinita serie de "cosas que hay que hacer", antes de poder "sacrificarse" por una familia. Y esta tendencia es visible también en los media.

 

Basta con dar una ojeada al mundo del espectáculo o de la moda, al cine o a la publicidad. Cada vez más aparecen mujeres en gran forma, mujeres profesionales, mujeres independientes, mujeres llenas de hobbies, mujeres seductoras, mujeres deportivas, mujeres de vacaciones. Pero se ven muy pocas mujeres madres.

 

Por eso, una mujer que, para traer un hijo al mundo, renuncie a algunas cosas, como su forma física, corre el riesgo de sentirse como un pez fuera del agua.

 

Sin embargo, una sociedad tiene futuro solo en la medida en que sepa valorar la vida y a quien tiene la importantísima tarea de llevarla en su seno.

 

Los medios de comunicación pueden ayudar mucho: necesitamos imágenes que sepan contener y desvelar el inmenso valor de la maternidad. Nos hacen falta películas, libros, anuncios que capten la magia de ese cuerpo "diferente", que vean en los efectos físicos del embarazo y del post-parto unas maravillosas, preciosas cicatrices.

 

La belleza de un cuerpo materno

 

Es posible que una mujer se contraríe, delante del espejo, al ver que el propio cuerpo se transforma. Es posible que se sienta a disgusto.

 

"Ninguna mujer es más bella que tú, ninguna es más femenina que tú, porque tú llevas dentro una vida: estás haciendo algo único y maravilloso, algo que sólo tú, como mujer, puedes hacer… ¿Prefieres tener un físico perfecto o llevar dentro de ti a nuestro hijo?" Esto es lo que me repetía siempre mi marido en aquellas circunstancias. Y es lo que se debería decir a cada neo-mamá.

 

Todas habrían de tener a alguien que les escriba esta carta (ver abajo) como la que Rafael Hurtado dedicó a su esposa a través de Familyandmedia.

 

Es lógico que una mujer cuide su cuerpo, que no se abandone, que vuelva a estar en forma, pero también es justo que, inmediatamente después de haber dado a luz, mirándose al espejo, se vea estupenda, por el hecho de que su cuerpo se ha convertido en templo de la vida.

 

Carta de un esposo a su esposa después de haber dado a luz 

 

¡Me Encanta tu Cuerpo!

Amada esposa mía:
¡Quiero que sepas lo mucho que me gusta tu cuerpo!

Para mí, tu cuerpo es mi fascinación.

Soy el único hombre de la faz de la tierra que tiene el privilegio de tocarte, abrazarte y acariciarte.

 

* * *

 

Por favor, escucha lo que tengo que decir…

Saber con exactitud el “número” que marca la báscula cada vez que te pesas no me dice quién eres.

Para mí, lo que realmente importa es lo que veo: el cuerpo de una hermosa mujer que se ha entregado a mi amor.

Lo que otros hombres u otras mujeres piensen sobre tu modo de vestir, de expresarte, de vivir es importante sin lugar a dudas, pero no esencial para sentirte bella.

 

* * *

 

Cierto, la imagen de mujer ha cambiado…

Es evidente que el mundo actual no soporta la belleza de un cuerpo de madre, normalmente curvilíneo, voluptuoso y femenino.

La verdad es que no entiendo por qué la humanidad se ha dejado engañar de esta manera, pues cualquier hombre sabe detectar un cuerpo femenino y sentirse inmediatamente atraído, arrebatado, incluso extasiado.

En términos simples: recibir la “invitación” a conocer el interior de una elegante mujer que cuida su belleza detrás de una hermosa cabellera larga o una inspiradora falda, es lo máximo.

 

* * *

 

Piénsalo bien…

Las modelos y las artistas “esqueléticas” que desfilan en las pasarelas o protagonizan la pantalla grande, portando los diseños ingeniados por personas que quieren mantener a la mujer de nuestra época en una perpetua adolescencia, son un auténtico absurdo cultural.

Desde el fondo de mi corazón te confirmo lo que ya sabes: ¡se equivocan!

No hay nada más irresistible para un hombre que la belleza de una mujer femenina, que irradia abundancia y fertilidad, que irradia maternidad.

El maquillaje, los perfumes y las texturas de las telas que confeccionan tus vestidos tienen sentido cuando acentúan tu modo de ser mujer, tu maternidad, no cuando la esconden o la exponen de más.

 

* * *

 

Dios pensó a la mujer para que le guste al hombre… 

y al hombre para que se entregue al amor de su mujer

Y la diferencia esencial entre el cuerpo de un hombre y una mujer es la siguiente: 

pechos y caderas… alimento y cuna para tener hijos. 

En lo personal, me importa muy poco el estilo que marca la moda actual, cada vez más alejada de la vida de mujeres y madres reales que aspiran a mucho más que parecer maniquíes de aparador.

Ante esto te reitero que sólo un hombre que ama de verdad a su mujer puede decirle con toda sinceridad lo hermosa que es.

 

* * *

 

¡Claro que tener hijos desgasta el cuerpo!…

Pero las arrugas, las estrías, o las canas que deja la maternidad jamás degradarán tu belleza.

Para mí, cada una de ellas son la muestra más clara de que has vivido para amar y ser amada, eso que todo ser humano desea en lo más profundo de su ser.

Todo cambia con el tiempo, y tu cuerpo de madre es para mí un símbolo, el campo de tus más grandes batallas, dentro de las cuales una sobresale por encima de las demás: el nacimiento de nuestros hijos.

 

* * *

 

Te pido que no olvides algo...

Tu vida de esposa y madre te ha de permitir comer cuanto tengas hambre; dormir cuando tengas sueño; arreglarte cuando tengas tiempo. ¡Y adivina qué! Verte luchar de esa manera me enamora más de ti.

La vida reclama el equilibrio, la medida de lo bueno, no el logro abstracto que encuentra su sentido en el “deber por el deber”.

Una mujer que se encuentra en su “centro”, estando donde puede y quiere, irradia una fuerza que desarma a cualquier hombre. Como me pasó a mí cuando me enamoré de ti.

 

* * *

 

Para mí, tu cuerpo es mi hogar…

A donde siempre he de volver.

Es la prueba contundente del amor de Dios.

Por eso me comprometí a bendecirlo, a hacerlo crecer, a amarlo.

Por eso decidí quedarme en ti para siempre.

Atentamente:

Tu Esposo

¡A quien le encanta tu cuerpo!

 

*Por Cecilia Galatolo y Rafael Hurtado. Colaboración de www.FamilyandMedia.eu para LaFamilia.info 

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