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LaFamilia.info
25.11.2008

 

 

Ser mamá no es una tarea fácil y menos cuando se carece de una vida propia que la lleva a vivir a través de sus hijos. Una mujer que de verdad desea ser una buena madre debe esforzarse primero por reconocer y enfrentar sus miedos, dejar a parte el egoísmo y no pretender ser el referente de todo minuto y situación. En pocas palabras, debe ser una persona madura para dejar que sus hijos se desarrollen con una personalidad que les permita crecer como personas autónomas.

 

Existen mamás que por su personalidad ya sea débil, dominante, nerviosa o perfeccionista, obstaculizan el desarrollo normal de sus hijos y llegan a crear una dependencia psicológica hacia ellos. A continuación enumeramos algunos tipos de mamá con dificultades para la educación de los hijos. Si usted se siente identificada con algunas de estas definiciones, es importante que reflexione sobre este comportamiento y cambie su actitud hacia sus hijos. Les puede estar haciendo un gran daño involuntariamente:

 

La madre aprensiva: Es aquella que se angustia ante el posible sufrimiento o fracaso del hijo. Se ve a sí misma como la única persona que puede salvarlo. Existen distintas razones que llevan a una madre a actuar así: tal vez hubo algo que faltó en su propia infancia y quiere que sus hijos tengan lo que ella no tuvo. Por eso los sobreprotege.

 

La madre dominante: Es quien supone que sabe mejor que nadie cómo se deben hacer las cosas y no deja a sus hijos tomar decisiones. También puede ser obsesivamente perfeccionista pues más que sus hijos sean felices, quiere que sean perfectos y para lograrlo interviene abiertamente en sus vidas.

 

La madre egoísta: Es la que antepone su propia necesidad de aferrarse al hijo y evita que él crezca para hacerse autónomo. Por eso trata inconcientemente de inculcarle el papel de “el niño que no puede”.

 

La mamá narcisista: Las personas narcisistas son auto referentes y ven a los hijos como una prolongación de su persona: si son exitosos, ellas también lo son. Por eso tienden a estar sobre involucradas en la vida de sus niños. Es el caso de la madre que se ve reflejada en su hija y la ahoga de exigencias para que sea perfecta. Otra forma de manifestar el narcisismo es a través de la insatisfacción constante, fruto de este alto nivel de expectativas. En tal caso las madres suelen ser críticas y distantes, con falta de empatía con los hijos y mucha insensibilidad ante sus necesidades y sentimientos. Literalmente les destrozan la autoestima; muchos estudios han encontrado una fuerte relación entre este tipo de maternidad y enfermedades como la anorexia y la bulimia.

 

La mamá mártir: Es la madre que se presenta como mártir con expresiones como “nadie sufre como yo”, “he tenido que soportar cosas terribles”. Pero además existe una causa cultural: en muchos ambientes se vive como si la familia unida fuese un solo cuerpo, donde cada miembro es parte de un todo que funciona al unísono. En este contexto equivocado, la madre confunde sus derechos maternales y cree que por ser “carne de mi carne” ella puede descargarse emocionalmente en sus hijos. El problema está en que con esta conducta la relación madre-hijo comienza a vivirse en forma invertida: en lugar de ser la madre la que contiene y ayuda a madurar al niño, es éste el que tiene que actuar como filtro de la madre. Esta actitud es muy egoísta porque ella se alivia y él queda muy afectado, lleno de culpas pues cada vez que quiere ser autónomo se siente abandonando a su madre.

 

La madre controladora: Es la que invade la intimidad de su hijo por varias razones. Puede tratarse de una controladora que quiere saber todo lo que ocurre en la vida de sus hijos y asegurarse de que se portan bien. Es una madre desconfiada que sólo piensa: “En qué andará”.

 

La madre inmadura: A estas madres les da envidia la vida de la adolescente. En una época en que se valora tanto la juventud y la belleza es cada vez más frecuente encontrarse con mujeres que no han asumido bien los años y desean competir físicamente con sus hijas jóvenes, de modo que este comportamiento se ve reflejado no solo en la parte física sino en la forma de actuar, provocando confrontación y competencia con las hijas adolescentes.

 

La mamá desconfiada: Es la que busca a toda hora una prueba de “delito”. El problema de fondo es la inseguridad. Se trata de madres que no están seguras de cómo educaron. Es importante que salgan de la duda conversando con sus propios hijos, confirmando sus valores y criterios. Porque de lo contrario provocan una profunda tristeza y sentimiento de persecución en ellos. Se sienten eternamente culpables sin saber por qué.

 

***

 

Ejemplo de las mamás chimpancés

 

 

Resultan muy útiles los estudios de la doctora Kathleen B. Kerr, psicóloga norteamericana, acerca del comportamiento de las mamás chimpancés pues los resultados dan interesantes lecciones a las mamás humanas. La Dra. Kerr observó que aquellos chimpancés cuya madre les resuelve todo, tienden a ser inseguros, tardan mucho más en alcanzar la madurez psicológica, si es que llegan a adquirirla, tienen menos posibilidades de sobrevivir por sí mismos y de desarrollar habilidades para resolver los problemas de la vida. Según sus observaciones la mejor mamá chimpancé es la calmada, competente, segura de sí misma y sociable, que tiende a criar hijos como ella. La mamá nerviosa, temerosa o irritable, generalmente tiene hijos de sus mismas características.

 

Fuente: HacerFamilia

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