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13.12.2012

 

 

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Juan Camilo Díaz Bohorquez
Comunicador Social y Periodista
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Twitter: @jcdiazbohorquez
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Hace un par de días estuve en un concurrido lugar al norte de Bogotá con mi familia. Aprovechando el verano de diciembre, nos fuimos a correr, saltar, jugar y aprovechar uno de los pocos espacios verdes que tiene la ciudad, tan llena de cemento, basuras sin recoger y huecos.

 

Allí hay una pista de karts. Mi hija mayor, amante de la aventura, me pidió el favor que le permitiera correr con la responsabilidad de manejar con precaución y ser respetuosa de sus “rivales” de pista.

 

Accedí. ¿Cómo decirle no a la niña de mis ojos? Pues bien, pagué la boleta, hicimos la fila y esperamos a que le colocaran el casco y le asignaran su kart. Como todo un papá, desde la baranda le indicaba que el pedal verde era para acelerar y el rojo para frenar; que la bandera amarilla era porque había algún problema en la pista y debía reducir la velocidad; la azul para dejar pasar a alguien y la de cuadros indicando que quedaba una sola vuelta. Ahora caigo en cuenta que de algo sirvió desvelarme viendo a Montoya en la Fórmula 1…

 

Y salió mi hija rauda y veloz por esa pista. Al principio no la perdí de vista entre rectas y curvas y cada vez que pasaba por donde yo estaba ubicado le gritaba que iba bien, que tranquila, que acá estaba papá. Pero en un momento me perdí, me desconecté de mi hija. La razón: un niño no mayor a 9 años que estaba en la pista, corriendo a alta velocidad, rebasando a otros participantes, cerrándolos, siendo imprudente. Me dije ojalá y no pase nada con él a la vez que me preguntaba porque ese afán de ser el primero. ¿Alcanzar la gloria? ¿Ganar una medalla? ¿Ganar un estímulo económico? Ninguna de las anteriores estaba en juego, entonces ¿por qué tanta insistencia en alcanzar el primer lugar?

 

La respuesta estaba al lado mío. El papá de ese niño no hacia más que gritarle que más rápido, “sin miedo Daniel*, sin miedo”, “hágale que usted puede ganar”. Me quedé mirando asombrado. Incluso Daniel* hizo que otro participante se fuera contra las llantas de protección y el papá apenas dijo riendo “ese Daniel si es la embarrada, ¡acelere, acelere mijo, uno menos!”…

 

Terminó la carrera y Daniel* llegó primero. Apenas se bajó levantó los brazos en señal de victoria, botó el casco (había que entregarlo, no botarlo) y corrió hacía su papá quien le dijo “así se hace, ganamos”.

 

Mi hija llegó en los últimos puestos y el niño de las llantas seguía allá, intentando ser sacado.

 

Me quedé pensando acerca del ejemplo que como padres les damos a nuestros hijos. Pareciera que los educamos para ser los “vencedores”, “los primeros” en todo: en karts, en el colegio, en la vida, y de repente nos olvidamos que hay otras cosas que realmente hacen a un triunfador: el amor, el respeto, los valores, la ética, etc.

 

El ejemplo es fundamental. Tal vez le pedimos mucho a nuestros hijos, basados en nuestras propias derrotas y frustraciones. Que no digan mentiras pero somos los más mentirosos; les decimos que no pueden ver TV y nunca nos levantamos del sofá y menos cuando juega Falcao; les exigimos respeto por los demás pero en la vía soy violento, no cedo el paso, cierro a los demás.

 

Daniel* llegó primero en karts. Muy bien. Pero me inquieta conocer qué tiene en su corazón, qué presión lleva cuando a su lado está un papá que lo obliga a ganar como pueda así sea pisoteando a los demás. Un papá que seguramente llevó a su familia de regreso a casa por la Autopista a toda velocidad, cerrando a todo el mundo, porque siempre hay que ser un “ganador”.

 

Nota 1: * Nombre cambiado para no herir susceptibilidades.

 

Nota 2: Este servidor sale a unas merecidas vacaciones con su familia. A todo el equipo de Lafamilia.info muchas gracias por este espacio. A los lectores, mis mejores deseos en estas fiestas. Que el 2013 los llene de bendiciones y mucho amor familiar. Nos vemos en enero del otro año.

 

 

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