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Blogs LaFamilia.info - 28.01.2015

 

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Es común encontrar en colegios, institutos y centros de formación de diverso carácter multitud de carteles, letreros o anuncios sobre diferentes cursos, proyectos, etc. que proponen una formación o acompañamiento a padres y madres acerca de temas de actual importancia en el terreno de la educación familiar.

 

Todos estos cursos, junto con la concepción actual de educación idealista (que no ideal a mi modo de ver), profundizan sobre pautas, teorías, prácticas y modos de proceder en el desarrollo afectivo, emocional y social de nuestros hijos/as. Tienen como objetivo dotar a los padres de herramientas que faciliten que estos se conozcan, pongan nombre a lo que sienten, piensan y sueñan para poder dar respuesta a la gran pregunta de la paternidad y maternidad: ¿cómo educar a mi hijo/a?.

 

Padres y madres se cuestionan continuamente cómo proceder o cómo no hacerlo en diferentes situaciones a lo largo de las distintas etapas por las que atraviesan nuestros hijos en su desarrollo desde la niñez hasta la adultez, siendo la respuesta muy variable en función, parece ser, de perspectivas religiosas, culturales, socioeconómicas, pedagógicas, psicológicas y sociales.

 

El objetivo de este artículo es poder establecer, a modo informal, unos mínimos y exponer ciertas ideas que se entienden como esenciales y a partir de las cuales repensar y reformular, en el caso en el que se considere necesario, las propuestas que todos aplicamos a diario en nuestra familia.

 

Para ello tenemos que hablar sobre el sentido de la familia, esto es, qué hace la familia y para qué nacemos en familia. Claro está que debemos partir de la base de que dicha institución, en cuanto a sus hijos, tiene una misión o función fundamental.

 

La literatura científica al respecto parece que aúna posiciones para indicar que uno de los procesos que debería garantizar la familia es la llamada «socialización primaria», que podemos entender como la dotación al niño/a de ciertas herramientas que le permitan insertarse de un modo correcto en la sociedad cuando a este le llegue la hora. Dicho de otro modo, la familia concreta recibe al recién nacido concreto y debe prepararlo para, en términos evolucionistas, su adaptación al medio ambiente concreto en el que deberá sobre-vivir o súper-vivir. De hecho en la mayoría de las especies uno o ambos de los progenitores es quien transmite, enseña al infante aquellas conductas que le ayudarán a vivir en un futuro por sus propios medios.

 

Dicho esto, y de ahí el título del artículo, propongo la reflexión. ¿No puede ser que estemos dando a nuestros hijos/as una preparación para una sociedad ideal cuando esta no lo es? ¿Cómo será la adaptación de ellos a la realidad social cuando, por desgracia, va a coincidir poco con la idea sobre lo que iba a ser esta trasladada?

 

Es necesario dejar claro que una cosa es que sería ideal que la realidad social fuera perfecta, eso es lógico y nadie podría objetar sobre el tema ni no desearlo; y otra muy diferente es lo que realmente nos encontramos afuera de la realidad familiar.

 

Con esta premisa planteémonos a modo de ejemplo de la multitud de aspectos a desarrollar, un tema bastante actual: la gestión de la frustración. Existe la concepción más o menos común de que «a mi hijo le daré todo lo que no pude tener» (sin tener en cuenta de que eres lo que eres gracias a lo que tuviste o, mejor dicho, gracias a lo que no tuviste). Esta afirmación, que puede ser buena (más bien idealista) en ciertos aspectos, puede ser peligrosa si, por ejemplo, pensamos en cuando nuestros hijos/as alcancen su vida adulta. ¿Tendrán todo aquello que quieran?, mejor aún, ¿tendrán todo aquello que se merezcan?, más aun, ¿tendrán todo aquello que es justo?

 

Por desgracia, o por suerte (según se mire), la respuesta es, rotundamente no. La sociedad no es justa, el mundo empresarial, normalmente no solo no es justo sino que en multitud de ocasiones se muestra con una injusticia sorprendente. Entonces, si, como hemos desarrollado en nuestra premisa, el objetivo de la familia es preparar al infante a insertarse en dicha realidad, ¿estamos haciéndolo bien?, ¿la educación que proporcionamos a nuestros hijos es ideal?

 

La educación ideal es aquella que hará personas más aptas, más preparadas, en definitiva, más adaptadas al entorno social y no aquella que las prepara de forma perfecta, por parte de padres y madres perfectos a una sociedad perfecta que, qué duda cabe, no existe.

 

Como conclusión podríamos proponer más preguntas, ¿como padre/madre tienes la sensación de que no lo haces bien? ¿tienes claro que te equivocas? Siempre es bueno intentar hacerlo todo bien, sobre todo con nuestros hijos/as, pero debemos admitir que no somos perfectos, al igual que nuestra sociedad. Es por esto por lo que todos debemos trabajar en pro de fomentar una educación ideal y no idealista, aunque la idealista fuera la ideal.

 

***

 

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Juan Flores Medina
Licenciado en Psicología, Máster en Psicología de la Salud y Práctica Clínica, Especialista en Derecho Matrimonial Canónico y ejerce como profesor de universidad y como terapeuta individual y familiar. Inició su carrera profesional combinando el área empresarial y el acompañamiento a familias en dificultades. Más tarde inició su andadura académica en la Universidad e investiga aspectos de educación en familias numerosas. Casado y padre de 5 hijos. Twitter: @juanflorespsi - Facebook: juanflorespsi

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