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Colaboración Family and Media – 08.05.2017

 

 

Thomas Lickona es un psicólogo que dedica especial atención a la familia, la escuela y los jóvenes. Es profesor emérito de la Universidad del Estado de Nueva York, y fundador y director del Center for the 4th and 5th Rs – Respect and Responsibility, (www.cortland.edu/character ). Entre sus libros está “Raising Good Children, Educating for Character” y con su esposa Judy ha publicado uno para jóvenes: “Sex, Love, and You: Making the Right Decision”. El pasado mes de octubre presentó un estudio sobre el tema “Luchar contra la pornografía” en un Congreso promovido por Interaxion Group en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz en Roma. Hemos tenido el gusto de entrevistarlo para comprender hasta qué punto la pornografía puede ser peligrosa para nuestros hijos y cómo se puede hacer una buena prevención en familia.

 

En una reciente entrevista con usted hemos visto el daño que produce la pornografía tanto en adultos como en jóvenes. Ahora, nos gustaría saber cómo defenderse de ella, sobre todo cara a nuestros hijos, y cómo hablar con ellos de los peligros de la pornografía.

 

Es bueno tener un plan de acción y de prevención en familia para hacer conscientes a nuestros hijos de los peligros de la pornografía. Todo depende de su edad. Con los niños más pequeños, deberíamos buscar en primer término proteger su inocencia, evitando que vean imágenes pornográficas. Para esto, fundamentalmente hace falta prevención. Para los adolescentes, en cambio, el discurso es distinto. Deben conocer la verdad sobre la industria pornográfica y los peligros y los trastornos psico-físicos que produce esta industria. Como padres deberíamos ser conscientes de cómo la pornografía es tóxica y venenosa, además de ser perversa e inmoral. Un sentimiento de repulsa e indignación debería inspirarnos para hacer todo lo posible y proteger a nuestros niños de este veneno social.

 

¿Se puede hacer prevención? ¿Cómo? ¿Qué papel puede jugar la familia?

 

Desgraciadamente, se está produciendo un aumento de la exposición de los niños a la pornografía en Internet. Los expertos estiman que en los Estados Unidos y el Reino Unido, la edad media de los muchachos que padecen la primera exposición es en torno a los 11 años. Esto quiere decir que la educación y la prevención hay que aplicarla a partir de la escuela primaria, para evitar complicidades y dependencias precoces.

 

Si descubrimos que nuestros niños ya han hecho uso de material pornográfico, accidental o intencionadamente, lo primero es comprender, escuchar cómo ha sucedido, y explicar, con cariño pero muy claramente, por qué la pornografía es algo malo y perjudicial, y cómo evitarla en el futuro. Los niños expuestos a la pornografía pueden reaccionar con ansiedad, repugnancia, vergüenza, miedo, tristeza, o una combinación de todas estas emociones.

 

Los niños que han visto intencionalmente material pornográfico pueden reaccionar con vergüenza y culpa cuando sus padres lo descubren. Es una respuesta normal cuando se hace algo que sabemos que está mal. Nuestra tarea como padres es ayudar a un niño a ir más allá de este sentimiento de culpa y de vergüenza, y hacer un plan concreto para evitar este tipo de comportamientos en el futuro.

 

Con los estudiantes de las escuelas medias y superiores, normalmente recomiendo sentarse con ellos y ver juntos algunos sitios web específicos como Fight the New Drug y Porn Kills Love. Estas páginas web han sido creadas por jóvenes que han promovido un movimiento global con base científica para argumentar y formar a las personas contra los peligros de la pornografía. Ambos sitios web contienen breves vídeos que presentan los daños reales que “la pornografía puede producir al cerebro, al corazón, y al mundo”.

 

¿Podría resumir para los padres, en una lista, las razones que hay que dar a los niños y a los adolescentes cuando tropiezan con este problema?

 

Los padres tienen dificultad para hablar de sexo con sus hijos. Cuando se aborda con los niños el tema de la pornografía, hay que hacerlo en modo positivo, resaltando que el sexo es un don, y que debe ser visto en una perspectiva de fe como lo que es: un regalo de Dios.

 

En mi dilatado trabajo con padres y profesores, sugiero a los padres varias razones para explicar a los niños el motivo por el que la pornografía es errónea y perjudicial. He aquí una lista resumen de posibles razonamientos en función de la edad de los hijos:

 

  • La pornografía trata a las personas como objetos en nombre de un falso placer sexual, y sólo para el beneficio económico de los productores. Todo esto es erróneo, porque cada persona tiene una dignidad humana y nunca debería ser explotada.
  • El sexo es siempre manifestación de amor entre dos personas. La pornografía separa el sexo del amor y da un retrato falso de la sexualidad.
  • La mente almacena todo. Una vez que se es prisionero de imágenes pornográficas resulta muy difícil desprenderse de ellas.
  • La pornografía intoxica el cerebro, como una droga. Puede crear rápidamente dependencia, y además reducir la capacidad de tener una relación sexual normal con otra persona en la vida real.
  • Para los chicos, la pornografía generalmente va acompañada de la masturbación, otra costumbre que es difícil romper. Ambos hábitos reducen la capacidad de auto-control y de autoestima.
  • Si la costumbre de consumir pornografía se produce dentro del matrimonio, puede provocar serios problemas entre marido y mujer, arruinando la relación íntima entre los esposos.
  • Vista desde una perspectiva de fe, la pornografía va contra el plan de Dios, porque el sexo es un don de sí a otro dentro del amor y del respeto entre los cónyuges, y no un mero apareamiento, como los animales. La pornografía viola la pureza que Dios espera de nosotros.

 

¿Qué instrumentos hay que usar en casa para ayudar a los padres a reducir el riesgo de una exposición de sus hijos a la pornografía? ¿Se puede educarlos en un uso correcto y sano de los medios?

 

Ante todo, los padres deben ser claros con sus hijos explicándoles las razones específicas por las que la pornografía es algo equivocado. Se podrán utilizar los consejos dados anteriormente. En segundo lugar, existen sistemas de control parental en Internet que se pueden instalar en el PC, como Net Nanny, que hacen de filtro e impiden el acceso a los sitios web porno. Más en general, a mi juicio, es siempre preferible y más eficaz iniciar en la familia un diálogo sobre el papel y el sentido de los media, que debería transmitir la siguiente idea: Para cualquier tipo de contenidos, como películas, revistas, cd de música, video juegos, sitios web o redes sociales, la pregunta que hay que hacerse es: ¿este contenido está en sintonía con los valores de nuestra familia?

 

Por supuesto, las directrices específicas sobre un uso correcto de los medios varían de familia a familia. Puede ser muy útil por ejemplo pensar en una especie de pacto en familia, escribir un auténtico “Contrato familiar acerca de los medios de comunicación”, que va impreso y colgado en la pared, quizás en la sala de estar cerca de la tele, con la firma de cada componente de la familia aceptando el pacto. Puede ser una idea un poco extravagante y divertida, pero seguramente es muy educativa y a la larga puede dar buenos frutos. He aquí algunos argumentos para usar en familia para una sana educación a los medios:

 

  • No hay tele si no se han hechos antes los deberes ni durante las comidas. Hay que pedir siempre permiso antes de encender la televisión, y ver solo programas aprobados;
  • En algunos momentos es bueno tener apagada la televisión para centrarnos en otras actividades de familia, como leer libros o conversar todos juntos;
  • Todos los videojuegos deben ser siempre vistos por uno de los padres, y tener un límite de tiempo;
  • Hay que apagar los móviles durante las comidas y las horas de sueño;
  • Bloquear los sitios web pornográficos con filtros especiales de control parental.
  • Establecer normas para el uso de Internet: por ejemplo, siempre tiene que haber una aprobación por parte de los padres, sobre todo cuando se trata de descargar algo.
  • En cuanto a las películas, hay que evitar las de contenido sexual explícito. Hay muchos sitios de orientación, como por ejemplo Screenit y Kidsinmind.
  • Para ayudar a nuestros niños a comprender nuestras razones, que a primera vista pueden parecer exageradas o demasiado represivas, podemos decirles: “El tiempo tiene mucho valor. Tienes que aprender a mirar la tv interesante, a saber elegir los programas y las películas que merecen tu tiempo. Lamentablemente hay muchos contenidos que no son buenos y que conviene evitar. En esto tienes que fiarte de nosotros”. La mayor parte de las investigaciones demuestran que cuando nuestros hijos son conscientes de que nuestro ejercicio de autoridad se basa en una buena intención, y que tienen como fin su bien, están mucho más dispuestos a aceptar nuestras reglas y restricciones.

 

Colaboración de www.FamilyandMedia.eu para LaFamilia.info

 

 

 

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Blogs LaFamilia.info - La Mamá Oca

 

 Foto: Freepik 

 

Desde que investigo sobre temas de educación para padres, me he encontrado con mucha información sobre la “gran” disyuntiva del mundo materno actual: ¿Es mejor trabajar o quedarse en casa con los niños? A esta pregunta habría que agregarle una serie de apéndices cómo: ¿Y mi desarrollo personal? ¿Mis hijos serán normales si no estoy todo el día con ellos? ¿Se criarán bien en una guardería o con una niñera o con la abuela? ¿Nos alcanzará el dinero con un solo sueldo? Y entre éstas, les aseguro que todas tenemos miles de preguntas y dudas al respecto que nos confunden y torturan, en algunos casos.

 

No está de más sumarle la gran competencia entre las mamás que trabajan y las que no: las comparaciones, las envidias, las auto disculpas de optar por cualquiera de las dos opciones, etc. He estado en más de una reunión con mamás donde las que no trabajan hablan de la maravilla que es no tener que trabajar y lo extraordinarios y felices que son sus hijos, así como las que trabajan argumentan que la profesora les ha dicho lo independientes, seguros y autosuficientes que son sus hijos gracias a que ellas no están todo el día encima. Habría que entrar en sus corazones para ver cuántos de estos puntos realmente se los creen y cuántos son auto justificaciones en voz alta para no sentirse mal de quedarse en la casa o salir a trabajar, dependiendo del caso.

 

Recuerdo que cuando era soltera, una amiga que se casó diez años antes que yo y tuvo tres hijos, me dijo que ella no trabajaba porque veía lo segura que era su hija comparándola con otras niñas cuyas mamás trabajaban. Y yo me preguntaba: ¿Y qué hay de mí considerando que mi mamá se divorció a los 36 años contra su voluntad, con tres hijos a cuestas y un ex marido que no tomó en serio sus responsabilidades económicas? ¿Seré un desastre? Dime Dios, ¿soy insegura, inestable y estoy destinada al fracaso?

 

Y de ahí viene mi reflexión de hoy: ¿Trabajar o no trabajar? ¿Realmente TODAS podemos escoger quedarnos en casa? Lo dudo mucho. Y no estoy hablando de las ganas, porque seguramente muchas queremos pasar el día llevando y trayendo a los chicos del colegio, luego irnos al gimnasio, para después almorzar con nuestras amigas una ensaladita light en un restaurante lindo, en la tarde ir con los chicos a todas las clases de música, karate, baile e inglés, luego a la peluquería y en la noche estar listas para la comida en la calle con nuestro esposo. ¿Pero, es ésta una realidad que todas podemos escoger? Por supuesto que no.

 

Debemos dejar de hablar de las mamás que trabajan como algo raro e inhumano, como si siempre se pudiera elegir. Debemos hablar de las mamás que TENEMOS que trabajar, porque escogimos casarnos y formar una familia con un hombre común y corriente que no se apellida Onassis ni Windsor y tenemos que poner el hombro para salir adelante en el día a día. Y muchas mujeres ni siquiera lo hacen para acceder a un carro del año sino a las cuestiones básicas de la vida, como casa, comida, educación y vestido.

 

¿Trabajar nos debe condenar a nosotras y a toda nuestra descendencia? Por supuesto que no. Lo que sí es que requiere mucho más esfuerzo y organización de nuestra parte para poder coordinar las actividades de nuestros hijos y sacrificar nuestro propio tiempo libre para dedicárselo a los niños.

 

Estoy segura también que muchas madres que no trabajan dan calidad de tiempo a sus hijos, así como muchas otras que trabajan le dan todas sus horas libres a estar con sus pequeños. Es tan difícil marcar una línea y definir un patrón de lo que es bueno y lo que no.

 

Lo importante es dar lo mejor de cada uno y vivir nuestra realidad, sea cual sea, disfrutándola lo mejor posible y aprovechando cada momento para hacer de éstos unos espacios especiales familiares o personales.

 

Además, no olvidemos que al momento de decidir casarnos o tener hijos, no estamos renunciando a nuestra individualidad y al derecho de seguir creciendo como personas. Y si en esta decisión se inserta el querer trabajar, en buena hora.

 

No nos sintamos culpables, porque nos hemos convertido en madres para nutrirnos, para ser mejores personas y criar personitas felices; no para vivir un constante infierno de culpas y autocríticas que nos hacen complicado el diario vivir.

 

Para seguir con este tema, voy a buscar información de otros medios que complementen esta reflexión. Estén atentas para seguir trabajando esta faceta de nuestra vida maternal que, de hecho, nos afecta de una manera muy importante.

 

La Mamá Oca

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Peruana, Comunicadora Social de la Universidad de Lima y actualmente candidato a Master de Matrimonio y Familia en la Universidad de Navarra (España). Hace 5 años creó el proyecto "La Mamá Oca", una plataforma multimedia que tiene como misión ofrecerle a los padres recursos para criar niños felices, teniendo como eje la educación en virtudes. Actualmente dicta charlas, talleres y conferencias sobre temas de pedagogía familiar, matrimonio y afectividad. Casada y madre de dos pequeños hijos. 

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Blogs LaFamilia.info - 29.02.2016

 

20162902blmoFoto: Pixabay 

 

La prudencia es una de las virtudes cardinales por lo que su educación debe ser una de nuestras prioridades cuando hablamos de formar adultos sensatos y felices.

 

La prudencia es una virtud que para muchos puede sonar poco conocida. Si bien es una de las cuatro virtudes cardinales, no es tan familiar como la fortaleza o la justicia. ¿Qué es ser prudente? ¿Es ser sólo cauteloso? ¿Es únicamente pensar antes de actuar? “(La) prudencia es la virtud de la inteligencia cuando tiene que decidir. En definitiva, es el hábito de decidir bien”[1]. El término se nos puede hacer más amigable si lo definimos como sensatez, sentido común o criterio. “(La prudencia es) esa capacidad de discernir en una situación complicada y de llegar a un juicio sereno y equilibrado (…). Una persona con criterio es una persona serena y seria, que juzga bien, que resuelve bien, que acierta”[2].


Sin embargo, no podemos pretender que nuestro hijo de 7 años sea el ejemplo viviente de la prudencia ya que ésta es una virtud que toma mucho tiempo y maduración. Tanto así que hay un gran número de adultos que todavía están a mucha distancia de alcanzarla. Esto no quiere decir que no vamos a tener a la prudencia como un objetivo en nuestro día a día. Existen muchas ocasiones en lo cotidiano que nos sirven para ir inculcando en nuestros hijos esta importante virtud.


A continuación paso a señalar algunas de ellas. Como verán, hay que estar atentos y tener claras todas las oportunidades que se nos presentan para ir formando adultos prudentes.


1. Preocuparse de la comprensión lectora de nuestros hijos. Como ser prudente requiere manejar información, a través de la lectura los chicos pueden obtenerla.


2. Ayudar a los niños a desarrollar su capacidad de observación. Esta es muy importante para enterarse de situaciones de relación humana.


3. Crear situaciones en que los niños tienen que aprender a escuchar. Se recibe mucha información escuchando a los demás.


4. A partir de la adolescencia, ayudar a los jóvenes a distinguir entre hechos y opiniones, entre lo que es importante y lo que es menos relevante. La prudencia es una virtud intelectual y, como tal, requiere el desarrollo de la capacidad crítica.


5. Ayudar a los jóvenes a reconocer sus propios prejuicios para que tengan una visión más objetiva de su realidad.


6. Ayudar a los jóvenes a reconocer la diferencia entre fuentes de información fiables y las que no lo son. Deben aprender a identificar a las autoridades en los temas.


7. Insistir en que antes de opinar, deben recabar la información necesaria.


8. Si bien hay ciertas tendencias pedagógicas actuales que dicen que no hay que memorizar nada, es importante exigirle a los jóvenes que lo hagan con cierta información significativa. Si no lo hacen, jamás serán prudentes en sus vidas, ya que les influirán de sobremanera cualquier sentimiento del presente.


9. Ayudar a los jóvenes a pensar en los criterios que utilizarán cuando vayan a tomar una postura o una decisión concreta.


10. Exigir a los jóvenes que actúen de acuerdo a las consecuencias de las decisiones que hayan tomado, después de considerar los posibles efectos para ellos y para el resto.

Si analizamos un poco de qué trata la prudencia, no cabe duda que es una virtud de vital importancia para tenerla en cuenta a la hora de educar a nuestros hijos. Y, en caso que aún nosotros no la tengamos muy bien desarrollada, es una buena oportunidad para que a través del cultivo personal logremos enseñar con el ejemplo.

 

Fuentes de consulta:

[1] Lorda, JL. Virtudes. Experiencias humanas y cristianas. Ediciones Rialp, S.A. Madrid, 2013.

[2] Ibíd.

“La educación de las virtudes humanas y su evaluación” de David Isaacs.

 

 

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Blogs LaFamilia.info - 22.07.2016

 

20162507abuelos

 

El amor perfecto, algunas veces, no viene hasta que se tiene el primer nieto”,
Proverbio Galés

 

Cuán lejos está la imagen de los abuelos viejitos, de pelo blanco, sentados en la mecedora; él, mirando por la ventana; ella, tejiendo o bordando. Hoy en día la mayoría de abuelos son cincuentones o sesentones, con porte atlético y una vida propia que va más allá de cuidar nietos. Es más, un conocido pediatra argentino, Tomás J. Silber, decía “uno no se da cuenta de lo que envejece hasta que ve aparecer canas en los propios hijos”.

 

Sin embargo, así hoy los abuelos modernos tengan, muchas veces, que “consultar” su agenda antes de comprometerse a cuidar a sus nietos en algún momento de la semana, no se puede negar la importancia vital que tienen en la educación de los niños. Sobre todo en el siglo XXI, en el que los padres y las madres –por distintos motivos— salen a trabajar prácticamente todo el día y deben tercerizar el cuidado básico de los niños ya sea a instituciones como el colegio o a personas contratadas dentro de la casa. Sea el caso que sea, es innegable que, si bien la presencia de los abuelos muchas veces no es necesaria para, por ejemplo, preparar el almuerzo, sí es invalorable para supervisar o complementar el cuidado externo, sobre todo cuando los niños están en edades pre escolares o de primaria, en las que necesitan mayor dedicación.

 

El rol adecuado de los abuelos

 

El papel de los abuelos en la familia es muy importante, pero siempre y cuando sepan estar en su sitio. ¿No les ha pasado que, por muy buena voluntad que tengan, a veces terminan discutiendo con sus hijos (los padres del nieto) por algún desacuerdo? Esto es porque los abuelos deben encontrar la medida perfecta en su rol como mediador y filtro entre dos generaciones: “cuando pueden aportar consejos sin dar órdenes, colaborar sin sustituir, ayudar discretamente desde atrás, hablar sin imponerse demasiado y jugar el papel armonizador del equilibrio familiar” .[i] Sí, es un arte. Sobre todo si nuestros hijos, a nuestro parecer, no la están haciendo tan bien con sus pequeños. Pero como todo buen arte, hay que practicarlo.

 

Por eso, a continuación, le damos algunos tips para tener una actitud positiva en la participación en la convivencia familiar:

 

1. Si bien los abuelos le ofrecen al niño otra forma de vida, otros hábitos y maneras de hacer, es importante hacer comparaciones positivas en estas diferencias. Por ejemplo: “Tus padres preparan el sándwich para la lonchera de esta manera, y yo lo haría así. Veamos la diferencia en el sabor”. Sin embargo, esto no debe suceder en temas esenciales, como horarios de comida, o de baño, o de tareas, o programas de televisión que los padres no quieren que los niños vean, entre otros. Lo que nos lleva al siguiente punto.

 

2. Los abuelos participan en la educación de los niños pero deben seguir las directrices de los padres. De esa forma les enseñan el respeto a las reglas. No deben tomar sin motivo justificado el lugar de los padres. Esto sólo produce confusión en los niños y hasta pueden generar trastornos emocionales.

 

3. Los abuelos no deben criticar a los padres delante de los niños. Tampoco darles órdenes ni ser autoritarios con los progenitores porque esto puede generar que estos pierdan autoridad con los pequeños.

 

4. No hay que ser sobre protectores y defender hasta lo indefendible de los niños. Esto los hará caprichosos y manipuladores. Esto incluye dar excesivos regalos o cumplir todos los engreimientos de los nietos. Mucho cuidado con frases como: “Tu mamá no quiere que comas tantos caramelos porque es muy estricta; pero yo que te adoro te esconderé estos en esta cajita, debajo de tu ropa”.

 

5. Jamás chantajear afectivamente a los niños. Por ejemplo: “Si te quedas conmigo y no con tu otra abuela, te compro ese carrito que tu mamá no quiere”. Eso es educar moralmente mal y crea culpas en los niños.

 

Los abuelos son personas fundamentales en la vida de cualquier pequeño. ¿Qué sería de los niños si no los tuvieran? “El niño perdería unos personajes fundamentales en la convivencia familiar. Automáticamente, se le cerraría la visión del futuro. Pensaría que después de sus padres ya no existe nada. Un misterioso vacío”. [ii] El papel de los abuelos no consiste sólo en educar o sólo en darles todos los caprichos a los nietos. Es ese complemento perfecto que llega ahí donde no lo hacen los padres. Aprovechemos ese espacio único y privilegiado, de paz, tolerancia y entendimiento, que sólo los abuelos saben dar.

 

*Artículo escrito por La Mamá Oca para el Blog Piensa Profuturo- Lima, Perú.

 

*Fuentes de consulta:

[i] CASTELLS, Paulino. La importancia de los abuelos. Planeta, Barcelona: 1999.

[ii] Id.

 

 

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Blogs LaFamilia.info - 09.11.2015

 

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Foto: Pixabay 

 

Actualmente existe una realidad: muchas madres trabajan y deben delegar el cuidado de sus hijos a terceros, ya sean parientes, niñeras o instituciones como guarderías o colegios. Las razones son tan diversas como las situaciones familiares y no es motivo de este post analizar o juzgar qué tipo de dinámica familiar es mejor que otra. El hecho es que existen y que hay que asumirlas y manejarlas de la mejor manera para bien de todos los protagonistas.

 

En el video (ver a continuación) se ven casos particulares en los que la niñera conoce aspectos específicos del niño que cuida que la madre ignora. No sabemos si es que la filmación recogió también los casos en los que la madre sí acierta y la nana no, o en las que ambas coinciden. No es relevante para el fin de esta producción centrada en el llamado a ser caritativos y justos con las personas que se emplean en las casas. Pero para el caso de esta reflexión, vamos a centrarnos en la dinámica afectiva entre madre-niñera–niño. 

 

 

¿La mamá o la niñera?

 

El error en el que normalmente se cae cuando se habla sobre estos casos es enfrentar negativamente el rol de la madre con el de la niñera. ¿Está bien o mal que el niño quiera a su niñera? ¿Si la quiere significa que no ama a su mamá o que ella está haciendo un mal trabajo? ¿Debe tener, una criatura de corta edad, la capacidad racional para categorizar sentimientos diciendo algo así como “a mi nana no la voy a querer tanto porque es una empleada doméstica y no debo sentir nada por ella —a pesar de que me cuida, me quiere mucho, juega conmigo, y me prepara la comida—porque sino mi mamá se va a sentir culpable y se ve muy mal socialmente”?

 

La maravilla de la inocencia infantil es que nos enseña algo más profundo: un niño ama espontáneamente, porque lo aman, porque la persona existe. Para los niños el amor no es un pedazo de pizza que se reparte y se acaba. Ellos saben, sin haber leído nada al respecto, que el amor “no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad” (1 Cor 13, 5-6). El amor de un niño respeta la dignidad de cada una de las personas como hijos de Dios. No discrimina por posición social, trabajo, ingreso económico o color de piel. Si discrimina, de alguna manera, es por lo que recibe de la otra persona.

 

Por eso las madres deben ser sabias para manejar la relación con la niñera, y no sentirse culpables o celosas si sus hijos la quieren. Sentimientos de ese tipo sólo cabrían en el corazón materno si es que la madre siente que está haciendo algo incorrecto al dejar a sus hijos a cargo de otra persona teniendo otras opciones. Si es así, hay que revisar las prioridades, las decisiones tomadas y reacomodarlas. Pero ese no es un problema ni de la niñera, ni del niño, ni de la relación de cariño que se genera entre ambos.

 

Si la realidad es que las madres tienen que trabajar porque así lo demanda la situación económica o es una decisión tomada a conciencia por otros motivos, ¿de qué sirve la culpa? ¿Qué más da que la niñera sepa algunas cosas que ellas no? Seguramente sucede lo mismo con algún profesor del colegio o con alguno de los abuelos en los que los niños confían. En todo caso, no sería ésta la única medida que un experto usaría para diagnosticar un problema en la relación madre-hijo.

 

Lo que no puede hacer una madre es estar siempre ausente o delegar absolutamente todas las tareas de crianza y educación. La madre es irremplazable, y debe estar presente para ir cultivando la relación con los pequeños. Y mientras más crecen, más la necesitarán sobre todo para el diálogo y la guía. Una madre debe buscar compartir con sus hijos los momentos importantes como el baño, la hora de dormir, del cuento, de alguna de las comidas, los fines de semana, los eventos sociales importantes, etc. Lo más que se pueda. Dar pautas. Poner límites. También debe repetirle a los niños que los ama y enseñarles con el ejemplo a ser personas virtuosas, responsables, caritativas y generosas.

 

¿Qué rol juega la niñera en este proceso de crianza? Debe ser una aliada en la educación cotidiana y en la afectiva. ¡Qué mejor regalo que la persona que cuide a un hijo lo quiera y lo cuide como una madre! ¿O se prefiere la indiferencia, la falta de cariño o de humanidad por simple competencia entre los amores?

Pero ese regalo se debe retribuir. ¿Cómo? Mediante el trato justo, el diálogo constante y abierto no sólo sobre el niño sino sobre la vida y necesidades de la niñera, el pago generoso, el respeto a su dignidad como ser humano que tiene las mismas preocupaciones y los mismos anhelos de felicidad que cualquiera. Inclusive, esta relación puede enriquecerse mediante la ayuda para el cultivo y crecimiento personal de la niñera, considerando que, en la mayoría de los casos, es la madre la que tiene mayor preparación.

 

También hay que convencerse de que no se le está haciendo un favor dándole este trabajo. No es sólo un intercambio mercantil o laboral como el que se recibe en la oficina. Es algo más poderoso. Es una relación de ida y vuelta que tiene como eje central lo que más se ama y, por lo mismo, debe estar nutrida de caridad y respeto.

 

En definitiva, es una relación interpersonal. Son personas las involucradas. Cada una con su rol. La madre es la madre. La niñera es la niñera. Desde su posición ambas son importantes en el corazón del niño. Cada una, desde su lugar, sabrá dar lo mejor. Para ayudar al niño, para crecer como seres humanos y para aprender a acoger al otro como un hijo de Dios, que es lo que, finalmente, define nuestra verdadera naturaleza y nos hace ser un real ejemplo de virtud para los más pequeños.

 

*Originalmente escrito para Catholic-Link y se reproduce en LaFamilia.info con autorización del autor.

 

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