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Blogs LaFamilia.info - 04.06.2015

 

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Más de una vez hemos leído o escuchado bromas relacionadas con la falta de tiempo que vivimos las madres. Algunas de éstas, muy simpáticas por cierto, son:

 

– Eres madre cuando un paseo por el supermercado es como una mega vacación.

– Eres madre cuando tu ducha de 15 minutos por la noche la sientes como un “one day spa”.

– Eres madre cuando tu ´happy hour´ es la hora que pasa entre que tus hijos se acuestan y tú te acuestas.

 

Pero bueno, estas no son sólo bromas. Son una realidad completa. La falta de tiempo para nosotras mismas es quizás lo que más extrañamos de nuestra época de no ser mamás. En mi caso, por ejemplo, si me preguntan qué es lo que más extraño de mi tiempo de soltera, no es en absoluto las fiestas, o salir sin pensar en la hora, ni en lo que tenía que hacer al día siguiente. Lo que más extraño es el poder pasar un fin de semana tirada en mi cama haciendo nada, SOLA. Pero no sólo sola a nivel físico, sino mental, sin el pensar qué estarán haciendo mis hijitos, o qué estará pasando en mi casa ahora que no estoy.

 

¿Qué les pasa por la cabeza cuando se imaginan que pueden estar solas un buen tiempo, dejando la casa, los hijos y el marido a un lado? No sólo parece película de ciencia ficción sino también una locura, considerando que nosotras, las mujeres, pensamos que nada funciona bien sin nuestra presencia o supervisión. ¿Qué comerán nuestros hijos, se bañarán, quién les contará el cuento? Bueno, amigas, les cuento que posiblemente nuestros hijos la pasarán bomba sin nosotras, comiendo lo que sea, hasta sin bañarse. Y lo mejor: seguirán vivitos y coleando después de esta experiencia cuasi utópica.

 

Un hábito saludable para las madres

 

Se lo hemos escuchado a más de una persona: las mujeres nos inmolamos por el resto y no pensamos en nosotras. Es nuestra naturaleza: el dar, dar, dar y olvidarnos que de vez en cuando tenemos que preocuparnos por nuestra salud y bienestar. Sin embargo, no hacemos nada para cambiarlo.

 

En su libro “Los 10 hábitos de las madres felices”, la doctora Meg Meeker menciona a la soledad como uno de estos hábitos fundamentales para vivir la maternidad como algo muy positivo.

 

Ella dice: “¿Por qué es tan importante la soledad? (…) Robustece las relaciones con nuestros seres queridos, agudiza nuestra sensibilidad hacia nosotras mismas y hacia otros, nos da paz y nos recompone, nos ayuda a estar centradas y a permanecer cuerdas en medio de la “locura del exceso de opciones” e incluso puede que nos alargue la vida”. En otra parte del capítulo completa la idea diciendo: “Necesitamos soledad porque nos hace madres más sensibles. Eliminar de nuestra vida la estimulación y el ruido constantes agudiza de hecho nuestra sensibilidad. También la soledad nos fuerza a ponernos frente a nosotras mismas”. Luego continúa: “Nos permite distanciarnos de las tensiones diarias y mirarlas desde una perspectiva diferente. (…) La soledad nos ayuda a dilucidar lo que realmente queremos. Cuando estamos con nuestros hijos, familia o amigos, oímos constantemente sus opiniones y sentimientos. La soledad, sin embargo, nos permite pensar con más profundidad sobre lo que queremos y por qué lo queremos. Nuestra voz es la única que oímos (…)”.

 

Pero es importante aclarar a que nos estamos refiriendo con soledad: no es ir al gimnasio, o salir a tomar café con las amigas. “La soledad tiene que ver con relajarse, pensar y, frecuentemente, no pensar. Es un tiempo de quietud, reflexión o meditación”, dice Meeker.

 

Todo esto suena maravilloso pero, ¿de dónde sacamos el tiempo? ¿No es algo egoísta? No, porque la soledad bien entendida es un tiempo para reflexionar, de introspección, meditación, oración, con el fin de ser mejores mamás, esposas, profesionales, es decir, personas en su totalidad.

 

¿Cómo encontrar el tiempo en nuestra agenda?

 

Algunas madres no tenemos cómo recortar nuestras actividades. Sobre todo cuando los hijos son chiquitos y si somos mamás que trabajamos y que, encima, los inscribimos en miles de clases particulares, es algo imposible. Si bien hay que analizar hasta dónde es necesaria tanta actividad, igual hay algunas formas de encontrar espacios. Por ejemplo, apagar el celular al final del día. O que alguien te cuide a los hijos de vez en cuando por una hora, también puede ayudar.

 

Porque el estar solas no es un tema que debemos desestimar. “Debemos cambiar este hábito malo, porque nuestra tozudez está corroyendo lentamente algo muy dentro de nosotras. Está embotando nuestros sentidos, desluciendo nuestra sensibilidad hacia los demás y matando nuestro espíritu. Cuanto más evitemos el reposo, más frías seremos para con nosotras mismas. Y esta situación es peligrosa, pues, cuando somos insensibles para con nosotras mismas, podemos llenarnos de desprecio hacia nosotras. Y ese es un estado muy doloroso”, dice la doctora Meeker.

 

Alejarse del ruido

 

Vivimos en un ruido constante: el tráfico, los niños, la televisión cada vez más nociva, las amigas, los chismes, los problemas. Sólo escribir esta pequeña lista me ha hecho sentir agotada. No tengamos miedo a estar solas, a pensar. Es importante y un lujo que cada vez tenemos menos por todo el estrés que vivimos. Pero es un hábito que nos ayudará muchísimo a hacer mejores madres.

 

Algunas pautas por la doctora Meeker

 

Empieza con ratos pequeños. ¿Que no tienes tiempo alguno? Seguro que si te proponen un plan que te encanta con amigos o para tus hijos haces lo imposible pero sacas el tiempo de donde sea. “Podemos encontrar momentos de soledad y de silencio cuando estamos fregando el suelo o en el coche, mientras llevamos a los niños al colegio o volvemos del trabajo. El primer desafío es sencillamente decidirte a encontrar momentos para la soledad y aprovecharlos luego”.


Busca un lugar para estar sola (y házselo saber a todo el mundo). “Las madres necesitamos un rincón, un almohadón en el suelo, un armario, un despacho: un lugar seguro donde podamos estar completamente solas. A medida que mis hijos crecieron, se dieron cuenta de que les merecía la pena que yo pasara tiempo en mi rincón. Cuando salía, era un persona más agradable”.


Tranquiliza tu mente (sí, puedes hacerlo). Esta parte es la más difícil para mí. La típica es que logro ir una vez cada miles de años a un spa, y estoy en el sauna pensando en todo lo que estoy dejando de hacer por estar ahí, relajándome. Pero aquí va un salvavidas para mí: “Es posible desconectar la mente, pero requiere cierto entrenamiento. Y es un ejercicio al alcance de todas, especialmente cuando el resultado nos beneficia y podemos sentir esos beneficios al momento. (…) Date a ti misma permiso para preocuparte de las cosas más tarde, como en treinta minutos, pero no durante tu tiempo de soledad”.


Profundiza. Si ya lograste tener el tiempo, el lugar y la tranquilidad mental, el siguiente paso es profundizar sobre nosotras mismas, lo que nos gusta, en lo positivo. Nada de enredarse en los problemas solo por amor al látigo. “Si se te presentan constantemente a tu mente preocupaciones, dite a ti misma que te preocuparás de ellas dentro de treinta minutos, pero que en ese preciso momento quiere que tu mente esté tranquila. Todavía mejor, enfoca tus problemas con la actitud de que vas a resolverlos y de que todo irá bien”, dice la doctora. No te olvides de rezar. Eso también es una terapia totalmente efectiva.


Ya saben. Hay que darnos el espacio. No es algo egoísta, al contrario. Llegar renovadas y felices, será algo provechoso no sólo para nosotras sino para toda la familia.

 

La Mamá Oca

 

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mamaoca200x140Giuliana - La Mamá Oca

Peruana, Comunicadora Social de la Universidad de Lima y actualmente candidato a Master de Matrimonio y Familia en la Universidad de Navarra (España). Hace 5 años creó el proyecto "La Mamá Oca", una plataforma multimedia que tiene como misión ofrecerle a los padres recursos para criar niños felices, teniendo como eje la educación en virtudes. Actualmente dicta charlas, talleres y conferencias sobre temas de pedagogía familiar, matrimonio y afectividad. Casada y madre de dos pequeños hijos. 

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