Por Prince Martínez / Blogs LaFamilia.info - 20.10.2017

 

Foto: Freepik 

 

Muchos definen la intimidad como un “límite entre lo público y lo privado, entre lo confidencial y aquello que puede mostrarse”- podemos decir que en numerosas ocasiones el concepto de intimidad sobrepone al de privacidad o confidencialidad. Aquí queremos resaltar que la intimidad es mucho más que lo meramente privado, “intimidad es un término que lleva implícito otro término, profundidad”.

 

¿Qué es la intimidad?

 

La definición en el Diccionario de la Real Academia Española: “Zona espiritual íntima y reservada de una persona o de un grupo, especialmente de una familia”.

 

“…La intimidad es una necesidad humana y un derecho natural del hombre. El término intimo viene de intimus que significa “lo más interior”. A esto es a lo que me referiré hoy, a aquello que se guarda en lo más interior. 

 

La intimidad es un derecho fundamental, es lo que realmente le pertenece a cada persona, es la fuerza  y señorío. Según Ilva Hoyos: “…se manifiesta en el dominio que la persona tiene sobre si misma, su vida, sus actos, su integridad física su intimidad, su honor”…

 

¿Qué te pertenece de tu cuerpo? Lo que guardas de la vista de los demás. ¿Qué le pertenece a tu alma? Tus pensamientos, tus sentimientos más profundos, tus amores que cuidas y compartes sólo con la persona indicada.

 

La intimidad está amenazada

 

Comparo la intimidad a un iceberg, ese témpano profundo de hielo que luce muy normal a la vista pero que es muy difícil de quebrantar. Recordemos la historia del Titanic. Cuando se ha desarrollado una intimidad profunda y fuerte, los embates de la vida se enfrentan con entereza y se mantiene la paz interior. De lo contrario cuando no se posee una intimidad sólida y profunda, esos embates resquebrajan el ánimo y pueden llevar a la persona a perder el equilibrio emocional que se requiere en los momentos difíciles. Como ejemplo puedo dar la vida de los artistas que ventilan todo a la luz pública. Muchos tienen una vida bastante infeliz y con finales trágicos.

 

Si la intimidad es un derecho fundamental que lo protege la Constitución, a los personajes públicos no se les respeta. Al cometer un error íntimo hacen leña del árbol caído para vender más revistas sacándoles a relucir los trapitos al sol.

 

Hoy más que nunca este derecho y el cultivo de la intimidad se ven amenazados, primero que todo en las redes sociales, también en programas de TV horario triple A, donde se exponen los más bajos instintos de los protagonistas. Se destapan y ventilan los sentimientos, los gustos, los disgustos de manera ordinaria y vulgar. Recordemos el refrán popular muy diciente al respecto: “La ropa sucia se lava en casa.”

 

¿Cuándo  se puede y debe compartir la intimidad? 

 

Se abre la intimidad para proteger derechos afectados al interior de la familia, ej. maltrato físico que hay que denunciar.

 

También cuando esa apertura redunda en beneficio personal o de otra persona: comparto mi intimidad con aquel que sufre, padece por algo que yo he sufrido y al compartir mi experiencia intima puede ayudarle a aliviar su dolor o a encontrar una solución.

 

Cuando visitamos el médico, el sacerdote, el psiquiatra y abrimos nuestra alma, nuestro corazón buscando una cura.

 

La compartimos con la persona amada de corazón. 

 

En los ratos de oración con Dios es cuando se crece y fortalece la intimidad.

 

Hablando del tema, mi amiga Lucía, me envió el siguiente texto: “La parte más intima de una mujer no la tendrás nunca mientras la desnudas, la tendrás mientras la escuchas. La parte más intima de una mujer, la tendrás cuando toques un punto que nunca nadie más ha tocado así: su alma.”

 

Desarrollar, fortalecer, cuidar, guardar y proteger esa intimidad es una tarea que todo padre de familia debe aprender y enseñar a sus hijos desde pequeños porque esto posibilita el desarrollo integro de la personalidad. Ese cultivo de la intimidad ampliará su capacidad para relacionarse con los demás de manera armónica, le enseñará a confiar y a creer en el otro.

 

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Tulia Martínez de Barrios, más conocida como “La Prince” es Orientadora Familiar de la Universidad de la Sabana y Universidad de Navarra (España). Fundadora de los colegios de la Asociación para la Enseñanza, Aspaen en Cartagena, Colombia. Asesora y consultora en temas de dirección, administración y gestión de la educación. Más artículos de este autor >

 

Por Prince Martínez / Blogs LaFamilia.info - 30.09.2017

 

Foto: Freepik 

 

Estaba hace unos días con mi nuera Vicky, mi hijo Roberto y el chiquito Roberto Jr., acompañando al otro de sus hijos Ricardo, quien jugaba un partido de fútbol. Se inicia el juego y Vicky suspirando dice: “Ya comienzo a sufrir.” El pequeño Roberto, de cuatro años, con un gesto de extrañeza le pregunta: “Mami, ¿qué es sufrir?” Nos miramos todos. Les confieso que no recuerdo exactamente qué le dijo su mamá. Me quedó, sin embargo,  la inquietud de cuál sería una respuesta para ti y para mi. 

 

Como reflexionamos durante la pasada Semana Santa sobre la pasión y muerte de Jesús en la cruz,  he querido escribir sobre aquella pregunta: “Mami, ¿qué es sufrir?”

 

Hoy con el diccionario en la mano encuentro el significado de sufrir: “Daño, dolor, una enfermedad, un castigo. Sentir un daño moral. Recibir con resignación un daño moral o físico. Sostener, resistir. Aguantar, soportar. Satisfacer por medio de una pena…”

 

Ha sido a través de sufrir la muerte y muerte de cruz que Jesús nos ha redimido, nos ha abierto las puertas del cielo. Lo hizo por amor: “No hay amor más grande que este: dar la vida por sus amigos.”(Jn. 15,13)y después de ese sufrimiento llegó la alegría de la Resurrección. 

 

El ejemplo de San Juan Pablo II

 

“Los últimos años del pontificado de Juan Pablo II no tuvieron una importancia menor, por el testimonio humilde de su pasión. Esta humildad, esta paciencia con la que aceptó casi la destrucción de su cuerpo, la incapacidad cada vez mayor de usar la palabra, él que había sido maestro de la palabra. Así, nos mostró visiblemente la verdad profunda de que el Señor nos redimió con su cruz, con la Pasión, como acto supremo de su amor. Nos mostró que el sufrimiento no es sólo algo negativo, sino que es una realidad positiva; que el sufrimiento aceptado por amor a Cristo, por amor a Dios y a los demás, es una fuerza redentora, una fuerza de amor, y no menos poderosa que los grandes actos de la primera parte de su pontificado. Nos enseñó un nuevo amor a los que sufren. Todos nosotros -en un mundo que vive de activismo, de juventud, de ser joven, fuerte, hermoso, de lograr grandes cosas- debemos aprender la verdad del amor que se convierte en pasión, y precisamente así redime al hombre y lo une a Dios amor. Por consiguiente, quiero dar las gracias a todos los que aceptan el sufrimiento, a los que sufren con el Señor. Y quiero animar a todos a tener un corazón abierto a los que sufren. Oremos, pues, por todos los que sufren y hagamos lo que esté de nuestra parte para ayudarles en la medida en que podamos, con gran respeto por el valor de la vida humana. Debemos amar a los que sufren, no sólo con palabras, sino con toda nuestra acción y nuestro compromiso. Sólo así somos cristianos realmente.” Benedicto PP. XVI. El VIII.MMVIII – Australia

 

Cuando toca a la puerta

 

San Josemaría Escrivá de Balaguer, en su libro Vía Crucis, novena estación, nos invita a reflexionar:

 

“Parece que el mundo se te viene encima. A tu alrededor no se vislumbra una salida. Imposible, esta vez, superar las dificultades. 

 

Pero, ¿me has vuelto a olvidar que Dios es tu Padre?: omnipotente, infinitamente sabio, misericordioso. El no puede enviarte nada malo. Eso que te preocupa, te conviene, aunque los ojos tuyos de carne estén ahora ciegos.

 

Omnia in bonum! (Todo es para bien) ¡Señor, que otra vez y siempre se cumpla tu sapientísima Voluntad!”

 

El Padre Pío nos enseña: “El sufrir es de todos. El saber sufrir es de pocos.”

 

Y no hay duda que al final llega la alegría como nos ha llegado la de Jesús Resucitado. 

 

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Tulia Martínez de Barrios, más conocida como “La Prince” es Orientadora Familiar de la Universidad de la Sabana y Universidad de Navarra (España). Fundadora de los colegios de la Asociación para la Enseñanza, Aspaen en Cartagena, Colombia. Asesora y consultora en temas de dirección, administración y gestión de la educación. Más artículos de este autor >

 

 

Por Prince Martínez / Blogs LaFamilia.info - 02.09.2017

 

Foto: Freepik 

 

"Todo está en tu cabeza" es el título del libro escrito por la neuróloga Suzanne O´Sullivan, quien estuvo invitada al Hay Festival en Cartagena en enero este año 2017.

 

La Doctora Sullivan asegura que “uno de cada tres pacientes tiene una enfermedad imaginaria”. En su libro expresa que le gusta la parte detectivesca de su profesión y resolver los misterios de cómo el sistema nervioso transmite sus mensajes, le gusta también averiguar los errores posibles cuando una parte del cerebro se daña.

 

Las consideraciones que ella hace están basadas en las respuestas del cuerpo a las múltiples reacciones ante las emociones: el corazón palpita con fuerza ante la presencia de un peligro inminente o cuando ve a la persona que se ama secretamente, la sudoración en la mente ante el nerviosismo que provoca tener que hablar en público, las lágrimas que brotan como respuestas fisiológica a un sentimiento, se llora cuando se está triste pero la felicidad puede provocar el mismo efecto. El sonrojo y más, son emociones variadas que en un momento dado somos incapaces de controlar. 

 

¿Pero qué sucede si este tipo de respuesta física normal deja de funcionar bien? Al fin y al cabo, todas las funciones de nuestro cuerpo que nos permiten vivir pueden fallar. 

 

Nuestras emociones pueden provocar una incapacidad grave sin que exista ninguna enfermedad física que la explique. El hecho mismo de presentar síntomas físicos oculta el malestar de raíz y es cuando los afectados buscan una enfermedad médica que explique su sufrimiento. 

 

Así explica esto en su libro:

 

“Desde aquellos primeros tiempos he conocido a personas cuya tristeza era tan sobrecogedora que no podían tolerar sentirla y, en lugar de hacerlo, desarrollaban incapacidades físicas. Contra toda lógica, sus subconscientes escogían dejarlas paralizadas por convulsiones o confinadas a una silla de rueda antes que experimentar la angustia que las invadía por dentro…

 

He compartido la lucha de mis pacientes por aceptar el poder de la mente sobre su cuerpo”. Es de subrayar que al examinar estos pacientes todos los resultados eran normales. 

 

¿Se puede vivir una vida feliz con una enfermedad imaginaria? He aquí la respuesta en una de sus entrevistas:

 

“Desde luego. Cualquier persona, hasta cierto punto, puede tener una enfermedad imaginaria, la clave está en saber reconocerla. Si me despierto y tengo palpitaciones y mareo puedo intentar leer mi cuerpo, detectar qué me está perturbando. Entonces, es completamente manejable. Por eso es importante poner nuestra consciencia en esto, ver si hay una tendencia, si es una señal de advertencia temprana, de que algo no va bien.

 

Si tengo un dolor en el pie y decido no preocuparme, tal vez se me pase, pero si decido preocuparme constantemente por ello puede convertirse en un dolor más obvio, en una debilidad. En muchas personas, la enfermedad psicosomática es un grito de ayuda. Para otros, una manera disfuncional de lidiar con lo que su cuerpo hace…

 

…Creo que el problema radica en cómo nos formamos los médicos como especialistas. El neurólogo, el reumatólogo... todos se entrenan para diagnosticar enfermedades de su área y a descartar lo que no forma parte de ella, pero esto está cambiando…

 

…El médico que está entrenado para detectar a este tipo de pacientes no los ve. Porque los psiquiatras no ven a los pacientes a los que les duele algo físico.”

 

Ella concluye que si se toma a cien personas sanas y se les somete a la misma lesión, se obtendrán cien respuestas distintas. Por eso ella considera que la medicina es un arte.

 

Cada día nos convencemos más de la importancia de conocernos en todos los ámbitos, nuestras debilidades y fortalezas para poder construir nuestro carácter, controlar nuestras emociones y saber de que somos capaces. Así lograremos una personalidad madura para vivir feliz y hacer felices a los demás. 

 

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Tulia Martínez de Barrios, más conocida como “La Prince” es Orientadora Familiar de la Universidad de la Sabana y Universidad de Navarra (España). Fundadora de los colegios de la Asociación para la Enseñanza, Aspaen en Cartagena, Colombia. Asesora y consultora en temas de dirección, administración y gestión de la educación. Más artículos de este autor >

 

Por Prince Martínez / Blogs LaFamilia.info - 11.09.2017

 

Foto: Freepik 

 

Escribí la semana pasada (ver aquí) sobre el libro “Todo está en tu cabeza” escrito por la Doctora Suzanne Sullivan quien estuvo en Cartagena en el pasado Hay Festival. Hoy amplío sus planteamientos. 

 

Ella asegura que “uno de cada tres pacientes tiene una enfermedad imaginaria”. Parece imposible pensar que personas que sienten un dolor real, que llegan a paralizarse o en otros casos a sufrir convulsiones reales padezcan una enfermedad “imaginaria”.

 

“No tiene usted úlcera ni tampoco colitis”. Sin embargo no es fácil distinguir de manera concluyente entre un dolor que se origina y uno que existe en el estómago. Este tipo de enfermedades “imaginarias” tienen una profunda relación con el trastorno sicosomático e incluso han recibido un nombre propio: trastorno de conversión. Es la conversión de la angustia en parálisis, convulsiones, dolor agudo, etc…

 

A la pregunta de cuáles podrían ser las causas de este tipo de trastorno, contestó:

 

“Hay cientos de causas, pero en muchos de los casos más extremos -tipo epiléptico y parálisis- el origen son los abusos sexuales o físicos, pérdidas traumáticas... Los casos más leves se deben al estrés general de la vida, problemas financieros, con la pareja, con los hijos…

 

¿Y cuáles son los síntomas? Ella nos dice: “Los más comunes son el dolor de cabeza, de estómago, de espalda y la fatiga… En los niños, el dolor de estómago está ligado al acoso escolar y problemas familiares…”

 

De acuerdo con la Doctora Sullivan un primer paso para lograr la recuperación sería que el paciente tuviera al menos en cuenta que “su dolencia puede tener una causa psicológica y que acceda ver un psiquiatra”.

 

Aquí unos apartes adicionales de su entrevista:

 

La mente humana es sorprendente.        

                             

Sí, y he comprendido algo esencial: deberíamos juzgar menos a los demás y a nosotros mismos. Los pacientes que sufren enfermedades psicosomáticas se sienten culpables, pero la realidad es que no pueden controlar los síntomas, nunca se hace expresamente.

 

¿Cómo reaccionan los casos más graves al tratamiento psicológico?        

                                                             

Depende de lo rápido que se haga el diagnóstico, pero personas con parálisis son capaces de volver a caminar con normalidad y en muchos casos, no es gracias a un tratamiento psicológico, sino a un fisioterapeuta.

 

¿Cómo protegernos de nuestra mente?        

                   

Siendo resilientes y aceptando la ambigüedad.

 

¿Qué ha averiguado?        

                                                   

Que el poder de la mente sobre el cuerpo es ilimitado: podemos imaginar cualquier tipo de síntoma médico y producirlo, y que es muy grave subestimarlo.

 

Si nuestra mente puede enfermarnos, ¿también puede curarnos?          

                                                                   

No, pero sí influir en la enfermedad. Hay una interacción muy clara entre mente y cuerpo”.

 

Ella tiene claro que hay que proteger la mente y una de las recomendaciones es la resiliencia que es la capacidad que tiene una persona o un grupo de recuperarse frente a la adversidad para seguir proyectando el futuro. Y otra manera de proteger la mente es aceptando la ambigüedad que es aprender a asimilar esos momentos difíciles y confusos que se nos pueden presentar.

 

Ya Santa Teresa De Ávila (1515-1582) nos decía que “la imaginación es la loca de casa” y sugería mantenerla aislada en el cuarto de San Alejo para que no hiciera estragos. Y al respecto Salvador Canals en su libro “Ascética Meditada” hace referencia a la imaginación como el origen de demasiados males considerándola una tirana. El la describe así: “La imaginación es una loca –la loca de la casa, la llamaba Santa Teresa, con su habitual buen humor–, y, sin embargo, ¡cuántas veces la elegimos, más o menos conscientemente, para consejera de los problemas más delicados de nuestra alma!

 

…Te decía que la tiranía de la imaginación es grande. Tan grande, que altera las ideas, que falsea las situaciones de la vida, que deforma a las personas...”                

 

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Tulia Martínez de Barrios, más conocida como “La Prince” es Orientadora Familiar de la Universidad de la Sabana y Universidad de Navarra (España). Fundadora de los colegios de la Asociación para la Enseñanza, Aspaen en Cartagena, Colombia. Asesora y consultora en temas de dirección, administración y gestión de la educación. Más artículos de este autor >

 

Blogs LaFamilia.info - 28.08.2017

 

Foto: Freepik 

 

Al abrir el buscador y colocar ¿Cuánto dura el amor? Quedé sorprendida que con este título hay cientos de artículos, estudios e investigaciones científicas que avalan “la duración del amor".

 

La principal responsable de todo lo que nos pasa cuando estamos enamorados es la dopamina, un neurotransmisor que en el estado de enamoramiento, aumenta y produce síntomas placenteros, excitantes y que tiene el poder de alejarnos de la realidad.  También se disparan otros, la noradrenalina y la serotonina. Con este coctel explosivo ya no podemos evitar estar enamorados. 

 

El problema está en que no se mantienen esos niveles iniciales de forma permanente. De acuerdo con los diferentes estudios varía su permanencia. Unos científicos dicen que un año, otros que dos y los estudios más generosos dicen que hasta cuatro que es el máximo al que la ciencia atribuye “la duración del amor” porque bajan los niveles. 

 

¿Existe el amor eterno?

 

Entonces,  ¿qué se puede decir? Enseguida nos salta a la mente la respuesta: ¡El amor eterno no existe!

 

Pues les cuento que sí existe el amor eterno. Junto con esos neurotransmisores hay otro ingrediente que es la oxitocina que es la hormona de la ternura y esa si es de larga duración así como la leche de larga vida. 

 

La oxitocina es la hormona del amor de padres e hijos pero también es la que acompaña el amor conyugal. “Se juran amor eterno pero las hormonas cuentan otra historia.” Mientras unos científicos le dan total credibilidad a que al terminarse la producción de ese coctel inicial no hay manera de que se restablezca ese encanto inicial la psicóloga colombiana Lucía Rojas, considera que el amor no es exclusivamente una cuestión química. Sin duda su duración depende de una serie de factores biológicos, pero también psicológicos e inclusive externos. 

 

Enamoramiento y amor

 

Hay que tener claro que no es lo mismo el enamoramiento que el amor.  Hay que trabajar para el amor. Y muy claro lo tenemos que tener : “El Amor es una decisión de la voluntad”.

 

Yo decido amar esa persona y hago todo lo que esté a mi alcance para aumentar ese amor día a día. Está comprobado que el esfuerzo que pongamos en esto, aumenta los niveles de oxitocina. El esfuerzo se puede interpretar tanto en cantidad como en calidad, entendido como hacer cosas que no nos agradan tanto pero que le gustan a la otra persona o aumentar la frecuencia de determinadas actividades que puedan ser positivas para los dos. Apostar por la novedad también ayuda porque está demostrado que las sorpresas aumentan los niveles de dopamina, lo que contribuye a mantener vivo el éxtasis romántico.

 

Diferencias importantes

 

Nos dice Álvaro Sierra en su libro “Pero si nos queríamos tanto”: Amar al otro en cuanto otro, es constatar que es diferente por múltiples razones:

 

1. No está parado en el mismo sitio que yo, por tanto no ve lo mismo que yo estoy viendo.

 

2. No ha vivido lo que yo he vivido. Por tanto su realidad se ha nutrido y se ha estructurado con otra savia, de modo que es muy diversa su contextura, solo diversa, no peor o mejor. 

 

3. Su sensibilidad depende mucho de las experiencias vividas…

 

4. Que hombres y mujeres tengan su organismo regulado por factores hormonales diferentes ya es razón suficiente para esperar diferencias significativas en la forma de ser, sentir, actuar y relacionarse con el entorno. Un cerebro configurado bajo el influjo de la testosterona (hormona masculina) siente , piensa, sueña y recrea el mundo de forma diferente a como lo hacen aquellos influidos por estrógenos(hormona femenina). 

 

El matrimonio es una gran aventura en que nos decidimos juntos a aprender a amar.

 

Hoy en el banco me tocó al lado un señor llamado José Durán y me dijo con orgullo y nostalgia: “Vivimos 59 años, dos meses y 12 días de amor y súmele los 4 de noviazgo. Después de eso se murió y todavía me hace falta.” Y del otro lado quien estaba oyendo, Guillermo Ahumada, me dijo: “Y yo llevo 56 años y aquí estamos amándonos todavía.” 

 

¡El amor eterno si existe!

 

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Tulia Martínez de Barrios, más conocida como “La Prince” es Orientadora Familiar de la Universidad de la Sabana y Universidad de Navarra (España). Fundadora de los colegios de la Asociación para la Enseñanza, Aspaen en Cartagena, Colombia. Asesora y consultora en temas de dirección, administración y gestión de la educación. Más artículos de este autor >

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