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Por Prince Martínez / Blogs LaFamilia.info - 19.12.2018

 

Foto: Cathopic 

 

Para  esta época se vive en el mundo entero un alboroto inusitado: se encienden millones de luces de colores, se intercambian mensajes de alegría y de buenos deseos como también regalos para expresar cariño, solidaridad, agradecimiento, admiración… Se cantan villancicos…

 

Se oye por doquier: -“Ya llegaron,”  -“Acá llegan la víspera de Navidad…” Son los seres queridos que hacen un alto con el fin de reunirse para celebrar en familia. 

 

¿Qué vamos a celebrar el 24?

 

¿Y qué es lo que todos vamos a celebrar? ¿Quién es el responsable de semejante alboroto mundial?

 

Tú y yo tenemos clara la respuesta. Tú y yo sabemos quién es el responsable, sabemos quien es ÉL: ¡Jesús! Estamos celebrando el cumpleaños de Jesús, nacido en Belén hace 2018 años. Vino para mostrarnos cuál es el camino para llegar al cielo y disfrutar de Él eternamente. 

 

Lo que no parece estar muy claro para algunos, es el sentido de esta celebración y a quién hay que regalar de primero antes que a todos los demás. 

 

Ya sabemos dónde y qué vamos a comer, como también cuáles son los regalos y a quiénes los vamos a dar.  Aquí viene la pregunta del millón: ¿Y cuál es el regalo que le tienes preparado al cumplimentado? Porque dijimos que tú y yo tenemos claro quién es ÉL.

 

Entonces ¿Ya lo has preparado? ¿Cuánto hay que invertir en ese regalo? 

 

Hay muchos que sí están en la onda pero otros están todavía a tiempo para ponerse al día con el regalo del cumplimentado.

 

En una alocución en YouTube el Padre Sebastián Correa, Capellán de la Universidad Gabriela Mistral en Maipú, Chile, compara los corazones de las personas que se preocupan sólo de los preparativos materiales, con las bolas de adorno del árbol. Él dice que al quebrarlas se encuentran vacías en su interior. Así quedan esos corazones que han celebrado, sin tener en cuenta el sentido válido de estas fiestas. 

 

El regalo del cumplimentado

 

Le dedicamos tiempo, ingentes esfuerzos y dinero a muchos preparativos relacionados con la Navidad. Existen maneras más sencillas y significativas.

 

Cuando vamos a regalar siempre pensamos qué le podría gustar a esa persona, a veces indagamos a través de un familiar o amigo cercano. Pues Jesús mismo nos ha dejado dicho lo que a Él le gustaría recibir de regalo. El Padre Sebastián nos lo recuerda: “En Mateo 25,32 Jesús nos dice: “Cuanto hagas con uno de estos más pequeños, a mi me lo estás haciendo”.

 

A la vez, él hace referencia a que ese es un llamado a vivir las Obras de Misericordia, por lo tanto, si tú vives una Obra de Misericordia le vas a hacer un regalo al mismo Jesús. “Las Obras de Misericordia son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales: 

 

Obras de misericordia Corporales:

 

• Visitar y cuidar a los enfermos.

• Dar de comer al hambriento.

• Dar de beber al sediento.

• Dar posada al peregrino.

• Vestir al desnudo.

• Visitar a los presos.

• Enterrar a los difuntos.

 

Estas siete obras de Misericordia Corporales van acompañadas de siete Obras de Misericordia Espirituales:

 

• Enseñar al que no sabe.

• Dar buen consejo al que lo necesita.

• Corregir al que se equivoca.

• Perdonar al que nos ofende.

• Consolar al triste.

• Sufrir con paciencia los defectos del prójimo.

• Rezar a Dios por los vivos y por los difuntos”.

 

El Padre Sebastián termina su alocución diciéndonos: “Aquí catorce ideas de cómo hacerle un regalo que le agrade a Jesús. Quedan muy pocos días, ponte manos a la obra y regálale muchos de esos regalos a Jesús que va a estar muy feliz! Y así también se llenará tu corazón”.

 

***

 

princeblogPrince Martínez
Tulia Martínez de Barrios, más conocida como “La Prince” es Orientadora Familiar de la Universidad de la Sabana y Universidad de Navarra (España). Fundadora de los colegios de la Asociación para la Enseñanza, Aspaen en Cartagena, Colombia. Asesora y consultora en temas de dirección, administración y gestión de la educación. Más artículos de este autor >

 

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Por Prince Martínez / Blogs LaFamilia.info - 08.11.2018 

 

 Foto: Freepik

 

Hace poco asistí a una charla de una joven mamá de tres hijos entre las edades de 5 y un año. Además de su trabajo en el hogar, Mariana se desempeña como una excelente ejecutiva en el área comercial de una exitosa empresa. La charla era sobre la formación de los hijos.

 

Entre el Ser y el Hacer

 

Nos contaba que normalmente al comenzar las clases en los  colegios, se tenía la primera entrevista con el profesor(a) y como es natural les pide que le hablen de su nuevo(a) alumno(a). ¿Qué es lo primero que viene a la mente cuando te preguntan que hables de tu hijo?

 

“Es muy deportista, le encanta bailar, tiene facilidad para los idiomas, es bueno para los números.” Si es más pequeño dicen: “Come solo, no usa pañal…”¿Les suena familiar?

 

Continuó su charla, que trataré de resumir, haciéndonos ver que todas esas respuestas se enfocan en las habilidades del niño, en el HACER. ¿Qué falta en esa respuesta? Lo realmente importante: “Es agradecido, venimos buscando que mejore en la obediencia, el orden y el respeto hacia los demás, siempre saluda a las personas por su nombre, es sonriente y cariñoso aunque le cuesta mucho perdonar.  Vemos que ejerce un liderazgo en su grupo y sentimos que la humildad es un valor importante a inculcarle…”

 

Esa última respuesta está centrada en el SER que es lo primero, luego viene el HACER para terminar con el TENER. Esto está muy relacionado con lo que se dice de alguien al morir: “Fue un médico brillante, empresario exitoso, diseñó el edificio más alto, escribió tantos libros, ganó una medalla de oro “… Cuando realmente lo importante es si entregó su vida por los demás, cariñoso, generoso, bondadoso, magnánimo, modelo para imitar, esposo fiel y padre ejemplar, persona íntegra…”

 

¿Cuál es tu legado?

 

Con frecuencia se oye decir: “Lo único que hay que dejar a los hijos es el estudio, en eso me gasto todo mi dinero. Si unos papás no pudieran pagar un estudio de alta gama a sus hijos, a diferencia de otros que tienen esa maravillosa oportunidad ¿estarían esos padres condenados a no poder dar nada valioso a sus hijos? ¡Claro que no! En ese momento yo recordé la intervención, en la Universidad Tecnológica, del científico Raúl Cuero, nacido en Buenaventura, quien entonces compartió sus vivencias, desde su infancia hasta los logros excepcionales conquistados en la NASA. Nos decía que su madre, una mujer analfabeta, le repetía constantemente: “Sé bueno, ¡eso es lo que importa!”

 

Lo más valioso 

 

Lo más valioso es la formación del SER, la formación en virtudes y como colofón, formarlos para que logren conquistar la vida eterna que es la tarea más importante. Ese fue el meollo de su charla. Que nuestros hijos descubran, a través del ejemplo de los padres que el centro y la motivación, es buscar vivir cara a Dios y hacer su voluntad. Lo que da cuerpo y respaldo a todo es aprender a “querer el querer de Dios”. Tarea fundamental de todo padre de familia, hablarle más a Dios de los hijos que a los hijos de Dios, dándoles ejemplo de una vida de piedad. 

 

Conclusión

 

En palabras de San Josemaría: “La solución está en vuestras manos, porque los niños- aún los más pequeñines- no lo son tanto y desde los dos años comienzan a ser testigos de vuestras vidas. Son jueces crueles, inexorables: ¿quién va a meterles en la cabeza, a esa edad, que sólo Nuestro Señor es el que puede juzgar? Los hijos juzgan todo lo que ocurre delante de sus ojos; por eso, si os ven piadosos y rectos, si ven que no reñís, si ven que tenéis un amor grande a la Madre de Dios, que es también Madre nuestra; si ven que lucháis contra vuestros defectos y que procuráis ser buenos cristianos, ellos comenzarán a admiraros. Con eso, ya los estáis formando.” 

 

***

 

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Tulia Martínez de Barrios, más conocida como “La Prince” es Orientadora Familiar de la Universidad de la Sabana y Universidad de Navarra (España). Fundadora de los colegios de la Asociación para la Enseñanza, Aspaen en Cartagena, Colombia. Asesora y consultora en temas de dirección, administración y gestión de la educación. Más artículos de este autor >

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Por Prince Martínez / Blogs LaFamilia.info - 01.10.2018

 

Foto: Freepik/senivpetro

 

Hace poco en una tertulia de amigas, una de ellas nos documentó sobre la importancia de la Inteligencia Emocional en el matrimonio. Ella se basó sobre el estudio de Daniel Goleman, psicólogo de renombre internacional, reconocido por su trabajo sobre este tema en particular. En una de sus más recientes publicaciones titulada “Como ser líder", puntualiza los hallazgos respecto a la capacidades personales que producen un rendimiento sobresaliente dentro de las organizaciones.

 

Las destrezas relacionadas con la Inteligencia Emocional, mostraron ser el doble de relevantes que las capacidades técnicas y cognitivas. Cuanto más alta era la posición de una persona considerada como de magnífico rendimiento, más se percibía que sus capacidades relacionadas con la inteligencia emocional eran la razón de su efectividad. Cerca del 90% de las competencias que distinguen los lideres eran también atribuibles a esta capacidad, adicionalmente se encontró que las divisiones que dichos líderes dirigían sobrepasaban en un 20% los beneficios económicos.

 

¿Qué es la inteligencia emocional?

 

Es la capacidad para reconocer los sentimientos propios y ajenos. La persona, por lo tanto, es inteligente (hábil) para el manejo de los sentimientos. Gran parte de nuestras decisiones son influenciadas en mayor o menor grado por la Inteligencia emocional.

 

Los componentes de la inteligencia emocional son: autoconocimiento, autocontrol, automotivación, empatía y las habilidades sociales.

 

El matrimonio como empresa

 

El matrimonio es una empresa por lo tanto abordaremos la unidad matrimonial desde el entendimiento de la inteligencia emocional recurriendo a dos de sus componentes claves, el conocimiento de uno mismo y en como nos relacionamos con los demás. 

 

Es humano ver siempre los problemas desde fuera de nuestro alcance. Es más sencillo “pasar el balón” que  considerar seriamente ser los responsables, creemos que nuestra felicidad depende de lo que el resto del mundo alrededor brinde. 

 

Conocimiento de uno mismo 

 

Es el primer elemento sugerido por Goleman. No existe una manera más eficiente de mejorar lo que nos afecta, que haciéndonos responsables de nuestro propio conocimiento y crecimiento personal. Conocernos plenamente, sacar el tiempo para ello, es entonces la mejor inversión que podamos hacer. Es crecer interiormente, en palabras de Goleman: “una insistente conversación interior que nos libra de ser prisioneros de nuestros sentimientos y por tanto nos permite crear un ambiente de confianza, justicia, donde la productividad se eleva, las luchas se minimizan”.  

 

Para concluir este primer componente, preguntémonos: ¿Me conozco bien? ¿Tengo claros mis puntos de lucha para mejorar? ¿Son el reflejo de lo que mis cercanos me han manifestado?

 

Cómo nos relacionamos con los demás

 

Es este el segundo elemento que propone Goleman. De lo que guardas en tu corazón brotan tus acciones. Goleman profundiza la empatía y la habilidad social, como competencias que fortalecen la forma en que nos relacionamos con los demás, tener profunda consideración de los sentimientos de los demás para tomar decisiones inteligentes y la habilidad social como la capacidad para construir relaciones.

 

En consonancia con el tema de la unidad matrimonial, podríamos decir que es la forma como nos relacionamos con nuestro cónyuge. Aquí alguna pautas que pueden ser útiles para fortalecer aún mas ese estrecho vínculo del que somos participes: 

 

1. Paz y tranquilidad en el hogar son requisitos indispensables.

 

2. Aceptar los  defectos del otro y respetar su libertad.  Ámense como son, ambos se complementan,  díganse las cosas con cariño.

 

3. Perdón, Perdón, Perdón. Es el secreto más grande, perdonarse mutuamente. 

 

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Tulia Martínez de Barrios, más conocida como “La Prince” es Orientadora Familiar de la Universidad de la Sabana y Universidad de Navarra (España). Fundadora de los colegios de la Asociación para la Enseñanza, Aspaen en Cartagena, Colombia. Asesora y consultora en temas de dirección, administración y gestión de la educación. Más artículos de este autor >

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Por Prince Martínez / Blogs LaFamilia.info - 05.10.2018

 

 

 

“El Señor Dios tomó al hombre y le colocó en el jardín del Edén para que lo trabajara y lo cuidara “. Génesis 2,5

 

“La realidad humana del trabajo aparece desde el instante en que Dios coloca al hombre en el Edén y le encarga su custodia y su atención (...) el hombre es creado para trabajar. El hombre nace para trabajar como las aves para volar” (Amigos de Dios 57).

 

El trabajo es un fin natural del hombre, al tiempo todo hombre alberga en su interior el deseo de ser feliz. Esto nos lleva a pensar cómo hay que conjugar estas dos realidades en el diario vivir. Tolstoi dejó escrita una frase rotunda: “La condición esencial de la felicidad del hombre es el trabajo, pero el trabajo debe estar siempre unido al disfrute de la vida”. Trabajar es lo que le permite a la persona realizarse a si misma, ser útil a los demás y construir una sociedad más justa y más humana. 

 

Trabajar mucho, trabajar bien, trabajar con amor, servir en el trabajo… constituye una realidad muy necesaria para todos lo que estamos tratando de contribuir a hacer de este mundo uno más humano, más justo y más feliz.

 

Las anteriores son consideraciones que se me vienen a la cabeza al pensar en que el pasado 2 de octubre se cumplieron 90 años de fundado el Opus Dei por San Josemaría Escrivá de Balaguer. Y que el trabajo es un eje clave de la espiritualidad de esta institución de la Iglesia. 

 

En esas numerosas reuniones filmadas que existen de San Josemaría con multitud de personas de todas clases, razas y condiciones sociales, siempre me ha impresionado la fuerza con que habla de que los cristianos “sepamos colocar a Cristo Señor Nuestro en la cumbre  de todas las actividades humanas honestas” (Amigos de Dios, n.58) y que hemos de amar apasionadamente este mundo nuestro para mejorarlo y ofrecerlo a Dios mediante el trabajo santificado. También el Papa Francisco ha recalcado esta realidad del trabajo en su último documento magisterial: Gaudete et Exultate, Alegraos y Regocijaos. 

 

“Santificar el trabajo, santificarse en el trabajo y santificar a otros con el trabajo” constituye la esencia del mensaje principal con el que San Josemaría fundó el Opus Dei hace 90 años y que conserva una vigencia cada vez mayor. En Colombia y en el mundo entero nos vendría muy bien vivirlo.

 

Este no es un camino para privilegiados o para personas que se apartan del mundo sino para todos los cristianos que trabajan en medio del mundo como personas normales que viven el día a día para ganarse el pan y procurar el sostenimiento propio y el de su familia. Siendo, además un ciudadano igual a los demás ciudadanos que trabajan por el bien común de su pueblo, ciudad, región o país. 

 

En conclusión, se trata de un mensaje particularmente actual en una sociedad de mujeres y hombres enmarcada dentro de una civilización de trabajo. Y con estas ideas que expone el Fundador del Opus Dei, la actividad profesional, lejos de caracterizarse únicamente por un limitado enfoque de autorrealización personal, es también ocasión de tener un encuentro personal y cotidiano con Dios, de darle gloria y servir a los demás.

 

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Tulia Martínez de Barrios, más conocida como “La Prince” es Orientadora Familiar de la Universidad de la Sabana y Universidad de Navarra (España). Fundadora de los colegios de la Asociación para la Enseñanza, Aspaen en Cartagena, Colombia. Asesora y consultora en temas de dirección, administración y gestión de la educación. Más artículos de este autor >

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Por Prince Martínez / Blogs LaFamilia.info - 24.09.2018

 

Foto: Freepik

 

Recuerdo que al hacer las entrevistas a los padres de los nuevos alumnos y pedirles que describieran brevemente su familia, muchos se referían a su familia de origen, número de hermanos, lugar donde habían crecido… Les dejaba terminar. De inmediato les hacía caer en la cuenta que ellos dos formaban una nueva familia, cuyos orígenes habían descrito pero era este el momento de “su familia.” Nunca faltaron las risas y apuntes graciosos que aterrizaban su realidad. 

 

Ya habían pasado varios años, eran padres de un niño(a)  en edad escolar y todavía venía a su mente, como primera referencia, la familia de origen antes que la suya propia. ¿Es natural que esto suceda? Sí. 

 

Era aquel un buen momento para reflexionar sobre el mandato evangélico: “Por esta razón el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne.” Mateo: 19:5

 

La familia política

 

Hoy vamos a pensar sobre esa relación con la familia del otro. Lo primero que se me viene a la mente es la palabra “suegra”, ¡ni siquiera “suegro”! Se ha generalizado que la suegra es sinónimo de entrometida, alguien que se debe tener bien lejitos. Los chistes son innumerables. El tema es un paradigma social irreversible. 

 

Más de una vez se me ha solicitado que escriba cómo debe ser el comportamiento de una suegra y viceversa, el de una nuera. Me pide una suegra: “Escribe, escribe, cómo se debe respetar a las suegras”.

 

Regla de oro 

 

Una de las reglas de oro es comprender que uno, sea nuera o yerno, suegra o suegro, se convierte en la persona que se debe hacer querer, pues al hijo o a la hija ya se le quería.

 

Aquí vale la pena destacar lo que hay en el canto de la cabuya de parte y parte. La mamá de varones, tiene que aceptar que su nuera tirará más para la casa de sus papás, confiará más en su mamá que en su suegra, estará más a gusto en medio de sus hermanos y tíos y disfrutará más del ambiente donde creció. Por otro lado, el hombre añorará los sabores de la cocina de la casa de la mamá.

 

Anécdotas para aprender

 

Aquí un apunte de Gina, sobrina política, a quien su marido Joaquín, le reclamaba, al saborear una gelatina, el punto exacto de la textura de la gelatina que al llevársela a la boca le producía un no se qué, ¡que ni él mismo podía explicar! Y  eso lo lograban en la casa de su mamá. Hasta que Gina decidió que la gelatina se la hicieran en casa de su suegra. Asunto arreglado. 

 

Hablando del tema, me cuenta Eva María, que cuando se casó, entre los regalos que recibió, había un cuaderno de puño y letra de su suegra con las recetas de los platos que más le gustaban a su hijo Carlos. Suegra sabia.

 

Y no puedo dejar de mencionar el consejo que una vez le oí a  Clara Victoria: “Una suegra debe tener siempre la cartera abierta y la boca cerrada.”

 

Cada uno de los cónyuges aportará a ese nuevo hogar los valores de su familia de origen que deben aprender a conjugar para formar una nueva familia donde resplandezca lo mejor de cada uno. 

 

Consejos prácticos

 

1. Las dos por igual

 

Valora a las dos familias de origen por igual, porque son las raíces de la persona que queremos.

 

2.  Evita comparaciones

 

Nunca critiques, ni faltes al respeto y menos insultes a tu familia política. Romper relaciones: ¡Jamás! Evita las comparaciones: somos diferentes, no mejores ni peores.

 

3. Valora, disfruta

 

Valora a cada miembro de tu familia extensa y elige como disfrutar de su compañía.

 

4. Perdona y pide perdón

 

Los conflictos pueden llegar, hablarlos para solucionarlos. Pedir perdón y perdonar es un triunfo mayor que estancarse en el rencor.

 

5. Tú tampoco eres perfecto(a)

 

La familia es un regalo, son los cimientos de nuestra vida, así que aunque las relaciones no sean como nos gustaría, hay que dedicarle tiempo a escuchar, cuidar, aceptar, perdonar y disfrutar. No son perfectos, pero nosotros tampoco, gracias a Dios. 

 

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Tulia Martínez de Barrios, más conocida como “La Prince” es Orientadora Familiar de la Universidad de la Sabana y Universidad de Navarra (España). Fundadora de los colegios de la Asociación para la Enseñanza, Aspaen en Cartagena, Colombia. Asesora y consultora en temas de dirección, administración y gestión de la educación. Más artículos de este autor >

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