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Blogs LaFamilia.info - 04.08.2014

 

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Cada etapa recorrida ha sido un nuevo aprendizaje. Creo que ya estoy cursando el pregrado en educación de la primera infancia. A la fecha he presentado ya varios parciales de los cuales he debido realizar sustentaciones y recuperaciones. He tenido muy buenos tutores (mis papás, mi suegra, mi hermana y hermano, mis cuñadas, amigos, compañeros de trabajo) que ya han tenido la experiencia de educar, pero en algunos momentos sus teorías no han aplicado en mi caso.


Lo anterior me ha llevado a pensar que cada persona es diferente, única, especial e irrepetible. Que de acuerdo a su edad, cronológica y mental, a su contexto, formación en hábitos, y demás, tiene comportamientos distintos a los demás. Que no podemos generalizar ni ser radicales en las metas que deseamos alcanzar al educar. Además que debemos tener muy claro el género: masculino y femenino; que se hace indispensable conocer si nuestro hijo es único, el menor ó el mayor; con qué persona pasa la mayoría de su tiempo; si está ó no escolarizado y cuáles han sido los rasgos de autoridad en el hogar.


Todo lo anterior y muchos otros aspectos ayudarán a demarcar las características que nuestro hijo o hija presenta en el momento de verificar la calidad de la orientación y formación que estemos nosotros brindando como papás. Pero y cómo podemos llegar a verificar la calidad de nuestra labor? Una buena manera será a través de cada una de las respuestas dadas por nuestros hijos al obedecer, al decidir, al realizar una tarea, al alimentarse, al vestirse, al socializar, y otros factores que son visibles sólo en la práctica, en la cotidianidad.

 

Las primeras pataletas


Son preocupantes estas reacciones ante la negativa de los padres a las peticiones de los hijos. Sobre esto he debido leer y asesorarme bastante, pues todavía no han sido superadas.


Como primera medida es importante tener en cuenta en qué consiste una pataleta o berrinche. De acuerdo a la pediatra Olga Francisca Salazar Blanco, “los berrinches son una forma de protesta física de los niños, accesos de ira en los cuales se tiran al suelo, patalean y gritan. Generalmente están desencadenados por una frustración, al no poder hacer algo —como mantener en pie una torre de cubos—, no lograr algo —que le compren un juguete en el supermercado—, o por la contrariedad ante una orden que no es del agrado —no salir al parque—. Se ven favorecidas en algunos casos por el temperamento fuerte o agresivo, otras veces por límites muy severos en su crianza; además, el niño puede usarlas para saber cuándo un no significa realmente no o para probar y manipular a sus padres”. De allí que es indispensable que nosotros como padres de familia establezcamos normas claras desde pequeños y que podamos con amor, superar esta etapa normal, pero que es muy difícil de tolerar.


La autoridad se quiebra cuando hay límites muy severos o cuando pasamos a la permisividad para evitar que nuestros hijos formen una pataleta. A veces se presentan como reacción a situaciones que ya sabemos que se van a suscitar (ya predecibles) porque conocemos tanto las reacciones de los hijos que podríamos anticiparnos y estar preparados para que se minimicen o se anulen.


También dentro de la bibliografía consultada he podido verificar que como padres debemos aprender a manejar las reacciones negativas de los niños y niñas, sin desesperarnos, sin gritar o sin caer en la sobre protección. Hay muchos autores que aconsejan ignorar la pataleta (en mi caso no ha aplicado, pues mi hijo puede seguir llorando por horas); otros indican estar alertas para anticiparse a los signos que pueden ocasionar el berrinche para evitar que suceda, por ejemplo, si no se puede salir al parque, prever otro juego para distraerlo en algo también llamativo.


En muchas ocasiones las pataletas se hacen sentir como rebeldía a lo que en ese instante no se puede hacer u obtener. Por lo general, estas reacciones se presentan hasta los tres años aproximadamente. Según la Dra. Rosa Jové, “a partir de los dos años, entre los dos y los cuatro años, llega un momento en que los niños empiezan su independencia. Y esa independencia y ese razonamiento, la única manera que tiene el niño de probarlo es oponiéndose a lo que le dicen los padres. Es la manera que tiene de fraguar esa independencia. Entonces las pataletas son buenas, en este sentido, porque nos indican que nuestro hijo está empezando esa independencia. Los niños que no tienen pataletas suelen ser niños demasiado sumisos. Nadie quiere un hijo sumiso que de mayor no sepa pedir un aumento de sueldo, ni sepa pedir sus derechos, ni queremos una hija sumisa en su matrimonio de adulto. Eso empieza en esta más tierna infancia. El niño tiene una idea opuesta a la de su padre y mientras no entienda el porqué de lo que le dice su madre y su padre, él va a seguir manteniéndose con su idea”.


Pero, a pesar de conocer qué se debe hacer y cómo proceder ante estas situaciones, no resulta fácil realizarlo de la manera más asertiva. Por tanto, es necesario tener en cuenta que estamos educando niños y que nosotros los adultos somos los que damos los parámetros para guiar sus acciones.
Para ello es recomendable ante todo:


1. Conservar la calma. A pesar de lo difícil que esto pueda ser - pues entre el llanto y los gritos para el niño o niña conseguir lo que quiere, y sumado a lo anterior, el cansancio de los padres luego de una jornada laboral - es de admirar que el diálogo y la paciencia sean el as bajo la manga para ganar en esta tarea de educar, de perseverar para que resuelva los conflictos con asertividad desde los primeros años de vida.


2. Ayudar con incentivos la conducta apropiada. A veces nos fijamos en lo correctivo y dejamos de lado el incentivo cuando se realiza algo de manera correcta. Para ayudar a que se dejen de lado las pataletas, sería conveniente poder convencer con la sutileza más que con la violencia.


3. Comprender y tolerar. Advertir que el hijo está aprendiendo a tomar sus decisiones, que desea que se tenga en cuenta su opinión, que necesita la atención de sus padres, es una tarea necesaria. Lo anterior podría entenderse como manipulación por parte de ellos, pero en esta etapa es corriente que se presenten las pataletas. Y si, si se está llamando la atención de los padres. De pronto no se ha procedido de la mejor manera porque se impone la autoridad y muchas veces se deja de lado el poder de negociación.


4. Nunca tirar la toalla. Es normal errar en toda persona y en la tarea de educar fácilmente podemos caer en el ensayo y error. Por ello es conveniente poder tomar las riendas de la formación de los hijos, sin desistir, sin desfallecer. Ellos esperan de nosotros una mano que los ayude a levantar en los momentos difíciles, unos brazos cálidos que los abrace en la desesperanza y unas palabras alentadoras que los ayude a consolidar su proyecto de vida, desde pequeños. Papá y mamá son vitales en la formación de esa personita especial que Dios les ha entregado para gloria suya.

 

El control de esfínteres


Otra de las magnas tareas de los padres de familia es enseñar a sus hijos a controlar esfínteres, teniendo en cuenta que en la actualidad ha sido un poco delegada a los jardines infantiles o a la persona que los acompaña en casa mientras papá y mamá trabajan fuera de ella. Desde casa se aprende este hábito que da el indicio de que el hijo está creciendo y está aprendiendo a conocer su cuerpo, a manejar sus momentos de asistir al baño y de hacer sus necesidades. Es admirable cuando lo logran (fue uno de los hábitos que más alegría me ha dado) pues no es fácil para los niños, por ejemplo, dejar de jugar, para correr al baño.


Para muchos papás podría ser más fácil continuar con el uso del pañal hasta el momento en que sus hijos decidan no portarlo más; se evitarían horas de levantadas en la madrugada, lavado frecuente de las prendas, angustia en la búsqueda de un baño público, discusiones y regaños frecuentes. Pero es el adulto quien da las pautas en la formación de hábitos y debe acompañar a sus hijos en esta tarea.


Es más fácil retirar el pañal durante la jornada del día ya que se puede tener control frente a los tiempos de llevar al hijo al baño, con motivaciones, con felicitaciones cuando se logra utilizar este espacio para sus necesidades. Algunos padres de familia prefieren utilizar ayudas como vasenillas para bebés o aquellas bases que se colocan sobre los inodoros de adultos (mi hijo prefirió este último). Así mismo, unido a lo anterior en casa debe existir una butaca que les facilite alcanzar el lava manos para fortalecer el hábito de la higiene personal.


Cada vez que se alcanza la meta de dejar el pañal se debe ir fortaleciendo la auto estima del niño o de la niña porque es un logro que señala el nivel de auto control y de maduración. De acuerdo a la Dra. Francisca Montedonico, “el control de esfínter es uno de los grandes hitos en el desarrollo infantil. Es un proceso biológico, largamente determinado por la maduración neurológica del niño o niña, pero que también tiene implicancias emocionales y en el desarrollo psicológico.

 

El control que el niño/a adquiere sobre su propio cuerpo y sus funciones tiene relación con el control que tendrá en otros aspectos de su vida, con su sensación de logro, la percepción de sí mismo y la confianza en sus recursos personales. También-y en esto es importante el cómo los adultos manejen el proceso- con cuán respetado y validado se sienta el niño o niña”.


Cuando se van dando los ambientes para dejar de lado el uso de pañales, por ejemplo, si en la mañana al despertar el niño no lo ha mojado, se puede iniciar la consideración de que duerma sin estos, adecuando la cama con un protector para evitar que se moje el colchón cuando apenas se está aprendiendo a controlar esfínteres. Así mismo, el hecho de estar atentos en qué momento el niño o niña tiene la necesidad de ir al baño, por ejemplo, 10 o 15 minutos luego de comer, es un buen momento para ensayarlo. A veces les puede ocasionar temor, llanto, enfado, negación, el hecho de ir al baño y por ello los padres deben ser muy creativos. Cantar y contar historias son buenas estrategias para incentivarlos y lograr la meta propuesta.

 

La mejor experiencia


Sin lugar a dudas, ser mamá ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida pues no pensé realmente que se pudiera trascender tanto a través de un hijo. Una cosa son las teorías, lo que leemos, lo que creemos, y otra muy diferente la realidad. A veces es muy fácil dar consejos (me pasó muchas veces) y muy difícil tratar de conseguir lo que buscamos. Se vive con energía, con pasión y con convicción el rol de ser mamá. Se siente uno viva, necesaria, útil, querida y es maravilloso poder captar en esa personita, en el hijo, la ternura y la bondad de la creación divina. Tanta perfección! Es asombroso.


Les quiero compartir unos versos que escribí esperando que nuestro bebé llegara al hogar:


Desde antes de conocerte, ya te amaba.
No puedo dejar de pensar:
cómo serán tus ojitos, tu mirada!
no puedo dejar de soñar:
cómo será tu voz, tus manos, tus pies.
Desde antes de conocerte, ya te esperaba.

No puedo dejar de sentirte entre mis brazos,
oler el perfume de tu piel, acariciar tus mejillas sonrojadas,
porque desde antes de conocerte, ya te anhelaba.

Nacerás en un hogar lleno de amor para ti,
en donde papá y mamá serán tu soporte
en los momentos alegres y en los difíciles.
Estarás rodeado de ilusiones y esperanzas,
de alegría y de personas que te recibirán
como el ser más importante en sus vidas.

Desde antes de conocerte, ya me hacías feliz,
Y soñaba contigo.

 

***

 

VivianForeroBlogVivian Forero Besil

Licenciada en Educación Básica; especialista en Informática Educativa, en Gerencia de Instituciones Educativas y en Pedagogía e Investigación. Con amplia experiencia en docencia. Felizmente casada y madre de un hermoso bebé.

 

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