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LaFamilia.info
03.10.2011
Clasificación: Jóvenes 
Título original: The Tree of Life
Género: Drama
Dirección: Terrence Malick
Reparto: Brad Pitt, Sean Penn, Jessica Chastain, Fiona Shaw, Irene Bedard, Hunter McCracken
Duración: 139 minutos
País: Estados Unidos
Año: 2011

 

Es la historia de Jack O'Brien, el mayor de tres hermanos, que vive con sus padres. Pero enmarcada audazmente en el cosmos bajo la mirada divina, de modo que se convierte en sinfonía de belleza extraordinaria. Su existencia discurre en el seno materno, en su infancia a las puertas de la adolescencia en el Texas de los años 50, y en la actualidad. La existencia cotidiana, con muchos momentos felices por crecer en plena naturaleza, jugando con sus hermanos y amigos, y abrazado por el cariño materno, se ensombrece en parte por ese sufrimiento que forma parte de la vida, y al que no es ajeno un padre severo de modos autoritarios, al que no puede evitar juzgar y condenar.

 

Resulta difícil expresar con palabras lo que significa este poema visual y sonoro que funciona a modo de plegaria, se trata de una auténtica profesión de fe, algo nada corriente en los tiempos que corren. La película se inicia con una cita bíblica del libro de Job, que alude a cómo Dios concede y quita los bienes providencialmente, en muchas ocasiones sin que el hombre pueda entender por qué ocurre así. Y realmente el grandísimo y esquivo cineasta Terrence Malick (Malas tierras, Días del cielo, La delgada línea roja, El nuevo mundo) no hace otra cosa que seguir a los miembros de una familia católica -sobre todo a los padres y al hijo mayor-, que siempre se han apoyado en Dios, pero cuya fe se ve puesta a prueba -como la cualquier otro hijo de vecino- por los acontecimientos de la vida diaria. Y lo hace centrado el tiro en momentos ordinarios, agradables y desagradables, y manejando con voz en off los conceptos básicos que ayudan a configurar una vida lograda, donde son básicos el amor y el perdón. No faltan los momentos de duda, la prueba del sufrimiento, la rebelión contra Dios, la tentación del pragmatismo, la constación de que, citando a san Pablo, uno hace lo que no quiere.

 

Esta es verdaderamente una obra en la que no debe haber un verso suelto, todas las piezas son importantes. Los actores adultos -Brad Pitt, Jessica Chastain, Sean Penn- y los niños -Hunter McCraken sobre todo, pero también Laramie Eppler- están estupendos, aun siendo conscientes todos de que ninguno puede autodenominarse protagonista principal. Ellos están al servicio de una trama que les sobrepasa, y que pretende hablar nada más, ni nada menos, que del sentido de la existencia, de dónde venimos y adónde vamos. Por eso no es caprichoso, para nada, aunque sí valiente, que Malick nos entregue imágenes de gran belleza -compuestas por magos de los efectos visuales como Douglas Trumbell y Dan Glass, con el director de fotografía Emmanuel Lubezki- para mostrarnos un mundo primigenio en el que nada -y cuando decimos nada, queremos decir nada- ocurre por casualidad. O la estudiada banda sonora de la película, donde aparte de la música original de Alexander Desplat hay una selección exquisita de temas maravillosos de Mahler, Berlioz, Brahms, Schumann, Bach, Mozart, Jovanovic, Preisner...

El árbol de la vida, ha ganado por el momento, la Palma de Oro en Cannes 2011 y el Premio 2011 de la Crítica Internacional (Fipresci). *Decine21

 

Mirada católica
Queda así un conmovedor canto a la vida y una verdadera obra maestra, tanto en su utilización de los recursos fílmicos como en su valiente inmersión en la naturaleza trascendente pero herida del ser humano. Una inmersión para nada New Age y profundamente cristiana –y, en concreto, católica–, que afronta algunos de los perfiles más nucleares y complejos del ser humano, como la paternidad y la filiación, la gracia y el pecado, la fe y la voluntad, el sentido purificador del sufrimiento, el poder redentor del amor… y, finalmente, el arrepentimiento y el perdón como manifestaciones supremas de la libertad humana y de la providencia divina.

En cierta manera, el gran protagonista de esta película es Dios. Como decía la actriz francesa Arielle Dombasle, “Dios es el argumento más fascinante”. Y uno de los menos tratados por el cine, se podría añadir. Esta película lo trata, y de qué manera.*Aceprensa

VIDEO

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