ReL - 14.09.2018

 

Foto: Freepik 

 

¿Ha pasado de moda, definitivamente, el pudor? En una sociedad donde la escasez de ropa es considerada un signo de libertad, parece que habría que contestar que sí. Y, sin embargo, un artículo de Cathobel sostiene el profundo arraigo de esta virtud en la naturaleza humana. "¿Y si el pudor no ha dicho aún su última palabra?", se interroga. Y responde con el parecer de algunos expertos:

 

El pudor, al servicio de la libertad

 

Etimológicamente, el pudor remite a la “repulsión”. Solo posteriormente el término evoluciona para connotar un sentimiento de vergüenza. “Todas las referencias léxicas”, escribe la psicoanalista francesa Monique Selz, “apuntan a que la palabra ‘pudor’ proviene del latín ‘pudor’, derivado del verbo ‘pudere’, cuyo primer significado sería experimentar o inspirar un movimiento de repulsión, y que sería luego utilizado con el sentido de ‘causar vergüenza’”.

 

Para Monique Selz, es importante distinguir entre vergüenza y pudor: el pudor nos permite existir como seres singulares y ofrece un espacio privado, al abrigo de la mirada de los demás. La vergüenza surge más bien cuando se produce una intrusión en ese espacio.

 

Inès Pélissié du Rausas es doctora en Filosofía por la Universidad de la Sorbona y autora de numerosas obras, entre ellas ¡Por favor, háblame del amor!, dirigida a los padres para sus hijos jóvenes y preadolescentes. 

 

Ella sostiene que la vergüenza, cuando se convierte en una palanca para el pudor, puede tener un “valor positivo”: el pudor remitiría no tanto a la vergüenza de uno mismo como al deseo de ser respetado por el conjunto de todo lo que nos constituye como sujeto. La vergüenza nace entonces del riesgo que representa el deseo sexual, deseo que el sujeto puede suscitar, a riesgo de ser reducido a ese deseo. “La vergüenza aparece como el signo del respeto a uno mismo a través del respeto que se demuestra al cuerpo en el acto mismo de cubrirlo”.

 

Inès Pélissié du Rausas escribe además: "El pudor, como deseo de 'proteger lo mío', remite a la conciencia de su propio valor que tiene quien lo experimenta... ¿No es acaso porque experimenta ese respeto a sí mismo, que el hombre siente vergüenza ante aquello que percibe que, de una manera o de otra, puede degradarle?... Percatarse de un riesgo, ¿no es una condición necesaria para preservarse de él? Pues bien, el pudor es precisamente la percepción de una especie de 'peligro' que amenaza el ser: la manifestación de un deseo -propio o del otro- que ya no se integra en la totalidad de la persona, sino que tiende a su autonomía, solo se interesa en el cuerpo".

 

En ese mismo espíritu, según el Catecismo de la Iglesia Católica, el pudor significa, en la persona, la conciencia de su dignidad: "Las formas que reviste el pudor varían de una cultura a otra. Sin embargo, en todas partes constituye la intuición de una dignidad espiritual propia al hombre" (n. 2524).

 

Pudor del alma

 

Ahora bien, para Inès Pélissié du Rausas, el pudor no es solamente del cuerpo. Tomando la expresión de San Agustín, ella evoca así el “pudor del alma”, que remite al “temor a la exteriorización de la intimidad”: se trata de "un temor que apela al respeto al propio yo, pues rechaza que sea expuesto, menospreciado y tal vez incomprendido aquello que pertenece a la intimidad de la persona... Indica que esa intimidad existe, y remite a lo más profundo de la persona".

 

La intimidad no se revela si no es en un clima de confianza, y el velo del “pudor del alma” solo puede caer cuando las personas están unidas por un profundo respeto.

 

Pero ¿qué es la intimidad? Lo íntimo es, en primer lugar, lo que solo me pertenece a mí; luego, lo íntimo es lo que solo nos pertenece a nosotros. Pascal Janne (profesor extraordinario en la Facultad de Psicología y de Ciencias de la Educación de la Universidad Católica de Lovaina), la profesora Christine Reynaert (de la misma universidad) y la escritora Catherina Lamy-Bergot distinguen entre la intimidad intelectual, la intimidad emocional, la intimidad conyugal y familiar y la intimidad económica, por no citar más que algunas. Destaquemos que, para estos autores, la intimidad sexual no es sino una categoría entre todas las que constituyen la intimidad plena y completa. Ciertas formas de intimidad se reservan a la vida conyugal, otras, por el contrario, son características de la amistad o incluso del vínculo filial o fraternal.

 

Pudor y castidad

 

Además, el teólogo dominico Raphaël Sineux vincula el pudor a la castidad, esa virtud que hace posible "la unidad interior del hombre en ser corporal y espiritual" (Catecismo, n. 2337).

 

Esta unidad interior implica que se contempla el cuerpo en su vocación de ser santificado, y no con un espíritu de codicia y concupiscencia. El pudor “invita a vigilar los sentidos, y a prohibirles todo movimiento que no se justificaría como expresión de un afecto legítimo”, escribe el padre Sineux. El pudor es una especie de repulsión “que experimenta el alma ante todo lo que ofendería a la castidad”. El pudor es así de gran ayuda cuando se trata de restablecer al ser humano en su integridad primigenia, en esa unidad armoniosa a la que está llamado.

 

Estas distintas ópticas aclaran el pudor bajo muchos ángulos, permitiendo que salgan a la luz al menos tres razones de ser subyacentes: deseo de respeto, deseo de intimidad y de autonomía, y deseo de santificación. El pudor no tiene, pues, nada de arcaico. Al contrario, surge incluso para funcionar como una palanca de afirmación del individuo. La afirmación de sí mismo para por la capacidad de reconocer hasta qué punto el cuerpo no pude reducirse a su materialidad. Merece pues un respeto muy especial. Al mismo tiempo, el pudor puede materializar, a nivel de los comportamientos y actitudes sobre todo de la vestimenta, el estatus del individuo como sujeto singular, incluyendo una dimensión de intimidad. En fin, esta intimidad es el umbral a partir del cual es posible la vida espiritual. La intimidad es entonces un espacio disponible para Dios, la apertura a una libertad que tiene a Dios como principio. ¿Por qué tendría entonces el pudor que parecer anticuado? 

 

*Traducción de Carmelo López-Arias de ReL

 

Por LaFamilia.info 

 

 Foto: Freepik

 

El estrés es uno de los males de nuestro tiempo. La cantidad de compromisos y responsabilidades que muchas veces nos ponen al límite afectan la salud tanto física como emocional, lo que tarde o temprano termina cobrando factura…

 

Ahora bien, ¿se puede evitar el estrés? Pues la respuesta es un rotundo “sí”. Tal como existen circunstancias que se salen de las manos, hay muchas otras que es posible ejercer control sobre ellas. Estas claves ayudarán a lograrlo:

 

1. Aprender a delegar 

 

Quiere decir suministrar tareas a otros que están en capacidad de llevarlas a cabo, algunas veces, con la misma entereza con la que la habría hecho uno mismo. Es una forma de aligerar las cargas, valiéndose de las herramientas que le rodean para cumplir con un propósito. Cuando alguien pretende ocuparse de todo, lo más normal es que colapse en algún momento. Saber delegar, del mismo modo que pedir ayuda, es creer en las aptitudes de los otros y depositar en ellos un voto de confianza.

 

2. Planear, programar, organizar

 

La falta de previsión es la principal fuente de tensión en muchas personas. La planeación brinda seguridad y dominio de la situación, de esta forma se elimina toda posibilidad de estrés. Basta hacer la preparación de una reunión o simplemente del día a día, para ver el alivio que se siente. También es importante evitar el afán, pues el mal uso del tiempo provoca tensión.

 

3. Priorizar

 

Evaluar de acuerdo a la importancia y proceder en consecuencia. Asimismo, desarrollar la habilidad para detectar las situaciones importantes de las urgentes.

 

4. Ser asertivos 

 

Comprometerse con lo que puede cumplir. Recordemos que la asertividad brinda la destreza de expresar una negación ante asuntos que no se está en capacidad de atender. Cuando se asumen tantas responsabilidades, seguramente se hará mucho pero tal vez no muy bien. (Ver también: El arte de saber decir “no”).

 

5. Realizar alguna actividad física 

 

Está comprobado que el ejercicio es una excelente forma de canalizar las tensiones del quehacer diario. Existen muchas terapias para encontrar tranquilidad, entre las recomendadas por médicos y sicólogos, se encuentra la realización habitual de actividades agradables (hobbies, deporte, lectura, música…) que “bajan las revoluciones” y generan paz interior.

 

6. Establecer límites conmigo mismo 

 

Cada quien se auto concede el permiso de dejarse abatir por la tensión, o de lo contrario, hacerle frente valiéndose de la serenidad y el autodominio para impedir que haga estragos.

 

Colaboración FamilyandMedia.eu – 30.04.2018

 

 

 

¿Sabías que en Gran Bretaña la media de tiempo que los adultos pasan delante de las pantallas del móvil o de la televisión es de 8 horas y 41 minutos? Mucho más que el tiempo pasado en la cama durmiendo. Y todavía más. Según otros estudios, tomamos y usamos nuestro móvil...¡ 2.617 veces al día!

 

Otra investigación sostiene que, para el 80% de las personas, la primera cosa que hacen al levantarse es… acceder a Facebook. Podría continuar. La lista de datos similares es muy larga y aparecen en multitud de estudios. Los expertos la definen adicción digital, o sea, la dependencia de lo digital. Una dependencia que en algunos casos puede desembocar en una auténtica obsesión, con fuertes y serias repercusiones sobre nuestra vida cotidiana e incluso sobre nuestra salud.

 

Una nueva web para aprender a defendernos de la dependencia digital

 

Quizá es oportuno empezar a formular (y sobre todo mantener) buenos propósitos digitales con nosotros mismos, examinando nuestra relación con la tecnología. En esa dirección nos puede dar algún consejo útil la página web It is time to log off. Los editores de esta web se autodefinen la casa del digital detox. 

 

¿Qué es el digital detox? Es un enfoque que tiene como objetivo promover un uso consciente e inteligente del digital, a través de un lento pero progresivo desapego. De hecho no es otra cosa que un proceso de desintoxicación, hecho a través de pequeños pero decisivos gestos. Algún ejemplo: desactivar las notificaciones email y de las redes sociales durante el trabajo o en los fines de semana, resistir a la tentación de tomar el móvil cada 5 minutos, no usarlo durante las comidas, apagarlo por la noche…

 

La web ofrece sobre todo una lista de datos y curiosidades sobre la cada vez más difundida obsesión por el digital. Como las cifras apenas insinuadas al inicio del artículo, se trata de estadísticas realmente inmisericordes. En el último decenio smartphone, tableta, ordenador y todos los otros dispositivos electrónicos y digitales se han convertido en una auténtica extensión de nuestro cuerpo. Muchos tienen miedo de quedarse desconectados y entran incluso en pánico si están con el móvil sin batería y sin saldo. Además, esta sobredosis digital termina incidiendo también sobre nuestro umbral de atención, capacidad de memoria y sobre nuestra productividad en el trabajo y, a menudo, también sobre nuestras relaciones sociales, sobre nuestras emociones y sobre nuestros sentimientos. Un comportamiento que, según algunos psicólogos, puede llevar en algunos casos a manifestar auténticas patologías, relacionadas con el aumento del estrés y del nivel de ansiedad, la pérdida de memoria o de la capacidad de concentrarse. Enfermedades modernas que tienen su “origen” en la pantalla del móvil y en nuestro miedo de quedar aislados, fuera del mundo.

 

En este caso, los expertos hablan de nomofobia, un neologismo nacido de la abreviatura de no-mobile-phone phobia, es decir el miedo de estar desconectados - o de perder el control - del propio teléfono móvil.

 

Las soluciones para salir de la dependencia digital: la dieta del 5:2

 

¿Es necesario entonces resignarse a la esclavitud de una dependencia digital, o existen vías de escape?

 

La página web It is time to log off  ha estudiado para los propios lectores una específica dieta digital, la del 5:2. ¿Qué quiere decir? Significa 5 días de uso normal de la tecnología y 2 días de completa abstinencia, para acostumbrar a nuestra mente a una lenta pero constante y progresiva desintoxicación. 

 

La lógica de esta dieta tecnológica es la misma que la dieta alimenticia, donde se alternan carbohidratos y proteínas, y se come por ejemplo la carne o la pasta dos veces por semana, para dejar más espacio a frutas, cereales y verduras. El objetivo es encontrar un equilibrio en nuestra relación con el digital, con pequeños pasos, sin traumáticos y repentinos ayunos, que pueden revelarse dañinos y contraproducentes, exactamente como sucede con la alimentación. De esta manera, mente y cuerpo se acostumbran a un lento pero progresivo desapego que nos hará parecer natural no encender por fuerza la televisión o la tableta durante nuestras jornadas.

 

Cinco consejos útiles para tener siempre en mente

 

Pero más allá de la dieta del 5:2, la página It is time to log off  nos da otros 5 consejos útiles.

 

1. Comprar un despertador de mesilla, de los de la abuela para entendernos. Es el primer paso para limitar el uso impropio del móvil en la habitación. De esta forma el móvil ya no será la última cosa que controlaremos por la noche antes de dormirnos y la primera por la mañana cuando nos despertamos.

 

2. Programar fines de semana sin tableta ni móvil. Durante los fines de semana, sin los compromisos laborales, es más fácil disminuir el uso de la tecnología. Empecemos el viernes por la noche, desinstalando por ejemplo las aplicaciones de las redes sociales o el correo electrónico y esperemos al lunes por la mañana para instalarlas otra vez.

 

3. Dejemos de hacer fotos solo con el móvil. Uno de los motivos más frecuentes por los que usamos continuamente un móvil es el uso compulsivo de la videocámara. Hacemos fotos y selfies ya en todas partes: por la calle, mientras conducimos, en el metro, en el parque… Apenas hace diez años, cuando los móviles no tenían cámara, se hacían fotos solo en vacaciones o al máximo durante el fin de semana, no a todas horas. Rescatemos del baúl la vieja querida Polaroid, si realmente queremos hacer fotos, y dejemos de lado la opción videocámara de nuestro teléfono.

 

4. Hagamos deporte, largas caminatas y leamos libros. A veces basta tener el cuerpo y la mente ocupados con pequeñas y simples cosas, para alejar de sí la tentación de tomar el móvil o la tableta. También una bonita conversación en familia o con los amigos puede ser un buen método para alejarnos de las tentaciones tecnológicas. Pero también leer un buen libro es siempre una de las mejores soluciones.

 

5. ¡Nada de smartphones en la mesa! En los años 50 el enemigo de la convivencia en la mesa era el periódico en papel. Después de algunos decenios fue la televisión la que ocupó el lugar como “cabeza de familia”. En los últimos años, es superfluo subrayarlo, el móvil junto a los cubiertos es el enemigo a combatir. También por una cuestión de educación y etiqueta.

 

Empecemos a poner en práctica estos buenos propósitos digitales, ¡quizá precisamente a partir de este fin de semana!

 

*Colaboración de www.FamilyandMedia.eu para LaFamilia.info  

 

ReL/HacerFamilia - 25.06.2018

 

Foto: Freepik 

 

Las buenas maneras son la expresión de lo mejor que hay en nosotros para darnos a los demás, como una muestra de respeto y atención, además expresan el nivel de conciencia que tenemos hacia la dignidad de los otros.

 

Conchita Requero y Alex J. Packer, educador y psicólogo, señalan en la revista Hacer Familia 10 ventajas inmediatas de los buenos modales.

 

1. Los buenos modales tranquilizan a la gente. La gente tranquila aceptará más fácilmente lo que les pidas.

 

2. Los buenos modales impresionan a la gente. La gente impresionada por tu buen comportamiento tiende a tratarte con más respeto.

 

3. Los buenos modales ayudan a construir tu autoestima. Los jóvenes con autoestima consiguen lo que quieren en la vida más fácilmente.

 

4. Los buenos modales son atractivos. Los chicos y chicas que saben estar suelen tener los amigos y las relaciones que quieren.

 

5. Los buenos modales hacen la vida más fácil, permiten que la gente viva y trabaje con los demás sin fricciones innecesarias. Esto hace que tu día a día sea más placentero.

 

6. Los buenos modales te pueden evitar líos. Los jóvenes que saben qué hacer si accidentalmente topan con la persona equivocada tienen menos probabilidades de meterse en líos.

 

7. Los buenos modales son admirables. Los jóvenes que los reflejan son mejor mirados por los adultos.

 

8. Los buenos modales te hacen sentir bien. Puedes llevar la cabeza bien alta sabiendo que haces todo lo que puedes para evitar que la descortesía campe a sus anchas.

 

9. Los buenos modales hacen que los demás se sientan bien. Puedes llegar a crear un mundo donde las personas se traten unos a otros con cariño, respeto y compasión.

 

10. Los buenos modales no cuestan. Puedes tener lo mejor, gratis.

 

vivirconsalud.com - 23.02.2018

 

Foto: Freepik 

 

Desde que nacemos nos esperan 4 etapas de la vida importantes. Sin embargo, muchas veces no somos conscientes de estas etapas y de las crisis que hay en cada una de ellas, conocerlas es fundamental para afrontarlas de la manera adecuada. 

 

La infancia

 

La primera de las etapas de la vida no podría ser otra que la infancia. Pero, ¿qué tipo de crisis pueden existir en uno de los periodos más dulces para el ser humano?

 

Sin duda alguna, el hogar y los padres. Muchos son los niños que se crían en familias desestructuradas, inestables y donde no se les transmite el cariño que necesitan. Algunos de estos niños tendrán heridas emocionales y carencias que se manifestarán en su vida adulta y les causarán graves problemas para relacionarse con los demás.

 

Compartir tiempo de calidad con los más pequeños, permitirles ser niños, que jueguen, que disfruten de la vida y que no tengan que ser el objetivo de las frustraciones de los adultos será necesario para evitar una de las primeras grandes crisis que se manifestarán con el tiempo.

 

La adolescencia y la juventud

 

La adolescencia es un periodo clave en la formación de la personalidad. Aquí es donde hay una mayor presión por sentirse bien con uno mismo y, también, por encajar en el mundo. 

 

Es en esta etapa donde se gestan las primeras crisis relacionadas con el cuerpo. Cumplir con los cánones de belleza, o el hecho de sucumbir ante llamadas de atención sobre el físico, puede provocar diversos problemas.

 

Establecer vínculos saludables con las demás personas y solucionar cuanto antes cualquier problema que pueda suceder y que tenga como consecuencias la baja autoestima e incluso la depresión será esencial.

 

Los adolescentes pronto pasarán a ser jóvenes adultos que verán potenciados todos esos problemas no solventados y que repercutirán de forma importante en su vida.

 

La madurez

 

Esta es una etapa de la vida caracterizada por la estabilidad, pero donde la crisis también tiene su cabida. Tener un trabajo estable, pero que quizás nos aburre, o estar presionados por tener una familia e hijos puede abrumarnos en esta etapa tan importante de nuestra existencia.

 

Muchas personas no se atreven a cambiar de trabajo y los que lo hacen pasan por una crisis que a veces cuesta superar porque la decisión podría haber sido mejor.

 

En cuanto a formar una familia, las personas en esta etapa intentan escapar de la temida soledad y sus ansias por encontrar pareja o formar una familia debido a la presión social puede hacer que terminen con quien no quieren estar. Es importante no dejarse guiar por lo que otros dicen o por todas esos comentarios de “te va a dejar el tren” que, aunque no lo creamos, existen.

 

La vejez

 

Ya hemos cumplido tres de las etapas de la vida y ahora nos encontramos en la última, la vejez, donde la jubilación se hace presente y podemos gozar más de la vida.

 

Esta etapa se caracteriza a veces por la soledad. Aquellas personas cuyos hijos se han ido a hacer su vida o cuya pareja ha fallecido pueden encontrarse con un hogar silencioso que los suma en una depresión.

 

No obstante, es un momento vital para poder hacer todo aquello que nos apetece y que nunca hemos podido hacer. Viajar, conocer nuevas personas y realizar actividades que nos llenen de alegría… Todo esto es posible con ganas y con actitud.

 

Cada una de las etapas de la vida tiene su lado positivo y negativo. No obstante, lo realmente esencial es poder vivir cada una de ellas de forma plena, tal y como queremos y siendo siempre nosotros mismos. La vida pasa deprisa y no estamos para perder el tiempo experimentándola con desazón. Hagamos lo posible para que nuestro paso por este mundo sea enriquecedor e intentemos centrarnos siempre en el aquí y el ahora.

 

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