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ReL – 27.03.2017

 

En este tiempo de reflexión, es bueno hacer un alto en el camino para proponernos verdaderos cambios en nuestra vida, no sólo para ser más felices sino para mejorar nuestro entorno. Las siguientes son pequeños gestos del día a día que ayudarán en este propósito. 

 

1. Reconcíliate con aquel familiar o amigo del que estás distanciado. Hazle una llamada; escríbele una carta o mándale un simple Whatsapp. Dile que ya es hora de hablar, de sentarse a charlar, de desenmarañar esos entuertos...

 

2. Dile a tus padres, a tus abuelos, a tu mujer o tu marido, a tus hijos... que los quieres. A lo mejor nunca les has dicho a tus padres: gracias. Agradecer todo lo que han hecho por ti en su vida. Sus sacrificios, sus renuncias...

 

3. Reza por un difunto. Es la mejor forma de ayudarle. Darle las gracias por su vida y pedirle a Dios que lo tenga cerca de Él lo antes posible.

 

4. Visita a un anciano, a una persona sola o a un enfermo. Da igual la excusa. Lo agradecerán seguro. "Pierde el tiempo" con ellos. Abrázalos. Hazles sentir que los quieres.

 

5. Juega con tus hijos, o con los hijos del vecino o de un amigo. Y juega a lo que te digan. ¿A muñecas? Pues a muñecas. A fútbol, pues a darle al balón. "¡Pero si tengo 70 años!". Ponte de portero...

 

6. Felicita los cumpleaños de tus familiares y amigos. Esa fecha es muy especial para todos. Si no recibimos llamadas de los más cercanos nos venimos abajo pensando que no somos queridos. Apúntate los cumpleaños de todas las personas que quieras, o bien bájate alguna aplicación en tu móvil. Y llámales o mándales un mensaje por el móvil. Con este pequeño gesto ya habrás hecho a una persona feliz...

 

7. No juzgues ni critiques. Sí, ya sé que Manolito es un pelmazo, pero no sabes su historia ni por qué se comporta así. Ayúdale; no le critiques. Y pídele al Espíritu Santo que te muestre cómo Dios ama a esta persona y cómo lo comprende. Pídele que te dé el don de amar a Manolito como Dios le ama... Sí, así de ambicioso.

 

8. Regala una sonrisa. Aunque sea una al día. Pero que no te vayas a dormir sin haber regalado una sonrisa.

 

9. Deja de gruñir y de protestar. Suprime las quejas. Posiblemente tengas razón en muchos de tus desahogos... pero no construyen ninguna relación. Más bien destruyen y crean rencores que envenenan el corazón y el ambiente. Proponte abstenerte de gruñir, protestar o reñir, al menos una vez al día.  

 

10. Gracias, perdón, por favor. Acostúmbrate a utilizar esas tres palabras con los que te rodean.

 

11. Confía en Dios. Ten fe. Dale la oportunidad de que haga milagros en tu vida. Confíale aquel problema que no te deja vivir, o esa cruz que se te hace cada vez más pesada. Pídele al Señor que se encargue Él y que haga el milagro. Deja de lado tus fuerzas y cédele todo el protagonismo... y ten confianza.

 

12. Da gracias a Dios. Dale gracias al Señor todas las mañanas por ese día, por todo lo bueno que te va a pasar... por tu vida entera. "¡Es que he tenido muchos problemas!" Sí, seguro; la vida es dura. "Es un valle de lágrimas", como dice la oración. Pero alaba al Señor por todo lo bueno que te ha dado a lo largo de tu vida. Alábale con fuerza aunque no tengas ganas. Tu felicidad depende, en buena medida, de reconocer que Dios te ama y te bendice todos los días, y que todo lo bueno que eres y que tienes te lo ha dado Él.

 

13. Dale las gracias a aquella persona que fue un ángel de la guarda en tu vida. A lo mejor fue un amigo que te defendió en aquella pelea; o un maestro que confió en ti cuando tú considerabas que no valías nada. También alguien que te dio una primera oportunidad en el trabajo... Aunque hayan pasado 30 años... dale las gracias. Dile por teléfono, carta o Whatsapp que todavía recuerdas lo que significó ese gesto contigo, y que por eso le das las gracias, ya que esa acción te cambió la vida.

 

14. Sé tú un ángel de la guarda. Dale la oportunidad a alguien. Aunque sea un desconocido. Si eres empresario, contrata a un empleado más. "Es que no lo necesito". Haz un pequeño esfuerzo. A esa persona le puede cambiar la vida ese gesto. A un compañero de escuela o de trabajo que esté aislado, acógele. Habla con él, muestra interés por sus cosas... dale confianza. Intenta intregrarle entre los compañeros. Transmíteles los aspectos de su personalidad más atrayentes... Sé su ángel de la guarda.

 

15. Mira a los ojos a un indigente. No lo rehuyas. Si puedes darle alguna ayuda, adelante, pero si no llevas nada párate un momento y mírale a los ojos. Escúchale. Intenta comprenderle. Transmítele amor con tu mirada. Si puedes abrazarle o cogerle las manos, hazlo. Sonríele y dale una palabra de esperanza.

 

16. Deja de ser un fiscal acusador de ti mismo. No te juzgues tan duramente. Sé un poco más indulgente contigo mismo. Al menos una vez al día no te acuses con fiereza por haber hecho tan mal aquél asunto.

 

17. Y no seas fiscal acusador de los demás. Al menos una vez al día no corrijas con dureza a los demás.

 

18. Visita a un preso en la cárcel. "¡Pero si no conozco a ninguno!". Vale. Contacta con los grupos que van todas las semanas a las cárceles. 

 

19. Ofrece una ayuda económica a organizaciones caritativas. Que ayudará a paliar las dificultades de los más débiles de la sociedad. Basta con unas monedas, pero si tienes más...

 

20. ¿Necesitas algo? Es una buena pregunta que podemos hacer, una vez al día, a alguna persona que nos encontremos.

 

*Publicado originalmente en ReL

 

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