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LaFamilia.info
30.03.2007

 

 

Muchas veces encontramos difícil convivir con ciertas personas porque hay en ellas características objetables e indeseables. Sin embargo tenemos que aprender a convivir con ellas a pesar de lo mucho que nos enervan.

 

¿Pero cómo aceptar a estas personas que tanto nos irritan y llevar con ellas una sana convivencia? Lo primero es tener en cuenta que por lo general esas características que encuentra tan objetables, pueden ser las mismas que usted tiene y que no le gusta aceptar:

 

Si usted es una persona indisciplinada, puede tender a juzgar duramente a las personas que cree son perezosas. Ver rasgos indeseables en otros sólo sirve para recordarle sus propias debilidades. Es este reflejo de sí mismo el que encuentra tan objetable. Por esta razón, una persona egocéntrica es la primera en hacer notar lo egoísta que es otra persona.

 

También es posible despreciar a otra persona aún sin asociarla con un rasgo especial. Cualquier debilidad en otro le trae a la mente sus propias fallas. De hecho, usted puede no simpatizar con alguien porque tampoco puede aceptar ciertos aspectos de sí mismo. Como no logra asimilar sus propias ineptitudes y fallas, entonces desdeña cualquier debilidad en los demás.

 

Un rechazo categórico de una característica de otra persona, bien puede tener origen en su pasado. Cualquier persona que posea una característica que usted rechaza, puede ser el resultado de una asociación con alguien en su pasado, generando un rechazo automático.

 

Soluciones

 

Maneje bien su reacción y aprovéchela como una oportunidad de aprendizaje:
Recuerde, “aquel que lo irrita lo domina”. ¿Por qué darle a otro tanto control sobre sus sentimientos? En lugar de desperdiciar tanta energía valiosa sintiendo aversión por esa persona, use esto como una bendición del cielo para hacerse un autoexamen. En todo caso, agradezca que esta característica tan aborrecible sea tan obvia en la otra persona y no en usted.

 

Acéptese a usted mismo y a los demás con todos sus defectos:
Nadie es perfecto. Cada cual hace lo mejor que puede, aunque no lo crea. Perdónele a los demás sus defectos de carácter y sus rasgos irritantes. Aprenda a perdonarse a usted mismo. Si se juzga duramente a usted, no podrá evitar juzgar duramente a los demás. De modo que la manera más rápida de perdonar y aceptar a los otros tal como son, es empezando por hacerlo con usted mismo.

 

Encuéntrele algo bueno a esa persona que tanto lo irrita:
No importa quién sea esa persona, tiene que tener algo digno de respeto o de admiración. Considere qué puede hacer para cultivar la misma cualidad en usted mismo. Tal vez no tenga que llevarla a esos extremos, pero por lo menos puede apreciarla en su justo valor y procurar cultivarla de manera más equilibrada.

 

Recuerde una regla de oro:
Tenemos la elección de mirar las dos caras de la moneda: la positiva o la negativa. ¿Por qué no adopta como filosofía de vida mirar siempre lo positivo de cada persona?

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