Por LaFamilia.info
 
Foto: Pixabay
 

El comienzo de un año es el momento más común para emprender nuevas metas. Algunas personas, se fijan propósitos para comenzar una vida sana, hacer ejercicio, dejar de fumar. Otras, se proponen mejoras a nivel personal, familiar y conyugal. Lo cierto es que cualquier propósito, por pequeño o grande que sea, pone a prueba nuestra fuerza de voluntad.

 

La voluntad es la capacidad que nos mueve a hacer las cosas de manera intencionada, por encima de las tentaciones, contratiempos y estados de ánimo. La voluntad se logra a partir de un esfuerzo continuado, el cual finalmente otorga el autodominio.

 

Por eso, la clave para cumplir y permanecer firmes ante los propósitos que nos planteamos a principios del año, es la voluntad.

 

10 Reglas de oro para educar la voluntad

 

Enrique Rojas, autor del libro “La conquista de la voluntad”, recopila en 10 ideas, las reglas principales para educar la voluntad, que lejos de ser simples recetas de cocina, son una invitación a pasar de la teoría a la práctica.

 

1. La voluntad necesita un aprendizaje gradual, que se consigue con la repetición de actos en donde uno se vence, lucha y cae, y vuelve a empezar. A esto se le llama hábito. Hay que adquirir hábitos positivos mediante la repetición de conductas, de forma deportiva y alegre, que van inclinando la balanza hacia comportamientos mejores, más maduros y que, a la larga, se agradecerán, pero que, en las primeras etapas, cuestan mucho trabajo, puesto que la voluntad está aún en estado primario, sin dominar.

 

2. Para tener voluntad hay que empezar por negarse o vencerse en los gustos, los estímulos y las inclinaciones inmediatas. Esto es lo realmente difícil. La voluntad es liberadora. ¿En qué consiste ser libre? ¿Qué es liberarse? Significa poder moverse sin coacciones, eximiéndose de obstáculos y dependencias que distraigan del mejor trayecto personal. La voluntad libera e inicia el vuelo hacia la realización del proyecto personal y de la felicidad. Liberación no es hacer lo que uno quiere o seguir los dictados inmediatos de lo que deseamos, sino vencerse en pequeñas luchas titánicas para alcanzar las mejores cimas del propio desarrollo.

 

3. Cualquier aprendizaje se adquiere con más facilidad a medida que la motivación es mayor. Estar motivado implica estar preparado para apuntar hacia el mejor blanco. El que no sabe lo que quiere, el que no tiene la ilusión de alcanzar algo, difícilmente tendrá la voluntad preparada para la lucha.

 

4. Tener objetivos claros, precisos, bien delimitados y estables. Cuando esto es así y se ponen todas las fuerzas en ir hacia delante, los resultados positivos están a la vuelta de la esquina, y no tiene cabida la dispersión de objetivos, ni tampoco querer abarcar más de lo que uno puede. Por eso produce mucha paz aplicarse en esos propósitos, siendo capaz de apartar todo lo que pueda distraernos o alejarnos de las metas.

 

5. Toda educación de la voluntad tiene un fondo ascético, especialmente en sus comienzos. Hay que saber conducir las ansias juveniles hacia una meta que merezca realmente la pena. Una vez llegados a este punto: las grandes ambiciones, las mejores aventuras, brotan de algo pequeño, que crece y se hace caudaloso a medida que la lucha personal no cede, no baja la guardia, insistiendo una y otra vez.

 

6. A medida que se tiene más voluntad, uno se gobierna mejor a sí mismo, no dejándose llevar por el estímulo inmediato. El dominio personal es uno de los más extraordinarios retos, que nos elevan por encima de las circunstancias. Se consigue así una segunda naturaleza. Uno no hace lo que le apetece, ni escoge lo más fácil y llevadero, sino que se dirige hacia lo que es mejor. Cuando la voluntad es más sólida, esa persona ya ni se plantea el cansancio que ha supuesto o sus apetencias, sino lo que sabe que será más positivo para ella de cara a los objetivos diseñados.

 

7. Una persona con voluntad alcanza las metas que se había propuesto con constancia. Es importante tener presentes las piezas instrumentales de la voluntad: el orden, la tenacidad, la disciplina, la alegría constante y la mirada puesta en el futuro, en la meta.

 

8. Es importante llegar a una buena proporción entre los objetivos y los instrumentos que utilicemos para obtenerlos; es decir, buscar la armonía entre fines y medios. Hay que intentar una ecuación adecuada entre aptitudes y limitaciones, pretender sacar lo mejor que hay en uno mismo, poniendo en marcha la motivación, configurada gracias a las ilusiones, así como el orden, la constancia, la alegría y la autoridad sobre nosotros mismos, para no ceder ni un ápice en lo propuesto.

 

9. Una buena y suficiente educación de la voluntad es un indicador de madurez de la personalidad. No hay que olvidar que cualquier avance de la voluntad se acrecienta con su uso y se hace más eficaz a medida que se incorpora con firmeza en el patrimonio psicológico de cada uno de nosotros.

 

10. La educación de la voluntad no tiene fin. Esto significa que el hombre es una sinfonía siempre incompleta, y que, haber alcanzado un buen nivel no quiere decir que se esté siempre abonado al mismo, ya que las circunstancias de la vida pueden conducir a posiciones insólitas, inesperadas, difíciles o que obligan a reorganizar parte de la estructura del proyecto personal.

 

*“La conquista de la voluntad” de Enrique Rojas. Ed. Temas de Hoy. Madrid-España.

 

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