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Por LaFamilia.info

 

20142212vFoto: Pixabay 

 

Hemos llegado a la etapa final de un ciclo y es el momento de presentarse -a sí mismo- el balance de cuentas.

 

Además de las celebraciones, reuniones y buenos deseos que trae el fin de año, es la oportunidad para hacer balances -tanto personal como profesional-, sobre el tiempo transcurrido. Así pues, se considera que un año es un ciclo, el cual comprende un inicio y un fin, y aunque la vida no se termina cuando el reloj muestra la medianoche del treinta y uno de diciembre, sí es la clausura de un período de la vida que merece cierta reflexión.

 

Una pausa en el camino

 

Tal como al comienzo del año se acostumbra hacer una proyección del futuro, también es importante echar un vistazo atrás y hacer un recuento de los sucesos negativos y positivos que acontecieron.

 

Esta actividad es una buena estrategia para auto-reconocer las fortalezas, lo que servirá para afianzar la autoestima y la seguridad en las propias capacidades. Además, sirve para abonar el terreno que está por venir, y una vez más, aprender de los errores, que deberán traducirse en oportunidades de mejora.

 

Este es un ejercicio que brinda claridad mental, al mismo tiempo permite medir el desempeño personal -por ejemplo la constancia y el compromiso- para así buscar el mejoramiento continuo que implica el desarrollo humano.

 

Claves para realizar el balance personal

 

El balance personal es una forma de conectarse con sigo mismo, por eso debe realizarse sin prisas, aunque cada quien marca su estilo, lo importante es no empezar un nuevo año sin haber hecho una pausa antes.

 

Para ello, la sicóloga clínica Mariely Said propone las siguientes claves publicadas en un artículo del diario La Tercera de Chile:

 

- Realizar un balance de fin de año es hacer un alto en el camino que puede resultar beneficioso. Mirar hacia atrás implica ver aquello que nos propusimos y logramos y aquello que deseamos pero no pudimos alcanzar.


- Este recuento es una oportunidad de crecer, independiente de que al final sea positivo o negativo, pues permite un aprendizaje.


- Existe la tendencia a recordar sólo lo malo, aquello que no pudimos lograr y que nos causa frustración. Sin embargo, la satisfacción en la vida no depende sólo de los éxitos, sino de aprender a disfrutar de las cosas sencillas, de aquello que logramos y de lo que tenemos hoy.


- Cada momento difícil que afrontamos trae consigo una oportunidad en la vida, una madurez distinta, mayor empatía y cercanía con los demás. “La desesperanza nos invade cuando nos preocupamos tanto de lo que nos hizo sufrir en el pasado que no miramos hacia el futuro”, explica Said.


- Hacer planes a futuro puede ser altamente motivante para las personas, pues se convierten en una guía a seguir. A la larga servirán para evaluar qué metas logramos alcanzar y aceptar aquello que podemos o no cambiar.


- Expresar en público algunas de nuestras metas ayudará a generar un grado de compromiso con lo que decimos. “El desafío es pasar de las palabras a la acción, cumplir aquellos que decimos y hacer lo que soñamos”, enfatiza la sicóloga.


- Lo importante es evitar las frustraciones por aquello que queríamos y no alcanzamos a realizar durante el año. Said enfatiza que “cuando las personas llegan al final de su vidas no piden que les traigan sus diplomas, sino quieren estar rodeados de aquellos a quienes aman. La sabiduría consiste en aprender esto lo antes posible”.

 

Paso a paso del balance personal

 

Si alguna vez se sentó con papel en mano para señalar los propósitos del año, es hora de sacarlos del cajón; de esta manera se facilitarán las cosas. Si de lo contrario, los propósitos quedaron guardados en el disco duro de la mente, entonces hay que recordar con esmero uno por uno.

 

Aunque no existe un procedimiento estándar, se podría considerar dentro de la evaluación los puntos a continuación:

 

Logros alcanzados: es importante ser lo más claro y sincero posible, pues no es el balance que se le presenta al jefe, sino a uno mismo. Se deberá repasar cada meta trazada, su objetivo y plazo de cumplimiento. Aquellos logros alcanzados, deberán ser motivo de satisfacción y fuente de motivación hacia nuevas conquistas.


Metas inconclusas: una vez repasadas las metas alcanzadas, hay que revisar aquellas inconclusas. No se trata de sentir frustración por lo que no se logró, sino más bien se busca aprender de los errores y comenzar un nuevo año con una actitud ganadora. Tal vez evalúe si era una meta demasiado ambiciosa o irreal.


También habrá que reflexionar sobre aquellas metas que cada año hacen parte de la lista de propósitos y en diciembre aún están sin cumplir. Vale la pena identificar qué impide que este propósito se lleve a cabo; si son condiciones personales y ajenas a cada quien, o si de lo contrario dependen de la voluntad propia.

 

Aspectos por mejorar: es el objetivo principal de todo balance, pues el ejercicio carecería de sentido si no incluyera esta última fase. De las experiencias se aprende y gracias a este tipo de reflexiones, se acrecienta el conocimiento propio, lo cual se traduce en beneficios para el desarrollo personas y las relaciones con los demás.


Al culminar esta valoración, debe quedar un sentimiento de esperanza y actitud positiva hacia el nuevo ciclo que empieza. Nunca una actitud derrotada, sino un norte claro para seguir.

 

 

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