LaFamilia.info
15.03.2010

 

 

En la raíz de bastantes de las adversidades que ocurren en la vida, encontraremos que fue la debilidad de la voluntad lo que nos llevó o por lo menos ayudó, a que nos encontráramos en esa situación que nos contraría.

 

Basta identificar que la mayoría de los peligros (como la infidelidad, el poder, el dinero…) y los vicios (al cigarrillo, alcohol, drogas, sexo, juego…) están relacionados con la frágil fuerza de voluntad. Y es que es ella, la que nos da la fortaleza para elegir lo que nos favorece y descartar lo que nos hace daño.

 

Cuando no se ha educado adecuadamente la voluntad, se pierde el dominio de sí mismo, acercándose a la condición animal, sujeta a los instintos y vencida por los deseos, sin ninguna clase de control; a diferencia del ser humano, quien ha sido dotado de la capacidad para razonar, hacer juicios y elegir. La voluntad es la herramienta que tiene el hombre para ser cada día mejor y encaminarse hacia el bien. También, es la capacidad que nos mueve a hacer las cosas de manera intencionada, por encima de las dificultades, los contratiempos y el estado de ánimo.

 

Educar la voluntad

 

Para el autor Stephen Covey, “Voluntad es mantener los compromisos con nosotros mismos de hacer lo que decimos. Es respetarse a sí mismo”; efectivamente la ausencia de voluntad, además de afectar a otras personas, también se convierte en una falta con nosotros mismos.

 

Pese a que reconocemos que necesitamos fortalecer la voluntad, que nos estamos maltratando a nosotros mismos y a los que nos rodean, ¿por qué continuamos fallando?. La respuesta es sencilla: no se ha educado la voluntad. El camino fácil y cargado de placer superfluo, es a simple vista bastante atractivo, pero casi siempre termina mal. Es por esto, que la voluntad, al igual que los otros valores, nos abre el camino para ser felices.

 

Formar la voluntad es un proceso, cuesta esfuerzo pero no es imposible, y es muy grato cuando se reconquista el autodominio y empieza a gobernar un “yo” con plena libertad.

 

Podemos comparar a la voluntad con los músculos de nuestro cuerpo, estos últimos se vuelven más frágiles en la medida que dejan de ejercitarse. Lo mismo ocurre con la voluntad: cada situación que requiere esfuerzo es una magnífica oportunidad para robustecerla, de otra forma, se adormece y se traduce en falta de carácter, irresponsabilidad, pereza, inconstancia...

 

Fuente: encuentra.com

 

Más sobre este tema:
Libro virtual “La educación de la voluntad” de Javier Abad Gómez

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