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LaFamilia.info
31.05.2010

 

 

Es propio de la interacción humana las diferencias, el choque de opiniones y el contraste de criterios. El conflicto es inherente a las personas y cuando se evita a toda costa se está cerrando una gran oportunidad de aprendizaje y mejora, entre otras cosas. De otro lado, cuando al conflicto no se le da el tratamiento adecuado, causa bastante daño y en lugar de construir, puede destruir intensamente, muchas veces ocasionando daños irremediables. Así pues, se debe aprender a enmarcar el conflicto dentro de un debate respetuoso, compuesto de argumentos de peso, para finalmente alcanzar una negociación de ganar-ganar.

 

Siendo el conflicto una realidad cotidiana, se convierte en una necesidad comprender su dinámica y la forma de resolverlo de la manera más asertiva posible.

 

El conflicto en las relaciones humanas

 

En cualquier ámbito de desarrollo de la persona -social, laboral, familiar, matrimonial- se van a presentar contrariedades, por el solo hecho de que somos seres únicos, en donde cada quien tiene un modo diferente de ver y afrontar las situaciones. Por esto mismo, hablar de un estado nulo de conflictos, es una utopía.

 

Evitar totalmente el conflicto tampoco es una solución sana. El ser humano necesita expresarse, pues cuando se represan los sentimientos, tarde o temprano saldrán a la luz y hay bastantes probabilidades que cuando esta carga emocional explote, no se exteriorice de la manera más adecuada.

 

No obstante, a sabiendas de la importancia de su manejo, algunas veces las cargas emocionales negativas dominan las situaciones y hacen que se torne en una guerra de intereses que deteriora la relación y afecta notablemente a sus implicados. Cómo hacer para no llegar a este punto crítico, es la clave. Las siguientes reglas de oro, facilitan herramientas para afrontar los conflictos de la mejor forma.

 

Reglas de oro para el manejo de conflictos

 

  • Respeto y más respeto: este valor es definitivo en el contexto del conflicto. Cuando se falta al respeto, ya sea con gritos, insultos, malas palabras, acusaciones fuertes, etc. difícilmente se llevará a un buen término la negociación.

  •  

    La forma de decir las cosas: es un complemento del punto anterior. La mayoría de las veces, la forma determina el cauce del conflicto.

    Escucha activa y permanente: en ciertas ocasiones es tanta la ira que la persona no se permite escuchar, cuando es aquí donde más se necesita prestar atención a los sentimientos del otro.

  •  

    Validar al otro: demostrar que está escuchando, que lo respeta, que le da la importancia que merece, aunque no esté de acuerdo con él/ella o no comparta su misma teoría.

  •  

    Autocontrol: dentro del conflicto es posible que aparezcan elementos como la rabia, la soberbia, el orgullo, el egoísmo… los cuales sesgan la información, entorpecen la comunicación y dificultan el hallazgo de las soluciones.

  •  

    Actitud flexible: no cerrarse ni negar las posibilidades de abrir el horizonte. No todas las veces se tiene la razón y habrá que reconocer que hay que mejorar en ciertos puntos débiles.

  •  

    El momento adecuado: algunos conflictos no surgen espontáneamente sino que existe una predisposición o alguna clase de planeación. De ser así, se tendrá que elegir el momento en que las partes se encuentren en estado de tranquilidad, recordemos que los períodos emocionales alterados no son los precisos para llegar a un acuerdo.

  •  

    Proponer y buscar soluciones: de un conflicto siempre deben surgir soluciones, pues de lo contrario no se logrará sanar el problema de raíz y lo más seguro es que se vuelva a repetir.

 

"Las personas efectivas no se orientan hacia los problemas, sino hacia las oportunidades". Stephen R. Covey

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