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LaFamilia.info
23.03.2009

 

 

Muchas veces los inconvenientes que nos ofrece la vida, nos hacen perder la paz interior e incluso nuestra propia estabilidad mental, produciéndonos alteraciones de todo tipo. Por tanto, es fundamental buscar la estabilidad personal.

 

¿Cómo mantener nuestra estabilidad personal?

 

Hay que empezar por aceptarse a sí mismo. Usted es como es y desde ahí, poco a poco, puede ir mejorando. Las personas no cambiamos de la noche a la mañana, se necesita un proceso.

 

Las fuerzas que equilibran nuestra mente son tres: El amor, la tolerancia y la compasión. Estas tres poderosas fuerzas equilibran la mente y abren el corazón.

 

Viva en el presente: Mire el pasado con cariño, sin dolor y el futuro con esperanza, sin que le cree ansiedad o desasosiego.

 

Trabaje en conocerse: Esfuércese en saber qué le pasa y por qué. Luche constantemente por superarse. No se conforme con lo que es.

 

Viva su vida: No deje que nadie la viva por usted. Cada persona es individual y tiene su propio camino.

 

Trate de ponerse en el lugar de la otra persona con comprensión, con amor, de esta forma entenderá muchas de las cosas que suceden.

 

Aprenda a vivir la vida como es: No genere sufrimiento ni en usted ni en nada o nadie que lo rodee.

 

Mire la vida con distintos ojos: Hay muchas cosas y situaciones que están en la vida y se nos escapan porque no sabemos mirar..

 

Haga todo lo posible por sentirse bien: respetando el bienestar de los otros. Si se siente mal, perturbará incluso a los que te aman. La depresión y la ansiedad son contagiosos. Nadie puede soportar esa vibración continuamente. Cuando se sienta en esos estados de ánimo, piense en los otros, atienda sus necesidades y no se permita desfallecer.

 

Mejore las relaciones con su entorno y con los demás. No sea nunca un inconformista. Modifique su actitud. No se apegue en exceso, ni demande seguridad absoluta.

 

Aprenda a ser psicológicamente independiente, pero sabe que necesita a los otros y que nos humanizamos al reconocer nuestras necesidades. No pierda nunca su identidad.

 

No reniegue de su forma de ser, sino que propóngase a mejorar aquello que tiene como debilidad. Porque no estamos evolucionados por completo, estamos en el camino de la evolución.

 

Porque estamos vivos: es normal sentirse deprimido, ansioso, aburrido o desconcertado. Debe aprender a usar esas fuerzas para expandirse, crecer, madurar y amar. Tampoco se derrumbe ante el fracaso. Reconcíliese con los que le han hecho daño.

 

Fuente: Buzón Católico

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