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Ojocientifico.com
01.07.2014

 

Hay personas que se caracterizan por compartir demasiada información sobre su vida personal en las redes sociales, y esto es cada vez más común. ¿A qué se debe? ¿Qué pasa en nuestro cerebro con las redes sociales?

 

Investigaciones realizadas en Harvard llegan a la conclusión de que, al compartir determinados pensamientos en Facebook, el cerebro activa el sistema de recompensa neuroquímica de mayor forma que si solamente compartimos cosas neutras, por ejemplo, una frase de alguna película, una canción, etcétera.

 

Por otra parte, Elizabeth Bernstein, socióloga del Wall Street Journal, dijo que compartir determinados hechos en redes sociales no solo está directamente relacionado con la nueva forma de vida que llevamos, en la que la privacidad ha dejado de ser importante, sino que también muchas personas consiguen controlar la ansiedad mediante la sobreexposición de sus sentimientos y pensamientos más profundos.

 

Por si fuera poco, en nuestro cerebro existe un mecanismo que se llama autorregulación, pero, ¿cómo funciona? Cuando hablamos con alguien, nuestro cerebro actúa rápidamente para intentar impresionar al otro: queremos parecer atractivos, inteligentes e interesantes. Al hacer ese esfuerzo, el cerebro tiene menor capacidad para filtrar qué decimos y a quién.

 

¿Por qué actuamos diferente en Internet?

 

Russell W. Belk, presidente de marketing de la Universidad de York, ha investigado por qué hay personas que son reservadas en la vida real y sin embargo cuentan todo por Internet. Él considera que nuestra relación con las redes sociales está generando en cada individuo una idea más compleja de lo que pensamos que somos. Internet nos permite construir nuestra identidad de una forma que nunca habíamos hecho.

 

Por un lado, nos permite ser invisibles, por lo que tiene un efecto desinhibidor. Cuando hablamos cara a cara, lo que hacemos genera una respuesta inmediata en nuestro interlocutor, sin embargo, cuando compartimos algo en una red social, no vemos las reacciones inmediatas; aunque la ironía radica en que, si bien cuando compartimos somos “invisibles”, cientos de miles de personas pueden llegar a ver lo que publicamos o compartimos.

 

De esta forma, se consigue construir un “yo” en línea que puede diferir de cómo se es cara a cara. Esto en ocasiones puede ser terapéutico, pero en otros puntos, sobre compartir cosas en redes sociales puede significar una necesidad de volverse famoso.

 

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