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Alianza Lafamilia.info y el Instituto de La Familia U.Sabana - 15.02.2016

 

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Está comprobado que al llegar a la mediana edad, alrededor de los 44 años, el nivel de satisfacción de hombres y mujeres experimenta una fuerte caída. Pero, como una curva en ‘U’, después de esta tensionante etapa, se asoma una felicidad distinta, casi como una segunda vida.

 

“Cuando cumplí 39 años me puse extensiones en el pelo y adelgacé. Quería sentirme muy joven y moderna…”. Laura es una mujer que tiene 43 años de edad, 16 de matrimonio, dos hijos, carrera en educación, un MBA y muchas preguntas: ¿Estoy haciendo lo que quiero profesionalmente? ¿Cómo va mi matrimonio?... Ella está experimentando la crisis de los 40.

 

El psicoanalista canadiense Elliott Jaques, en 1965, popularizó el término mid-life (crisis de la mediana edad) como el punto en que la gente deja de crecer para empezar a envejecer. Según estimaciones del doctor Laurence Steinberg, profesor de Temple University, en EUA, 50% de las mujeres y 40% de los hombres pasan por una revaluación de la vida alrededor de los 40 años. 15% de ambos grupos sufre una crisis aguda debido a confrontaciones internas. Por eso, el caso de Laura no es una excepción.

 

Una aflicción monástica


Hay que decir que aunque el concepto de mid-life crisis es contemporáneo, el padecimiento es añejo. Fue en el siglo IV, cuando un monje asceta enclavado en el desierto egipcio reconoció entre sus hermanos una aflicción muy peculiar de la vida monástica: la acidia, sinónimo de desidia, pereza, flojera. Evagrio Póntico (345-399), también monje y asceta cristiano apodado “El solitario”, en el aislamiento de su celda, enumeró por primera vez los pecados capitales.

 

En aquel entonces, la cuenta sumó ocho y no siete. Entre la gula, la avaricia y la lujuria se encontraba la acidia. Más tarde, este vicio, junto con la tristeza, fue incluido en la pereza y desapareció definitivamente de la selecta lista.

 

El filósofo Alejandro Armenta, profesor de la escuela de negocios IPADE, explica que, siglos más adelante, la iconografía medieval retrata a la acidia como una mujer vieja y fea. “De su cuerpo cuelgan harapos, mientras que de su cabeza un paño negro, pues la mente se embota”. La mujer está sentada sobre una banca, su cabeza yace sobre la mano izquierda. El lenguaje corporal está lleno de significados: “La tristeza es capaz de postrar al hombre, de paralizarlo”, añade. Con la otra mano, la mujer aguanta un pez torpedo, que con una descarga eléctrica puede “entumecer el cuerpo de quien lo toca”.

 

Ya en el siglo XIX los psiquiatras retomaron el término de acidia para describir una condición mental de tristeza y apatía, amargura de espíritu, pérdida de vivacidad y pronunciada desesperación.

 

La crisis de los 40


El demonio de la acidia ataca al medio día, es decir, a la mitad de la existencia del ser. Así, con una expectativa de vida de 80 años, esta crisis se puede manifestar alrededor de los 40. En este momento, cobra gran importancia el concepto de mortalidad y el tiempo de vida restante. Según el doctor Elliott Jaques, nos encontramos con nuestras limitaciones, nuestras posibilidades restringidas y nuestra mortalidad.

 

Este es el momento en que muchos hombres y mujeres evalúan su vida; dónde se encuentran parados en cuanto a familia, profesión y calidad de existencia. Para muchas personas puede ser traumático darse cuenta que no han alcanzado los objetivos que se habían fijado y que, probablemente, nunca los alcanzarán.

 

¿Eso es todo?, se preguntan algunos individuos en plena crisis. Pasaron años pensando que recorrían la senda correcta. En su juventud, hicieron lo que se esperaba de ellos, siguieron el consejo de un mentor o trataron de demostrar que sí podían. Al final, la presión social los arrastró por la vida.

 

Alrededor de los 40, algunas personas empiezan una búsqueda de nuevas razones que signifiquen satisfacción. En varios casos, esta tarea es incierta y puede tener diferentes caras, desde un cambio de trabajo, hasta actividades recreativas nunca antes practicadas o una pareja más joven.

 

La buena noticia: vuelve la felicidad

 

Los académicos han medido el nivel de satisfacción a través de variables como depresión, ansiedad, bienestar mental, felicidad y complacencia con la vida. Y encontraron que universalmente, el nivel de satisfacción se hunde cuando las personas llegan a la mediana edad, en promedio, cuando cumplen los 44 años. Pero después de esta etapa, la felicidad aumenta consistentemente. Según esta curva de satisfacción, la felicidad de una persona de 20 años es similar a la de una de 70.

 

 

Artículo editado para LaFamilia.info. Tomado de Apuntes de Familia, edición 14-12/11.  Autora: Paloma Ramírez, Economista. Instituto de La Familia, Universidad de La Sabana. Derechos reservados.

 

 

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