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Fernando Rodríguez-Borlado/Aceprensa - 16.06.2017

 

Foto: Freepik 

 

Los returnships son programas de re-entrenamiento laboral que algunas empresas ofrecen a mujeres que han abandonado por un tiempo largo el mercado laboral, frecuentemente por razones familiares. Si se diseñan bien, pueden ser una gran oportunidad para recuperar talento femenino.

 

En la gran mayoría de los países europeos, la brecha laboral de la mujer respecto al hombre, en términos de salario y de puestos directivos, es especialmente grande para las madres. Lo mismo ocurre en Estados Unidos: mientras que las diferencias por sexo se han ido reduciendo en las últimas décadas, la penalización por la maternidad apenas ha sufrido cambios.

 

La práctica de hacer una pausa larga o abandonar definitivamente el trabajo por razones familiares es muy frecuente entre las norteamericanas con hijos. Según una encuesta de 2015, un 40% de ellas había optado por la primera opción, y un 27% adicional por la segunda.

 

Para evitar esta sangría de talento femenino, cada vez más compañías están ofreciendo a sus exempleadas programas de actualización que les permitan incorporarse de nuevo a su puesto. Se llaman returnships (de return, regreso, e internship, contrato de prácticas). Surgieron en la banca, donde se han hecho más comunes (Goldman Sachs, Credit Suisse, Morgan Stanley, J.P. Morgan…), y han ido extendiéndose a otros ámbitos, como el de las empresas tecnológicas.

 

No obstante, como explicaba un artículo de The Atlantic, todavía se circunscriben casi únicamente a empleos “de cuello blanco”, precisamente donde menos se necesitan, pues estas trabajadoras suelen estar casadas con profesionales de su misma cualificación y, por tanto, muchas podrían permitirse abandonar completamente su trayectoria profesional. Otro problema es que, por ahora, la oferta de plazas es mucho menor que la demanda.

 

Según Tami Forman, directora ejecutiva de una organización sin ánimo de lucro que diseña y ofrece a las empresas programas de returnship, estas iniciativas son vistas como una oportunidad de negocio en las empresas tecnológicas porque permiten “repescar” a muchas mujeres con gran talento, algo por lo que este tipo de compañías pelean a diario.

 

El apoyo de otras mujeres en la misma situación es importante, señala Jennifer Gefsky, cofundadora de Après, una plataforma digital para extrabajadoras con largos espacios en blanco en sus trayectorias laborales. La cooperación y los ejemplos de éxito son necesarios para superar la brecha de confianza o autoestima de las mujeres respecto a los hombres, que afecta especialmente a las que han abandonado temporalmente el empleo.

 

No obstante, para que los programas de returnship sean efectivos no basta con una red de apoyo emocional: es necesario también que la empresa diseñe un plan de formación que cubra de verdad las lagunas profesionales que hayan podido surgir durante el periodo de vacancia; que ofrezca “trabajo real”, y no simples tareas administrativas o “de relleno”, que es lo que a veces ocurre con los internshipsde los recién graduados.

 

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Por LaFamilia.info - 05.08.2016

 

20160808dllopFoto: Freepik 

 

El mundo laboral está migrando hacia nuevos horizontes. Las estructuras rígidas cada vez se hacen obsoletas y todo apunta a estándares más flexibles e igualmente eficientes. De ahí que una organización pueda funcionar perfectamente a través de colaboradores que se encuentran en diferentes sitios, ciudades e incluso países, conectados entre sí gracias a las nuevas tecnologías. Por eso, cada vez es más común el teletrabajo o también llamado “home office”, la modalidad laboral en la que el trabajador desempeña su actividad desde casa tal como lo haría en una oficina.

 

Esto sin duda representa muchas ventajas tanto para las empresas como para los trabajadores, entre las que se destacan la posibilidad de conciliar la vida laboral y la personal. No obstante, este modo de trabajo requiere autodisciplina y buen manejo del tiempo. Los siguientes son algunos consejos para los principiantes en el tema:

 

1. Acondiciona un lugar de la casa para trabajar

 

No se puede trabajar desde el sofá, la cama o el comedor. Es muy importante tener un espacio tipo oficina, con una buena silla, escritorio, iluminación y ventilación. Esto facilitará la concentración, el orden y también el bienestar como trabajador.

 

2. Levántate temprano

 

El hecho que no tengas que desplazarte a una oficina, no quiere decir que puedas dormir hasta la hora que quieras. Pon el despertador, levántate y comienza la jornada laboral como si fueras para tu lugar de trabajo.

 

3. Báñate apenas te levantes

 

Muchas personas comienzan a trabajar sin asearse y cuando menos piensan ya es media tarde y aún están en pijama! Tomar una ducha a primera hora hace que te despiertes, estés más fresco y concentrado para empezar la jornada.

 

4. Establece los objetivos a cumplir

 

La improvisación en esta modalidad laboral no es una buena idea. Por eso, a primera hora del día, revisa los objetivos que tengas que cumplir y organiza la jornada para hacerlo, así tendrás un mejor manejo del tiempo.

 

5. No trabajes de noche

 

A no ser que tu trabajo así l exija. Pero no trabajes de noche cuando tienes el día entero para hacerlo. Las horas nocturnas deben dedicarse al descanso, las actividades sociales, familiares, etc.

 

6. Haz pausas cortas

 

Así como lo harías en una oficina. Camina un poco, come algo, y retoma el trabajo.

 

7. Concéntrate en una sola tarea

 

No estés picando entre la computadora y la organización de la casa, por ejemplo. Cada actividad a su debido tiempo.

 

8. Sal de casa

 

Cuando finalices los objetivos del día realiza alguna actividad fuera de casa: date una pasada por el supermercado, haz las diligencias pendientes, ve al parque con tus hijos, a cenar con tu pareja, haz deporte… ¡despéjate un poco! Con el paso de los días el encierro puede volverse algo tedioso e incluso poco conveniente para el bienestar emocional. También puedes trabajar algunas veces desde un café, una biblioteca de la ciudad o un sitio al aire libre. 

 

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LaFamilia.info - 13.04.2015

 

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La práctica de valores mejora las relaciones laborales e incrementa la productividad de los colaboradores.

 

No hace falta profundizar en las consecuencias de la falta de valores en una oficina, basta mencionar la falta de cooperación, los comentarios negativos y murmuraciones, el fastidio que provoca asistir un día más a trabajar, el nulo interés por hacer bien las cosas o el poco respeto que se vive entre todos.


No obstante, crear un ambiente con calidad humana depende de la intención y las actitudes individuales, así desde la organización exista voluntad por promover un clima armónico entre sus empleados. Es por eso que cada quien puede generar un impacto positivo si se esfuerza por llevar a la práctica los siguientes valores:


1. Docilidad


Es necesario reconocer que existen personas con más experiencia o práctica en el trabajo, lo cual nos enriquece y contribuye a mejorar nuestro desempeño. Aprenda a escuchar consejos y seguir indicaciones. Déjese ayudar. Cuando no esté de acuerdo en algo actúe con inteligencia, reflexione sobre el punto y después exprese sus comentarios en el momento y a la persona adecuada. Esto le ayudará a ser más sencillo y participativo logrando un verdadero trabajo en equipo.


2. Orden y responsabilidad


Un equipo de trabajo es un sistema en el que todos se afectan de alguna manera por los actos particulares. Por eso, en la medida que sea ordenado en su puesto de trabajo y responsable a cabalidad de sus funciones, ayudará a que otros también lo sean, además permitirá que los procesos laborales fluyan de forma eficiente.


3. Respeto


El respeto se entiende mejor cuando procuramos tratar a los demás de la manera en que deseamos ser atendidos, saludar, emplear un vocabulario adecuado, pedir las cosas amablemente, dejar el sanitario en perfectas condiciones después de usarlo y evitar inmiscuirse en la vida privada de los demás, son formas de vivir este valor en la oficina.


Es de suma importancia evitar un ambiente donde se murmura y crítica a espaldas de los interesados, respecto a su trabajo o la vida personal, costumbres y modo de vestir. Si no se puede decir algo positivo, lo mejor es callar.


4. Decencia


Se debe evitar a toda costa la coquetería con los compañeros de trabajo. Las buenas relaciones nunca deben dar lugar a comentarios que hagan dudar de su prestigio personal. Cuidar la forma de vestir y las posturas provocativas. La atención y el trato que debemos a los demás, jamás deben confundirse con caricias o familiarismos que no corresponden al lugar ni a la relación profesional que impera.


5. Servicio


La convivencia se hace más agradable cuando existe la ayuda mutua: adelantarse a servir el café, colaborar en el trabajo de los demás, ofrecerse a buscar unos documentos, ceder un lugar a la hora de la reunión o limpiar un desperfecto en las áreas comunes, son pequeñas acciones que todos agradecemos.


Lo más difícil es pasar de la teoría a la práctica, del entusiasmo al esfuerzo continuo, pero sobre todo, reconocer que en todo lugar y en medio de nuestras actividades cotidianas, existe la oportunidad de vivir los valores de manera natural.


En verdad existen oficinas donde se respira armonía y tranquilidad, pero siempre se cuenta con el empeño individual por hacer del trabajo un lugar agradable. Las buenas costumbres y atenciones a todos nos agradan y basta que una persona viva los valores para comenzar a contagiar a los demás y dar ejemplo, esa es la clave de la buena convivencia y de las relaciones perdurables.


Fuente: Encuentra.com

 

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LaVanguardia.com

 

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Foto: news.harvard.edu

 

Así lo afirma el prominente neurocientífico, psicólogo, investigador y profesor de Harvard, Howard Gardner, autor de la teoría de las inteligencias múltiples, la que lo hizo acreedor al Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2011. 

 

Gardner asegura que “aprender es el único antídoto contra la vejez y yo lo tomo cada día en Harvard con mis alumnos. Es tonto clasificar a los humanos en listos y tontos, porque cada uno de nosotros es único e inclasificable”.

 

El neurocientifico revela en una entrevista concedida al periódico La Vanguardia que la ética y el desempeño profesional van de la mano.

 

Por qué cuestiona que la inteligencia es lo que miden los tests?

Howard Gardner: Porque yo soy un científico y hago experimentos y, cuando mido la inteligencia de las personas, descubro que algunas son muy buenas solucionando problemas pero malas explicándolos. Y a otras les pasa lo contrario.

 

¿Y si hay personas diversas es porque también tiene que haber diversos talentos?

HG: Por eso he dedicado 400 páginas a describir siete tipos de inteligencia: lingüística, lógico-matemática, musical, espacial, cinético-corporal, interpersonal e intrapersonal.

 

¿Y por qué no muchas más: la culinaria o la mística o la teatral o la ecológica?

HG: Porque no cumplen los requisitos que sí cumplen esas. Y espero acabar demostrando que además hay una inteligencia naturalista, otra pedagógica y otra existencial para plantearnos preguntas trascendentes. Pero no más.

 

Hoy los colegios ya plantean sus programas según esas inteligencias múltiples.

HG: Y yo no me dirigía a los pedagogos, pero fueron ellos los primeros que adoptaron mis teorías.

 

¿Por qué?

HG: Porque comprobaban cada día en las aulas que las categorías de tonto o listo no cubren la diversidad del talento humano. Y, por tanto, que los tests de inteligencia no miden realmente nuestras capacidades, sino sólo la de resolverlos.

 

Su teoría, además, era cómoda para consolar a niños con malas notas y a sus papás.

HG: Se abusó de ella al principio porque no se comprendió bien. En Australia, la administración la manipuló para explicar que había grupos étnicos que tenían inteligencias diferentes de otros.

 

¡Qué peligro!

HG: En ese punto, empecé también a preguntarme por la ética de la inteligencia y por qué personas consideradas triunfadoras y geniales en la política, las finanzas, la ciencia, la medicina u otros campos hacían cosas malas para todos y, a menudo, ni siquiera buenas para ellas mismas.

 

Esa ya es una pregunta filosófica

HG: Pero yo soy un científico e inicié un experimento en Harvard, el Goodwork Project, para el que entrevisté a más de 1.200 individuos.

 

¿Por qué hay excelentes profesionales que son malas personas?

HG: Descubrimos que no los hay. En realidad, las malas personas no puedan ser profesionales excelentes. No llegan a serlo nunca. Tal vez tengan pericia técnica, pero no son excelentes.

 

A mí se me ocurren algunas excepciones...

HG: Lo que hemos comprobado es que los mejores profesionales son siempre E C E: excelentes, comprometidos y éticos.

 

¿No puedes ser excelente como profesional pero un mal bicho como persona?

HG: No, porque no alcanzas la excelencia si no vas más allá de satisfacer tu ego, tu ambición o tu avaricia. Si no te comprometes, por tanto, con objetivos que van más allá de tus necesidades para servir las de todos. Y eso exige ética.

 

Para hacerte rico, a menudo estorba

HG: Pero sin principios éticos puedes llegar a ser rico, sí, o técnicamente bueno, pero no excelente.

 

Resulta tranquilizador saberlo

HG: Hoy no tanto, porque también hemos descubierto que los jóvenes aceptan la necesidad de ética, pero no al iniciar la carrera, porque creen que sin dar codazos no triunfarán. Ven la ética como el lujo de quienes ya han logrado el éxito.

 

“Señor, hazme casto, pero no ahora”.

HG: Como san Agustín, en efecto. Otra mirada estrecha lleva a estudiantes y profesionales comodones a ser lo que consideramos inerciales, es decir, a dejarse llevar por la inercia social e ir a la universidad, porque es lo que toca tras la secundaria; y a trabajar, porque es lo que toca tras la universidad..., pero sin darlo todo nunca.

 

Sin ilusión, la vida se queda en obligación

HG: Y otros son transaccional es: en clase cumplen lo mínimo y sólo estudian por el título; y después en su trabajo cumplen lo justo por el sueldo, pero sin interesarse de verdad limitan su interés y dedicación. Y son mediocres en todo.

 

¿No descubren algún día de su vida algo que les interese realmente?

HG: Algunos no, y es uno de los motivos de las grandes crisis de la madurez, cuando se dan cuenta de que no hay una segunda juventud. Otra causa es la falta de estudios humanísticos: Filosofía, Literatura, Historia del Pensamiento...

 

¡Qué alegría! Alguien las cree necesarias...

HG: Puedes vivir sin filosofía, pero peor. En un experimento con ingenieros del MIT descubrimos que quienes no habían estudiado humanidades, cuando llegaban a los 40 y 50, eran más propensos a sufrir crisis y depresiones.

 

¿Por qué?

HG: Porque las ingenierías y estudios tecnológicos acaban dándote una sensación de control sobre tu vida en el fondo irreal: sólo te concentras en lo que tiene solución y en las preguntas con respuesta. Y durante años las hallas. Pero, cuando con la madurez descubres que en realidad es imposible controlarlo todo, te desorientas.

 

¿En qué país influyó más su teoría de las inteligencias múltiples?

HG: En China editaron cientos de títulos sobre inteligencias, pero las entendieron a su modo: querían que su hijo único fuera el mejor en todas.

 

Pues no se trata exactamente de eso.

HG: Cada sociedad y persona entiende lo que quiere entender. Cuanto mayor te haces, más difícil es adaptar tu vida a un descubrimiento y más fácil adaptar el descubrimiento a lo que ya creías que era la vida. Por eso, voy a clase a desaprender de mí y aprender de los jóvenes.

 

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Por LaFamilia.info - 01.12.2014

 

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La palabra inglesa «mobbing» designa cualquier tipo de acoso laboral. En la actualidad se viene haciendo más palpable un tipo especial de acoso, el «Mobbing maternal», que quiere decir discriminación por embarazo en el ámbito laboral. En este caso las víctimas son las mujeres trabajadoras que están embarazadas o que pretenden estarlo, y los acosadores son las empresas y/o los jefes que las atemorizan con perder el empleo si llegan a embarazarse o les hacen la vida imposible si ya lo están.

 

O te «quitas» al niño o pierdes el trabajo. Así de simple. Puede producirse de forma más implícita o explícita. Pero ésta es la encrucijada a la que se enfrentan miles de futuras madres en sus puestos de trabajo ante el deseo de la maternidad.” Escribe el periodista J. V. Echagüe, en el diario La Razón de España.

 

Se ha definido como «mobbing maternal» a la situación de hostigamiento o acoso psicológico que produce un arrinconamiento profesional, reducción de responsabilidades o maltrato verbal que padecen las mujeres ante la expectativa –o durante– su maternidad.

 

Iñaki Piñuel, profesor de la Universidad de Alcalá y experto en «mobbing», afirma que esta situación no sólo se da durante el embarazo, sino también con motivo de la conciliación o, directamente, al regreso del permiso maternal. “Sufren las represalias. Se les quitan sus cometidos, los pluses, las responsabilidades, se les asigna tareas de menor valor... Existe una variada gama de estrategias para castigar”, afirma.

 

Un paso al aborto

 

Nunca antes las mujeres habían estado tan presionadas en sus trabajos para que no se conviertan en madres; las hostigan con la idea que tener un hijo es un error. Las consecuencias de todo esto son varias: postergar la maternidad; echar al olvido el deseo de ser madre; o en casos más extremos, el aborto. Así lo asegura Conrado Giménez, presidente de la Fundación Madrina, organización que ayuda a madres y mujeres en riesgo de exclusión.

 

“Hay una relación causa-efecto muy directa”, explica Giménez. “En épocas de crisis, los Gobiernos aprueban normas que aumentan la contracepción y retiran las ayudas a la maternidad. Y provocan que el aborto aumente. Dicho de otra forma: las empresas no ven rentables a las madres trabajadoras, sobre todo aquellas de niños de 0 a 3 años que quieren recortar su jornada laboral.”

 

El profesor coincide en que pueden darse situaciones que lleven consigo el aborto. “Así, por ejemplo, está el caso de una médico residente, que, mientras realizaba su periodo formativo, se quedó embarazada. Entonces, su propia tutora de prácticas intentó forzarla para que abortara. Si la mujer no aborta, se pasa a las represalias: prohibición de permisos, sobrecarga laboral... En otras ocasiones, hay otras formas de incitar al aborto, como decir que «no te conviene tener un hijo para tu carrera profesional»”, dice Piñuel.

 

Sufre la mujer y sufre el matrimonio

 

Lamentablemente la pesadilla no se queda en el puesto de trabajo. Muchas mujeres trasladan el terror a sus hogares. “En el 50% de los casos en los que este «mobbing» se prolonga en el tiempo, la situación acaba en divorcio. La pareja no entiende el problema, o, directamente, la culpa por la situación”, sostiene Conrado Giménez.

 

Por su parte, el profesor de la Universidad de Alcalá explica que existen secuelas y muy graves: “El 100% desarrolla cuadros de estrés postraumático, el más grave por el que puede pasar un ser humano. Si no se trata bien, es el único cuadro en psicología que no remite con el paso del tiempo: no se curan, se cronifica” dice Piñuel.

 

Y añade: “Se producen cambios permanentes en la personalidad de la afectada: sueño tardío, por el que las mujeres se despiertan de madrugada y no pueden volver a dormir; irritabilidad; anhedonia, que es la imposibilidad de experimentar placer, o alegría, los “flashbacks”, la “película” de los hechos de ese «mobbing» que pasa por la cabeza de la víctima, como las humillaciones y las vejaciones...”

 

Es lamentable y preocupante que la sociedad llegue a tal punto materialista y utilitarista, es un ataque directo a la mujer, pero también al matrimonio y a la familia como núcleo vital de la sociedad. En este panorama, no queda sino luchar por crear una cultura alrededor del equilibrio Trabajo - Familia, pues si ambas partes dan un paso al frente, se puede llegar a una verdadera conciliación en la que obviamente TODOS GANAMOS.

 

Fuente: LaRazón.es

 

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