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LaFamilia.info
21.06.2009
 

 

Cada día el mundo de los negocios exige ejecutivos más competentes e íntegros, que además de sus capacidades laborales, demuestren calidad humana que propicie un ambiente de cordialidad y por ende de productividad. ¿Cuáles son esas cinco reglas?

 

1. Evitar la escucha selectiva

 

Una sola persona no puede llevar a una empresa al éxito con base solamente en su propio esfuerzo. Y sin embargo son muchos los que tratan de hacer precisamente eso.

 

Ahí es donde surge aquel problema de oír solamente lo que queremos oír, en lugar de buscar las opiniones, el consejo y la ayuda de los demás. Este tipo de ejecutivo forma de antemano su propio concepto y toma sus propias decisiones, en su trato con los asociados y los colaboradores, busca solamente la justificación de las decisiones tomadas de los conceptos formados. Las opiniones que lo contrarían, pasan desapercibidas, o son objeto de rechazo, puesto que se oponen a un criterio ya formado y a decisiones ya tomadas.

 

La transmisión efectiva de las ideas exige un clima propicio. Son muchos los ejecutivos que no escuchan con atención cuando entran en comunicación con sus colaboradores. Permiten la interrupción de llamadas telefónicas, visitantes, etc. Todos estos son enemigos de las buenas comunicaciones, interrumpen y distraen.

 

2. Propiciar un ambiente acogedor

 

El clima acogedor es aquel en el que colaboradores y jefes pueden hablar con libertad. La franqueza, la honradez en la expresión de las opiniones, y la claridad directa de los objetivos, son las palabras claves en este caso. Estas son características y condiciones que el ejecutivo debe tratar e inspirar a través de su propio comportamiento y debe lograr en el equipo que acompaña.

 

Una medida de lo acogedora que sea la situación surge de la cantidad e intensidad de crítica que el ejecutivo permitirá al colaborador. La capacidad para aceptar una crítica constructiva es esencial. Siempre y cuando, naturalmente, que la crítica sea para mejorar y ceñida a las normas del respeto y la corrección.

 

3. Reconocer a la persona como el valor activo más importante

 

Se trata de saber y reconocer que las personas son el valor activo más importante en cualquiera organización. Que las personas tienen cerebro y que estos cerebros son el elemento más productivo; que la tarea y el objetivo más importante del ejecutivo consisten en lograr una atmósfera en la cual estos cerebros trabajan en forma creativa y productiva.

 

Las máquinas solas de por sí nunca logran el éxito de una empresa. El aporte de las personas, sus sensaciones e ideas, los impulsos individuales de cada cual, las manifestaciones de ansiedad o de inseguridad y las hostilidades de los grupos son de una importancia crítica.

 

4. Lograr el máximo de participación

 

Las actitudes de las personas dependen de sus sensibilidades y sus emociones: mucho más que de los procesos puramente racionales. La actitud es el obstáculo más grande a la aceptación de las innovaciones. El estado de aceptabilidad y conformidad es esencial para lograr la cooperación y la armonía.

 

5. Ser sincero en las comunicaciones

Muchos ejecutivos consideran que cumplen su deber de comunicarse si se valen de los medios convencionales; tales como notificaciones formales, publicación de revistas y periódicos, boletines de la empresa, discursos, sistemas de sugerencias, etc.

 

Estos son los medios para lograr un fin, pero no son el fin en sí. Es aquí donde muchos gerentes fracasan cuando tratan de hacer llegar sus ideas a los trabajadores, cosa indispensable si hemos de lograr los objetivos a través de las personas.

 

La necesidad que existe de llegar a las sensaciones íntimas de las personas tiene mucha más importancia que la que se le suele atribuir. Existe por lo menos un motivo práctico que demuestra este principio. Las sensaciones, y las sensibilidades si no encuentran escape, pueden acumularse y convertirse en presiones peligrosas. Estas toman la forma de sensaciones de ansiedad, de inseguridad, de frustración, de hostilidad, fuerzas que una vez creadas en la moral y la eficiencia, producen inquietud laboral.

 

Existen medios de comunicación informales, así como formales, y éstos deben utilizarse y estimularse. La puerta de la oficina del ejecutivo debe encontrarse abierta y debe tener acogida a los colaboradores de todas las áreas cuando tienen una idea o un problema. Esto logra contactos personales que enriquecen las relaciones humanas.

 

Fuente: Corporación Financiera Popular S.A.

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