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LaFamilia.info
21.06.2009

Sí, es cierto. Los gerentes cometen errores. Las equivocaciones son el medio que tiene la naturaleza para mostrarnos que estamos aprendiendo. Edison dijo una vez que es necesario cometer 10.000 errores para hallar una respuesta.

Ahora presentamos una lista de diez trampas en las cuales pueden caer tanto los gerentes nuevos como los veteranos.

 

1. No hacer la transición de subalterno a gerente

El empleado tiene un trabajo y lo hace. Aunque el trabajo quizás exija participar en un equipo o compartir estrechamente con otros empleados, el trabajador, al final, sólo debe responder por sí mismo. ¿Logró sus metas? ¿Llegó a trabajar a tiempo? ¿Hizo correctamente su trabajo? Cuando la persona se convierte en gerente, todo cambia. De la noche a la mañana tiene sobre sus hombros la responsabilidad de los resultados de mañana tiene sobre sus hombros la responsabilidad de los resultados de un grupo de personas, no de sí mismo. ¿Sus empleados lograron sus metas? ¿Están altamente motivados? ¿Hicieron correctamente el trabajo?

Para convertirse en gerente es necesario desarrollar todo un conjunto nuevo de destrezas: destrezas humanas. Algunos de los empleados más calificados técnicamente pueden llegar a ser los peores gerentes porque no logran hacer la transición de subalterno a gerente.

 

2. Ausencia de delegación

A pesar de los esfuerzos constantes de muchos gerentes por demostrar lo contrario, una sola persona no puede hacerlo todo. Y aunque fuera posible, tratar de hacerlo todo no es la forma más eficaz de utilizar el tiempo o el talento de un gerente. Usted bien podría ser el mejor estadístico del mundo, pero al convertirse en gerente de un equipo de estadísticas, su trabajo cambia. Su labor ya no es realizar análisis estadísticos sino manejar y desarrollar a un grupo de empleados.

 

Cuando usted delega el trabajo en los empleados, multiplica la cantidad de trabajo realizado. Un proyecto que a primera vista parecía agobiante súbitamente se vuelve manejable al dividirlo entre doce personas. No solamente eso, sino que al delegar el trabajo se crean oportunidades para desarrollar las destrezas laborales y de liderazgo de los empleados. Siempre que acepte una nueva asignación o una tarea como parte de un trabajo a largo plazo, pregúntese si alguno de sus empleados podría encargarse en lugar suyo.

 

3. No establecer las metas conjuntamente con los empleados

 

¿Le dicen algo las palabras barco a la deriva? Deberían. Un buen desempeño comienza con metas claras. Si usted no establece metas conjuntamente con sus empleados, la organización por lo general se queda sin rumbo y los empleados sin retos, de tal manera que apenas tienen motivación para presentarse a trabajar todos los días y cobrar sus cheques al final de la quincena. Las metas de sus empleados comienzan con la visión de dónde desean estar en el futuro. Por lo tanto, usted como gerente debe reunirse con sus empleados para desarrollar metas alcanzables, factibles, que les sirvan de guía en sus esfuerzos por realizar la visión de la organización. No deje a sus empleados a oscuras. Ayúdelos a ayudarle a usted y a la organización, estableciendo metas y trabajando mano a mano con ellos para hacerlas realidad.

 

4. Falta de comunicación

En muchas organizaciones es un verdadero milagro que haya alguien que sepa lo que realmente sucede. La información es poder y algunos gerentes utilizan la información –en particular el control que tienen sobre ella- para cerciorarse de ser los individuos mejor informados y, por tanto, más valiosas de la organización. Algunos gerentes evitan las situaciones sociales y evaden por naturaleza la necesidad de comunicarse con sus empleados. Otros sencillamente están demasiado ocupados y no hacen esfuerzo alguno por comunicar la información con regularidad, dejándose llevar por otros asuntos más apremiantes o sencillamente “olvidándose” de hablar con sus empleados.

Cualquiera que sea la razón, la difusión generalizada de la información a través de toda la organización, y la comunicación que esta difusión permite, es esencial para la salud de las organizaciones de hoy –en especial durante las épocas de cambio (es decir, en todo momento). Hay que facultar a los empleados por medio de la información para que puedan tomar las mejores decisiones posibles en los niveles más bajos de la organización: rápidamente y sin necesidad de la aprobación de los superiores.

 

5. No aprender

La mayoría de los gerentes están acostumbrados al éxito y en un principio dedicaron mucho tiempo a aprender a fin de lograrlo. Por esta razón, precisamente, muchos fueron sacados de las filas de los subalternos y ascendidos a cargos de gerencia. Sin embargo, una vez instalados en sus cargos, muchas veces se contagian de una enfermedad temida –el endurecimiento de las actitudes- y comienzan a exigir que las cosas se hagan únicamente a su manera.

Los gerentes exitosos encuentran las mejores formas de hacer las cosas y de culminar sus metas, y después desarrollan procesos y políticas para institucionalizar esos enfoques eficaces de hacer negocios. Ese método es maravilloso, siempre y cuando que no cambie el entorno empresarial. Sin embargo, cuando éste cambia, si el gerente no cambia –es decir, si no aprende- la organización sufre.

 

Esta situación puede ser especialmente difícil para el gerente que ha alcanzado el éxito procediendo de una determinada manera. El modelo del gerente como una roca inamovible que resiste todas las tormentas ya no es válido. En la actualidad, los gerentes deben estar listos a cambiar su forma de hacer negocios en la medida en que su entorno cambie. Deben aprender, experimentar y ensayar cosas nuevas constantemente. Si no lo hacen, estarán condenados a desaparecer –como le sucedió a ese gran Tyrannosaurus Rex de la película Jurassic Park.

 

6. Resistirse al cambio

Si usted cree que puede frenar el cambio, está muy equivocado. Más le valdría tratar de desviar el curso de un huracán. ¡Buena suerte! Cuanto más pronto reconozca que el mundo –incluso el suyo- ha de cambiar, gústele o no, mejor. Así podrá concentrar sus esfuerzos en tomar medidas que cambien positivamente la vida de su empresa. Esto implica aprender a adaptarse al cambio y utilizarlo en su beneficio en lugar de empeñarse en luchar contra él.

En lugar de reaccionar a los cambios después del hecho cumplido, adelántese activamente a los cambios que se avecinan y formule los planes para enfrentarse antes de que golpeen a su organización. Hacer caso omiso de la necesidad de cambiar no la hace desaparecer.

 

7. No destinar tiempo para los empleados

Para algunos de sus empleados, usted es un recurso. Para otros, es un socio en quien confiar. Otros pueden ver en usted un maestro y mentor, mientras que para otros puede ser un instructor o un padre. Cualquiera que sea la forma como lo vean sus empleados, todos tienen algo en común: necesitan de su tiempo y orientación durante el desarrollo de su vida profesional. Ser gerente es un asunto “humano”, y usted debe destinar tiempo para la gente. Habrá empleados que necesitarán más de su tiempo que otros; en esa medida es importante para usted evaluar y suplir las necesidades de cada uno de sus empleados.

Aunque algunos de sus empleados pueden tener mucha experiencia y necesitar poca supervisión de su parte, otros podrán necesitar atención casi constante cada vez que realizan una tarea o una actividad nueva. Asegúrese de estar disponible siempre que un empleado necesite hablarle. Deje de lado su trabajo por un momento, olvide el teléfono y preste toda su atención al empleado. De esa manera no solamente mostrará a sus empleados que son importantes, sino que escuchará realmente lo que tienen que decir.

 

8. No reconocer los logros de los empleados

En estos días de cambio constante, reducciones de personal y creciente incertidumbre laboral, es más importante que nunca encontrar formas de reconocer el buen trabajo de los empleados. El mayor problema no es que los empleadores no deseen retribuir a sus empleados –la mayoría de los gerentes están de acuerdo en que es importante recompensarlos- sino que muchos gerentes no dedican tiempo a retribuciones.

Aunque las alzas salariales, las bonificaciones y otros adornos se han evaporado en gran medida en muchas organizaciones, son muchas las cosas que se pueden hacer sin invertir demasiado tiempo, esfuerzo o dinero. En realidad, los reconocimientos más eficaces –las notas personales del gerente- no cuestan nada. Nunca deberán estar tan ocupado como para no dedicar uno o dos minutos a reconocer los logros de sus empleados. El resultado será que la moral, el desempeño y la lealtad mejorarán.

 

9. Optar por la solución rápida en lugar de la duradera

A todos los gerentes les encanta resolver problemas y arreglar las partes descompuestas de su organización. El desafío constante de lo nuevo e inesperado atrae a muchas personas hacia la gerencia. Infortunadamente, en su celo de “arreglar” los problemas rápidamente, muchos gerentes olvidan destinar tiempo necesario a buscar soluciones a largo plazo a los problemas de sus organizaciones.

En lugar de diagnosticar el cáncer y realizar una cirugía mayor, muchos gerentes hacen curaciones superficiales. Aunque no es tan divertido como apagar incendios, es necesario ver el sistema en su globalidad y encontrar la causa para poder solucionar realmente los problemas. Una vez identificada la causa es posible desarrollar soluciones verdaderas de efecto duradero. Cualquier otra cosa es apenas un tratamiento sintomático y no resuelve el problema.

 

10. Tomarse las cosas demasiado en serio

Sí, los negocios son cosa seria. Si no lo cree así, basta ver lo que sucede cuando se excede el presupuesto y las finanzas de la compañía quedan en rojo. Es una forma muy rápida de reconocer cuán serio es el asunto. Independientemente de la gravedad de las responsabilidades que pesan sobre los  hombros de los gerentes –y precisamente por esa razón- usted debe conservar su sentido del humor y promover un ambiente ameno tanto para usted como para sus empleados. Invítelos a una rifa en la oficina, una reunión informal en algún restaurante cercano, un almuerzo campestre en su casa. Sorpréndalos con premios especiales por cosas tales como la corbata más rara o la estación de trabajo más creativa. Bromee con ellos. ¡Disfrute!

 

Cuando los gerentes se jubilan, generalmente no son recordados por sus logros con respecto a los presupuestos o la disciplina de sus empleados. Las personas recuerdan a quienes no se tomaron el trabajo demasiado en serio y supieron poner un toque de humor, alegrando así sus días y haciendo el trabajo más tolerable. No sea un ladrillo. Viva cada día como si fuera el último.

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