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Por LaFamilia.info - 01.12.2014

 

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La palabra inglesa «mobbing» designa cualquier tipo de acoso laboral. En la actualidad se viene haciendo más palpable un tipo especial de acoso, el «Mobbing maternal», que quiere decir discriminación por embarazo en el ámbito laboral. En este caso las víctimas son las mujeres trabajadoras que están embarazadas o que pretenden estarlo, y los acosadores son las empresas y/o los jefes que las atemorizan con perder el empleo si llegan a embarazarse o les hacen la vida imposible si ya lo están.

 

O te «quitas» al niño o pierdes el trabajo. Así de simple. Puede producirse de forma más implícita o explícita. Pero ésta es la encrucijada a la que se enfrentan miles de futuras madres en sus puestos de trabajo ante el deseo de la maternidad.” Escribe el periodista J. V. Echagüe, en el diario La Razón de España.

 

Se ha definido como «mobbing maternal» a la situación de hostigamiento o acoso psicológico que produce un arrinconamiento profesional, reducción de responsabilidades o maltrato verbal que padecen las mujeres ante la expectativa –o durante– su maternidad.

 

Iñaki Piñuel, profesor de la Universidad de Alcalá y experto en «mobbing», afirma que esta situación no sólo se da durante el embarazo, sino también con motivo de la conciliación o, directamente, al regreso del permiso maternal. “Sufren las represalias. Se les quitan sus cometidos, los pluses, las responsabilidades, se les asigna tareas de menor valor... Existe una variada gama de estrategias para castigar”, afirma.

 

Un paso al aborto

 

Nunca antes las mujeres habían estado tan presionadas en sus trabajos para que no se conviertan en madres; las hostigan con la idea que tener un hijo es un error. Las consecuencias de todo esto son varias: postergar la maternidad; echar al olvido el deseo de ser madre; o en casos más extremos, el aborto. Así lo asegura Conrado Giménez, presidente de la Fundación Madrina, organización que ayuda a madres y mujeres en riesgo de exclusión.

 

“Hay una relación causa-efecto muy directa”, explica Giménez. “En épocas de crisis, los Gobiernos aprueban normas que aumentan la contracepción y retiran las ayudas a la maternidad. Y provocan que el aborto aumente. Dicho de otra forma: las empresas no ven rentables a las madres trabajadoras, sobre todo aquellas de niños de 0 a 3 años que quieren recortar su jornada laboral.”

 

El profesor coincide en que pueden darse situaciones que lleven consigo el aborto. “Así, por ejemplo, está el caso de una médico residente, que, mientras realizaba su periodo formativo, se quedó embarazada. Entonces, su propia tutora de prácticas intentó forzarla para que abortara. Si la mujer no aborta, se pasa a las represalias: prohibición de permisos, sobrecarga laboral... En otras ocasiones, hay otras formas de incitar al aborto, como decir que «no te conviene tener un hijo para tu carrera profesional»”, dice Piñuel.

 

Sufre la mujer y sufre el matrimonio

 

Lamentablemente la pesadilla no se queda en el puesto de trabajo. Muchas mujeres trasladan el terror a sus hogares. “En el 50% de los casos en los que este «mobbing» se prolonga en el tiempo, la situación acaba en divorcio. La pareja no entiende el problema, o, directamente, la culpa por la situación”, sostiene Conrado Giménez.

 

Por su parte, el profesor de la Universidad de Alcalá explica que existen secuelas y muy graves: “El 100% desarrolla cuadros de estrés postraumático, el más grave por el que puede pasar un ser humano. Si no se trata bien, es el único cuadro en psicología que no remite con el paso del tiempo: no se curan, se cronifica” dice Piñuel.

 

Y añade: “Se producen cambios permanentes en la personalidad de la afectada: sueño tardío, por el que las mujeres se despiertan de madrugada y no pueden volver a dormir; irritabilidad; anhedonia, que es la imposibilidad de experimentar placer, o alegría, los “flashbacks”, la “película” de los hechos de ese «mobbing» que pasa por la cabeza de la víctima, como las humillaciones y las vejaciones...”

 

Es lamentable y preocupante que la sociedad llegue a tal punto materialista y utilitarista, es un ataque directo a la mujer, pero también al matrimonio y a la familia como núcleo vital de la sociedad. En este panorama, no queda sino luchar por crear una cultura alrededor del equilibrio Trabajo - Familia, pues si ambas partes dan un paso al frente, se puede llegar a una verdadera conciliación en la que obviamente TODOS GANAMOS.

 

Fuente: LaRazón.es

 

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