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Por LaFamilia.info
 

Foto: Freepik 

 

Proponer ideas y sugerir mejoras son formas de mostrar responsabilidad profesional, por eso la iniciativa es una de las características de un buen trabajador.

 

En lugar de trabajadores tipo “robots”, las empresas requieren personas ingeniosas que “aporten” sus conocimientos e ideas y así construir colectivamente el gran rompecabezas que es una organización. En todos los niveles laborales se puede aplicar esta cualidad, -desde el personal de aseo hasta los altos mandos profesionales- cada quien desde su área tiene la capacidad de observar aspectos susceptibles de mejora, que por más insignificantes que se puedan ver, producen maravillosos resultados.

 

Tener iniciativa es una manera de demostrar interés, deseo de hacer las cosas de manera correcta, y no conformarse con las funciones asignadas, buscando entre otros objetivos, el propio desarrollo personal. Es una actuación donde la empresa y el empleado ganan por igual.

 

Cuantiosas son las veces donde la iniciativa y una actitud positiva e innovadora, marcan la diferencia, siendo más valoradas por los superiores, que los amplios estudios académicos. Es estupendo trabajar con personas que tengan deseos de superación y afán de brindar su mayor potencial en pro de la compañía y por ende, en beneficio propio.

 

La iniciativa también parte de la empresa

 

Fomentar la iniciativa en los empleados es lucrativo tanto para la empresa como para ellos mismos, es una relación de doble vía en la que ambos ganan y además se necesitan. Hay que recordar, que en gran parte, las compañías funcionan gracias al talento humano que las componen, de ahí su importancia y la necesidad de brindarle condiciones aptas para el buen desempeño de su trabajo. Por ello, se convierte en una prioridad empoderar al empleado, es decir, facilitarle los instrumentos para que se sienta útil, motivado, creativo, seguro y tenga un buen grado de autoestima. Indiscutiblemente, un colaborador bajo estas condiciones, tendrá deseos de contribuir y generar mejoras.

 

Asimismo, es fundamental la acogida y el apoyo que la compañía le demuestre al personal cuando propone una iniciativa. Como mínimo hay que escucharlo y evaluar su propuesta, para no arrojar en saco roto sus buenas intenciones. Cuando se les niega toda posibilidad a los empleados de opinar o proponer, no se puede esperar nada a cambio. Así que los directivos también deben abrir un campo en sus apretadas agendas y dedicar espacios de contacto directo con sus colaboradores.

 

Caso empresarial 3M

 

William L. McKnight fue el hombre que fijó, por más de 60 años, las políticas de calidad de 3M. Él creó la estrategia de ventas de introducir directamente los productos nuevos a través de los trabajadores de producción, método que se usa hasta hoy. Él aseguraba que lo esencial para que la empresa continuara creciendo, era tener mucha gente con iniciativa.

 

Una vivencia en los inicios de 3M, llevaron a McKnight a tomar este pensamiento como elemento básico de su estilo directivo. Cuentan que este hombre no supo valorar en primer momento la iniciativa de uno de sus asistentes. Todo comenzó cuando McKnight le asignó a un joven llamado Richard Drew, la tarea de mejorar el papel de lija que dañaba la pintura de los autos. Mientras testaba esas mejoras, Drew se dio cuenta que los pintores de carrocerías tenían problemas con los autos que iban pintados a dos colores, como imponía la moda. Así que comenzó a pensar en alguna solución. Aunque esto último no era lo que se le había pedido, lo discutió con McKnight, quien le pidió que se centrara en su cometido original. Drew, sin embargo, perseveró y siguió trabajando en el desarrollo de su idea, consiguió que algunos pintores la testaran, obteniendo excelentes resultados. Su sagacidad lo llevó a desarrollar la cinta para enmascarar.

 

Evidentemente, McKnight se dio cuenta de su error y autorizó a su asistente para que siguiese investigando. Drew siguió trabajando en 3M durante otros cuarenta años, y su creatividad dio otros frutos muy famosos. A este primer éxito siguió el de la invención de la cinta adhesiva en 1930, que utilizando como soporte el papel celofán y comercializada bajo la marca "Scotch®", representó el inicio de la filosofía de productos 3M. Gracias a estas innovaciones de los años 30, a pesar de la gran depresión económica, la empresa experimentó un notable incremento en sus ventas, tanto en el área industrial, como en la de consumo masivo.

 

Desde ese momento, la cultura de 3M se fundamenta en la innovación de su talento humano, sin ella, difícilmente podría conseguir sus grandiosas ventas y numerosos productos.

 

Preguntas de autoevaluación

 

Si soy trabajador:

 

  • ¿Qué puedo mejorar en mis propias funciones, que no dependan de la aprobación de mis superiores?
  • ¿Qué le podría sugerir a la empresa para que mi área funcione mejor?
  • ¿Desde mi conocimiento, qué le podría recomendar a otras áreas para que tengan un mejor desempeño?
  • ¿En qué me gustaría que la empresa me capacitara?

 

Si soy directivo y tengo cierto poder en la compañía:

 

  • ¿Qué puedo mejorar en mis propias funciones, que no dependan de otros?
  • ¿Cómo puedo empoderar a mis colaboradores para que sobresalgan en su trabajo?
  • ¿Cómo puedo incentivar en la gente la cualidad de la iniciativa y la innovación?
  • ¿Cuál es mi actitud frente a las propuestas de mis trabajadores? ¿Les presto la debida atención y evalúo su factibilidad?

 

Fuentes: 3M Argentina, tendencias21.net

 

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