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Mª. Ángeles Pérez y Francisco Javier Rodríguez
18.02.2013

 

El dinero no cae del cielo, su consecución implica esfuerzo, trabajo, y ello lo tienen que saber y experimentar nuestros hijos, para que lo valoren. Es importante que desde pequeños se les enseñe a ahorrar, en lugar de dejarles que gasten el dinero en caprichos.

 

Los padres deben hacerles reflexionar sobre el porqué de sus gastos, y procurar que conozcan las necesidades de los demás. Se trata que sean sobrios en sus gastos, no despilfarradores del dinero que a otros les puede ser imprescindible porque carecen de lo necesario. Puede ser interesante que algunas cosas en las que están empeñados en comprar, por ejemplo una prenda de marca, la paguen en parte con su dinero: les ayudará también a que cuiden sus pertenencias.

 

Pero no sólo deben de ahorrar para ellos, también han de hacerlo para los demás: hermanos, padres, amigos, ayudas sociales... Es una manera de hacer de nuestros hijos, seres humanos más solidarios al invitarlos a compartir con los demás. Desde comprar un pequeño regalo para un hermano o miembro de la familia, hasta prestar de manera desprendida.

 

Estas son algunas sugerencias para que los hijos comprendan el valor y adecuado uso del dinero:

 

No darles demasiadas cosas para suplir la escasez de tiempo que dedican a sus hijos y que se acostumbren a agradecer las que reciben. Un peligro que se da en nuestra sociedad es que suplamos la falta de tiempo que dedicamos a nuestros hijos comprándoles muchas cosas para ganarnos su afecto. La necesaria dedicación de tiempo a los hijos no se suple con cachivaches.

 

Cuidar lo que tienen, cuidarlo para que dure y que esté en condiciones correctas. Que conozcan el precio de la ropa y juguetes que se les compra, acostumbrándoles a elegir lo que conviene y no lo más caro.

 

Ayudarles a vivir la autodisciplina diaria. La capacidad de autocontrol nos permite ser dueños de nosotros mismos y de las cosas que tenemos, pero para conseguirlo nos hemos de entrenar en las cosas más normales y corrientes que hacemos a lo largo del día: ser puntual al levantarnos, al empezar a estudiar, tener ordenada nuestra habitación, etc.

 

No permitirles que entren en una constante comparación con los demás: marcas de ropa, material deportivo… La sociedad de consumo nos vende no sólo lo último del mercado sino la mejor marca. Es frecuente observar la dependencia que tienen los adolescentes de las marcas, hay que enseñarles que la persona no vale por la marca de lo que lleva puesto, sino por lo que es y hace con los demás.

 

Evitar los caprichos en las comidas y bebidas: comer lo previsto para todos, no fuera de hora, en las cantidades que son, sin elegir lo mejor para ellos; y cuidar los modales en la mesa.

 

No ahorrarles sacrificios razonables: que aprendan a colaborar en pequeños encargos de la casa.

 

Ayudarles a revisar sus pertenencias para ver si hay juguetes u objetos que no necesita ni utiliza: pueden servir para otros hermanos o personas necesitadas.

 

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