Consumer.es – 22.01.2018

 

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“El tiempo no estructurado desarrolla la creatividad; por el contrario, estar siempre ocupado la aniquila”, asegura Teresa Belton, investigadora del área de Educación y Aprendizaje de la Universidad de East Anglia, de Reino Unido. Lo cierto es que hoy existe cierta obsesión por lograr que los hijos estén siempre entretenidos, así lo revela un artículo publicado en la Revista Consumer.

 

Actualmente muchos niños están hiperestimulados a causa de la televisión, los teléfonos móviles o las videoconsolas, entre otros. Y cuando dan muestras de que están aburridos, los padres se afanan por distraerlos de la manera más rápida posible. Sin embargo, los expertos afirman que aburrirse tiene múltiples beneficios.

 

La investigadora Teresa Belton, asegura que el aburrimiento es fundamental para el desarrollo del aprendizaje y la creatividad. Una idea con la que coincide Mónica Dosil, psicóloga del ISEP Clínic Castelldefels (Barcelona), que asevera que "los menores necesitan momentos de soledad e introversión para poder generar nuevas ideas y pensamientos".

 

Cuando el niño se aburre

 

Cuando un niño empieza a mostrar signos de fastidio (resopla, se pone de mal humor, protesta, etc.), muchos padres optan por suministrarle juguetes o distracciones. "¿Por qué no juegas con la videoconsola?" o "¿quieres que te ponga la televisión?" son algunas recomendaciones que utilizan. En muchos casos, como señala Dosil, esta ansiedad por complacer y entretener a los hijos de forma tan rápida está causada por "el sentimiento de culpa por no tener tiempo para estar con ellos o por carecer de recursos personales para jugar con ellos".

 

Otro fenómeno habitual es que muchos de ellos tienen un número elevado de juguetes y muy fácil acceso a Internet, televisión, videoconsolas, etc. Viven en entornos que no les dejan espacio para que tengan que poner en marcha estrategias nuevas para divertirse. De este modo, se frena su creatividad. Dosil señala que los momentos en que los niños están aburridos "promueven que los pequeños construyan sus propios recursos de entretenimiento y puedan desarrollar la creatividad, generadora de la inteligencia emocional".

 

Alternar diversión y tedio

 

Es importante que los menores alternen momentos de actividad y de no actividad, de estimulación y de tedio. Carlos G. Torrico, psicólogo del centro ePsicología, en Leganés (Madrid), asegura que la principal característica del sistema nervioso de los niños es "la falta de inhibición cortical, lo que explica que no puedan parar quietos". Desarrollan esta inhibición a medida que crecen. Pero, para lograrlo, necesitan experimentar el aburrimiento, "porque les permite ejercitar este mecanismo de inhibición", añade.

 

Como bien conocen los progenitores, los pequeños no pueden parar quietos y toleran mal los momentos en los que están aburridos, ya que necesitan acción. Pero ese malestar es momentáneo. Cuando se aburren, muchos protestan o se sienten mal, pero luego, "en la mayoría de los casos, se adaptan y logran sacar provecho de esa situación", añade Torrico. Este estado de hastío, tan incómodo y agobiante al principio para los niños, no solo les ayuda a la generación de soluciones creativas, sino que "favorece la motivación, la autonomía, la resistencia a la frustración y el bienestar".

 

Fomentar un aburrimiento saludable

 

Pero, ¿cómo ayudarles a que se aburran? En primer lugar, hay que acostumbrarse a que se quejen cuando están aburridos. Además, como aconseja Torrico, "es necesario simplificar el entorno al máximo". Si uno tiene a mano la televisión, la videoconsola o un teléfono móvil, es probable que se enganche a ellos antes que ponerse a pensar un juego nuevo.

 

Fomentarles el tedio saludable no consiste en dejarlos en su habitación con un par de lápices y unas hojas blancas, y abandonados a su suerte. Si uno no está habituado a aburrirse, habrá que acompañarlo durante los primeros días en los que se le deje aburrirse.

 

Y, como recomienda Mónica Dosil, "se le pueden hacer preguntas para que él se haga responsable de la generación de ideas sobre lo que puede hacer". Es mejor opción "¿a qué te gustaría jugar?" que "¿por qué no juegas con estos muñequitos?". Si el pequeño no reacciona, los padres pueden enumerarle algunas alternativas, como: "aquí tienes muñequitos, colores y hojas y una pelota, ¿no te animas a jugar?".

 

Una elección que propone el especialista de ePsicología es "tener un tarro del aburrimiento, que tenga papelitos con multitud de actividades y juegos que se pueden hacer". El objetivo es que el menor se haga responsable de decidir qué hacer para jugar.

 

 

 

 

ABC.es - 19.02.2018

 

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Laura Peraita, en el diario ABC, consulta a Victor Arufe, profesor de la facultad de Educación de la Universidad de La Coruña, sobre las quejas de los niños que dicen a sus padres que "a mis amigos sí les dejan hacer tal cosa". 

 

«Los niños, por edad, tienen derecho a exigir todo aquello que se les antoje porque no son conscientes de los efectos que tienen a largo plazo en su desarrollo. Pero los padres también están en su derecho a decir que no, precisamente para educarles en valores como la responsabilidad, la espera, la frustración, el aburrimiento... El problema es que por comodidad, la mayoría de las veces, los padres ceden. Están demasiado ocupados con el trabajo y hay menos paciencia a la hora de aguantar berrinches», explica Victor Arufe.

 

Este profesor señala una serie de frases que dicen algunos niños a los que se les ponen límites que comparan con los de sus amigos, que casi carecen de esas reglas. Arufe cree que son padres «"en peligro de extinción" y no influenciados por modas pasajeras del ámbito de la educación. Pero... a quienes admiro y arropo», asegura.

 

1. "Todos mis amigos tienen más y mejores consolas que yo"

 

El profesor explica que si unos padres escuchan esto a menudo es porque se preocupan de que su hijo no está en este mundo solo para jugar a decenas de videojuegos y tener diferentes consolas. Una o dos pueden ser más que suficiente.

 

«Una para casa y una portátil, para llevarla de viaje; con esto ya están cubiertas las necesidades básicas (si se le puede llamar así) del tiempo de ocio destinado a los videojuegos. Si le acostumbran a tener todas las que salen nuevas, los padres serán grandes clientes de estas marcas de videojuegos, pero no serán buenos educadores».

 

2. "Los padres de mis amigos les dejan ver «realities» y otros programas de televisión en horario nocturno"

 

«Soy consciente de que esos padres perjudican a muchos de nosotros. Respira y cuenta hasta 10 cada vez que escuches decir esto a tu hijo. Después, pregúntale qué le puede aportar para su crecimiento personal ver esos programas».

 

3. "Quiero un perro como el del vecino y nunca me lo quieres comprar"

 

Cuando llegue este momento, Arufe aconseja preguntar al niño si él se hará responsable de bajarlo todos los días, lavarlo, limpiar lo que ensucia en casa, ponerle la comida y bebida a diario, llevarlo al veterinario, etc. «Si aún así dice que sí, entonces un día lo llevas a la protectora más cercana y allí preguntas por el perro que mejor se adapte a tu hogar».

 

4. "No entiendo por qué tengo que hacer tanto deporte"

 

Esta frase es un buen síntoma porque «hay muchos niños comodones que no les gusta esforzarse. El deporte es un gran medio para trabajar los valores de esfuerzo, resiliencia, sacrificio, constancia... Valores que serán necesarios en el mundo adulto. Dejarse llevar por lo que quiere un niño sedentario es crear las bases de una persona condenada al sedentarismo. Desde pequeño —explica— debemos establecer un hábito hacia el deporte, y ser conscientes que al principio puede no gustar a los niños. Eso sí, no te pases inscribiéndole a muchos deportes», advierte.

 

5. "Nunca me compras ropa de marca"

 

«Y qué felices los hacemos cuando de repente un día le compras una sudadera Nike!», apunta Victor Arufe. Lo importante es tener ropa, la marca es lo de menos. 

 

«Debemos decirles que no siempre las marcas ofrecen calidad y que, incluso, si la compra puede que otros veinte niños lleven la misma prenda. Enséñale a valorar si le sienta bien, si le gusta el tacto de esa prenda, los colores, si ahorra dinero con la paga al no comprar una prenda de marca que es más cara, etc».

 

6. "Mis amigos van a un restaurante de comida rápida una o varias veces a la semana y nosotros casi nunca"

 

«Qué malos son los padres que no van casi nunca a los restaurantes de comida rápida y se preocupan por darle la mejor alimentación a sus hijos a base de caldos y comidas bien preparadas con ingredientes lo más naturales posible», ironiza este profesor. 

 

«Estoy seguro de que cuando vaya a una hamburguesería u otro restaurante de comida rápida lo va a disfrutar mucho más que el niño que va tres veces por semana. Estas son las cosas que nos agradecerán cuando sean adultos».

 

7. "Todos mis amigos tienen móvil menos yo"

 

También puede decirte que todos los amigos tienen mejores móviles que él. «Si tiene móvil, tendrás que enseñarle a usarlo, gestionarlo, hacerle ver el gasto que conlleva para ti, decirle que lo cuide, que lo use a unas determinadas horas del día, que no envíe ni comparta cosas que puedan estar relacionadas con valores negativos, bullying, etc. En definitiva, que tendrás que emplearte a fondo para que no sea un niño o adolescente cuyos papás le han cedido al móvil la función de su tutoría y acompañamiento en la vida. Si no tiene móvil, invítale que te diga cinco razones importantes para que se lo compres. Me temo que no llegará a las cinco», confiesa.

 

8. "Todos mis amigos tienen Instagram"

 

En este asunto, Arufe es tajante. «Es increíble cómo muchos padres consienten que sus hijos menores de edad estén enganchados a diferentes redes sociales solo con el objetivo de compartir fotos de su cuerpo o estética corporal, llenas de filtros y desvirtuando la realidad. ¡El mundo no necesita cuerpos bonitos, necesita mentes sabias!».

 

9. "Todos mis amigos se acuestan a la hora que quieren"

 

Los niños deben tener horarios y el sueño está dentro de ese horario. El profesor recomienda establecer dos tipos de hora para acostarlos: la diaria adaptada al horario de la escuela y la de fin de semana. Lo importante es que descansen las horas que recomiendan los expertos en pediatría y sueño. Hay niños que van con mucho sueño al colegio y no son capaces de prestar atención o seguir la explicación del profesor, lo que puede conducir a un fracaso escolar.

 

10. "A todos mis amigos les dan una paga mayor que la mía"

 

Dice un viejo proverbio chino: «regala un pescado a un hombre y le darás alimento para un día, enséñale a pescar y lo alimentarás para el resto de su vida». «Acostumbrar a los hijos a recibir pagas grandes sin apenas hacer esfuerzo para conseguirlas es crear una obligación que no tienes por qué tener. Conforme avance en edad —explica Arufe— te irá pidiendo más y más cuantía, y llegará un momento, a los 16 años, que te pedirá semanalmente 50 euros a los que no podrás acceder. Ahí empezará un conflicto familiar difícil de resolver».

 

 

Carmelo López-Arias / ReL – 18.12.2017

 

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"Es necesario que los padres se vean a sí mismos de la misma manera que los ven sus hijos. Te guste o no, eres el centro de su mundo, la pieza clave de tu familia, el héroe del que todos dependen. Si no estás presente ni te involucras, tus hijos acabarán sufriendo las consecuencias".

 

La pediatra Meg Meeker, autora del best seller Padres fuertes, hijas felices, hace esta afirmación tajante en su nuevo libro, Héroe. Cómo ser el padre fuerte que tus hijos necesitan. Su apuesta es que los hombres recuperen en la familia el papel que la cultura les niega, pero al que ellos mismos también son a veces renuentes con excusas o prioridades diversas.

 

La doctora Meeker les invita a fiarse de su instinto, porque está en la naturaleza de los padres ser buenos padres, y casi siempre saben qué hay que hacer para ello. Son otras seducciones (las relaciones indebidas, los amigos, el trabajo, las propias aficiones) las que les alejan de ponerlo en práctica, a lo que hay que sumar, en las últimas décadas, la ideología dominante que ridiculiza su papel y autoridad y les atemoriza para desempeñarlos.

 

Liderar, sostener y proteger

 

Sin embargo, y salvo excepciones de maltrato, "todos los niños piensan que su padre es maravilloso", sostiene Meeker. Y se basa en los datos que recoge en su consulta todos los días desde hace treinta y años y en sus investigaciones como profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad de Michigan, donde vive con su marido y sus cuatro hijos.

 

De ahí que la misión que propone a los padres es tener coraje moral para hacer lo que deben hacer (liderar, sostener y proteger), aunque les cueste a ellos y aunque disguste a los demás, porque a largo plazo (pero también a corto y medio) lo que lograrán es el amor de sus hijos.

 

"Tu familia necesita una persona que la guíe. Necesita una persona con perseverancia y determinación para los malos momentos... Tu mujer te necesita como esposo. Tus hijos te necesitan como padre", anima Meeker. Respecto a estos últimos, tengan la edad que tengan, su prejuicio hacia el padre siempre es favorable, y Héroe está poblado de ejemplos concretos que la doctora Meeker ha conocido en su consulta y en los que parecería improbable que fuese así. Pero lo es, sostiene. Por eso, se trata de acercarse al modelo que los hijos tienen de uno, que es, salvo excepciones, el de héroe. Ser de verdad lo que ellos creen que somos y lo que nosotros querríamos también ser.

 

Seis jugadas clave

 

No hace falta ser perfecto. Nadie lo es. Incluso si se ha roto la familia por el divorcio, persiste la posibilidad de ser el padre que los hijos necesitan. Para ello, las páginas de este libro abundan en consejos, ejemplos y datos. Entre ellos, estas seis "jugadas clave" muy prácticas y definitivas: "Te ayudarán a ganar el partido de criar a unos hijos felices y exitosos, convirtiéndote así en un héroe a los ojos de tus hijos e hijas".

  

Jugada Nº 1. Juega con tus hijos

 

Es la ocasión de desarrollar afectos y crear recuerdos inolvidables. Hay estudios que demuestran que enriquece su habla, mejora su expresividad, le enseña a jugar con sus compañeros, les estimula, les anima a asumir riesgos. Además, el tiempo empleado con ellos (no solo en jugar) se dilata en su memoria. Meeker cita el caso (entre otros) de una niña que "recordaba" largas parrafadas con su padre todos los días antes de acostarse cuando era pequeña. Preguntó luego a su madre, y realmente eran cinco minutos un par de veces a la semana, pero en su cabeza infantil se habían agigantado. 

 

Jugada Nº 2. Reza con tus hijos

 

Los niños vienen "programados" para la fe, sostienen los doctores Robert Newberg y Mark Robert Waldman, a quienes cita Meg. En su necesidad de seguridad (a la que debe contribuir decisivamente su padre), "les tranquiliza la idea de un mundo ordenado por la mano divina". Por eso, "rezar con tu hijo sirve para satisfacer su necesidad de comunicarse con Dios". "A los niños les encanta rezar", añade: "Cuando rezas con ellos, se sienten seguros. Les recuerda que, aunque tú no estés presente, Dios sigue velando por ellos". La imagen de un padre a quien juzgan "fuerte, poderoso e inteligente" arrodillándose ante Dios y reconociendo su poder les une más a él que cualquier otra actividad, dice la doctora Meeker.

 

Jugada Nº 3. Sé una persona estable

 

Tranquilo cuando ellos estén nerviosos, fuerte cuando se sienten débiles, valiente cuando tienen miedo: "Ser la voz de la razón, el valor y la fe es lo que se espera de un héroe".

 

Jugada Nº 4. Sé una persona honesta

 

"Nada puede poner más en peligro la confianza de tu hijo que la mentira... La honestidad, la integridad y la verdad son las cualidades más importantes de un héroe, y de un padre también. Sé un hombre íntegro, sé un hombre en el que se pueda confiar, sé un hombre que dice la verdad". Pero, "lo que es más importante, vive en función de esa verdad". Cuenta un caso de su consulta, Suni, una joven que tardó años en recuperar el aprecio extraordinario que tenía por su padre cuando descubrió que engañaba a su madre. Y eso, a pesar de que el hombre rompió la relación espuria, hizo lo posible por recuperar su matrimonio y lo consiguió. Pero el jarrón de la confianza de sus hijos se había roto y costaba pegarlo: "Mi padre está tratando de solucionarlo, pero ya no sé lo que es verdad y lo que es mentira", lamentaba Suni en un momento decisivo de su vida, justo al dejar el hogar para empezar sus estudios universitarios.

 

Jugada Nº 5. Mantente firme

 

"La disciplina es muy necesaria. No te queda más remedio que plantarte y poner normas". Meeker advierte de que las dificultades no vendrán solo de los hijos. Puede que también de los padres de sus amigos, más dispuestos a ceder. Pero "sí significa sí y no significa no", y con el tiempo los hijos lo agradecen: "Saben que la honestidad, la firmeza y las normas significan que te preocupas por ellos". Meg cita un estudio realizado entre presos entre la veintena y la treintena, para descubrir un elemento común. Y se encontró: casi todos confesaban que, siendo niños, "nadie se preocupó por ellos lo suficiente para decirles que no". No es preciso llegar a la delincuencia para sacar esa conclusión: los hijos pueden ser felices recibiendo un "no" a sus caprichos, pero no lo serán si entienden que su padre es indiferente a su suerte.

 

Jugada Nº 6. Mantente comprometido con tus hijos

 

"Habrá días que no te apetezca levantarte, ni seguir casado, ni ser amable con tus hijos, pero tendrás que hacerlo de todas formas. Eso es lo que significa estar comprometido con tu trabajo, tu mujer y tus hijos". Es la perseverancia, que se lleva buena parte de las historias más potentes que cuenta la doctora Meeker para respaldar sus recomendaciones. Algunas de esas historias encojen el corazón y humedecen los ojos, sobre todo cuando se produce un divorcio, o bien un alejamiento emocional en la adolescencia o juventud que parece irreversible. Pero... ¡nunca es irreversible! Solo hay que perseverar en amarles y en estar siempre disponible para ellos.

 

Esto es: si se es un héroe, templado en los peores momentos para disfrutar a fondo de los buenos.

 

 

El Mundo - 09.01.2018

 

 

 

“Padres que llevan la mochila al niño hasta la puerta del colegio + padres que piden que no se premie a los mejores de la clase porque los demás pueden traumatizarse + padres que le hacen los deberes a los niños que previamente han consultado en los grupos de WhatsApp = niños blanditos, hiperprotegidos y poco resolutivos”.

 

Así comienza un artículo del diario El Mundo en el cual expertos en educación proponen la educación del carácter como la receta que se necesita para hacerle frente a la generación de “niños blanditos”, término que usan para referirse a “niños mimados” que se convierten en adultos débiles. Estas son sus propuestas:

 

Cuenta Eva Millet, la autora de Hiperpaternidad (Ed. Plataforma), que ya hay niños que, al caerse, no se levantan: esperan esa mano siempre atenta que tirará de ellos. En ciertos colegios han empezado a tomar nota. Y, en algunos países, el carácter ya forma parte del debate sobre la Educación.

 

Esto no es la nueva pedagogía. Gregorio Luri, filósofo y autor del libro Mejor Educados (Ed. Ariel), suele recordar que la educación del carácter es tan tradicional en ciertos colegios británicos como para que haya llegado a nuestros días una frase atribuida al Duque de Welington: “La batalla de Waterloo se empezó a ganar en los campos de deporte de Eton”. En los campos de Waterloo o en las canchas del mítico colegio inglés, cuna del establishment, ningún niño esperaba que le levantaran si podía solo.

 

En España, se habla de “educación en valores”, pero puede que no sea lo mismo. El carácter se entiende como echarle valor, coraje, actuar en consecuencia cuando se sabe lo que está bien o está mal, no limitarse a indignarse. Como dice Luri, “ahora mismo en España les fomentamos la náusea en lugar del apetito”. En su opinión, los niños de ahora saben cuándo se tienen que sentir mal ante determinadas conductas, pero educar el carácter es animarles a dar un paso, a ser ejemplo, a que sus valores pasen a la acción. Si están acosando a un niño, no callarse y protegerle. Decir no a la presión del grupo.

 

Los ejemplos de una profesora de instituto

 

El carácter ha vuelto cuando se ha sido consciente de que podríamos estar criando a una oleada de niños demasiado blanditos. Con padres que se presentan a las revisiones de exámenes de sus hijos, que abuchean a los árbitros en los partidos y que han hecho el vacío a niños que no invitaban a sus retoños a los cumpleaños. “Yo he tenido a un chico de 19 años que se me ha echado a llorar porque le suspendí un examen”, cuenta Elvira Roca, profesora de instituto. “Le dije que no me diera el espectáculo. Vino su madre a verme y me dijo que había humillado a su hijo. Le tuve que decir que estaba siendo ella quien le humillaba a él”.

 

Nicky Morgan era ministra británica de Educación con David Cameron e hizo bandera de la educación del carácter. “Para mí, los rasgos del carácter son esas cualidades que nos engrandecen como personas: la resistencia, la habilidad para trabajar con otros, enseñar humildad mientras se disfruta del éxito y capacidad de recuperación en el fracaso”, decía en su cruzada por extender ese tipo de educación, muy vinculada al rugby. Suena familiar. Suena a Si, el poema de Rudyard Kipling y su verso sobre la victoria y el fracaso, esos dos impostores a los que hay que tratar de igual forma, que figura en la entrada de la cancha principal de Wimbledon.

 

Sociedad más cómoda, blanda y menos esforzada

 

Alfonso Aguiló escribió Educar el carácter (Ed. Palabra) hace 25 años. No ha parado de reeditarse y traducirse desde entonces: “Tener buen carácter no significa estar todos cortados por el mismo patrón. Pero estoy seguro que casi todos nos pondríamos de acuerdo en que ser honrado, trabajador, generoso, justo, leal, empático, valiente, austero, recio y organizado son buenas cualidades”. ¿Cómo se educa el carácter? No desde la teoría, desde luego. “La educación en valores es algo abstracto. Las virtudes son los valores integrados en la persona”, explica.

 

Este veterano profesor confirma que tenemos ahora a generaciones de niños blanditos y no se escandaliza: “Son ciclos normales del desarrollo de una sociedad. Cuando una familia quiere que sus hijos no pasen las dificultades por las que sí pasaron ellos la sociedad se vuelve más cómoda, blanda, menos esforzada. Pasa también con los países”. Según Aguiló, la educación del carácter no tiene que ver con el dinero y sí con el capital cultural de las familias, con el modo de transmitir cómo afrontar la vida: “He conocido a madres que limpiaban escaleras para que sus hijos llevaran unas zapatillas de marca y a gente de dinero que también los mimaba mucho”.

 

 

Por LaFamilia.info - 04.12.2017

 

Foto: Freepik 

 

Hagamos que nuestros hijos vivan esta época como debe ser: una celebración de fe y de valores, de familia y de alegría. De esta manera les enseñamos el verdadero significado y evitamos que se convierta en una fecha “consumista” en la que sólo importan los regalos.

 

Por eso desde LaFamilia.info te proponemos estos cinco valores que les debes transmitir a tus hijos: 

 

1. El valor de la Fe

 

Lo primero que debemos hacer es contextualizar a los hijos en la auténtica festividad. Debemos explicarles que celebramos con enorme alegría el nacimiento de Jesús, quien nació entre nosotros en un humilde establo acompañado de sus padres, la Santísima Virgen y San José, y junto a ellos, los pastores y animales que les brindaron compañía y calor. La elaboración del pesebre o Belén es una magnifica actividad para enseñarles a los hijos esta historia sagrada y el significado especial que cobra cada figura (ver aquí).

 

Hay que enfatizar que de este hecho es donde nace toda la felicidad característica de esta fiesta, es por ello que nos reunimos en familia para esperar la llegada del Niño Jesús y por eso es un gran acontecimiento que ansiamos durante todo el año.

 

2. El valor de la Generosidad

 

En Navidad damos regalos para expresar nuestro cariño y así como recibimos también debemos dar. Invitemos a nuestros hijos a buscar entre sus juguetes algunos que ya no usen para regalárselos a otros niños. También podemos compartir nuestro tiempo, nuestro cariño, nuestras sonrisas… Para ello podemos visitar un ancianato o algún hogar de niños y llevarles un poco de felicidad y compañía. 

 

3. El valor de la Gratitud

 

Debido a que en Navidad se acostumbra regalar, también es importante agradecer. Es una estupenda ocasión para enseñar a los hijos a valorar los obsequios que reciben, no sólo de otras personas, sino también del Niño Jesús, por ejemplo: la familia, la salud, la educación, los alimentos, los amigos, etc.

 

4. El valor de la Austeridad 

 

Hay veces que los niños reciben muchos regalos en Navidad y se hacen fiestas ostentosas, sin embargo, el Niño Jesús nació en la humildad de un pesebre, demostrándonos que la felicidad se hace posible en medio de la austeridad. Así que evitemos los excesos en estas fechas, no gastemos más de lo necesario en los aguinaldos, puesto que los mejores regalos que les podemos dar a los hijos no se compran en las tiendas! Nuestro amor, nuestro acompañamiento, nuestra entrega y nuestro tiempo valen más que cualquier juguete. (Leer también: Diez claves para educar en la austeridad).

 

5. El valor de la Familia

 

Navidad es una fiesta de familia; el Niño Jesús, San José y la Santísima Virgen son el mejor ejemplo de ello. De ahí que en este tiempo de Navidad nos preguntemos: ¿cómo está nuestro propio círculo familiar: vivimos en armonía, nos preocupamos por el otro, ayudamos a mantener el hogar en orden, toleramos a los demás en casa, nos dedicamos el tiempo necesario, nos escuchamos, nos apoyamos...?

 

Es la oportunidad para reflexionar sobre ese papel que cada quien tiene dentro del núcleo familiar y el lugar que le damos a nuestras realidades familiares, pues sin darnos cuenta, utilizamos mucho tiempo para otros asuntos y muy poco para aquellos con quienes compartimos nuestra vida y son los que le dan sentido a nuestra existencia.

 

La Navidad es un festín de valores, estos son sólo cinco de ellos pero puedes reforzar muchos más. Esperamos que estas ideas te sirvan y hagas de la Navidad un tiempo maravilloso que quedará en la memoria de tus hijos para siempre.   

 

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