Colaboración Sontushijos.org - 27.11.2017

 

Foto: Freepik 

 

El desarrollo de unos hábitos apropiados (de higiene, cuidado, comida…) son los cimientos para la adquisición de comportamientos futuros importantísimos como la responsabilidad, disciplina, etc.

 

¿Qué son los hábitos de autonomía?

 

Son aquellos comportamientos cotidianos de la vida diaria imprescindibles para asegurar un óptimo desarrollo personal y social en el niño. La adecuada adquisición de estos hábitos dota al niño de mayor autonomía, disminuyendo la sensación de dependencia hacia sus padres y por lo tanto, pueden enfrentarse de forma airosa a las exigencias del entorno.

 

Es importante destacar la idea que dichos hábitos hay que fomentarlos desde el inicio de la vida de los niños. Con ello, nos aseguramos que los podrán adquirir sin dificultades y de la forma más adecuada.

 

¿Cuáles son los principales hábitos de autonomía?

• Alimentación.

• Vestido/desvestido.

• Horario y situación de sueño.

• Aseo y limpieza.

 

¿Por qué es tan importante la autonomía personal?

• Un niño autónomo es aquel que es capaz de realizar por sí mismo aquellas tareas y actividades propias de los niños de su edad y de su entorno socio cultural.

• Un niño poco autónomo es un niño dependiente, que requiere ayuda continua, con poca iniciativa, de alguna manera sobre protegido.

• Los niños con pocos hábitos de autonomía, generalmente presentan problemas de aprendizaje y de relación con los demás. De ahí la importancia de su desarrollo: normalmente cuando progresan en este aspecto, también lo hacen en su aprendizaje y relación con los demás.

 

¿Qué hábitos enseñar?

 

Como norma general todo aquello que el niño pueda hacer solo, siempre que no entrañe peligro, debe hacerlo él mismo. También es válido como criterio enseñar aquellos hábitos que tienen adquiridos la mayoría de niños de una edad.

 

Como guía, pueden servir los siguientes hábitos que están expuestos de menos a más en distintas áreas:

 

Higiene: Todo lo referido a la higiene y auto cuidado personal: por ejemplo: control de esfínteres, lavarse las manos sólo, cepillado de dientes, el baño, lavarse la cabeza, peinarse, usar los productos de higiene, etc.

 

Vestido: Todo lo que se refiere al uso de las prendas y su cuidado: ponerse distintas prendas (pantalones, calcetines, abrigos, zapatos, cremalleras, botones), guardarlas en el lugar adecuado, elegir la propia indumentaria.

 

Comida: Relacionado con la conducta alimentaria: Comer solo, uso de los distintos instrumentos, respetar unas normas básicas de educación en la mesa, prepararse una merienda, entre otros. 

 

Vida en sociedad y en el hogar: Son hábitos referentes a la relación con los demás, el uso de algunos servicios comunitarios y la conducta en el hogar: van desde saludar a la gente conocida, escuchar, pedir por favor y dar las gracias; respetar turnos en juegos, pedir prestado, conocer los lugares para cruzar la calle, evitar peligros (enchufes, productos tóxicos), ordenar sus pertenencias, usar el teléfono, comprar, usar el transporte público o disfrutar de servicios de ocio (ir al cine).

 

¿Cómo se enseña?

 

La mayoría de los niños funcionan muy bien con rutinas, luego lo ideal será conseguir que esos hábitos se conviertan en rutinarios. Con una práctica adecuada, los hábitos se adquieren de 20 a 30 días. Y estos son los pasos para lograrlo:

 

1º Decidir qué le vamos a exigir y preparar lo necesario

• Lo primero es decidir lo que razonadamente le vamos a exigir, evitando pensamientos como: "prefiero hacerlo yo, lo hago antes y mejor". Comenzar cuanto antes.

• Que le exijamos algo adecuado a su edad.

• Hacerlo siempre y en todo lugar: todos los días.

• Todos a una, no vale: "con papá tengo que hacerlo, pero con mamá no".

• Preparad lo necesario: si le vamos a exigir guardar sus juguetes, hay que prepararle un lugar adecuado.

 

2º Explicarle qué tiene que hacer y cómo

• Hay que explicarle muy clarito y con pocas palabras qué es lo que queremos que haga, dándole seguridad: "Desde hoy vas a ser un niño mayor y te vas a lavar los dientes tú solito, sé que lo vas a hacer muy bien". Enséñale realizándolo tu primero.

• Piensa en voz alta mientras lo haces: "Primero mojo bien el cepillo de dientes, después pongo un poco de pasta de dientes.

• Asegúrate que comprende las instrucciones: pídele que las repita.

 

3º Practicar

• Ponlo a practicar. Al principio hay que ofrecerle muchas ocasiones de práctica.

• Recuérdale los pasos que tiene que hacer: "Primero mojar el cepillo de dientes y poner la pasta"

• Elógiale los primeros avances.

• Poco a poco disminuir la ayuda.

• Las prisas no son buenas: prepara el tiempo necesario, al menos al principio.

 

4º Supervisar

• Hay que revisar cómo va realizando lo que se le encomienda. Si un niño está aprendiendo a peinarse tenemos que revisar que ha quedado bien.

• Elogiar y valorar su realización. Si no está del todo bien, dile en qué puede mejorar.

 

Y si no quiere…

• Valorar si no quiere porque no está a su alcance o por comodidad.

• Por lo general si se lo ofrecemos como un privilegio ("Ya eres mayor") lo aceptará mejor que si lo hacemos como un mandato sin más.

• Si no lo hace por comodidad, dile que ya es mayor, que debe hacerlo por sí sólo e ignorar las quejas.

• Si todavía se sigue negando puedes adoptar varias medidas: sufrir las consecuencias, retirarle algún privilegio (algún juguete o actividad) o utilizar la sobre corrección: practicar y practicar la conducta adecuada.

 

La correcta adquisición de estos hábitos le permitirá enfrentarse paulatinamente a las exigencias de su entorno, no tendrá que recurrir frecuentemente a la ayuda de los adultos, podrá tomar sus propias decisiones y asumir responsabilidades, en definitiva, criaremos niños responsables y seguros de sí mismos.

 

 

*Por Eli Redondo Laboa. Colaboración de www.sontushijos.org para LaFamilia.info

 

 

13.11.2017 - ABC.es

 

 Gregorio Luri y su nuevo libro «Elogio de las familias sensatamente imperfectas»

 

El filósofo Gregorio Luri, se atreve a decir alto y claro lo que cada vez parece menos evidente: que no hay familias perfectas, que está muy bien decir a los hijos «no», y que es imprescindible enseñarles las «palabras mágicas». Así lo cuenta en su nuevo libro «Elogio de las familias sensatamente imperfectas». 

 

"Ser padres hoy se ha convertido en una realidad tan compleja que parece difícil dar con las claves para conseguir su buen desarrollo. Pero, antes de perder el norte, empecemos por el principio: no hay familias perfectas, y este libro ha nacido para reivindicar esa imperfección". Por eso el autor quiere destacar lo que cada vez parece menos evidente: que un hijo tiene derecho a saber que ser disciplinado es más importante que ser meramente inteligente; que más grave que equivocarse, es no aprender nada de la equivocación; que se puede disponer de mucha información y ser un ignorante; que está muy bien de vez en cuando oír la palabra «no»; y que es imprescindible aprender las cuatro palabras mágicas: «por favor», «gracias », «perdón» y «confío».

 

Gregorio Luri quiere animar a que los padres se reconozcan como seres «moderadamente imperfectos» y a que no se arrepientan de ello. En entrevista con el diario ABC de España, el autor nos da las claves para encontrar ese perdido sentido común. 

 

— Libros, internet, conferencias, escuelas de padres... antes las familias no consultaban tanto., mientras hoy parece que tienen que aprenderlo o saberlo todo.

 

Los padres de antes tenían muchas cosas que enseñarnos. Lo primero, que los hijos «vienen», no se programan para cuando me viene bien. Llegan, y en ese momento hay que aceptar que eso es un don. ¿Un don que quiere decir? Que no se controla muy bien lo que hay dentro. Lo segundo, que los hijos «salen». Esto me parece esencial: Que los hijos «salen» quiere decir que nuestros padres asumían que no estaba en sus manos programar su vida. Aceptar eso de manera natural, sin dramatismos, me parece una señal de inteligencia práctica, de sabiduría extraordinaria. Y tercero: no estaban todo el día viendo un problema en lo que habían hecho. Podían meter la pata, pero si la metían, salían para adelante. No hacían como los padres actuales, que están viviendo su experiencia con una especie de pepito grillo pedagógico dentro, del tipo «uy le he gritado, quizás no debería haberle gritado tanto, quizás tendría que haber negociado». Pero ha negociado y el infante no le ha hecho caso, entonces piensan «ahí quizás tendría que haber dicho un "no" tajante»...

 

— ¿Por qué tienen esa inseguridad las generaciones nuevas de padres?

 

Están introduciendo una distancia crítica entre su prole y ellos mismos que les lleva a perder espontaneidad en la relación. Digamos que hay una intermediación pseudocientífica que a mí me parece terrible en las relaciones entre padres e hijos, y profesores y alumnos. Damos por supuesto que hay que estar observando continuamente... Nuestros padres podían hacer muchas cosas mal pero la naturalidad de la relación estaba ahí. Recuerdo cada vez con más cariño la imagen de mi madre con la zapatilla en la mano, y me sorprendo pensando en la puntería extraordinaria de aquella mujer... y en la cantidad de psicomotricidad que hacía yo para esquivarla. Pero no ponías en cuestión que tus padres te querían. Mientras ahora te preguntas constantemente: ¿lo quiero como debería quererlo? Cuando las relaciones se miden desde esa distancia, hay una teatrocracia educativa. Nos vemos a nosotros mismos no como actores, sino como espectadores. Pero estar observándonos a nosotros mismos es una patología, es una neurosis. Cuando en la vida pierdes espontaneidad, hay algo de intensidad que se pierde.

 

— Pero así están muchos padres bien intencionados. ¿Qué les lleva hasta ahí?

 

Cuando las cosas pasan siempre es por algo, y analizar las razones de que esto ocurra era una de los motivos por los que quería escribir este libro. Lo que es cierto que esto tiene muchísimos elementos sociales: Empezando porque cada vez llegamos más tarde a casa, y estamos menos con nuestros hijos, y continuando con la sustitución de la cigüeña por la agenda, la pérdida de espacios de libertad para los niños, que ya no tienen ámbitos en los que puedan estar sin la supervisión de los padres, en los que ganaban seguridad, autoestima... Me refiero a ir a jugar a la calle o al pueblo, donde antes salías a vivir aventuras desde bien pequeño. La incertidumbre con respecto al futuro... La propia conciencia de la provisionalidad de las relaciones familiares, con niños que ven en su propio ámbito escolar que el padre de su amiguito no es exactamente su padre... Y por supuesto, esta convicción que es muy propia de nuestro tiempo de que hay una respuesta técnica para cada problema, que es por donde creo que deberíamos empezar.

 

— A lo largo de todas las líneas de este libro usted hace una ferviente defensa de las familias sensatamente imperfectas, porque ha detectado que esta nueva generación de padres no tiene suficiente con hacerlo bien, quiere hacerlo mejor. Buscan el mejor colegio, aunque este se encuentre a una hora de ruta de su casa, le apuntan todos los días a las extraescolares más extravagantes...

 

Exacto, no tienen suficiente con hacerlo bien, quieren ser perfectos. Pero se olvidan de que uno de los derechos del niño es tener una familia tranquila, y eso solo lo proporciona un entorno tranquilo, con paz en los momentos cruciales del día (por la mañana y justo antes de acostarse). Hay muchos menores que no duermen lo suficiente y esto me lleva a preguntar a los padres si le darían una sustancia tóxica a sus hijos. Pues bien, la falta de sueño es equivalente a una sustancia tóxica. Los padres están para decir «no» ante determinadas cosas, para poner barreras, para establecer una trinchera. Pero volvemos siempre a la misma cuestión, que es la intromisión de la teoría en las relaciones familiares. Hemos perdido el sentido de la prudencia. Habría que volver a leer a Gracián como pedagogo en ese arte. Hay que aceptar que el ser humano no tiene respuestas para todo.

 

— En este sentido, recomienda también en su libro volver a decir «no» de vez en cuando a nuestros hijos. ¿No se dice lo suficiente? ¿Está la autoridad denostada?

 

Es más, diría que son dos derechos fundamentales del menor: el derecho del niño a ser frustrado, y el derecho del niño a conocer los adverbios de negación. En España lo que ocurre es que estamos acomplejados a la hora de mostrar la autoridad, tanto en la familia como en la escuela. Nadie quiere mostrar que es autoritario, pero todo el mundo querría que sus hijos y sus alumnos le obedecieran sin tener que mandárselo. Eso es lo característico de la situación. Pero, ¿cómo conseguir una autoridad que no esté mandada? Ese es el sueño. Recomiendo no perder de vista al primer ministro de Educación francés, Jean-Michel Blanquer, que aboga por recuperar la autoridad, la jerarquía, el conocimiento, y la autonomía de los centros. Todo está recogido en su obra «La escuela de mañana».

 

— Volviendo al hogar... ¿Cuál es, según usted, la principal responsabilidad de los padres?

 

Quererse, de manera clarísima, es más importante que comprenderse. Por eso, si hablamos de «deberes» de los padres, y siendo plenamente conscientes de que la persona que quieren es imperfecta, estos tienen que hacer manifiesto que se quieren en casa con el ejemplo. No estoy pidiendo ¡por favor! un mundo poblado de sentimentaloides emotivos, que cuando te descuidas lo mismo te dan un abrazo a ti que se ponen a abrazar un árbol. Estoy hablando de que se note la capacidad que tiene el amor para sanar heridas puntuales. De hecho, se sabe que para el desarrollo psicológico de los niños, el afecto ambiental es tan importante como la leche materna para el crecimiento biológico. Y a vuestro hijo le estáis transmitiendo otra lección que no se aprende en ningún otro sitio que no sea en casa: que seguro que hay alguien por ahí fuera que le va a querer a él a pesar de sus imperfecciones. Esto es muy elemental, es el ABCD de las lecciones de la familia.

 

—En su obra no se cansa de defender que la familia normal es una especie de «chollo» psicológico. ¿Qué es una familia normal, y por qué es un chollo?

 

Cuando me refiero a una familia normal no me estoy refiriendo a las personas que la forman, sino a sus reacciones. Y por tanto, una familia normal es aquella que no sobrecarga sus neurosis inevitables con excesivas gesticulaciones. Es decir, es aquella que se enfrenta a sus problemas sin demasiados aspavientos, en lugar de hacerlo a gritos, llevándose las manos a la cabeza, o sobrecargando de tensión la tensión ya existente. Estoy cada vez más convencido de que la manera de tratar los problemas en sí misma es un factor educativo de primer orden, porque las familias que se enfrentan a ellos con cierta tranquilidad están dando un ejemplo de confianza en sí mismas y están educando a sus hijos en esta confianza, mientras que las familias que creen que la manera de solucionar un problema es gritar mucho, están educando a sus hijos en la desconfianza.

 

Y en efecto, una familia normal es un chollo, porque es el lugar donde te quieren por el mero hecho de haber nacido en ella, por el mero hecho de haber llegado. Es la principal institución de acogida y solidaridad natural que conoceremos en nuestra vida. Porque no hay tantos ámbitos donde se nos permita esto, ni de manera tan incondicional. Ni siquiera entre marido y mujer, donde hay que dar o demostrar ciertas señales. Es más, diría que ese cariño por los hijos no solo no caduca, sino que crece con el tiempo.

 

—Se declara también como ferviente admirador de los Simpson. ¿Qué deberíamos copiar de esta familia tan peculiar?

 

El hecho de que los Simpson empiezan cada capítulo siempre de cero. Y que, con todos sus defectos, cenan siempre lejos de la televisión. Pueden estar discutiendo, pero están todos juntos. Hay dos cosas en la familia que sabemos todos y que son de un valor extraordinario: una la capacidad del perdón, que nos permite liberarnos de las ataduras del pasado, y la otra la fidelidad al compromiso y a la palabra dada. Estas dos capacidades humanas son los instrumentos que tenemos para manejar el tiempo. Una nos libera del pasado y otra nos sujeta al futuro. Pero hace falta poner en valor todo eso que ya sabemos. Mientras tanto, nos perdemos en discursos por la empatía...

 

—¿Cuál es la receta básica para ser una familia sensatamente imperfecta?

 

Utilizar las palabras «por favor», «gracias», «perdón» y «confío». Estas cuatro palabras mágicas constituyen «la estructura básica de la cordialidad», y nos facilitan enormemente las relaciones sociales y familiares, por lo que es bastante estúpido dejarlas en desuso. Hoy en día no se utilizan lo que debieran porque todos queremos ser excelsos. Pero hay valores con minúsculas que no se pueden ignorar por querer defender valores con mayúsculas. Todo, insisto, forma parte del mismo discurso, que es una defensa teórica de la prudencia. Espero que el que lea esto diga: «si esto yo ya lo sabía». El libro puede parecer poco ambicioso, pero a mi sí me lo parece, y además extraordinariamente. 

 

 

ReL - 06.10.2017

 

Foto: Freeimages 

 

Una empresa holandesa acaba de sacar al aire un spot publicitario de jeans para niños (video al final de la nota), el cual está dando mucho de qué hablar, pues resalta las diferencias naturales entre niños y niñas. 

 

La campaña es obra de SIRE [Stichting Ideële Reclame, Fundación para una Buena Publicidad], una fundación creada en 1967 en el ámbito de la industria de la comunicación e inspirada en el American Advertising Council. Su finalidad es despertar en la sociedad holandesa el interés sobre cuestiones importantes de la vida en común que pasan desapercibidas.

 

"Los niños y las niñas son iguales, pero no son lo mismo", sostiene la campaña: "Los educadores holandeses perdemos a veces de vista que los chicos se desarrollan y aprenden de forma diferente a las chicas. En general, los educadores esperan que los chicos se comporten tranquilamente, escuchen con atención y permanezcan sentados. Sin embargo, los chicos aprenden mejor descubriendo, experimentando, asumiendo riesgos. 

 

En los últimos años los educadores apreciamos poco el comportamiento de los chicos. Los chicos entonces bajan el ritmo y frenan su desarrollo. Hay opiniones científicas divergentes sobre si las diferencias entre chicos y chicas son innatas o adquiridas en la educación. Sin embargo, todos coinciden en que debería prestarse atención a este problema. SIRE quiere preguntar a todos los educadores holandeses sobre su comportamiento con los chicos, para que los chicos consigan el espacio suficiente para desarrollarse en la forma conveniente para ellos. Con los Jeans Indestructibles de SIRE, los niños conseguirán el espacio para aprender experimentando" dicen los creadores del comercial.

 

Los padres reconocen el problema

 

Los datos que ofrece la campaña son claros:

 

- los chicos reciben tres veces más reprimendas que las chicas por el mismo comportamiento;

 

hay el triple de chicos que de chicas en la atención a la diversidad por problemas de aprendizaje o comportamiento;

 

- el trastorno por déficit de atención e hiperactividad se diagnostica cuatro veces más en chicos que en chicas y se medica cinco veces más;

 

Además, SIRE ha comprobado la preocupación de los padres o madres con hijos varones ante esta cuestión:

 

- el 44% reconoce que actualmente el "comportamiento de chico" está reprimido en la sociedad;

 

- el 56% reconoce que los chicos no dispone de espacio suficiente para desarrollarse de forma conveniente;

 

- el 45% reconoce que se enfrentan a estos problemas en su relación cotidiana con ellos;

 

- el 76% opina que debería prestarse mayor atención a este asunto.

 

No se trata, y el video lo expresa claramente, de que los chicos no deban tener normas de comportamiento y educación, sino de que, si se les cortan las alas en exceso en su forma de manifestarse o al jugar conforme a su sexo, "se retraen, reducen su autoestima, su actitud cambia a 'haga lo que haga, da igual', pierden la concentración con mayor velocidad, reducen su motivación y disminuye su rendimiento escolar".

 

En apoyo de la campaña, SIRE ha recabado la opinión de varios profesores y expertos, los doctores Angela Crott (Historia), Lauk Woltring (Investigación del Desarrollo), Louis Tavecchio (Pedagogía), Mark van Vugt (Psicología Evolutiva) y Jens van Tricht (Emancipación).

 

Los ideólogos de género, incómodos ante la realidad

 

Lucy van der Helm, directora de SIRE, ha defendido en radio y televisión esta campaña, a la que los ideólogos de género reprocharon que mantiene "estereotipos" que ellos, frente a los datos científicos y la experiencia universal de cualquier padre o educador, consideran de origen cultural y no natural.

 

Van der Helm sostuvo en diversas intervenciones que los chicos y las chicas son distintos, se manifiestan de forma distinta y necesitan una atención distinta en su distinto desarrollo psicofísico. La campaña pretende que los profesores holandeses se interroguen a sí mismos sobre ello. Y puso como ejemplo la imagen simbólica que cierra el anuncio: un niño subiendo a un árbol. Sin invitar a la imprudencia, el alarido de felicidad del niño ante la experiencia de la emoción y el triunfo expresa la idea de la campaña con la misma fuerza que sus Jeans Indestructibles.

 

 

Mercatornet – 17.10.2017

 

 

 

Muchas veces los padres debemos luchar contra la publicidad, la sociedad de consumo y aquellas frases como “es que todo el mundo lo tiene”; y es que son miles de estímulos que a diario alientan a los niños a tener más y más cosas. Sin embargo, este consumismo puede ocasionar en los pequeños un deseo insaciable de acumular cosas, volviéndose materialistas y egoístas. 

 

Entonces, ¿qué podemos hacer los padres para ayudar a los hijos a ser menos materialistas y menos egoístas? Mercatornet da seis pequeñas pautas que no son difíciles de cumplir y que señalan el camino a seguir:

 

1. Modérate a ti mismo

 

Este mensaje destinado a los padres es el más difícil pero también el más importante. Distintas investigaciones muestran que los padres que son muy materialistas tienen hijos materialistas. La clave en este punto es analizar qué ejemplo das a tus hijos.

 

2. Pasa más tiempo con tus hijos que con el dinero

 

Haz un esfuerzo para pasar tiempo con tus hijos haciendo cosas que no cuesten dinero: ir al parque, pasear en bici, cocinar o jugar a distintos juegos de mesa.

 

3. Rotación de juguetes 

 

Tus hijos seguramente tengan muchos juguetes así que una opción es guardar algunos de ellos. Esto ayudará a los niños a aprender que no necesitan tanto para pasar un buen rato y además cuando sus padres roten los juguetes y les saquen los guardados los disfrutarán como si fueran nuevos.  El tener menos juguetes a mano también puede fomentar la creatividad y la resolución de problemas.

 

4. Menos recompensas económicas 

 

Algunas investigaciones muestran que los adultos que de niños recibieron recompensas económicas o materiales tales como “si te portas bien te compraré esto…” son más propensos a caer en lo mismo como padres. Para ello, no hay nada mejor que los niños se esfuercen en hacer algo durante un tiempo para valorar lo que es ganar algo, pues es la vida es esto.

 

5. Enseñar el hábito de “dar” más que “recibir”

 

Ayudar al otro ayuda a contrarrestar el materialismo. Algunos ejemplos pueden ir desde llevar la cena a un vecino enfermo a regalar algunos juguetes a centros para niños necesitados. Otra opción que se plantea es que el niño elija uno o dos regalos de Navidad para regalar a otros. Eso o una pequeña parte de la paga del domingo.

 

6. Cuidado con la televisión e internet

 

Buena parte de este materialismo viene aprendido de estos medios, que además tiene otras consecuencias. Una buena rutina es establecer una cultura familiar en la que quede claro que la televisión, los teléfonos, las computadoras son un privilegio, no un derecho, y que los padres tienen el poder de controlar el acceso de los niños a estos aparatos.

Otra ventaja adicional es que las familias que limitan el acceso a estos dispositivos tienen mucho más tiempo para hablar y los padres  pueden conocer mejor lo que está pasando en las mentes de sus hijos.

 

Qué tal te parecen estos consejos, no son tan difíciles de seguir, ¿verdad? Es cuestión de proponernos, de enseñar a los hijos que las cosas materiales no son las que nos dan la felicidad, que la generosidad nos hace grandes, a diferencia del egoísmo que nos aleja de las personas y nos aparta de la felicidad. 

 

 

LaFamilia.info/Noelia López-Cheda - 11.09.2017

 

 Foto: Noelia López-Cheda

 

“¡Me niego a ser la agenda de mi hija por el whatsapp!” dice enfáticamente Noelia López-Cheda, autora del libro No seas la agenda de tus hijos y prepáralos para la vida,  quien señala que “aunque los padres queremos que los niños sepan defenderse en la vida y tengan los recursos para afrontar el fracaso, no les preparamos para ello sino todo lo contrario”. 

 

Noelia es ingeniera industrial, Coach profesional, consultora en temas de Recursos Humanos, conferencista y Máster de Profesor de Educación Secundaria y Bachillerato. Esta española apasionada de la educación, considera que los padres deben buscar que los hijos desarrollen ciertas habilidades fundamentales para la vida como son la autonomía, la proactividad y la comunicación; pues de lo contrario, es posible que los hijos sean inseguros, no asuman responsabilidades, dependan de los padres para tomar decisiones y no aprendan a razonar ni tolerar la frustración. 

 

“Ayudar a nuestros hijos, sí; ser su agenda o suplantarles, no”

 

Noelia relata la situación que la hizo caer en cuenta que estaba siendo la “agenda de su hija” y que de cierta manera le estaba "viviendo su vida", lo cual la perjudicaba más de lo que la beneficiaba, siendo así un llamado de atención para hacer un cambio rotundo, este es su relato:

 

“Recuerdo la primera vez que envié y recibí los deberes que se había olvidado Enma por el grupo de whatsapp de las “madres” del cole. “¡Qué maravilla esto!” pensé inocente de mi sin saber entonces que se iba a convertir en un monstruo que me engulliría en una vorágine de mensajes a partir de las 6 de la tarde con listado de tareas unido a mil fotos de los libros, ejercicios… que me saturaban el espacio del teléfono y cuando tenía que hacer una foto me decía: “memoria llena”. 

 

El día que “vi la luz” lo recuerdo con bastante claridad. Fue así:

 

– Enma: “mamá se me ha olvidado la hoja de los ejercicios de matemáticas, ¿lo dices en el grupo y que te lo manden?”.

 

Yo como madre solícita, amantísima y servicial me dispuse a hacerlo mientras dejaba las llaves en la entrada, soltaba el bolso en la silla, me sacaba el teléfono del bolsillo y dejaba la bolsa de la compra en el suelo. ¡”Multitasking” en acción!

 

Entonces algo me paralizó. Fue algo así como “un bofetón de realidad”. Me quedé mirando el teléfono a la vez que veía varios emails de clientes parpadeando en la pantalla y entonces comprendí.

 

Pero ¿qué narices estoy haciendo? pensé. Se acabó.

 

- Enma cariño, no es mi responsabilidad que se te hayan olvidado los deberes, es la tuya, por lo tanto mañana dices a la profesora que no los llevas porque se te olvidaron y que la próxima no se te olvidarán.

- Pero ¡¡¡mamá!!!! ¡¡me pondrá mala nota!!!!!

- No pasa nada, la próxima seguro que ya no te la pone.

- Y ¿por qué no lo pides al grupo con lo fácil que es?

- Pues precisamente porque ese grupo no está para ser el paralelo de tu agenda sino para cosas urgentes del colegio. Tú no debes confiar en que el móvil de tu madre responda a tus olvidos ya que, es tu responsabilidad traer tu agenda con tus ejercicios. Yo tengo mi agenda y no te pido a ti que me recuerdes si tengo que responder a un cliente, si tengo que preparar un material….así que cada uno debe asumir su parte.

 

Lo entendió perfectamente y ya nunca más me ha pedido nada de eso a pesar de los olvidos que, tengo que decir, son bastante frecuentes”. 

 

¿Qué estamos consiguiendo con ser agendas o ayudantes particulares en todo momento de nuestros hijos? 

 

La autora responde a esta pregunta: “Lo de los deberes eternos en casa es otro tema (tengo muchos debates sobre deberes SÍ o deberes NO), voy al tema particular de asumir todo movimiento que hacen nuestros hijos como si fuéramos los ángeles protectores perpetuos tengan la edad que tengan. Lo que conseguimos es básicamente esto y la lista daría para mucho: 

 

- Niños que no asumen ningún tipo de responsabilidad para su edad.

 

- Niños que les da miedo hacer cualquier cosa porque tienen nuestros ojos encima por si se equivocan, porque nosotros se lo vamos a hacer mejor.

 

- Niños que prefieren poner la atención en otras cosas, porque para éstas “ya está mamá”.

 

- Niños que cuando crezcan solo esperarán instrucciones y órdenes para empezar a actuar. Esto es clave.

 

Una de las competencias que más trabajo con diferencia en empresas en formaciones y talleres además de ponencias, es la proactividad e iniciativa. Se trabaja también desde la competencia del conocimiento personal, conocimiento de fortalezas y autoconfianza por lo que si no “practicamos” con estas pequeñas cosas desde pequeños, no esperemos que lo hagan de mayores “señores futuros empresarios que van a contratarlos” (sí, los adultos que leéis, ¿qué pedimos en los trabajadores o en nuestros compañeros de trabajo? Esto mismito...)

 

– No me debo sentir como mala madre si no hago de agenda, me comporto como madre irresponsable si no educo para que mis hijos sean independientes y autónomos, 

 

– No me debo sentir como mala madre por no sentarme con ella/ellos a hacer los deberes, me comporto como madre irresponsable si no les brindo ayuda o apoyo emocional y de empuje cuando tengan realmente grandes dificultades.

 

– No me debo sentir como mala madre por no estar supervisando absolutamente todo paso que realice mi hija (el peque en este tema todavía no llega, seamos conscientes de las edades), me comporto como una madre irresponsable si desconozco dónde se mueve y con quién se mueve mi hija, que tiene cierto matiz diferente.

 

Hay estrategias de sobra para trabajar con ellos a estas edades, venga ánimo, que tenemos que hacer generaciones mejores que la nuestra, es fácil con un poco de reflexión y confianza" concluye la autora.

 

*Se publica bajo la autorización de Noelia Lopez. Conoce más de la autora en: noelialopez.com

 

Reciba gratis en su e-mail las novedades de LaFamilia.info de cada semana.

Suscribirse aquí

síguenos

fb
twitter
youtue
Instagram

logo pie

Síguenos    
fb pie tw pie youtube pie  
© 2017 Corporación CED. Colombia - all right reserved - desarrollado por Webpyme