AllProDad - 23.04.2018

 

Foto: Freepik 

 

La universidad enseña muchas cosas, pero hay otras que hay que llevar aprendidas de casa. El portal AllProDad señala las 10 cosas más importantes que tu hijo no aprenderá en la universidad.

 

1. Moral y sentido común

 

Es imperativo para el futuro que los hijos comprendan, por lo menos de forma básica, lo que está bien y lo que está mal. Lo mejor es enseñar esto con el ejemplo. Los hijos necesitan saber que sin honestidad e integridad, no tienen nada.

 

2. Perseverancia y aguante

 

Una de las cosas más difíciles de enseñar a una persona joven es que el fracaso no es malo. Su limitada experiencia les impide comprender que el éxito puede estar a la vuelta de la esquina, en el siguiente intento. Siempre habrá problemas, y la perseverancia consiste en no arrugarse ante ellos. Hay que enseñar que siempre habrá una luz al final del túnel.

 

3. La confianza en uno mismo

 

Todo el mundo tiene inseguridades. Si permitimos que los complejos dominen nuestra vida, perderemos grandes oportunidades. La confianza crece cuando entendemos nuestras limitaciones, y también sabiendo cuales son nuestras capacidades. Incluso las debilidades se pueden convertir en un punto fuerte cuando se las conoce bien. Hay que asegurase de que el hijo desarrolle su autoestima.

 

4. Gestionar el dinero

 

La forma más sencilla de enseñar esto es obligarle a entender el valor del dinero. Es bueno que tengan un presupuesto determinado, y obligarles a vivir conforme a él. Si no aprecian el dinero y lo que cuesta ganarlo, acabarán endeudándose rápidamente. Ayuda que hagan tareas de la casa por dinero, por ejemplo.

 

5. Hacer amistades y mantenerlas

 

Lo más importante en este sentido es que sean ellos mismos, y que esperen lo mismo de sus amigos. Si uno de los amigos no es aceptado por como es, entonces la amistad no es verdadera. Los amigos son muy diversos, hay que tener una mente abierta para recibirlos y un corazón amable para mantenerlos.

 

6. Autodisciplina

 

¿Podrá tu hijo decir no, aunque esté bajo presión? Con el tiempo, cada persona se responsabiliza de sus propios actos, éxitos y fracasos. La autodisciplina determina también el futuro de los hijos. Aunque depende mucho del ejemplo que den los padres.

 

7. Fe y valentía

 

La mayoría de las veces, la salida más fácil es la incorrecta. El buen camino suele ser largo, solitario y oscuro. La valentía y la fe ayudan a seguir por ese camino pese al miedo o las dificultades. Enseñarle a un joven el valor de la fe es cada vez más complicado, pero si se consigue, la huella queda para siempre.

 

8. Generosidad y lealtad

 

Si quieres que tu hijo se preocupe solo por sí mismo, no hay más que dejarle solo y ver como la cultura moderna le influye. Sin embargo, si se quiere subir el listón, se le debe enseñar lo contrario siempre que se presente la oportunidad. La generosidad es la habilidad para sacrificarse en favor de la felicidad o el beneficio de otro, y la lealtad es la piedra angular de toda relación.

 

9. Personalidad propia

 

Si en la historia no hubiera habido personas únicas, con personalidad propia, la humanidad no hubiera salido de las cavernas. Todo el mundo tiene dones especiales que el resto de personas necesitan. Descubrir esos talentos y desarrollarlos es esencial, no solo en lo personal, sino también en lo social.

 

10. Encontrar y mantener a un esposo o esposa

 

El respeto es fundamental en esto. Si no hay un respeto mutuo entre marido y mujer, el matrimonio fracasará. Hay que enseñar a los hijos a escoger un compañero de vida adecuado, al que no solo amen, sino respeten. Alguien con el que compartan valores y tiempo. Con unos cimientos sólidos basados en el respeto, serán capaces de capear cualquier tormenta que ocurra durante sus vidas.

 

*Traducido por ReL

 

Por Carmen Castiella/ReL – 09.04.2018

 

Foto: Freepik 

 

“Nuestros hijos necesitan padres presentes y no madres omnipresentes e hipercontroladoras. Y nosotras, al menos yo, necesito a mi marido” así lo afirma Carmen Castiella Sánchez-Ostiz, columnista, madre de familia numerosa y letrado de la Administración Pública del Gobierno Foral. 

 

Carmen hace un llamado a rescatar la masculinidad y la paternidad, ella ratifica que "aunque la familia monoparental esté de moda y se nos venda que una mujer sola puede con todo, exaltando exclusivamente la maternidad y la sensibilidad femenina, necesitamos a nuestros maridos y padres. Reivindicamos la figura paterna por supervivencia”. A continuación, compartimos algunos apartes de su artículo “Masculinidad y paternidad, en crisis”.

 

***

 

“Hemos pasado de intentar convertir a las mujeres en hombres a intentar convertir a los hombres en mujeres. Y eso no conviene a ninguno de los dos sexos. Tampoco a las mujeres. Las mujeres tienen tanto interés como los hombres en acabar con la crisis de la masculinidad. Una mujer sensata no quiere un párvulo como pareja. Quiere un hombre”, dice Jordan Peterson.

 

Es cada vez más evidente que los hombres jóvenes, y no tan jóvenes, están algo confusos respecto al modo de relacionarse con las mujeres, respecto a lo que se espera de ellos, a lo que deberían asumir o abandonar, respecto al modo de ejercer su paternidad, etc.

 

Algunos construyen su identidad como hombres en salas de musculación, trabajando hasta la extenuación, corriendo heroicos maratones o tomando cañas mientras se quejan y culpan de casi todo lo que no funciona a su mujer (nada nuevo desde Adán), con la continua y confusa sensación de no estar a la altura (nadie lo estamos) y de que no se valoran sus esfuerzos por adaptarse a sus presuntas súper mujeres y súper madres, que aportan además la mitad de los ingresos al hogar.

 

Nuevo escenario para la reconstrucción de la identidad masculina y la paternidad 

 

La incorporación de la mujer al mercado laboral es una realidad que no tiene marcha atrás y exige hacer cambios. El escenario es nuevo. Ya no basta con que el padre sea el proveedor económico y material, porque la madre también lo es.

 

Por tanto, al replantear en términos actuales la masculinidad no podemos limitarnos a recuperarla reproduciendo el pasado.

 

El trabajo que da el sostenimiento de un hogar y el cuidado de unos hijos es inmenso y el hombre debe asumir su parte. No imagino un reto que suponga más heroicidad y autosuperación. Shackleton se queda corto.

 

El reparto de las tareas del hogar… ese tema tan manido y cansino, como cansina es a veces la vida misma. No niego que la mujer sea en esencia una gran cuidadora (no veo en ello un rol de género asumido casi por fatalidad, sino riqueza y capacidad), creadora de hogar y madre; biológicamente es ella la principal protagonista en los primeros años de crianza, pero urge recuperar la función del padre.

 

Por más que la familia monoparental esté de moda y se nos venda que una mujer sola puede con todo, exaltando exclusivamente la maternidad y la sensibilidad femenina, necesitamos a nuestros maridos y padres. Reivindicamos la figura paterna por supervivencia. La cantidad de niños tiranos que hay hoy en día tiene mucho que ver con el descrédito de la masculinidad y la paternidad.

 

“La figura del padre es clave no sólo para el niño sino también para la mujer/madre. Parece que el padre pone límite a la tiranía del hijo sobre la madre. La figura paterna podría ser la clave de la verdadera emancipación de la mujer respecto a la tendencia cada vez mayor a la tiranía de los hijos”, explica María Calvo en Padres destronados.

 

Nuestros hijos necesitan padres presentes y no madres omnipresentes e hipercontroladoras. Y nosotras, al menos yo, necesito a mi marido. Frente a la idea cada vez más extendida de que una mujer sola puede con todo, pienso en la sabiduría del plan de Dios: “Hombre y mujer los creó”, “No es bueno que el hombre esté solo”, etc.

 

Creo que es clave dejar a los hombres ejercer su paternidad sin pretender que “hagan todo como nosotras”. Ellos probablemente asumirán más riesgos con los hijos y les alimentarán peor, quizás se olviden el abrigo y salgan de casa sin peinar, pero les pondrán frente a sí mismos y sus límites, les ayudarán a superarse, les marcarán con mayor eficacia el límite a su Yo frente a la tendencia de la madre a darlo todo y a estar en todo. Esta realidad, como todas, tiene mil matices y excepciones pero creo que tiene también bastante verdad.

 

Sobreabundan las madres que, por la culpabilidad generada al pasar tantas horas trabajando fuera de casa, cuando están presentes son demasiado solícitas e intensas en el ejercicio de la maternidad porque la condensan en unas pocas horas y no dejan espacio al hombre para ejercer su paternidad, tan legítima como la maternidad.

 

Si dejamos a nuestros hijos con nuestro marido y desaparecemos un rato, no es necesario que les organicemos la vida ni corrijamos cada iniciativa del hombre por más disparatada y mal organizada que nos parezca. La tarde podrá resultar un bodrio a nuestros ojos y, a nuestra vuelta, quizás ninguno se haya bañado y hayan cenado palomitas. Pero debemos dejarles ese espacio porque es suyo, no es una cesión, les pertenece.

 

Conclusión: urge recuperar la masculinidad y la paternidad sin limitarnos a reproducir el pasado.

 

Por Aníbal Cuevas - 19.03.2018

 

Foto: Freepik 

 

El 19 de marzo se celebra el Día del Padre en países como España, Bolivia y Honduras; festividad que surge a partir del Día de San José, padre de Jesús. Por eso, les compartimos este escrito de Aníbal Cuevas, reconocido Orientador Familiar y autor de varios libros.

***

¿Quién no quiere ser un buen padre? ¿Qué padre no siente cierta culpa porque cree que no está a la altura? Es cierto que no es fácil y que además de las limitaciones que como personas tenemos, en numerosas ocasiones no sabemos ni lo que se espera de nosotros ni cómo hacerlo. No basta con tener grandes deseos, hace falta saber qué es un buen padre, que se espera de él y marcar una hoja de ruta. He aquí una que puede ser útil:

 

1. Conoce a tu hijo

 

Es algo que parece una obviedad, pero muchos padres no conocen a sus hijos. No es simplemente saber distinguirle de entre otros, tampoco identificar sus gustos o aficiones... Para conocer a un hijo es necesario saber sobre su temperamento, su carácter, lo especifico de la edad que tiene. Es decir, es necesario estudiar un poco. Cada persona es única y necesita de un trato diferenciado ajustado a su manera de ser y a la realidad que está viviendo. Todos experimentamos que no nos gusta ser tratados como números sino de manera singular.

 

Hay niños más sensibles que otros, más o menos activos, más impresionables o más desapegados. Unas edades son más explosivas y otras más tranquilas. Para ayudar y querer es necesario conocer: hay que estudiar.

 

2. Acepta a tu hijo

 

¿Quién no tiene un ideal de persona y vida para su hijo? Nos agradaría que le gustara este o aquel deporte, estos o aquellos estudios. Muchas veces sin ser conscientes ni aceptamos ni respetamos a nuestros hijos, nos gustaría que fueran de otra manera. Indudablemente esta aceptación no incluye aquello que les hace mal. Se trata de aceptarles a ellos, a la persona y de ayudarles a corregir y dar lo mejor de sí.

 

3. Exige a tu hijo 

 

Para ayudar a los hijos a dar lo mejor de sí, a ser muy buenas personas y a ilusionarles con esas pequeñas luchas no basta aceptar al hijo ya que no se debe dejarle hacer aquello que no le hace mejor, que se deje llevar de la pereza, el egoísmo, la soberbia, etc…

 

La mejor ayuda que un padre puede prestar a un hijo es el ejemplo de autoexigencia. Ese es el sentido de la autoridad paterna: ayudar, orientar y animar con la palabra y el ejemplo.

 

Y hay un elemento fundamental que debe englobar estas tres acciones: el amor. Si los hijos no perciben que son amados es imposible la educación, es complicado que deseen ser buenos y más lo será que aprendan a amar. Se aprende a amar siendo amado, y amar supone conocer, aceptar y exigir al hijo. Elemento imprescindible en esta tarea es estar. 

 

Es cierto que la vida es complicada, que hay demasiados afanes, que a veces no tenemos claras las prioridades ni en la cabeza ni en el corazón. Un padre tiene que estar, los hijos necesitan que papá esté. Pero no de cualquier manera: necesitan ver a papá cuidar el hogar, hablar, jugar, enfadarse, reír, pedir perdón, dar gracias, rezar y sobre todo, querer mucho a mamá.

 

Cortesía del autor Aníbal Cuevas para LaFamilia.info

Blog anibalcuevas.com
Twitter @anibal_cuevas

 

 

Por Daniel Dehesa / qore.com – 19.03.2018

 

Foto: Freepik 

 

Por lo general, cuando queremos saber más de nuestros hijos, les preguntamos “¿cómo te fue?” y la respuesta casi siempre es “bien papi/mami” y nosotros quedamos en las mismas... Así que un ingenioso bloguero en esta misma situación, se dio a la tarea de escribir 25 preguntas que nos darán ¡las respuestas que queremos! 

 

Daniel Dehesa cuenta en qore.com que sentía una gran frustración cuando quería saber más de su hijo pequeño que está en preescolar: 

 

“A mí me pasó, pues lo que me contaba mi hijo era "me fue bien papi", en lugar de contarme cada detalle de su día. ¡Era frustrante! Mi esposa —una genio de la enseñanza— se enteró que era mejor crear una conversación basada en preguntas. No hay una fórmula exacta y todo depende de lo que quieres conocer de tus hijos, pero estas preguntas son un buen comienzo para saber un poco acerca de lo que piensan, cómo les está yendo realmente en la escuela y para trabajar el tema de la confianza”, señala. 

 

Así que estas son las preguntas que ellos proponen: 

 

Comienza con lo cotidiano:

 

1. ¿Qué desayunaste? ¿Estaba rico o no te gustó?

2. ¿Qué llevaron de comer otros niños?

3. ¿Qué es lo que más te aburrió hoy?

4. ¿Hubo algo que te hiciera muy feliz?

5. ¿Qué fue lo más raro que viste hoy en la escuela?

 

Y después puedes profundizar acerca de su interacción social:

 

6. ¿A qué jugaste hoy y con quién?

7. ¿Dónde juegas más en el recreo?

8. ¿Qué es lo que más les gusta jugar a todos los niños en el recreo?

9. ¿Hubo alguien que te hiciera enojar?

10. ¿Hay alguien de los otros niños que se esté portando muy mal o que le guste hacer cosas malas?

11. ¿Pudiste ayudarle a alguien en algo? ¿O alguien te ayudó a ti en algo?

12. Si una nave extraterrestre llegara a tu escuela para llevarse niños, ¿a quiénes preferirías que fuera? ¿y a quienes tratarías de ayudar? (puedes remplazar lo de la nave con el malo de alguna película que tu hijo haya visto recientemente).

13. ¿Hay alguien que no es tu amigo, pero que gustaría que fuera?

14. ¿Con quién te gusta platicar más? ¿Y te contó algo divertido hoy?

15. ¿Alguien te ha pedido que guardes un secreto?

 

O de su desarrollo académico:

 

16. ¿Qué fue lo que te costó más trabajo? ¿y lo que te dio más flojera?

17. ¿Qué fue lo que más te gustó de lo que aprendiste hoy?

18. ¿Qué te gustaría hacer para que la clase que más te aburre fuera más divertida?

19. Si tú fueras maestr@, ¿qué le enseñarías a los niños?

20. Si alguno de los otros niños fuera maestro, ¿quién te gustaría que fuera?

21. ¿A cuál personaje de caricatura se parece tu maestro?

22. ¿Qué crees que más le gusta a tu maestro de ti?

23. ¿Qué es lo que menos te gusta de tu maestro?

24. ¿Qué te hubiera gustado aprender hoy?

25. ¿Qué es lo que más te hizo sentir orgulloso hoy?

 

“Obviamente no se trata de hostigar a los niños/adolescentes con preguntas, por eso utiliza un par cada día y ve variando el tema. Recuerda, sólo son el pretexto para iniciar la conversación y darle un buen rumbo, pero a menos que a tus hijos les encante hablar acerca de todo, difícilmente te darán santo y seña de su día. Tienes que ser paciente y eventualmente, con este tipo de preguntas, podrías descubrir aspectos de la personalidad de tus hijos o problemas que viven, pero que no imaginabas” finaliza Daniel.

 

 

Por Gestionando Hijos – 02.04.2018

 

Foto: Freepik 

 

Seguramente cuando nuestros niños son pequeños y rebeldes desearíamos que fueran más obedientes. Pero si miramos más allá de esta primera infancia, nos daríamos cuenta de que no querríamos que nuestros hijos, el día de mañana, fueran sumisos, sino que tuvieran criterio propio y decidieran conociendo o anticipando las consecuencias de sus actos. En definitiva, seguramente querríamos que nuestros hijos fueran responsables. ¿Cómo podemos fomentar la responsabilidad en nuestros hijos? El psicólogo infanto-juvenil Antonio Ortuño de Gestionandohijos.com deja claro que “la responsabilidad se lleva muy bien con dos conceptos clave: la felicidad y la inteligencia” y nos ofrece claves para construir esa responsabilidad día a día.

 

¿Por qué los hijos responsables son más felices?

 

Si pensamos en hijos a los que les damos todo hecho, que no tienen apenas responsabilidades ni decisiones que tomar, podríamos pensar que les estamos haciendo la vida más fácil y eso les haría felices. Incluso si pensamos en niños a los que les pedimos obediencia a nuestras normas podríamos pensar que también les estamos haciendo la vida más llevadera al dejarles bien claro qué tienen que hacer, cuándo, cómo…

 

Pero lo cierto es que nuestros hijos quieren ser protagonistas de su propia vida, sentirse capaces, útiles y competentes. Y en la medida en que se sienten capaces y protagonistas, tienen una autoestima más alta. Por eso, al no fomentar que nuestros hijos se responsabilicen de su vida les estamos diciendo: “tú no puedes”, “déjame a mí, que yo sé” o “no confío en ti”.

 

Lo que está claro es que los hijos responsables son capaces de tomar decisiones, de asumir riesgos y de reconocer sus propios errores. En definitiva, son más autónomos. Y, como nos dice Silvia Álava, otra experta de la plataforma de Gestionandohijos.com, “la felicidad está muy ligada al sentimiento de capacidad. Cuando los niños no saben resolver las cosas por sí mismos, eso va en contra de su propia felicidad”.

 

Hijos responsables que aprenden a tomar decisiones

 

Nos recuerda Antonio Ortuño que “la responsabilidad se construye de forma progresiva. A diario tenemos multitud de ocasiones para fomentarla”. Y se fomenta la responsabilidad, especialmente, dejando tomar decisiones. Porque lo cierto es que si pretendemos la obediencia (por ejemplo, que nuestro hijo nos haga caso y ordene su habitación) no dejamos al niño margen de decisión y, si no cumple lo que ordenamos, nos enfadaremos, estaremos desbordados emocionalmente… Esta escena tan típica, dice Antonio Ortuño, “es una oportunidad perdida para educar en la responsabilidad”.

 

¿Cómo podríamos dar la vuelta a esta situación? Podríamos dejar que nuestro hijo decidiera si organiza o no la habitación, pero controlando las consecuencias: si ordena puede ver la tele, si no, no podrá verla. Pero Antonio Ortuño deja muy claro que “las emociones deben ser las mismas, decida una cosa o la otra”.

 

Claves para educar hijos responsables

 

1. Dejar que nuestros hijos tomen decisiones y vivan las consecuencias de sus actos. Por ejemplo, si no ha llevado el almuerzo para el colegio por mucho que se lo hayamos recordado, fomenta más su responsabilidad dejar que viva la consecuencia natural de este olvido (no tiene almuerzo) que volver corriendo a casa y llevárselo al colegio.

 

2. Hablar de las consecuencias que pueden tener sus actos si no cumplen una norma. Por ejemplo, si en casa creemos que no pueden ver la tele hasta que ordenen el cuarto, deberíamos dejarlo claro, explicar esa norma y su consecuencia y dejar que experimenten la consecuencia si no cumplen dicha norma.

 

3. Conversar con nuestros hijos sobre sus responsabilidades y dejarles que se hagan cargo. Educar es extenuante y más aún si tenemos que hacernos cargo de una logística que nuestros hijos pueden asumir. Para liberarnos de tanto peso, podemos decir a nuestros hijos que se deben hacer cargo de preparar la mochila con los materiales que necesitan para su extraescolar, por ejemplo natación o música.

 

4. Permitir que resuelvan sus pequeños problemas, debatiendo con ellos sobre posibles consecuencias o repercusiones que anticipamos para apoyarles a tomar la decisión que ellos creen más acertada. Por ejemplo, si tienen una pelea con un amigo y no saben cómo actuar con el amigo al día siguiente, podríamos hablar con ellos de las posibles alternativas y apoyarles para que elijan la que más les satisfaga.

 

5. Entender que nuestro objetivo educativo ha de ser enseñarles a elegir bien y no obedecer, y menos aún en función de nuestro desborde emocional. Esta idea nos puede ayudar a rebajar la tensión (tal vez así entendamos sus retos como formas de aprender, no como afrentas personales) y a dejar de estar detrás de ellos, porque lo que queremos es que decidan ellos mismos.

 

Reciba gratis en su e-mail las novedades de LaFamilia.info de cada semana.

Suscribirse aquí

síguenos

fb
twitter
youtue
Instagram

logo pie

Síguenos    
fb pie tw pie youtube pie  
© 2018 Corporación CED. Colombia - all right reserved - desarrollado por Webpyme