LaFamilia.info/Noelia López-Cheda - 11.09.2017

 

 Foto: Noelia López-Cheda

 

“¡Me niego a ser la agenda de mi hija por el whatsapp!” dice enfáticamente Noelia López-Cheda, autora del libro No seas la agenda de tus hijos y prepáralos para la vida,  quien señala que “aunque los padres queremos que los niños sepan defenderse en la vida y tengan los recursos para afrontar el fracaso, no les preparamos para ello sino todo lo contrario”. 

 

Noelia es ingeniera industrial, Coach profesional, consultora en temas de Recursos Humanos, conferencista y Máster de Profesor de Educación Secundaria y Bachillerato. Esta española apasionada de la educación, considera que los padres deben buscar que los hijos desarrollen ciertas habilidades fundamentales para la vida como son la autonomía, la proactividad y la comunicación; pues de lo contrario, es posible que los hijos sean inseguros, no asuman responsabilidades, dependan de los padres para tomar decisiones y no aprendan a razonar ni tolerar la frustración. 

 

“Ayudar a nuestros hijos, sí; ser su agenda o suplantarles, no”

 

Noelia relata la situación que la hizo caer en cuenta que estaba siendo la “agenda de su hija” y que de cierta manera le estaba "viviendo su vida", lo cual la perjudicaba más de lo que la beneficiaba, siendo así un llamado de atención para hacer un cambio rotundo, este es su relato:

 

“Recuerdo la primera vez que envié y recibí los deberes que se había olvidado Enma por el grupo de whatsapp de las “madres” del cole. “¡Qué maravilla esto!” pensé inocente de mi sin saber entonces que se iba a convertir en un monstruo que me engulliría en una vorágine de mensajes a partir de las 6 de la tarde con listado de tareas unido a mil fotos de los libros, ejercicios… que me saturaban el espacio del teléfono y cuando tenía que hacer una foto me decía: “memoria llena”. 

 

El día que “vi la luz” lo recuerdo con bastante claridad. Fue así:

 

– Enma: “mamá se me ha olvidado la hoja de los ejercicios de matemáticas, ¿lo dices en el grupo y que te lo manden?”.

 

Yo como madre solícita, amantísima y servicial me dispuse a hacerlo mientras dejaba las llaves en la entrada, soltaba el bolso en la silla, me sacaba el teléfono del bolsillo y dejaba la bolsa de la compra en el suelo. ¡”Multitasking” en acción!

 

Entonces algo me paralizó. Fue algo así como “un bofetón de realidad”. Me quedé mirando el teléfono a la vez que veía varios emails de clientes parpadeando en la pantalla y entonces comprendí.

 

Pero ¿qué narices estoy haciendo? pensé. Se acabó.

 

- Enma cariño, no es mi responsabilidad que se te hayan olvidado los deberes, es la tuya, por lo tanto mañana dices a la profesora que no los llevas porque se te olvidaron y que la próxima no se te olvidarán.

- Pero ¡¡¡mamá!!!! ¡¡me pondrá mala nota!!!!!

- No pasa nada, la próxima seguro que ya no te la pone.

- Y ¿por qué no lo pides al grupo con lo fácil que es?

- Pues precisamente porque ese grupo no está para ser el paralelo de tu agenda sino para cosas urgentes del colegio. Tú no debes confiar en que el móvil de tu madre responda a tus olvidos ya que, es tu responsabilidad traer tu agenda con tus ejercicios. Yo tengo mi agenda y no te pido a ti que me recuerdes si tengo que responder a un cliente, si tengo que preparar un material….así que cada uno debe asumir su parte.

 

Lo entendió perfectamente y ya nunca más me ha pedido nada de eso a pesar de los olvidos que, tengo que decir, son bastante frecuentes”. 

 

¿Qué estamos consiguiendo con ser agendas o ayudantes particulares en todo momento de nuestros hijos? 

 

La autora responde a esta pregunta: “Lo de los deberes eternos en casa es otro tema (tengo muchos debates sobre deberes SÍ o deberes NO), voy al tema particular de asumir todo movimiento que hacen nuestros hijos como si fuéramos los ángeles protectores perpetuos tengan la edad que tengan. Lo que conseguimos es básicamente esto y la lista daría para mucho: 

 

- Niños que no asumen ningún tipo de responsabilidad para su edad.

 

- Niños que les da miedo hacer cualquier cosa porque tienen nuestros ojos encima por si se equivocan, porque nosotros se lo vamos a hacer mejor.

 

- Niños que prefieren poner la atención en otras cosas, porque para éstas “ya está mamá”.

 

- Niños que cuando crezcan solo esperarán instrucciones y órdenes para empezar a actuar. Esto es clave.

 

Una de las competencias que más trabajo con diferencia en empresas en formaciones y talleres además de ponencias, es la proactividad e iniciativa. Se trabaja también desde la competencia del conocimiento personal, conocimiento de fortalezas y autoconfianza por lo que si no “practicamos” con estas pequeñas cosas desde pequeños, no esperemos que lo hagan de mayores “señores futuros empresarios que van a contratarlos” (sí, los adultos que leéis, ¿qué pedimos en los trabajadores o en nuestros compañeros de trabajo? Esto mismito...)

 

– No me debo sentir como mala madre si no hago de agenda, me comporto como madre irresponsable si no educo para que mis hijos sean independientes y autónomos, 

 

– No me debo sentir como mala madre por no sentarme con ella/ellos a hacer los deberes, me comporto como madre irresponsable si no les brindo ayuda o apoyo emocional y de empuje cuando tengan realmente grandes dificultades.

 

– No me debo sentir como mala madre por no estar supervisando absolutamente todo paso que realice mi hija (el peque en este tema todavía no llega, seamos conscientes de las edades), me comporto como una madre irresponsable si desconozco dónde se mueve y con quién se mueve mi hija, que tiene cierto matiz diferente.

 

Hay estrategias de sobra para trabajar con ellos a estas edades, venga ánimo, que tenemos que hacer generaciones mejores que la nuestra, es fácil con un poco de reflexión y confianza" concluye la autora.

 

*Se publica bajo la autorización de Noelia Lopez. Conoce más de la autora en: noelialopez.com

 

 

Pequefelicidad.com - 28.08.2017

 

 Foto: Freepik

 

«Como padres, nos empeñamos en buscar en el niño las causas de sus "malos comportamientos", de su falta de concentración, de sus berrinches, de sus explosiones, de sus caprichos...  Pero es un error de manual buscar las causas en el niño. Las respuestas están en su entorno, y ese entorno nos incluye a nosotros mismos». Así lo asegura Marta, una mamá bloguera (www.pequefelicidad.com) especialista en el método Montessori y educadora de familias de Disciplina Positiva certificada por la Positive Discipline Association. 

 

«Cuando me preguntan sobre consejos para empezar a aplicar la filosofía Montessori en el hogar mi consejo siempre es el mismo. El cambio debe empezar por tu propia transformación interior» explica Marta. 

 

Y esta transformación debe ir de a poco, como cuando un niño empieza a caminar, a dar sus primeros pasos, se cae pero se levanta cuantas veces sea necesario, y así emprende su marcha hasta lograr caminar por sí solo con seguridad y sin pensar en cómo hacerlo. Lo mismo ocurre con la crianza y la relación con los hijos, podemos empezar a implementar pequeñas cosas que después se verán reflejadas en grandes cambios. Por lo tanto, estas son algunas pistas que brinda la especialista para que comiences a dar pasitos hacia esa transformación interior como padre o madre, «voy a darte algunos ejemplos prácticos de actitudes que puedes cambiar en tu día a día desde hoy mismo para empezar con ese primer pasito»:

 

1. Ponte a la altura de tu hijo para hablar con él

 

Si hablas desde arriba a tu hijo, físicamente, ya estás tomando una posición de superioridad. Para que el niño se sienta escuchado y realmente puedas empatizar con él debe poder mirarte a los ojos.

 

2. Contesta a TODAS sus preguntas con explicaciones sencillas pero sensatas

 

Esto puede parecer algo demasiado obvio, pero te aseguro que no lo es en el día a día con un niño que no para de hablar.

 

Recuerdo que hace unos días el peque y yo íbamos en el coche. Yo tenía tantas cosas en la cabeza que al cabo de un rato me di cuenta de que el peque llevaba hablando un rato y no le estaba prestando atención. Me hablaba sobre las ambulancias que veía, sobre un barrendero que pasaba, sobre las señales... Me había hecho una pregunta y ni siquiera había contestado. Reaccioné cuando mi peque me dijo... "mami contesta". 

 

Escucharles y responder a sus preguntas con sensatez y verdad es sencillo y muy importante para construir una relación sana y de confianza.

 

3. Habla con un tono de voz más suave delante de tu hijo

 

Bajar un poquito los decibeles ayudará a que todos en casa nos escuchemos mejor. También contribuye a tomar actitudes más serenas y tranquilas.

 

4. Coméntale cómo te sientes todos los días

 

Te pongo un ejemplo para que lo visualices: "Hoy me siento un poco cansada porque he tenido demasiado trabajo." Esto ayudará al niño a saber por qué hoy mamá no juega mucho o por qué hoy mamá está menos habladora. También es un gran ejemplo para que él mismo aprenda a canalizar sus emociones.

 

5. Hagan algo juntos en la cocina todos los días

 

No hablo de hacer recetas elaboradas todos los días, así que no hay excusas. Si hay una ensalada y pescado a la plancha para cenar deja que sea el peque quién ponga la sal al pescado. Quien vaya colocando los ingredientes de la ensalada...

Es algo tremendamente sencillo y que puede dar un gran giro a la motivación del niño. Tocar, experimentar, compartir momentos con papá y mamá, reíros, organizar juntos...

 

6. Pide perdón cuando te equivoques

 

Somos humanos y, como el niño que empezaba a caminar, podemos caernos. Pide perdón a tu hijo y vuelve a levantarte.

 

«Son pequeños gestos muy sencillos. ¿No crees? Te aseguro que sólo tienes que empezar con el primer pasito» concluye la experta. 

ABC.es 

 

Foto: Freepik 

 

Ocurre cada día. A la hora de irse a la bañera, de ponerse el pijama, almorzar o de poner en orden los juguetes o la habitación. En muchas casas esas tareas cotidianas se convierten en un auténtico suplicio para los niños, y para los padres resulta desgastante y agotador.

 

¿Cómo podemos combatir la pereza de los niños?, ¿cómo hacer para que aprendan a asumir sus responsabilidades en casa? Existen muchos métodos para hacer que un niño asimile responsabilidades en el hogar, según cuenta Rossel Aparicio para el diario «El Sur». Uno de ellos está muy relacionado a la filosofía «Kaizen». Se trata de un sistema japonés sencillo que, de aplicarse bien, garantiza que los pequeños se habitúen o asimilen ciertas tareas en su día a día sin más inconvenientes.

 

La idea es aplicar el citado método japonés en la educación del niño. ¿El secreto de su éxito? Su apuesta por avanzar mediante pequeños pasos o pequeñas responsabilidades (objetivos asumibles por el menor) hasta alcanzar finalmente tareas de mayor responsabilidad o complejidad. Te contamos en qué consiste el «método Kaizen» y qué tienes que hacer para ponerlo en marcha. Toma nota.

 

¿Qué es el «método Kaizen»?

 

El «método Kaizen» -«Kai» significa «cambio» mientras que «Zen» hace referencia a la sabiduría; por lo que su traducción al castellano podría ser «mejora continua»- tiene su origen en la cultura japonesa donde está muy enraizado el concepto de que cada día debe contener en sí la posibilidad de una mejora personal. Partiendo de esa premisa mental, la base del método Kaizen se sustenta precisamente en que una serie de mejoras continuas y pequeñas es mejor y más efectiva que un solo cambio grande. Todos tenemos miedo a los cambios y nos vemos intimidados por cualquier reto que nos parezca grande e inalcanzable (para un niño por ejemplo, puede ser en un determinado momento la obligación de tener que recoger una habitación desordenada con juguetes salpicados por doquier). El método japonés nos dice que, si cambiamos una enorme meta por una pequeña, al superarla, iniciamos entonces ese impulso que necesitamos y que nos ayudará a alcanzar nuestro objetivo final con el tiempo. Se trata de mejorar cada día un poco hasta alcanzar nuestros retos.

 

Cómo ponerlo en práctica en niños

 

Llegados a este punto, ¿cómo ponemos en práctica el método con nuestro hijo? Pues básicamente tendría que ejecutar una determinada actividad cada día a la misma hora, pero solo durante un minuto. Aunque 60 segundos puede parecer poco tiempo, lo cierto es que es el tiempo mínimo que se necesita para comenzar a instaurar un hábito sin que la aparezca la pereza. De esta forma, al repetir a diario la misma actividad durante un minuto, los pequeños se irán acostumbrando. Pocas semanas después esa actividad en cuestión ya formará parte de su rutina cotidiana sin que el niño se haya dado cuenta y se podrá ampliar el plazo de tiempo: dos minutos, tres o cinco hasta completar la actividad.

 

Para que el método funcione es aconsejable elogiar al niño una vez acabe la tarea propuesta. Ellos se sentirán satisfechos y motivados al ver que superan sus tareas y que sus padres muestran orgullo por sus acciones.

 

¿Cuándo aplicar el método?

 

El método japonés Kaizen puede aplicarse en todas las etapas de la evolución del niño y no únicamente sirve para asentar rutinas. Se puede aplicar también el método en el ámbito académico, para motivar a los niños a esforzarse en sus estudios y lograr mejorar su rendimiento escolar. También para promover hábitos saludables como pueden ser el deporte o el hábito de la lectura. La premisa es sencillamente transmitir al niño que lo importante es avanzar un pasito cada día, que comprendan que con esos pequeños avances lograrán, con perseverancia, grandes resultados. ¿Te atreves a probarlo? Tan solo te hace falta constancia y paciencia.

 

 

 

Fernando Rodríguez Borlado/Aceprensa - 18.08.2017

 

Foto: Nacho Calderón Castro 

 

Nacho Calderón Castro, director del Instituto de Neuropsicología y Psicopedagogía Aplicadas (INPA), autor de libros como Educar con sentido (ver blog), subraya que los padres no deben angustiarse como si sus errores al criar a los niños tuvieran consecuencias irreparables.

 

— El auge de la divulgación sobre desarrollo temprano ha llevado a muchos padres a preocuparse más por esta etapa. A veces, incluso, se percibe una cierta angustia, como si cualquier error fuera irreversible: si no le pongo música desde pequeñito…, si no aprende a leer antes de tal edad…, etc. Desde el punto de vista de la neuropsicología, ¿qué mensaje habría que transmitir a los padres?

 

Es cierto que hay un mayor interés por el desarrollo temprano. Creo que tiene mucho que ver con el estilo de vida que llevamos. Hoy en día las familias tienen pocos hijos, y se busca que, “ya que solo” tenemos uno o dos, lleguen a ser “lo mejor” posible. A ello sumamos la falta de tiempo de los padres con los hijos, y por tanto queremos que el poco rato que estamos con ellos nuestra dedicación sea “excelente”. Todo ello nos ha llevado a una crianza “de libro”. Hemos dejado la “intuición de madre o de padre” para leer y obedecer lo que dicen los expertos sobre el desarrollo. Si a ello añadimos el énfasis que esta sociedad pone en el éxito (entendiendo por éxito únicamente el académico o el laboral), muchas veces los padres buscan desde que el niño nace fórmulas para “garantizar” ese éxito en sus hijos, sin poner tanta atención al desarrollo en valores personales y familiares.

 

Respecto a la percepción de los padres de que cualquier error a edades tempranas puede tener efectos irreversibles, es una terrible herencia que nos dejó Sigmund Freud, y que ha marcado mucho los estilos de crianza de hoy en día. Los padres deben reconocer su condición de humanos y por tanto ser conscientes de que van a cometer errores, al conducir, al trabajar, al cocinar y al educar. Pero, afortunadamente, la inmensa mayoría de los errores que cometemos como padres dejan poco o nulo efecto en nuestros hijos.

 

Los padres han de entender que el desarrollo neuropsicológico de los niños debe pasar por una serie de etapas, y que es importante completarlas y detenernos un tiempo en cada una de ellas. Hoy en día se ha extendido la idea de que “cuanto antes mejor”, y está llevando a una “hiperestimulación” y aceleramiento de procesos en los niños que está siendo muy perjudicial: de ahí, entre otras cosas, el incremento del trastorno por déficit de atención. Si los padres quieren poner el énfasis en el correcto desarrollo de sus hijos, me atrevería a dar tres consejos: 1) Intentar pasar el máximo tiempo con ellos; 2) Jugar, jugar y jugar; 3) Minimizar, y en la medida de lo posible, eliminar el uso de pantallas (tablets, móviles, TV, ordenador).

 

Cuidado con las pantallas

 

— ¿Tan perjudiciales pueden ser las pantallas?

 

Las pantallas están haciendo estragos en el desarrollo cognitivo, emocional y social de los niños. Por un lado, está el perjuicio directo que esos aparatos provocan sobre el desarrollo neuropsicológico: las pantallas, y particularmente las que emiten luz azul –tablets y teléfonos móviles– tienen un efecto hipnótico sobre el que está mirando.

 

Desconectan gran parte de la corteza prefrontal del resto del sistema nervioso y los niños quedan literalmente enganchados. Esto tiene consecuencias en su conducta: les hace más agresivos, dependientes de la “hiperestimulación” a la que han sido sometidos y con significativas mermas sociales. Por otro lado, están los efectos indirectos, que en realidad son tan nocivos como los directos: me refiero a que mientras un niño está frente a una pantalla, no está jugando, que es lo más importante es su desarrollo cognitivo, emocional y social.

 

¿En casa o en la guardería?

 

— Hay un debate sobre cuál es el ámbito de crianza que más favorece el desarrollo temprano: el hogar o las guarderías. ¿Qué ventajas y desventajas tiene cada uno?

 

Desde mi punto de vista, es un debate entre artificial y estéril. Al final, los padres hacemos lo que podemos. Si los salarios permitieran un buen nivel de vida con un solo ingreso en el hogar, muchos optaríamos por quedarnos en casa con los hijos los primeros años de vida.

 

La crianza de un niño requiere una atención muy directa y especializada. No significa que tengan que ser siempre los padres quienes la ejerzan: pueden delegar en abuelos, tíos, padrinos, etc.; pero sería ideal que los niños fueran atendidos en grupos pequeños. En las aulas de las guarderías se permite que haya hasta 8 bebés menores de un año, hasta 14 niños de uno a dos años y hasta 20 niños menores de 3 años. Estos números exceden sin duda lo que es ideal en la crianza, tanto emocional como cognitivamente.

 

Niños hiperactivos

 

— Da la sensación de que los problemas de atención y de hiperactividad son cada vez más frecuentes, o al menos más diagnosticados. ¿Existe un fenómeno de sobrediagnóstico, o realmente está creciendo su prevalencia? Si es así, ¿con qué aspecto del desarrollo temprano puede estar relacionado este aumento?

 

Me atrevo a afirmar que se están dando los dos procesos. Sí, existe un sobrediagnóstico. Hace algunos años un estudio a gran escala realizado en Canadá demostró que los niños nacidos el último trimestre del año tienen más probabilidades de recibir el diagnóstico de trastorno por déficit de atención con hiperactividad que el resto de niños nacidos el mismo año. El motivo es que, como están escolarizados en el mismo curso, se espera un funcionamiento por su parte para el que no están preparados, y por ello terminan recibiendo ese diagnóstico. A ello debemos sumar la presión de las compañías farmacéuticas que fabrican metilfenidato, que están haciendo su agosto con la generalización de este diagnóstico.

 

Por otro lado está el hecho real del aumento de casos en la población. ¿Las causas? Ya las hemos mencionado: los niños están creciendo en un entorno con muy poco tiempo para estar con sus padres y un abuso indiscriminado del uso de pantallas a edades en las que no deberían ni siquiera saber que existen y, podemos añadir, una alimentación que cada vez se aleja más de lo natural y es cada vez más industrial.

 

Niñas y niños

 

— Desde el punto de vista del desarrollo temprano, ¿hay algunas actividades especialmente recomendables para niñas y otras para niños, o no hace falta que los padres tengan esto en cuenta?

 

Siempre hago todo lo posible por huir de lo “políticamente correcto”: no quiero, pues, que mi respuesta sea interpretada desde esa perspectiva. Como explico en la primera pregunta, los padres deben volver a confiar más en su instinto y no estar tan pendientes de lo que dicen los supuestos "expertos”. Creo que lo importante es que los padres pasen tiempo con sus hijos, descubran qué es lo que a su hijo le atrae y le gusta y se lo ofrezcan. A mi hijo nunca le gustó jugar con cochecitos, y por tanto nunca se los compramos. Desde que pudo agarrar un balón (todavía no se ponía de pie) le gustaban los balones, y a eso ha jugado toda su vida, aunque a nosotros no nos gustaba nada el fútbol. También jugó mucho a las mamás y los papás y a las muñecas con sus hermanas, pero la verdad es que se cansaba pronto. A cada una de mis hijas les gustó un tipo de juego distinto, y eso fue lo que les dimos. La igualdad en derechos y en deberes entre hombres y mujeres será más fácil de alcanzar cuando dejemos de darle tanta importancia a eso del sexo.

 

*Publicado originalmente en Aceprensa

 

Por LaFamilia.info - 14.07.2017

 

Foto: Freepik 

 

Las mamás de hoy no la tienen nada fácil. Compaginar el trabajo con la familia, los quehaceres de la casa, el marido y los retos personales, producen un ritmo de vida exigente y estresante, lo que puede causar en ellas el Síndrome de Burnout. Y la “presión social” empeora las cosas.

 

Ellas quieren ser muy buenas en su trabajo y también anhelan ser unas madres de primera: quieren llevar los niños al cole, preparar su comida para que sea más sana, hacerles actividades en su tiempo libre y ser expertas en crianza; ah y también quieren ser ¡unas esposas de película! Las mujeres de hoy se exigen demasiado a sí mismas -en parte por la presión social que las rodea-, pero esta situación les está pasando factura. A este fenómeno le han llamado el Síndrome de Burnout, lo que en español traduce “agotamiento”. 

 

¿Qué es el Síndrome de Burnout?

 

“El Síndrome de Burnout es una respuesta del organismo cuando ha estado sometido a un periodo de estrés intenso y prolongado, tanto desde el punto de vista físico como emocional” (1).

 

El término nació originalmente para describir un estrés crónico de tipo laboral, pero también se ha aplicado a la paternidad. La psicóloga Violaine Guéritault (2), autora del libro “El cansancio emocional y físico de las madres” , en el que estudia el “Burnout materno” y quien declara haberlo vivido ella misma, establece algunos de los generadores de estrés más frecuentes:

 

- El trabajo materno implica volver a hacer mil veces las mismas tareas. Tiene que lavar y limpiar. Todo vuelve a estar sucio algunos minutos más tarde, privando a la mujer de ese sentimiento de tarea hecha que da sentido y energía al trabajo.

 

- Una madre vive numerosas situaciones sobre las que no tiene ningún control. Le gustaría ser capaz de proteger a su hijo de todo, pero a menudo se ve impotente.

 

- Si hay algo que caracterice a los niños pequeños ese algo es la imprevisibilidad. Por mucho que la madre se planifique el día, lo más seguro es que sus previsiones acaben patas arriba. No es nada raro que, al llegar la noche, algunas madres, sintiéndose abatidas, lleguen a pensar que «no he hecho nada en todo el día».

 

- A todo ello hay que añadir que una madre no tiene derecho a cometer errores. Ella misma se pone el listón muy alto, y se desespera al comprobar la diferencia existente entre el modelo de lo que querría ser y lo que vive cada día.”

 

Síntomas del Síndrome de Burnout

 

Los síntomas se pueden confundir fácilmente con otras enfermedades, sin embargo un especialista puede detectarlo una vez estudie el caso a profundidad. 

 

Los síntomas más comunes son: dolores de cabeza, problemas gastrointestinales, cambios en el apetito, en el peso y en los patrones del sueño. 

 

A estos le acompañan síntomas emocionales como ansiedad, irritabilidad, depresión, apatía, aislamiento, ganas de llorar, nerviosismo constante, negativismo, dificultad para concentrarse, pérdida del interés, sentimientos de fracaso y de impotencia. 

 

La persona con Síndrome de Burnout se siente agotada y cansada la mayor parte del tiempo, y si el problema no se trata a tiempo, puede perder la capacidad de disfrutar. 

 

¿Cómo evitarlo?

 

1. Reconoce que no eres perfecta: eres normal y real 

 

Antes que nada, hay que reconocer que no eres perfecta y no hay nada de malo en eso. Está bien en hacer todo lo mejor posible, ¡pero tampoco debes exigirte tanto! No te compares con otras madres, no anheles la vida de las mujeres que se muestran en las redes sociales porque en realidad “nadie sabe la lucha de nadie”. Así que mejor vive tu vida, ama a tu familia y confía en tus capacidades y en tu instinto materno. 

 

2. Aprende a delegar

 

Libérate de la necesidad de querer controlarlo todo, aprende a delegar y a confiar en otras personas (esposo, madre, familiares, nana o niñera, guardería, etc.) así no lo hagan tal cual como tú quisieras. 

 

3. ¡La practicidad ante todo!

 

Sé un poco flexible, sé práctica y relájate un poco; si la casa no está tan reluciente como acostumbrabas pero al menos está presentable, no te preocupes, eso puede esperar. 

 

4. Organiza bien el tiempo

 

Son tantas cosas para hacer que muchas veces no sabemos ni por dónde empezar. Así que lo mejor es escribir la lista de tareas y asignarle fecha y hora. Esto te ayuda a esclarecer un poco la mente y a ser más eficaz. 

 

5. Busca un momento para ti

 

¡Saca tiempo para ti o te terminarás quemando! Aunque parezca imposible, hay formas de lograrlo. Una de ellas es pidiendo ayuda a familiares, a personas de confianza o al esposo para que por unos minutos a la semana, cuiden a los niños y así puedas dedicarte a realizar alguna actividad que disfrutas. ¡Recuerda que si la mamá está bien los hijos estarán bien!

 

Vale aclarar que todas las mamás hemos tenido días difíciles, en el que nos sentimos agotadas y algo irritables, lo que es completamente normal. Sin embargo, cuando una persona padece el Síndrome de Burnout, estos síntomas se vuelven en el estado constante durante un tiempo prologado. En este caso se aconseja consultar a un experto. 

 

Fuentes:

(1) etapainfantil.com (Mamás agotadas que padecen el Síndrome de Burnout)

(2) espanol.babycenter.com (¡Mamás agotadas! El Síndrome del Burnout)

 

 

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