Aprendemosjuntos.elpais.com - 14.03.2019

 

 

Rafael Guerrero es Licenciado en Psicología Clínica y de la Salud por la Universidad Complutense de Madrid y Doctor en Educación, ha dedicado gran parte de su carrera profesional a la investigación, el ejercicio clínico y la docencia en la Facultad de Educación en la Universidad Complutense de Madrid y del Centro Universitario Cardenal Cisneros, además es autor de varios libros. Guerrero es experto en inteligencia emocional y en este video nos da unas claves prácticas para implantar en casa y en el aula. “Existen varias herramientas que podemos dar al niño para que sepa identificar, nombrar y expresar sus emociones. Debemos legitimarlas: si nuestro hijo nos habla de algo que le preocupa no podemos racionalizar, sino escuchar y atender hasta que encuentre el equilibrio emocional”, afirma el psicólogo. 

 

Los dejamos con este video de la colección "Aprendemos juntos" del BBVA y El País.

 

 

Ver también: 

VIDEO: "Prepara a tu hijo para la vida, no la vida para tu hijo”. Tim Elmore

VIDEO: "Sed los entrenadores emocionales de vuestros hijos". Elsa Punset

VIDEO: “La atención es el nuevo cociente intelectual”. Gregorio Luri

VIDEO: “Sobreproteger a los niños es desprotegerlos”. Eva Millet

 

 

Por LaFamilia.info - 11.03.2019

 

Foto: Freepik 

 

Los buenos modales o normas de cortesía no son simples “formalismos”, son mucho más que eso: demuestran respeto, interés por el otro, cultura, dignidad, conciencia, madurez... y somos los padres quienes debemos fomentarlos en nuestros hijos. 

 

Pero antes de entrar en materia, hablemos de algo fundamental: ¡el ejemplo! En LaFamilia.info insistimos en este aspecto, pues la coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos es clave en el proceso educativo. Pues de qué vale reclamarles a los hijos que no hablen mientras coman, escuchen a quien les habla, saluden, apaguen el celular en la misa; si los padres salen en el auto y no dan paso al peatón, o al subir al ascensor no dan una sonrisa amable a los demás... Hay que tener presente que los hijos están en permanente observación de sus principales modelos: los padres. Ahora sí vamos con los tips, toma nota: 

 

1. Enseñarles a ser puntuales 

 

La puntualidad es cultura y por consiguiente ser impuntuales crea malestar, además del abuso del tiempo del otro. Hay que sembrar en los hijos este buen hábito desde que son pequeños; claro está que en las primeras edades, la tarea será exclusiva de los padres, ya que los niños no tienen la autonomía necesaria y serán los adultos quienes deban llevarlos a tiempo al colegio, clases extra escolares, citas médicas, cumpleaños de amigos, etc.

 

2. Enseñarles a saludar

 

El saludo debe convertirse en un hábito de vida y debe aplicarse a todas las personas con la que nos topamos a diario. 

 

3. Enseñarles a comportarse en la mesa

 

Las comidas diarias de toda familia son la mejor oportunidad para educar a los hijos en la buena conducta en la mesa. Asimismo, se le debe hacer igual énfasis a las cenas en restaurantes o casas ajenas, como en las del propio hogar.

 

4. Nada de malas palabras

 

Es posible que a los niños les cause cierta gracia decir "malas palabras" y groserías, pero si les explicamos que es un comportamiento inapropiado y les insistimos en evitarlas, poco a poco ellos mismos se irán haciendo conscientes y las dejarán a un lado. 

 

5. Enseñarles a mirar a los ojos cuando alguien les habla

 

Este acto denota que se le está prestando toda la atención al otro, también es un indicio de autoconfianza y autoestima.

 

6. Enseñarles las “palabras mágicas”

 

“Por favor”, “gracias” y “perdón”: ¡estas palabras tienen poderes! Así debemos transmitírselo a los hijos, estas palabras nos hacen la vida más amable y más feliz. 

 

 

 

Interaxiongroup - 07.12.2018

 

Foto: Freepik 

 

Hablar por teléfono con las amigas. Revisar el mail. Contestar mensajes de WhatsApp. Leer los titulares del periódico. Dar un vistazo al timeline de Twitter. Confirmar la compra de zapatos por Amazon. Todo, al mismo tiempo. Todo, mientras nos ocupamos de cuidar a nuestros hijos pequeños.

 

Desde que la proliferación de los Smartphone se convirtió en invasión, y la invasión los convirtió después en artículos normales de la vida cotidiana, mucho se ha hablado sobre la preocupación que suscita la presencia de estos aparatos en la vida de los más jóvenes. Esta inquietud es lógica, porque es evidente que puede acarrear consecuencias en el desarrollo de la atención infantil, en los hábitos de los niños, etcétera.

 

Pero, ¿y los adultos? ¿Y los padres que dividen la atención entre su pantalla y sus hijos? 

 

Desde hace años, algunos expertos vienen estudiando el proceso llamado “atención parcial continua”. Fundamentalmente, se trata del esfuerzo mental que se hace para prestar atención simultánea y continuada a la información que nos llega desde múltiples lugares, sin ser capaz de cortar con ninguna de esas fuentes.

 

Este fenómeno es diverso del llamado multitasking, porque éste último está directamente ligado al deseo de ser más productivo. La “atención parcial continua”, en cambio, está vinculada al deseo –generalmente automático, inconsciente– de estar siempre conectado, de no renunciar a ningún estímulo. En una palabra, de no perderse de nada.

 

Se ha escrito mucho sobre las consecuencias que trae para las personas esta atención segmentada: un estilo de vida más estresante, sentirse ansioso, superado, insatisfecho. Pero hasta ahora se ha insistido poco en los posibles efectos que puede acarrear en la relación de los padres con los hijos más pequeños.

 

El primer riesgo, casi el más evidente, es la posibilidad de que los chicos se hagan daño cuando sus padres no les prestan atención: de hecho, algunos estudios ponen en relación directa el uso del Smartphone por parte de los padres con las lesiones y huesos rotos de los niños.

 

Otro de los impactos que está teniendo el uso de las pantallas por parte de los adultos es la falta de disposición que pueden tener para entablar conversaciones con sus hijos. Otras investigaciones apuntan que un padre distraído puede influir negativamente en el enriquecimiento lingüístico de su bebé.

 

Un estudio midió el impacto que tenía el uso del celular de las madres mientras le enseñan a hablar a sus hijos menores de dos años: los bebés que recibían toda la atención aprendían más fácilmente palabras nuevas. En cambio, si la madre interrumpía la interacción con su bebé para responder a una llamada telefónica, el niño tenía dificultad en aprender las palabras que se le estaban enseñando.

 

Evidentemente, prestar atención parcial a los hijos de modo ocasional no es algo catastrófico. De hecho, puede ser beneficioso para ayudarles a forjar su carácter, para evitar que se muevan a base de caprichos y para enseñarles a pedir las cosas educadamente. No hay ningún problema en decirle a los niños que vayan fuera a jugar, o en pedirles que nos dejen media hora libre para terminar un trabajo pendiente. El problema es el efecto que se produce cuando estamos físicamente presentes, pero mentalmente ausentes o divididos.

 

Además, cuando la distracción se hace crónica, los efectos perjudiciales son evidentes: además de los ya mencionados, también se ha incrementado el índice de irritabilidad. Una madre que se enoja con su hijo porque le interrumpe mientras mira Instagram: no hace falta explicar demasiado para descubrir que algo puede estar fallando.

 

¿Qué tanta atención ponemos cuando pasamos tiempo de calidad con nuestros hijos? ¿Son realmente el centro de atención, o los hacemos competir con Gmail?

 

Afortunadamente, la solución está al alcance de la mano: hacer un pequeño esfuerzo por cortar todo lo que disperse nuestra atención cuando son los más pequeños los que la demandan. 

 

*Publicado originalmente por www.interaxiongroup.org

 

Por Natalia Mesa H. - Colaboración Red Mamás Blogueras de Colombia

 

Foto: Rawpixel 

 

El antropólogo Gary Chapman es el autor del exitoso libro "Los cinco lenguajes del amor", el cual ha ayudado a millones de parejas a aprender el secreto de forjar un amor que perdure. Resulta que Chapman también ha aplicado esta teoría a los niños y la expone en el libro “Los cinco lenguajes del amor en los niños” para ayudar a los padres a hablar el lenguaje del amor de su hijo. 

 

Sobre este tema, escribe Natalia Mesa de la Red Mamás Blogueras de Colombia:

 

Para un niño sentirse amado es muy importante pues eso le da seguridad, contribuye a su autoestima y eso hace que pueda desempeñarse bien en la sociedad, de esta manera se siente una persona valiosa para él mismo y para los demás. Por lo tanto es SÚPER importante saber expresar el amor a los hijos (también aplica a la pareja) en el lenguaje adecuado para que nos ENTIENDAN. Y para esto, debemos primero saber cuál es su idioma.

 

¿Cómo saberlo? Hay que observar muy bien y es importante saber que esto no se define bien hasta más o menos entre los 5 y 7 años, mientras son bebés hasta esa edad hay que hablarles en todos los idiomas, para que puedan entender y sentir que los amamos.

 

¿Cuáles son esos lenguajes?

 

1. Actos físicos

 

El niño siente el amor a través de su cuerpo. ¿Cómo? Con besos, abrazos, apretones, arrunches, caricias. A estos niños les gusta mucho que los abracen, los carguen, les gustan los juegos físicos, cosquillas… Para este tipo de niños recomiendan abrazarlos, tomarles de la mano, y en general, tener un contacto físico. Ej: Leer un cuento con él sobre las piernas.

 

2. Las palabras

 

Los niños que hablan este lenguaje se sienten amados cuando les dices que los quieres mucho. Todo lo que sea verbal tiene una gran influencia en ellos. Por eso es muy importante motivarlos con palabras, decirles “¡muy bien!”, "te felicito", etc. Decirles constantemente cosas lindas, los hace felices. También es importante poner cuidado en las cosas negativas que se les dice cuando hacen algo malo, pues puede herirles el fondo de su corazón. Ejemplo: “Yo siempre te voy a querer pero no me gusta como le respondiste a tu hermano, pues lo ofendiste”; en vez de “Eres un grosero!”.

 

3. El tiempo de calidad

 

Estos niños aman cuando les sacas un rato y juegas con ellos, ven una peli, salen a caminar, etc. Para ellos vale mucho el tiempo dedicado exclusivamente a ellos, sin distracciones (como el celular). Para estos niños se recomienda tener unos momentos a solas un par de veces a la semana, y compartir momentos en familia con ellos (comer, leer cuento antes de dormir, etc.).

 

4. Los regalos

 

Este tipo de niños se alegra mucho cuando alguien les da algo. A todos nos gustan los regalos, pero los que hablan este lenguaje se sienten muy especiales en estos momentos y disfrutan mucho las sorpresas y los obsequios. No solamente son regalos comprados sino también por ejemplo hacerles su comida favorita, darle un pequeño premio, etc. Para estos niños se recomienda tener obsequios para darles en momentos especiales, un cuento, una flor, una tarjeta, etc.

 

5. Los actos de servicio

 

Estos niños se sienten amados cuando haces algo por ellos: ayudarles con la tarea, llevarlo a algún lugar, hacerles una comida, ayudarlo en algo que necesitan.

 

Para saber cual es el tipo de lenguaje de una persona, sobre todo de un niño se le puede preguntar: ¿Tú crees que mamá te ama?  Y si te dice: si, le preguntas, ¿por qué? Entonces según el tipo de respuesta, puedes ver cuál es, por ejemplo: “Porque me dice que me quiere” (LENGUAJE). “Porque me abraza y me da besos” (ACTOS FISICOS). Y así con los demás. También se puede preguntar: ¿Cuándo sientes que mamá te ama? – “Cuando va a buscarme al colegio” (ACTOS DE SERVICIO). Poco a poco irás identificando el de cada hijo.

 

En esta página web se puede hacer un test para saber cual es el lenguaje de cada niño: https://www.5lovelanguages.com/profile/

 

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ReL - 09.11.2018

 

Foto: Freepik 

 

El obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, habló en días pasados sobre los ataques políticos y sociales contra la vida, la fe y la familia. 

 

“Cuando yo era párroco en Zumárraga una madre me habló de sus hijos que entraban en la droga. Me decía: ´me han robado a mis hijos´. Y en esta nueva sociedad, ¿qué va a pesar más? ¿La familia o las redes, el estado, la sociedad? ¿Te robarán a tus hijos?”

 

Para impedirlo, el obispo propuso tres líneas de acción:

 

1. Educar a los hijos en un espíritu crítico ante lo que sucede; por ejemplo, nuestro padre nos comentaba lo que veía en la TV y hacíamos una lectura compartida de los hechos”. 

 

2. En la adolescencia, los chicos necesitan un ambiente social alternativo, un ambiente que nos cobije, que los hijos encuentren otros chicos similares; hay familias que heroicamente lo movilizan todo para poder ofrecer estos ambientes.

 

3. La familia tiene que vivir la felicidad y alegría, porque en el mundo hay mucha amargura. Las familias numerosas, por ejemplo, suscitan una especie de admiración mezclada con envidia. Esa alegría es una bomba para una sociedad amargada. Pero sí, la batalla para que a mis hijos no me los roben es una gran pelea… porque el enemigo está en casa. ¡El móvil lo tienes en casa!”

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