Alianza Aleteia / LaFamilia.info - 30.02.2016

El valor de la gratitud se ha ido perdiendo en sociedades que han desechado la cortesía y la amabilidad en lo formal y que sustituyen generosidad por narcisismo en lo material. Sin embargo, aprender a dar las gracias por lo que somos, tenemos y nos rodea, no solo genera un mejor ambiente a nuestro alrededor, sino que nos hace más felices.

 

Ayudar a nuestros hijos en el camino de la gratitud es el objetivo que se proponen Jeffrey J. Froh y Giacomo Bono en el libro Educar en la gratitud (Ediciones Palabra, 2016). Te presentamos una síntesis en diez claves de los pasos que tenemos que seguir para lograrlo.

 

1. Que educar en la gratitud sea una prioridad

 

De todas las cuestiones, esta es la más importante. Si no conviertes en una prioridad que tu hijo sea más agradecido, no avanzará en este campo. Todos recibimos numerosos estímulos que nos empujan en un millón de direcciones y, en el ajetreo cotidiano, es fácil perder de vista lo importante. Pero algo se puede hacer. ¿Cuál es la solución? Poner primero las cosas que importan.

 

2. Enseña la gratitud y da ejemplo

 

Nuestros hijos quieren ser como nosotros. Por lo tanto, deberás habituarte a adoptar el estilo lingüístico específico de las personas agradecidas, que tienden a usar términos como ‘dones’, ‘suerte’, ‘abundancia’ o ‘apoyo’. Además, tienen que ver en nosotros pequeños gestos de agradecimiento a los demás: una carta o una llamada a quien nos ha echado una mano, una invitación a comer a los que nos ayudan.

 

3. Pasa tiempo con tus hijos

 

A los niños, e incluso a los adolescentes −aunque a veces parezca mentira−, les gusta estar con sus padres. Uno de los mayores regalos que les puedes hacer es tu tiempo. La calidad del tiempo importa, pero la cantidad también. Mientras estás con tu hijo, compórtate como si fuera la última vez que compartes un rato con él.

 

4. Ocúpate de tus hijos cuando estés con ellos

 

Aunque llevar a tus hijos al parque es un gran modo de reforzar vuestros vínculos, es muy importante que estés totalmente presente –tanto física como mentalmente– en los ratos que compartes con ellos. Eso significa evitar todas las distracciones, incluido el teléfono. Cuando empieces a distraerte –es normal que te pase–, vuelve al aquí y al ahora y céntrate de nuevo.

 

5. Apoya la autonomía de tus hijos

 

La disciplina inductiva -enseñar a los niños a aceptar las responsabilidades de sus actos- apoya la autonomía porque muestra a los niños que su comportamiento afecta a los demás, y les ayuda a comprender las razones por las que deberían tratar a otros con respeto. Entonces es cuando la gratitud se vuelve realmente importante, a medida que los chicos hacen elecciones cada vez más relevantes, con efectos duraderos en su carácter y en la trayectoria de su vida.

 

6. Usa las cualidades de los niños para alimentar su gratitud

 

Las cualidades del carácter son las virtudes o buenos hábitos que queremos que tengan nuestros hijos. Conocer y usar sus cualidades permite a un niño identificar sus intereses y perfeccionar sus habilidades. Cuando hayas identificado sus diez cualidades más destacadas y conozcas su perfil único, anímale a que las utilice siempre que sea posible. Esto le permitirá́ ser cada vez más servicial y colaborar con los demás, lo que le hará más agradecido.

 

7. Ayuda a los chicos a centrarse en las metas intrínsecas

 

Es fácil para las personas, especialmente para los más jóvenes, ir detrás de objetivos extrínsecos o materialistas, metas como la riqueza, el estatus y la imagen. Pero suele llevar a interacciones sociales menos satisfactorias y a perspectivas que impiden las relaciones profundas con los demás y una auténtica gratitud. Nuestra misión consiste en disuadirles de ir detrás de metas extrínsecas y orientarles hacia objetivos intrínsecos, como las relaciones con la sociedad, su pertenencia a una familia y su desarrollo como personas.

 

8. Anímales a ser generosos y a ayudar a los demás

 

Cuando echan una mano, especialmente cuando usan sus cualidades más destacadas, se sienten más cercanos a los que están ayudando. Ser generosos les hace más agradecidos por dos motivos. Primero, porque cuanto más ayuden a los demás más aprenderán sobre lo que requiere ser amables y podrán agradecerlo cuando les devuelven algún favor. En segundo lugar, porque esto les permite construir relaciones más sanas en las que se pueden apoyar, indispensables para el desarrollo de la gratitud.

 

9. Ayuda a los jóvenes a alimentar sus amistades

 

Deberías animarles a agradecer las cosas con regularidad y a cooperar con los demás, siendo serviciales y generosos. Si saborean esas relaciones, se reforzarán sus vínculos. Ayudar a los niños a alimentar sus relaciones con sus amigos y con otras personas, como mentores, maestros, entrenadores, etc., les ayudará a construir su capital social.

 

10. Ayuda a tus hijos a encontrar lo que les importa

 

Tener un objetivo en la vida ayuda a los jóvenes a orientarse hacia la construcción de una existencia con sentido. Han de conectar con personas que pueden convertirse en sus modelos, que les orienten, y con expertos que les impulsen más lejos para encontrar y desarrollar su meta.

 

Tienen que ver en nosotros pequeños gestos de agradecimiento a los demás: una carta o una llamada a quien nos ha echado una mano, una invitación a comer a los que nos ayudan.

 

Ser generosos les hace más agradecidos por dos motivos. Primero, porque cuanto más ayuden a los demás más aprenderán sobre lo que requiere ser amables y podrán agradecerlo cuando les devuelven algún favor. En segundo lugar, porque esto les permite construir relaciones más sanas en las que se pueden apoyar, indispensables para el desarrollo de la gratitud.

 

Artículo originalmente publicado por Ediciones Palabra

 

 

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