LaFamilia.info
27.10.2008

 

 

El orden es un hábito base para muchos otros. Gracias a él podemos organizar mejor el tiempo y las ideas, somos capaces de sacar mayor partido a lo que vemos y aprendemos… Ciertamente, lo que enseñamos a un niño es más bien el orden material. Pero eso es tan solo un primer paso. Cuando crezca, le ayudará a mantener en orden su cabeza y a ser más eficaz en todo lo que se proponga. Saber organizarse es algo que se aprende desde pequeño. No se improvisa.

 

Un niño que se habitúa a vivir en el caos, cuando crezca tendrá más dificultad para elaborar un informe estructurado en su empresa o incluso para establecer sus propias prioridades en la vida.

 

¡Quiero aprender!

Aunque usted no lo crea, los niños son los primeros que quieren aprender a vivir el orden. Quizá es más complicado habituarlos a la actividad de ordenar, pero es fácil notar que se sienten más cómodos y seguros cuando “controlan” las situaciones. Un niño que no encuentra el tenis de gimnasia, el bus ya va a llegar, la mamá le grita por desordenado y lento, los hermanos mayores lo acosan… es un niño que no tiene control sobre una situación suya. Si este cuadro se repite con frecuencia ese niño crecerá inseguro.

 

En estas edades, los niños requieren estabilidad, saber cual es el sitio para cada cosa y lo que va a ocurrir enseguida. Conocerlo es fundamental para su desarrollo psíquico y emocional. Está en nuestras manos enseñarles que cada cosa debe tener su sitio y presentarles con paciencia alegre modelos de conducta ordenada.

 

Una forma concreta de ayudarles será cumplir los horarios de comidas, sus horas de sueño, atender su aseo personal y necesidades fisiológicas, respetar sus horas de paseo y de juego, etc.

 

Empezar por lo pequeño

Las primeras lecciones deben ser puras demostraciones delante de sus ojos.

 

Se puede empezar exigiéndole pequeños detalles, como dejar los zapatos juntos en su puesto antes de acostarse, o llevar el pañal sucio a la basura después de cambiarlo. Poco a poco se puede exigir más, en cosas más complejas como guardar la cocinita separada de las muñecas, o poner los libros en la repisa al derecho y con el lomo hacia fuera.

 

Los sucesos encadenados son también un buen método para inculcar orden. Las secuencias de actos, no solo facilitan al niño la adquisición del hábito, sino que hacen más llevadera la obediencia, y le dan una enorme estabilidad y autonomía.

 

  • Un ejemplo de secuencia: llega de la guardería, le da un beso a mamá, cuelga la mochila y el saco, se cambia la ropa sucia, se lava las manos, se sienta a tomar el algo.
  • También se pueden establecer secuencias al levantarse y antes de ir a dormir. Cuando se acostumbren a cada secuencia ya solo tendremos que recordar el primer acto, en vez de estar repitiendo cada cosa diariamente.
  • Otra especie de secuencia es la de “terminar y ordenar”, siempre que se termina una actividad se recoge: termino de pintar, guardo los colores, antes de sacar otro juego. Ordenar es el ultimo paso de cada actividad.

Un sitio para cada cosa

 

Este es un detalle pero es fundamental. Hoy es fácil caer en dos errores:

 

1. Tener un solo sitio para todo, les ponemos un baúl grandote y precioso en la alcoba y les decimos, al terminar de jugar, todo al baúl. Puede que la casa se “vea” ordenada pero ese niño no está aprendiendo a ser ordenado.

2. Cada vez las viviendas son más pequeñas y los niños tienen más y más cosas, físicamente no hay un lugar para cada cosa, los espacios no estiran, entonces hay que prescindir de cosas, aprender a regalar lo que no usan o botar lo que se dañó. No pocas veces el problema del orden empieza por la escasez de espacio.

Además hay que enseñarles que hay espacios de uso específico, el salón es para reunirse, el comedor para comer, la cama para dormir, así aprenderán las bases del futuro respeto a los espacios públicos.

 

Por último, es preciso enseñarles que las cosas se guardan en buen estado. Si algo está sucio no se guarda, ¿qué debe hacer? Llevarlo al lavadero porque ese es el sitio para lo sucio. Si algo está roto, se lleva al costurero o se le consulta a mamá.

 

Colaboración de Beatriz Londoño de Posada (Hacer Familia) para LaFamilia.info

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