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Ana Minguella - TeInteresa.es
31.03.2014

 

La educación emocional es un “elemento necesario” en la infancia porque puede “potenciar el conocimiento o entorpecerlo”, según Faros, el portal de salud del Hospital San Juan de Dios de Barcelona. Los niños que reciben este tipo de educación tienen más “salud y bienestar” y les dura más en el tiempo. Son, por tanto, más felices.

 

Según este portal, las emociones son la base de la mayoría de las decisiones que tomamos, dan ánimo para vivir y disponen de un lenguaje propio.

Los expertos recomiendan iniciar este tipo de educación en los niños a través del juego, al ofrecer “habilidades y capacidades nuevas”, además de que “motiva a aprender”.

 

¿Cómo ponerlo en práctica?

 

A pesar de que la educación emocional ha ganado terreno en los últimos años, padres, familias y educadores tienen dudas sobre cómo ponerlo en práctica. Para ello, los expertos del hospital infantil de Barcelona dan un paso previo y definen las emociones como una “respuesta física del organismo a un estímulo”, que se identifica como placer, dolor, peligro, miedo…

 

Según los expertos, las emociones están causadas por un hecho externo (una amenaza, por ejemplo) o por la conjunción de uno interno y otro externo (sentir hambre y no encontrar alimento). Pero se trata siempre de “respuestas neuronales inconscientes y naturales”, afirman.

 

A partir de este concepto, los expertos en salud infantil, definen la inteligencia emocional como la capacidad del cerebro humano para “racionalizar las emociones, ser conscientes de ellas y analizarlas”, todo lo contrario de lo que ocurre con otras especies. A diferencia de los animales, en el hombre las emociones dejan de ser “simples mecanismos orientados a la supervivencia”.

 

Los expertos de Faros explican que la inteligencia emocional es la manifestación de una serie de pasos en los que la regulación emocional es clave. Ésta es una habilidad que hay que entrenar porque permite controlar una emoción, tomar distancia de ella para, a la larga, establecer una jerarquía donde las “emociones positivas manden sobre las negativas”.

 

En este último paso entra en juego la educación emocional ya que necesita las “competencias emocionales” para desarrollarse debidamente: habilidad para el autocontrol, empatía o sociabilidad, entre otras.

 

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