Por Carmen Castiella/ReL – 09.04.2018

 

Foto: Freepik 

 

“Nuestros hijos necesitan padres presentes y no madres omnipresentes e hipercontroladoras. Y nosotras, al menos yo, necesito a mi marido” así lo afirma Carmen Castiella Sánchez-Ostiz, columnista, madre de familia numerosa y letrado de la Administración Pública del Gobierno Foral. 

 

Carmen hace un llamado a rescatar la masculinidad y la paternidad, ella ratifica que "aunque la familia monoparental esté de moda y se nos venda que una mujer sola puede con todo, exaltando exclusivamente la maternidad y la sensibilidad femenina, necesitamos a nuestros maridos y padres. Reivindicamos la figura paterna por supervivencia”. A continuación, compartimos algunos apartes de su artículo “Masculinidad y paternidad, en crisis”.

 

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“Hemos pasado de intentar convertir a las mujeres en hombres a intentar convertir a los hombres en mujeres. Y eso no conviene a ninguno de los dos sexos. Tampoco a las mujeres. Las mujeres tienen tanto interés como los hombres en acabar con la crisis de la masculinidad. Una mujer sensata no quiere un párvulo como pareja. Quiere un hombre”, dice Jordan Peterson.

 

Es cada vez más evidente que los hombres jóvenes, y no tan jóvenes, están algo confusos respecto al modo de relacionarse con las mujeres, respecto a lo que se espera de ellos, a lo que deberían asumir o abandonar, respecto al modo de ejercer su paternidad, etc.

 

Algunos construyen su identidad como hombres en salas de musculación, trabajando hasta la extenuación, corriendo heroicos maratones o tomando cañas mientras se quejan y culpan de casi todo lo que no funciona a su mujer (nada nuevo desde Adán), con la continua y confusa sensación de no estar a la altura (nadie lo estamos) y de que no se valoran sus esfuerzos por adaptarse a sus presuntas súper mujeres y súper madres, que aportan además la mitad de los ingresos al hogar.

 

Nuevo escenario para la reconstrucción de la identidad masculina y la paternidad 

 

La incorporación de la mujer al mercado laboral es una realidad que no tiene marcha atrás y exige hacer cambios. El escenario es nuevo. Ya no basta con que el padre sea el proveedor económico y material, porque la madre también lo es.

 

Por tanto, al replantear en términos actuales la masculinidad no podemos limitarnos a recuperarla reproduciendo el pasado.

 

El trabajo que da el sostenimiento de un hogar y el cuidado de unos hijos es inmenso y el hombre debe asumir su parte. No imagino un reto que suponga más heroicidad y autosuperación. Shackleton se queda corto.

 

El reparto de las tareas del hogar… ese tema tan manido y cansino, como cansina es a veces la vida misma. No niego que la mujer sea en esencia una gran cuidadora (no veo en ello un rol de género asumido casi por fatalidad, sino riqueza y capacidad), creadora de hogar y madre; biológicamente es ella la principal protagonista en los primeros años de crianza, pero urge recuperar la función del padre.

 

Por más que la familia monoparental esté de moda y se nos venda que una mujer sola puede con todo, exaltando exclusivamente la maternidad y la sensibilidad femenina, necesitamos a nuestros maridos y padres. Reivindicamos la figura paterna por supervivencia. La cantidad de niños tiranos que hay hoy en día tiene mucho que ver con el descrédito de la masculinidad y la paternidad.

 

“La figura del padre es clave no sólo para el niño sino también para la mujer/madre. Parece que el padre pone límite a la tiranía del hijo sobre la madre. La figura paterna podría ser la clave de la verdadera emancipación de la mujer respecto a la tendencia cada vez mayor a la tiranía de los hijos”, explica María Calvo en Padres destronados.

 

Nuestros hijos necesitan padres presentes y no madres omnipresentes e hipercontroladoras. Y nosotras, al menos yo, necesito a mi marido. Frente a la idea cada vez más extendida de que una mujer sola puede con todo, pienso en la sabiduría del plan de Dios: “Hombre y mujer los creó”, “No es bueno que el hombre esté solo”, etc.

 

Creo que es clave dejar a los hombres ejercer su paternidad sin pretender que “hagan todo como nosotras”. Ellos probablemente asumirán más riesgos con los hijos y les alimentarán peor, quizás se olviden el abrigo y salgan de casa sin peinar, pero les pondrán frente a sí mismos y sus límites, les ayudarán a superarse, les marcarán con mayor eficacia el límite a su Yo frente a la tendencia de la madre a darlo todo y a estar en todo. Esta realidad, como todas, tiene mil matices y excepciones pero creo que tiene también bastante verdad.

 

Sobreabundan las madres que, por la culpabilidad generada al pasar tantas horas trabajando fuera de casa, cuando están presentes son demasiado solícitas e intensas en el ejercicio de la maternidad porque la condensan en unas pocas horas y no dejan espacio al hombre para ejercer su paternidad, tan legítima como la maternidad.

 

Si dejamos a nuestros hijos con nuestro marido y desaparecemos un rato, no es necesario que les organicemos la vida ni corrijamos cada iniciativa del hombre por más disparatada y mal organizada que nos parezca. La tarde podrá resultar un bodrio a nuestros ojos y, a nuestra vuelta, quizás ninguno se haya bañado y hayan cenado palomitas. Pero debemos dejarles ese espacio porque es suyo, no es una cesión, les pertenece.

 

Conclusión: urge recuperar la masculinidad y la paternidad sin limitarnos a reproducir el pasado.

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