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Fernando Rodríguez Borlado – Aceprensa
23.01.2012

 

 

Las historias sobre “la primera vez” son presentadas en la televisión y en el cine con altas dosis de romanticismo. Pero la realidad es que muchos jóvenes dicen haber sufrido algún tipo de presión externa que ha precipitado sus primeras relaciones sexuales, y después lamentan esta falta de libertad. Así lo constatan algunos informes recientes sobre la iniciación sexual de los jóvenes.

 

Varios informes y estudios se han ocupado de preguntar a los jóvenes acerca de sus primeras experiencias sexuales. Además de identificar los principales elementos de presión que en muchos casos precipitan sus comportamientos, estos informes sirven para constatar que una gran proporción de quienes manifiestan haberse iniciado sexualmente se arrepiente de haberlo hecho tan pronto, o de haber mantenido relaciones sexuales más por falta de control sobre sí mismos que por decisión meditada.

 

Tendría que haber esperado

 

Según el estudio trienal With One Voice 2010, realizado a jóvenes estadounidenses de 13 a 19 años, un 67% de las chicas y un 57% de los chicos desearían “haber esperado más”. Un informe de la Universidad de Navarra –parte del proyecto Yourlife, sobre las tendencias en la iniciación sexual de los jóvenes en todo el mundo– recientemente publicado y centrado, en esta última entrega, en tres países en desarrollo (Filipinas, El Salvador y Perú), muestra también que un 20% lamentan haber tenido esta experiencia. Pero señala al mismo tiempo que más de un 30% dijo haber sentido algún tipo de presión externa para mantener las relaciones sexuales, y casi un 50% reconoció haber perdido el “control de la situación”.

 

Otro dato interesante del informe es que el arrepentimiento acerca de alguna relación sexual también afectó a aquellas situaciones en las que el origen de la relación, según los encuestados, era “estar enamorado”. El romanticismo no vacuna contra las malas experiencias en el campo de la sexualidad.

 

De hecho, según una macroencuesta realizada por los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) de Estados Unidos, casi la mitad de las violaciones que denuncian haber sufrido las mujeres norteamericanas han ocurrido en el contexto de la pareja. Por edad, la primera experiencia de violación u otra violencia sexual tuvo lugar cuando la víctima tenía entre 18 y 24 años, más que en ningún otro periodo de su vida. Esto implica que el abusador era probablemente el novio o un amigo.

 

Cabe preguntarse cuántas de estas agresiones pueden entenderse precisamente como el tipo de relaciones sexuales entre jóvenes en las que existe alguna forma de presión externa por parte de uno de los miembros de la pareja. Esta presión se escuda muchas veces en la idea, muy extendida por los medios de comunicación, de que “si no hay sexo, no hay verdadera relación sentimental”.

 

Invitando a jugar con fuego

 

Son varios estudios los que describen la fuerza que ejerce “el ambiente” sobre los adolescentes en el modo de vivir la sexualidad. Cuando se habla del ambiente en este contexto se alude a dos realidades diferentes pero conectadas: los medios de comunicación y los amigos.

 

Muchas de las series televisivas más de moda entre los adolescentes ofrecen una visión banal del sexo, cuando no fomentan directamente la precocidad sexual, haciendo burla del personaje que a los 16 años aún “no se ha estrenado”. Estos mensajes calan en los adolescentes y provocan un sentimiento de ansiedad por conformarse con el ideal. Muchos adolescentes, además, trasladan el mundo de las teleseries a la realidad y llegan a pensar que la mayor parte de sus compañeros llevan vidas sexualmente activas, cuando no es así.

 

El informe Under Pressure documenta la presión que muchos jóvenes y adolescentes afroamericanos dicen sentir para iniciarse en el sexo. Es revelador, por ejemplo, que el 40% de los chicos y chicas de entre 13 y 15 años crean que la mayoría de sus compañeros ya han mantenido relaciones sexuales, cuando la realidad –según el mismo informe– es que tan solo lo han hecho el 22% de las chicas y el 29% de los chicos, y eso que la comunidad afroamericana es la más precoz en este aspecto junto con la hispana.

 

El informe With One Voice 2010 arroja cifras parecidas: el 44% de los encuestados declaraba no haber mantenido relaciones sexuales en el último año, y sin embargo la inmensa mayoría (73%) pensaba que casi todos sus compañeros sí las habían tenido. La falsa percepción de la vida sexual de los compañeros genera una tendencia mimética que termina por consolidar el tópico.

 

Los jóvenes afroamericanos encuestados para Under Pressure opinan mayoritariamente que las series, películas, shows, etc. transmiten una visión de la juventud negra como promiscua (87%) e irresponsable en las relaciones de pareja (74%). Además, creen que se transmite la idea de que lo más importante en una chica afroamericana es su sex appeal (72%), y de que está bien que un chico tenga varias parejas sexuales (74%). En el caso de las chicas el porcentaje se reduce al 54%.

 

El daño de la pornografía

 

De los jóvenes de 13 a 15 años encuestados para Under Pressure, el 46% declaraba haberse encontrado con contenidos pornográficos sin haberlos buscado; el 42% reconocía haber consumido pornografía on line que le había facilitado un amigo y otro 42% por iniciativa propia.

 

En el informe realizado por la Universidad de Navarra en Perú, El Salvador y Filipinas, la razón más repetida por las chicas para haber mantenido su primera relación sexual fue “estar enamorada”. Sin embargo, entre los varones prevalecían otras explicaciones como “quería pasármelo bien”, “quería saber cómo era”, “la mayoría de mis amigos ya lo habían hecho” y también “fue consecuencia de haber visto imágenes sexuales”. Además, el consumo de pornografía es uno de los factores más claramente asociados a experiencias sexuales que luego se lamentan.

 

De los encuestados para el informe Yourlife, casi la mitad de los que ya se habían iniciado sexualmente declaraban haberse sentido sobrepasados por un momento de excitación, muchas veces provocado por la pornografía.

 

Muchos programas de educación sexual pretenden atajar los embarazos y abortos de adolescentes promoviendo prácticas sustitutivas de las relaciones sexuales, y no es infrecuente encontrar verdaderas apologías de la pornografía, la masturbación o los encuentros íntimos sin “llegar hasta el final”. Sin embargo, para los investigadores de Yourlife, este tipo de mensajes contradicen la realidad, puesto que está comprobado que estas conductas favorecen las relaciones sexuales y no las sustituyen.

 

Al menos, los propios adolescentes parecen tener más sentido común que los “educadores sexuales”: según la macroencuesta With One Voice 2010 la mayoría de los jóvenes (71%) y adultos (81%) creen que compartir imágenes sexuales –vía móvil, páginas web o redes sociales– lleva a una mayor actividad sexual en la vida real.

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