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Juan F. Vélez y María Luisa Estrada – Protege tu Corazón
27.05.2013

 

Juan Francisco Vélez y María Luisa Estrada, fundadores de la entidad Protege tu corazón, exponen en este artículo toda la problemática que encierra el embarazo adolescentes en México y otros países de Latinoamérica.

***

 

Hace unos días, mientras tomábamos un descanso después de impartir una conferencia en un municipio de Nuevo León, salió el tema de la deserción escolar con la Directora de una secundaria pública. “Este año se fueron cinco alumnas de un grupo porque quedaron embarazadas…”, comentaba. Por una maestra de otro municipio supimos también que de cuarenta alumnas en 3º de secundaria, veinticuatro de ellas habían quedado embarazadas durante los tres años de secundaria, es decir el 60%. Según ella, en casi todos los casos se repite la historia que vivieron sus padres y las adolescentes lo utilizan como justificación: “¡Mamá, qué me vas a decir…, si me tuviste a los 14!”

 

Embarazos de adolescentes en México

 

A lo largo de la última década se han realizado estudios con estimaciones sobre el número total de nacimientos entre adolescentes. Todos ellos presentan diferencias en los porcentajes que van del 14% al principio de la década, al 19% del total de nacimientos al final de la misma. Las cifras más recientes señalan que el porcentaje de nacimientos entre madres adolescentes en México es del 18.8% de entre 2.577.214 nacimientos totales, según las estadísticas del INEGI, 2009 [1].

 

Cuando se considera que las tasas de fecundidad de las mujeres menores de 20 años son muy altas, no se toman en cuenta las diferencias culturales que existen en México, donde la maternidad a edad temprana es una costumbre muy aceptada e incluso alentada en muchas zonas rurales, así como también que el mayor número de nacimientos se concentra en las poblaciones con menor nivel socioeconómico de las zonas urbanas.

 

Motivos para el inicio de la vida sexual

 

Según un análisis de varios estudios mexicanos[2], la mayoría de los adolescentes no tienen como meta la procreación, aunque existen grupos para quienes las relaciones sexuales tienen fines reproductivos.

 

Las mujeres en su mayoría manifiestan haber tenido su primera relación sexual con su novio, mientras que los hombres con sus novias y también con sus amigas. La edad de la primera relación sexual de las adolescentes es a los 15 años, mientras que en los hombres es un año menos [3].

 

Las mujeres lo hacen por espontaneidad, romanticismo, amor o necesidad de compañía y otras por presión sicológica o física. En los hombres prima lo irreflexivo, lo impulsivo, el placer y la satisfacción sexual.

 

Al entrevistar un grupo de adolescentes embarazadas, nos llamó la atención que la periodista Azucena Uresti recogiera como las tres causas más frecuentes las siguientes: la ausencia de uno o ambos padres, la influencia de los medios y la educación sexual de la SEP[4].

 

En un reciente estudio realizado en Perú y Paraguay entre madres precoces (menos de 20 años) y adultas (mayores de 20 años) [5], de niveles socioeconómicos medio-bajo y bajo, se concluyó que las expectativas de las adolescentes de tener una vida diferente a la de sus padres son casi inexistentes por lo que carecen de incentivos para lo académico. El logro académico de sus padres en general es bajo. El efecto llamado intergeneracional es fuerte: si la madre quedó embarazada siendo adolescente, la hija sigue el mismo patrón. Los resultados del estudio sugieren además que las uniones formales tempranas y la baja calidad de la educación también las llevan a buscar el embarazo como excusa para no continuar los estudios. En el fondo, el embarazo no altera su trayectoria de vida sino que más bien la acelera.

 

En la misma secundaria que citamos al comienzo del artículo, las y los adolescentes de segundo de secundaria, ante la pregunta “¿cuáles son tus sueños?” contestaron que ser arquitecto, veterinario, pediatra, maestro de educación física, soldado, solucionar problemas del deporte en su comunidad, etc. ¿Qué pasará con estos sueños si ahora se involucran en el sexo?, ¿Dónde quedarán estos incipientes anhelos?

 

Consecuencias socioeconómicas de los embarazos

 

Al embarazo temprano se le atribuyen desventajas educativas y en general un menor nivel de vida derivado de ser madre en la adolescencia. Pareciera que la maternidad precoz es un mecanismo de transmisión de la pobreza.

 

Para algunos investigadores mexicanos [6], la evidencia que existe al respecto puede mirarse en forma inversa; es la pobreza la que perpetúa situaciones que llevan al embarazo. Según esto, las condiciones socioeconómicas preexistentes explican que algunas adolescentes se conviertan en madres y otras no.

 

En Estados Unidos se han comparado adolescentes que se abstienen de sexo con otros que no, teniendo la precaución de seleccionar grupos con los mismos antecedentes sociales: educación de los padres, sexo, raza, estructura familiar y nivel de ingreso. Aquellos que se abstienen durante los años de preparatoria tienen 60% menos probabilidades de ser expulsados; 50% menores probabilidades de deserción escolar y el doble de probabilidades de terminar y graduarse [7].

 

Conclusión

 

Sea que el embarazo conduzca a la deserción o la deserción lo preceda, hay mucho por hacer. El estudio del BID sugiere que “los esfuerzos de prevención a través de los colegios no pueden limitarse a la educación sexual, sino que deben fomentar la fe en el futuro, una identidad clara y positiva, la autodeterminación y el reconocimiento a las conductas positivas [8].”

 

Una educación sexual centrada en el sexo seguro no es de calidad. No es realista. Cualquier propósito educativo serio no puede “ver” solo cuerpos, como si un adolescente fuera solo un conjunto de células y de órganos. Es una persona, es decir, posee también una dimensión social, emocional, racional y trascendente y en tal sentido, requiere que se le brinde una educación que asocie su sexualidad con todo lo que es, y no solo con los genitales…

 

El enfoque reducido a lo biológico incentiva a probar. “Al insistir en el condón y las pastillas despiertan la curiosidad. Si lo único que te enseñan es a usarlo, te preguntas ¿por qué no probar?” dice Carla, embarazada a los 15 años.

 

Qué tal si se les enseña a llenar su tiempo libre, a emprender actividades de servicio, a ocuparse en servicio social, a estudiar idiomas, a recrearse con el arte, las manualidades, el deporte. Mucha parte del presupuesto destinado a las cartillas de educación sexual podría destinarse a programas para uso adecuado del descanso y a generar espacios como parques, bibliotecas, auditorios, canchas deportivas, etc.

 

Este tipo de educación sexual incentiva al “debut” sexual con los efectos ya conocidos: aumento de embarazos, ITS y variadas consecuencias emocionales. Lleva a pensar que amar es solo sentir y que lo máximo de una relación romántica es tener sexo. Por tanto, induce a creer que el amor verdadero es solo una sensación placentera, el sexo.

 

Hay que evolucionar a una idea más integradora porque se está evidenciando que el enfoque en lo físico está fracasando. Sería como pensar que hay que educar el páncreas o el hígado. ¡No es posible! Por eso hay que empezar a hablar de educación de la sexualidad, viendo personas completas, no solo cuerpos. Y una buena educación de la sexualidad, debe tener en cuenta que es necesario enseñar no solo a amar, sino enseñar a amar bien. Y este enfoque significa aprender a desarrollar un buen carácter: respeto a sí mismo y a los demás; control de emociones para aspirar al éxito; construir una sana autoestima; aprender a tomar decisiones y a responder por ellas; defender con fortaleza los valores y las metas ante la presión de grupo; saber cómo se desarrolla una amistad y cómo llevarlo a la práctica; diseñar un proyecto de vida y ponerse metas que lo hagan posible.

 

Este sí que es un buen equipaje para transitar el viaje de la adolescencia con éxito y llegar a ser los adultos que necesitamos en nuestro país.

Cortesía de Protege tu Corazón para LaFamilia.info (http://www.protegetucorazon.com/)

 

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Artículo publicado en la Revista Vanguardia Educativa, Año III, Número 8, Mayo de 2012

[1] “Proponen frenar embarazo juvenil”, Lourdes Zambrano, Periódico El Norte, Monterrey, Noviembre 9 de 2011
[2] Estudio de diagnóstico nacional sobre el rezago educativo que presentan las madres jóvenes y las jóvenes embarazadas en relación con la educación básica. CRIM – UNAM, México DF, Enero 2010
[3] Encuesta Nacional de Juventud, ENJUVE 2010
[4] Sexo temprano, Reportaje de Multimedios TV, Noviembre 27 de 2011
[5] El fracaso educativo: embarazos para no ir a la clase, Emma Näslund-Hadley Georgina Binstock, Banco Interamericano de desarrollo, BID, Junio de 2011
[6] Estudio de diagnóstico nacional sobre el rezago educativo que presentan las madres jóvenes y las jóvenes embarazadas en relación con la educación básica. CRIM – UNAM, México DF, Enero 2010
[7] Teenage sexual abstinence and academic achievement, Robert Rector y Kirk A. Johnson, The Heritage Foundation, 2005
[8] El fracaso educativo, op.cit.
 

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