Por LaFamilia.info - 06.04.2020

 

Foto: jcomp

 

La Semana Santa 2020 no será igual a las demás. No visitaremos las iglesias, ni asistiremos a las procesiones; las viviremos a través de una pantalla, estaremos confinados en nuestras casas, viviendo la fe con un espíritu intenso y profundo desde la oración personal y familiar, lo cual es una gran oportunidad para transformarnos, para vivir la fe de una manera única y especial. 

 

Y como dijo el Papa Francisco el pasado 27 de marzo en la oración por la pandemia, no estamos solos en esta prueba: “Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente. En esta barca, estamos todos. Como esos discípulos, que hablan con una única voz y con angustia dicen: “perecemos” (cf. v. 38), también nosotros descubrimos que no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta, sino sólo juntos”. 

 

Así que tomemos este tiempo para una verdadera transformación, en LaFamilia.info te proponemos 3 puntos para vivir en esta Semana Santa en cuarentena, basados en esa homilía tan especial del Papa Francisco: 

 

1. Reconozcamos nuestra vulnerabilidad y volvamos a la oración 

 

“La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades. Nos muestra cómo habíamos dejado dormido y abandonado lo que alimenta, sostiene y da fuerza a nuestra vida y a nuestra comunidad.”

 

¿En qué habíamos construido nuestras vidas? ¿Nuestras familias? ¿Nuestras relaciones con los demás? ¿Cuáles eran nuestros valores? Tal vez sea momento de replantear muchas cosas de nuestra vida, hagamos un examen a conciencia y volvamos a lo que de verdad nos soporta en todo momento: la oración.  

 

2. Demos al ego su verdadera dimensión 

 

“Con la tempestad, se cayó el maquillaje de esos estereotipos con los que disfrazábamos nuestros egos siempre pretenciosos de querer aparentar; y dejó al descubierto, una vez más, esa (bendita) pertenencia común de la que no podemos ni queremos evadirnos; esa pertenencia de hermanos.”

 

La pandemia nos ha demostrado que todos somos iguales, que tener más dinero o más poder, no nos da la felicidad, ni nos asegura el bienestar. Quitémonos esos maquillajes de egolatría, soberbia, orgullo, envidia, rencor… 

 

3. “Convertíos”, «volved a mí de todo corazón» (Jl 2,12)

 

“«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Señor, nos diriges una llamada, una llamada a la fe. Que no es tanto creer que Tú existes, sino ir hacia ti y confiar en ti. En esta Cuaresma resuena tu llamada urgente: “Convertíos”, «volved a mí de todo corazón» (Jl 2,12). Nos llamas a tomar este tiempo de prueba como un momento de elección. No es el momento de tu juicio, sino de nuestro juicio: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es.”

 

(…) “Abrazar su Cruz es animarse a abrazar todas las contrariedades del tiempo presente, abandonando por un instante nuestro afán de omnipotencia y posesión para darle espacio a la creatividad que sólo el Espíritu es capaz de suscitar. Es animarse a motivar espacios donde todos puedan sentirse convocados y permitir nuevas formas de hospitalidad, de fraternidad y de solidaridad. En su Cruz hemos sido salvados para hospedar la esperanza y dejar que sea ella quien fortalezca y sostenga todas las medidas y caminos posibles que nos ayuden a cuidarnos y a cuidar. Abrazar al Señor para abrazar la esperanza. Esta es la fuerza de la fe, que libera del miedo y da esperanza.”

 

Y para complementar estas palabras de Mons. José Antonio Eguren: “Al final el amor siempre vence, y por tanto esta pandemia será derrotada. El cristiano sabe que la muerte, el dolor y la enfermedad no tienen la última palabra. La última palabra la tiene el Señor resucitado. ¡Cristo resucitado es nuestra gran esperanza!”.

 

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ACI Prensa - 31.03.2020

 

Foto: Freepik 

 

El aislamiento en las casas para prevenir contagios por coronavirus puede resultar estresante para muchos, ante esto, el sacerdote uruguayo P. Daniel Kerber explicó cómo se puede ver esta situación con otra mirada.

 

En su mensaje, el P. Kerber relató la historia de dos presos que pintaban desde sus celdas.

 

Ambos miraban la misma ventana y “cada uno pintaba lo que veía”, prosiguió el sacerdote. “Uno pintaba el paisaje, el campo, el cielo, el sol, pero el otro pintaba los barrotes”, describió.

 

“Los dos tenían la misma imagen. La ventana, los barrotes y lo que veían detrás de la ventana. Y esto dice mucho de lo que estamos viviendo ahora”, reflexionó. 

 

“Este aislamiento social puede hacer que nos sintamos encerrados y eso puede generar en nosotros sentimientos de angustia, sentimientos de opresión; pero también nos puede permitir ver más allá de los barrotes, como pintaba el preso”, dijo.

 

“Ver más allá de los barrotes significa cortar y poner límite a toda la información que sobreabunda y muchas veces canalizados en un sentido”, explicó el P. Kerber.

 

“En medio de los barrotes podemos ver muchos signos de esperanza”, y relató cuando las autoridades de Lombardía (Italia) pidieron 300 médicos de apoyo y como resultado se presentaron siete mil médicos.

 

“Este tiempo es para estar en casa, es un tiempo para abrirnos al Señor y, como leíamos en el Evangelio del domingo, Jesús le abría los ojos al ciego”.

 

“Pidámosle al Señor que nos abra los ojos para que no solamente veamos los barrotes, sino más allá, para que veamos cómo la vida sigue y cómo el Señor sigue, en medio de una situación muy compleja, suscitando vida y vida en abundancia”, manifestó.

 

“Esa vida que se da a través de personas concretas que se ofrecen”, “aquellos que colaboran y que se ponen al servicio de los demás para hacer que esta situación sea menos penosa”, expresó.

 

“Pidámosle al Señor que nos conceda esta alegría de poder ver más allá de los barrotes y ver este tiempo como una oportunidad”.

 

“Que este tiempo de Cuaresma que es de conversión nos encuentre abiertos para ver”, “que el Señor nos invita a salir y ser testigos muchas veces estando en casa”, finalizó el P. Kerber. 

 

 

 

Infovaticana - 19.03.2020

 

Foto: Freepik 

 

Que ‘cuarentena’ y ‘Cuaresma’ tengan el mismo origen etimológico está resultando providencial, porque el obligado encierro de estos días nos ofrece una ocasión especial para vivir la conversión y el espíritu de penitencia de estas fechas. Así lo ve José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián, y así lo predica en un video que ha hecho público.

 

“El mundo tiembla por la crisis generada por un microorganismo”, dice Munilla en el inicio del video. “Esta Europa nuestra, en la que nos sentimos tan seguros de nuestro estado del bienestar, de repente entra en crisis de una manera totalmente inesperada (…) De repente experimentamos nuestra vulnerabilidad, somos vulnerables. Teníamos construidos todos nuestros proyectos encima de un castillo de naipes, que se viene abajo. Es una experiencia de vulnerabilidad ante la que nos encontramos”.

 

Esto convierte la situación creada en un tiempo de gracia, añade. “Es importante en este momento reflexionar, ponernos en presencia de Dios y buscar una palabra de sentido”, dice el obispo, que señala que recuerda que Dios es providente y “conduce el hilo de la historia a buen puerto. No acontece nada sin que Él lo permita, sin que Él tenga un designio de salvación en cuanto acontece”.

 

Munilla hace hincapié en que nuestra civilización ha olvidado sus raíces cristianas y perdido sus valores, y que en esas circunstancias necesita un tratamiento de choque para volver a ellos. “Los tiempos duros dieron a luz personas fuertes. Las personas fuertes dieron a luz buenos tiempos. Los buenos tiempos dieron a luz personas débiles. Y las personas débiles, finalmente, han dado luz tiempos difíciles”. Una razón que lo ha llevado a plantear una gran pregunta: “¿Acaso este microorganismo, este virus, forme parte también de una providencia en la que estemos llamados a renacer, a ser fuertes, a ser firmes a redescubrir el sentido y raíz de nuestra vida (…) a entender que por un lado no somos nada, que somos muy humildes, muy pequeños, que no somos nada sin la gracia de Dios, pero que con Dios lo somos todo?”.

 

Esta pequeñez percibida es fundamental, es la llamada a la humildad, a reconocer nuestra insignificancia. “Es el momento de la obediencia humilde y responsable, pensando en el bien común. Siendo humildes renunciando a los propios planes, pensando en el bien común de los demás. ¡Tiempo de obediencia!”.

 

La cuarentena obliga, además, a tener un tiempo libre inesperado que debemos aprovechar. “Voy a cuidar el orden, para que el orden cuide de mi”, señala Munilla tomando palabras de San Agustín. Luego dice que es una gran oportunidad para “vivir este tiempo como un regalo de Dios para crecer, para madurar”.

 

Para el obispo de San Sebastián, permanecer encerrados en casa supone, ante todo, “un tiempo de gracia” que llama a una mayor vivencia de la fe. “A veces ayunar – paradójicamente -, puede ser algo que nos prepare para disfrutar más las cosas. El que no es capaz de ayunar, luego no es capaz de disfrutar”, señala Mons. Munilla, quien también convoca a vivir la cuarentena aprovechando la lectura diaria y en profundidad de la Palabra de Dios, personalizándola y estudiándola. Dice, además que es oportunidad “para que en este tiempo hagamos un buen examen de conciencia (…) de los diez mandamientos de la ley de Dios”, que preparen a la Comunión.

 

Y que mientras dure el confinamiento, se realicen las comuniones espirituales que significan: “yo me preparo, deseo estar bien preparado para recibir a Jesucristo”. “Este es un momento de gracia para que aprendas a orar, para que aprendas a estar con Él, para que aprendas a quedarte en silencio”, continúa el prelado. Pensar en los demás Cerrando el video, Mons. Munilla recuerda que la pandemia es una situación que “nos hace pensar en los demás”, siendo una ocasión “para darnos cuenta que el prójimo existe”. “Es una gran oportunidad para amarlo, para ser sensible, para ponernos en su situación. Para que Dios nos de la gracia del olvido de nosotros mismos por amor a los demás (…) Cuando llegamos a amar a los demás hasta el olvido de nosotros mismos, es un momento en el que espiritualmente crecemos exponencialmente”, reflexiona. Finalmente, antes de orar a Nuestra Señora, llamando a dirigirse a Ella en “la vocación que nos sea más entrañable”, recordó que es tiempo de Cuaresma, y por lo tanto, preparación para la Pascua, además de ser el mes de San José, “en el que Marzo nos prepara especialmente para conducirnos de una manera humilde, sigilosa, hacia Jesucristo”.

 

*Publicado originlmente en Infovaticana

 

 

P.J.G./ReL - 24.03.2020

 

 Foto: wavebreakmedia_micro

 

¡Gran reto que se plantea a millones y millones de personas en todo el mundo! Vivir prácticamente encerrados entre cuatro paredes para evitar la expansión del coronavirus... ¿Quién sabe más sobre este desafío? ¿Los marineros, los astronautas, los científicos polares? Hay un colectivo que tiene una experiencia aquilatada por muchos siglos en este tema: ¡los religiosos de clausura!

 

La hermana María Teresa de los Ángeles, de las carmelitas descalzas de Cádiz, ha difundido un decálogo titulado 10 consejos de una monja de clausura para vivir los días de confinamiento y no morir en el intento.

 

En el Facebook del convento explica: "Es nuestro granito de arena, ya que lo nuestro es "estar amando". Queremos ser un espacio de paz y luz para todos. Rezamos con vosotros a la Madre de Dios, pidiendo gracia para salir de esta situación más fortalecidos. Os compartimos lo que para nosotras es nuestra experiencia de vivir siempre en el mismo sitio. La clausura también se aprende y se puede vivir como una escuela de libertad, interioridad y dominio propio. ¡Ánimo! Quedaos en casa y vivirlo en plenitud. Es un reto interesante".

 

10 consejos de una monja de clausura para vivir los días de confinamiento y no morir en el intento:

 

1. Actitud de libertad

 

Lo más fundamental es la actitud con que vivas, la interpretación que haces tú mismo de la situación, la consciencia de que no es una derrota. Paradójicamente, ésta puede ser una oportunidad de descubrir la más genuina y grande libertad: la libertad interior que nadie puede quitarte, la que procede de ti mismo. Es verdad que las autoridades nos “obligan” a estar en casa, tu libertad consiste en adherirte voluntariamente, sabiendo que es por un bien superior. Libre es el que tiene la capacidad de asumir la situación porque quiere hacer lo correcto. No estás encerrado en casa, has optado por permanecer ahí “libremente”.

 

2. Paz donde se ensanche el alma

 

Mira dentro de ti mismo, el más amplio espacio para expandirte y ser feliz está en tu corazón, no necesitas espacios externos, sino andar con holgura en tu propio mundo. Dale cabida a la creatividad, escucha tus propias inspiraciones y encuentra la belleza de la que eres capaz. Tal vez aún no has descubierto que en la paz del alma brota vida… la vida es creación de más vida, comunicación de gozo y amor. Cuando te acostumbres a vivir en ti, ya no querrás salir.

 

3. No te descuides, la paz hay que trabajarla

 

Ejercita virtudes que requieren de concentración y autoconocimiento, esas que normalmente descuidamos por estar ocupados en mil quehaceres “externos”. De cómo afrontas tus propias emociones y pensamientos, de la gestión de tus sentidos y pasiones depende que vivas en el cielo o en el infierno. Obsérvate y domínate, porque si te dejas llevar del miedo, la tristeza o la apatía, difícilmente cortarás el hilo, ya que no hay muchas evasiones. Disciplina sobre tu corazón: cuando algún pensamiento no te haga bien, deséchalo. Procura inclinarte hacia todo aquello que vayas notando que te da paz y alegría… la armonía hay que currársela.

 

4. Ama

 

El tema de fuego para estos días será la convivencia. Ante la crisis por la pandemia estamos más susceptibles e incluso irritables. Tendrás que ser muy paciente y usar mucho el sentido común. Somos diversos, cada quien tiene una sensibilidad diferente por miles de circunstancias. Acepta y respeta las opiniones y sentimientos de los demás. Es muy normal, cuando estamos en nuestra casa, la tendencia a querer controlar todo… Procura no hacerlo, sería causa de muchos enfrentamientos y frustraciones. Quítale importancia a las diferencias, potencia las cosas que unifican. El único terreno que realmente te pertenece eres tú mismo: tus pensamientos, palabras y emociones; no controles, contrólate. Desde el amor sacarás comprensión y empatía, ganas de dar y agradecimiento al recibir. Respeta, acoge la fragilidad, desdramatiza, vive y deja vivir.

 

5. No mates el tiempo

 

Nada podrá crearte una sensación tan grande de vaciedad y hastío como pasar el tiempo inútilmente. Es un enemigo gravísimo que podrá robarte la paz y hasta meterte en la depresión. Haz un plan para estos días e intenta vivirlo con disciplina. Descanso y ocupación no son antagónicos, aprovecha para descansar haciendo actividades que te relajen o que estimulen un buen ánimo. Tómate tu tiempo en las cosas sencillas: que la cebolla quede pochadita, los garbanzos tiernos, el potaje a fuego lento ¡Tenemos tiempo!… Aunque un guiso te tome 2 horas, disfruta haciéndolo, pero empéñate en que las cosas que haces, por sencillas que sean, tengan valor y una finalidad, nada de perder tiempo sin sentido, “matar el tiempo” es matar la vida.

 

6. Ensancha tus propias fronteras

 

Cuántas veces nos hemos quejado de todo lo que dejamos por hacer debido a la falta de tiempo. ¡Venga, ahora lo tenemos!…Ese libro que te regalaron hace tres navidades y no has leído, ese otro que aún no has devuelto porque te lo dejaste por la mitad. Si te gusta la música, busca nuevos artistas, descubre nuevos géneros. ¿Te apetece un viaje?… Piensa en algún país exótico y aprende sobre su cultura, lengua, tradiciones… tenemos internet para eso. Si eres persona de fe y oración, tal vez no sabes que rezar porque ya agotaste todo lo que sabías. ¿Por qué no pruebas con la liturgia de las horas? Descárgala en tu móvil. Busca en los escritos de algún santo, seguro encuentras muchas cosas que te llenaran el alma de nuevas luces. No te conformes con lo que ya conoces y sabes… ahora que hay oportunidad, ábrete a novedades que te aporten sabiduría y te llenen de alegría.

 

7. Para los más sensibles

 

Digo con mucho realismo, que no todos dominamos igual las emociones. Habrá personas a quienes, por su psicología, les costará mucho más este confinamiento. Las emociones no solo provienen de nuestro interior, también lo que vemos, escuchamos, tocamos, etc, nos influye. Por ello, hay que ser selectivos con lo que recibimos desde fuera para evitar entrar en círculos viciosos que nos atrapen en la desesperación o nos hagan perder el control.

 

Evitad en la medida de lo posible: conversaciones de tipo pesimista, discusiones, malas caras, exceso de información, películas de terror o intriga, desorden dentro de casa. Como no hay muchas evasiones que nos hagan cambiar de “chip”, todo lo que entre en nuestro cerebro permanecerá ahí por más tiempo de lo habitual, por eso hay que tener cuidado de no obsesionarnos o no dejar anidar una emotividad negativa en nuestro interior. 

El exceso de pantallas también es malo, porque sobre-estimula el cerebro y nos pone más nerviosos. Hay que dormir bien, pero en demasía pude provocar sensación de fracaso o derrota. Un remedio buenísimo para canalizar la energía y relajarnos es bailar. Poned buena música y reírse un rato largo bailando. Nada como reírse para reiniciar nuestro sistema interior.

 

8. No estás aislado

 

Es importante comprender que no tienes por qué sentirte solo, pues no lo estás. El amor y cariño de tu gente sigue ahí, aunque el contacto físico se haya distanciado. Esta es una oportunidad para vivir la comunicación a otro nivel más profundo, más íntimo. Habla con los que tienes en casa con tranquilidad, sin prisas, escúchales hasta que terminen, deja que el diálogo haga crecer la confianza y las confidencias construyan complicidad.

 

Dí lo que nunca tienes tiempo de decir, cuenta lo que siempre has querido contar, habla de todo y nada pero con cariño, que es lo que llega al alma y hace nido. Responde aquella postal navideña que no agradeciste, la carta que te emocionó y a la que estabas aplazando respuesta, ese e-mail de una vieja amistad. Busca palabras con belleza, intenta darle expresión a tus sentimientos más nobles… Habla desde el corazón y crea lazos mucho más profundos con tu gente. Descubrirás que la distancia no es ausencia.

 

9. Jornada de reflexión

 

Por no agobiarse, también es conveniente buscar momentos de silencio y soledad. En la organización del tiempo para estos días, también meted espacios de “oxigenación” individual.

 

¡Cuántas personas alguna vez he escuchado decir: “Cómo me gustaría retirarme algunos días a un monasterio”! Pues la ocasión está aquí, en casa. Ordinariamente nos cansamos del aceleramiento que tenemos encima, como si fuéramos desbocados por la rutina diaria sin tiempo para asimilar lo que vivimos. Esperamos cambios sustanciales en la sociedad. “Ésto no puede seguir así”, también se escucha mucho. Pues tenemos esta oportunidad para meternos en un capullo como el gusanito que se convierte en mariposa. Reflexionad, pensad, meditad… ¿Qué puedo cambiar en mí para ser mejor después de estos días? 

 

La separación de las cosas que ordinariamente nos traemos entre manos, ayudará para ver si realmente estamos poniendo el acento en las que importan, de que otras cosas podemos pasar, cuales son irremplazables, etc. Un buen discernimiento para mejorar hará que estos días hayan sido de mucho provecho. Hombres y mujeres nuevos después de esta crisis.

 

10. Ora

 

Sólo la oración (que es el vínculo de amistad con Dios) puede sustentar la vida en todas las situaciones, especialmente en las adversas. Oración, que como diría Sta. Teresa, “aunque la digo a la postre, es la principal”. Orar es abrirse a ese “Otro” que puede sostenerme cuando yo necesito ayuda; pero también cuando yo estoy bien, orar es sostener a otros que lo necesitan. Es la experiencia más universal del Amor.

 

Ora, habla con Dios, se pasaran las horas sin que te des cuenta: háblale de todo, no se cansa de escucharte, desahógate con Él cuando lo necesites y ¿por qué no?… deja que también Él se desahogue contigo, es tu Padre, tu Hermano, tu Amigo. Ejercita tu fe y tu confianza.

 

Si te dejaste la relación con Dios en el trajecito de marinero de tu primera comunión o en ese bonito vestido blanco, vuelve a intentarlo, ahora hay tiempo y serenidad para conversar con Él. Tal vez no crees porque no has probado ¿Y si lo intentas?

 

 

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ReL - 09.02.2020

 

Foto: Freepik 

 

Cuando se habla de ayuno lo primero que viene a la mente es dejar de comer. Últimamente también se ha asociado a otras acciones físicas como dejar de fumar, beber, o incluso aparcar temporalmente el teléfono móvil o la televisión.

 

Pero el ayuno puede ir mucho más allá y centrarse en actitudes de cada uno. Así lo cree el padre Ed Broom, experto en retiros espirituales y en la evangelización a través de los medios de comunicación.

 

Este religioso se pregunta cuáles podrían ser algunas formas concretas de practicar el ayuno. Y antes de nada recuerda que el ayuno no es una mera dieta con el simple deseo de perder algunos kilos de más. Más bien, el propósito del ayuno es agradar a Dios, convertir los corazones y rogar por la conversión de los demás. En otras palabras, ¡el ayuno debe tener una intención sobrenatural!

 

Por ello, en este artículo en Catholic Exchange propone diez maneras de cómo podemos ayunar.

 

1. Come menos y recibe más la Santa Eucaristía

 

Con esta práctica –afirma el padre Broom- se da más importancia a la vida espiritual y a la salvación del alma. Y recuerda lo que dijo Jesús: “No trabajéis por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el que os dará el Hijo del Hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello” (Jn 6, 27).

 

2. Controla tu lengua

 

Para este segundo punto este religioso recomienda encarecidamente la lectura del capítulo tercero de la Epístola de Santiago, “ ¡una de las mejores exhortaciones del mundo para trabajar en el control de nuestra lengua!”. Y recoge otra cita muy conocida de este apóstol: “Debemos estar dispuestos a escuchar y ser lentos para hablar” (St. 1, 19).

 

3. Momentos heroicos

 

En su libro Camino, San Josemaría, fundador del Opus Dei, acuñó el término “minuto heroico”. “Es la hora, en punto, de levantarte. Sin vacilación: un pensamiento sobrenatural y... ¡arriba! —El minuto heroico: ahí tienes una mortificación que fortalece tu voluntad y no debilita tu naturaleza”, escribía el santo.

 

Con esto –añade Ed Broom- San Josemaría afirma que tan pronto como escuchemos el despertador debemos levantarnos de la cama, rezar y comenzar nuestro día. ¡El demonio de la pereza nos anima a presionar el botón de apagar!

 

4. Controla la mirada

 

Los ojos son el espejo del alma. El Rey David se sumió en el pecado que condujo al asesinato de Urías el Hitita por la sencilla razón de que dejó que llevarse por las miradas. Sus ojos miraron y no se apartaron sobre una mujer casada: Betsabé. Los pensamientos adúlteros condujeron al adulterio físico, a la negación de su pecado y finalmente a matar a un hombre inocente. Por ello, este tiempo es propicio para esforzarse por por vivir la Bienaventuranza: "Bienaventurados los puros de corazón, ellos verán a Dios".

 

5. Puntualidad

 

El padre Broom recoge una cita del Evangelio de San Lucas en la que Jesús afirma: “El que es fiel en lo insignificante (en lo poco), lo es también en lo importante”. Por ello, este oblato recuerda que ser puntual y estar a la hora es una señal de orden, respeto por los demás y un medio para realizar las tareas bien y a tiempo.

 

6. Escucha a los demás

 

Es muy fácil interrumpir a otros cuando hablan y tratar de imponer nuestras propias ideas incluso antes de que la persona haya terminado su idea. La caridad, que significa amor por Dios y por los demás, enseña a respetar a los demás y permitirles hablar sin interrumpir e imponer nuestras propias ideas.

 

Escuchar a los demás también es un acto de humildad, ¡poner a los demás antes que a nosotros mismos!, agrega este sacerdote, que también añade una cita de Jesús en el Evangelio de Mateo: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”.

 

7. Más agradecidos y menos quejas

 

No hay que permitir que pase un solo día sin que se dé gracias a Dios. De hecho, afirma el padre Broom, “deberíamos estar constantemente agradeciendo a Dios”. E igualmente es conveniente acostumbrarse también de ser también agradecidos con los demás. “Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia” (Salmo 118).

 

8. Sonríe, incluso si no tienes ganas

 

De hecho, esto podría ser una gran penitencia: sonreír a alguien, incluso cuando estás cansado, con dolor de cabeza o un resfriado. Esta es la virtud heroica. Una sonrisa es algo pequeño, pero es contagiosa. De hecho, una sonrisa sincera puede elevar a quienes la ven de la desolación a un estado de consuelo. Una de las señales más evidentes de ser un seguidor de Jesús es la sonrisa de alegría que irradia la cara. “Estad siempre alegres en el Señor, os lo repito, estad alegres", dice San Pablo en su Epístola a los Filipenses (4,4).

 

9. Reza, incluso cuando no te apetezca

 

Afirma el padre Broom que “desafortunadamente, muchos de nosotros basamos nuestra vida espiritual en simples sentimientos que son efímeros, transitorios y pasajeros como el rocío que se evapora por el sol de la mañana Nuestro mejor ejemplo es, por supuesto, Nuestro Señor y Salvador Jesucristo en el huerto de Getsemaní (Lucas 22: 39-46). Cuando Jesús estaba experimentando una agonía y desolación mortal que extraía grandes gotas de sangre de sus poros, en realidad no tenía ganas de orar. Sin embargo, Jesús oró aún más fervientemente.

 

Por lo tanto, practiquemos el ayuno y la penitencia en nuestras vidas y tengamos un tiempo y un lugar establecidos para rezar y rezar a veces, incluso cuando no tenemos ganas. ¡Esto es penitencia y verdadero amor por Dios! ¡Esta es una señal de verdadera madurez en la fe!”

 

10. Un estímulo: ánimo

 

En este último punto, el padre Broom invita a que “salgamos de nuestro caparazón egoísta y concentrémonos más en Dios y en ver a Jesús en los demás, imitando al buen samaritano. Aprendamos a ser un Simón de Cirene y ayudar a nuestros hermanos y hermanas que llevan el peso de una cruz muy pesada. Podemos aligerarlo alentándolos con palabras, gestos motivadores y con un corazón lleno de amor y compasión. Recuerda la regla de oro: ‘Haz a los demás lo que te gustaría que te hagan a ti’. (Mt. 7:12) ¡En las difíciles tormentas de la batalla terrenal, una palabra de aliento puede ser un viento poderoso en las velas!”.

 

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