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LaFamilia.info
22.02.2008

 

 

“Todo fiel que haya llegado al uso de razón, está obligado a confesar fielmente sus pecados graves al menos una vez al año”. (c. 989). “Para recibir el saludable remedio del sacramento de la Penitencia, el fiel ha de estar dispuesto a rechazar los pecados cometidos y tener propósito de la enmienda, para así convertirse a Dios” (c. 987).

 

“La confesión individual e íntegra de los pecados con la absolución igualmente individual constituye el único modo ordinario, con el que el fiel es reconciliado con Dios y con la Iglesia”.

 

Vale recordar que según el Catecismo de la Iglesia Católica, para confesarse bien son necesarios cinco pasos:

 

1. Examen de conciencia: Es recordar los pecados cometidos desde la última confesión bien hecha. Para acordarse de los pecados se aconseja repasar los Mandamientos de la Ley de Dios, los de la Santa Madre de la Iglesia y los deberes del propio estado. El examen debe ser cuidadoso.

 

2. Dolor de los pecados: “El acto esencial de la penitencia, por parte del penitente, es la contrición, o sea, un rechazo claro y decidido del pecado cometido, por el amor que se tiene a Dios y que renace con el arrepentimiento’. No obstante, para confesarse ‘es suficiente la atrición, es decir, un arrepentimiento imperfecto, debido más al temor que al amor a Dios (Juan Pablo II, Reo. et Paen.).

 

Sin embargo el dolor de contrición es más perfecto, porque nace del amor de Dios y perdona inmediatamente los pecados, si se tiene el propósito de confesarlos. En cambio el de atrición, por nacer del temor no basta para perdonar los pecados inmediatamente sino que es necesario confesarlos y recibir la absolución. Conviene, pues, que nos arrepintamos por amor a Dios pero también por santo temor.

 

3. Propósito de la enmienda: Es una firme resolución de no volver a pecar. Tenemos verdadero propósito de la enmienda cuando estamos dispuestos a poner todos los medios necesarios para evitar el pecado y huir de las ocasiones de pecar.

 

4. Decir los pecados al confesor: Debemos confesar todos los pecados mortales y conviene decir también los veniales. Se han de confesar las faltas con humildad y sencillez, manifestando los ciertos como ciertos, los dudosos como dudosos, y aquellas circunstancias que aumentan o disminuyen su gravedad. El que calla a sabiendas algún pecado mortal comete un grave sacrilegio, y no se lo perdonan los pecados confesados (para el mortal se requieren materia grave, advertencia plena y consentimiento pleno de la voluntad).

 

5. Cumplir la penitencia: Es rezar las oraciones y hacer las obras buenas que manda el confesor, para satisfacer por la pena temporal de los pecados. Y para mayor desagravio y expiración, conviene aceptar los sufrimientos cotidianos y ganar indulgencias.

 

Recomendaciones prácticas al confesarse

 

Al arrodillarse en el confesionario, puede decir: “AVE MARIA PURISIMA”. También se puede añadir esta jaculatoria: “SENOR, TU CONOCES TODO, TU SABES QUE TE AMO”.

 

Puede empezar su acusación así: ‘Hace tanto tiempo que no me he confesado (una semana, dos meses, un año…); y me acuso de estos pecados”: Diga sus faltas de manera sencilla, clara y breve. Es preferible que comience por la que más le cuesta confesar.

 

Escuche bien los consejos y la penitencia que le indique el confesor. Y antes de que lo absuelva, manifieste tu contrición, diciendo por ejemplo: “JESUS, HIJO DE DIOS, APIADATE DE MI, QUE SOY PECADOR”.

 

En la absolución del sacerdote, éstas son las palabras esenciales: “YO TE ABSULEVO DE TUS PECADOS, EN EL NOMBRE DEL PADRE, Y DEL HIJO, Y DEL ESPÍRITU SANTO”. Se respondes “AMEN”.

 

Terminada la confesión, agradece al Señor su misericordia y cumple, lo antes posible, la penitencia impuesta. Procura también recordar y poner en práctica los consejos recibidos.

 

Para comulgar bien, además de estar en gracia de Dios se requiere no haber comido ni bebido excepto agua y medicinas al menos desde una hora antes; y saber que en la Comunión recibimos a Jesucristo Nuestro Señor.

 

Examen para la confesión por los mandamientos

 

1. Amarás a Dios sobre todas las cosas ¿Cuanto tiempo hace queme confesé bien? ¿Cumplí la penitencia? ¿Creo todo lo que me enseño la iglesia? ¿Procuro ir mejorando mi formación cristiana? ¿Evito las publicaciones o programas de televisión, etc. que vayan contra la ley moral?

 

¿Pongo diligencia en las cosas que se refieren al Señor, o me excuso con el “no me gusta”, “no me agrada” que manifiestan mi pereza? ¿Procuro hacer todo para la gloria de Dios, o actúo sólo de cara a los hombres?

 

2. No tomarás el nombre de Dios en vano. ¿He blasfemado? ¿He jurado con mentira, o con verdad pero sin necesidad? ¿He dejado de cumplir alguna promesa?

 

3. Santificarás las fiestas. ¿Por culpa mía he faltado a Misa, o notablemente al descanso, los domingos y fiestas de guardar? ¿He cumplido los restantes Mandamientos de la Iglesia?

 

4. Honrarás a tu padre y a tu madre. ¿Amo y obedezco a mis padres? ¿Respeto también a los mayores? ¿Venzo la pereza y el desorden para cumplir mis deberes? ¿Respeto a todas las autoridades legítimas?

 

¿Atiendo y ayudo a mi consorte y familia, a los amigos y a cuantos puedo? ¿Cuido con empeño la educación cristiana de mis hijos, con mi ejemplo por delante? ¿He reñido con mi cónyuge delante de ellos?

 

¿He apoyado programas de acción social o política inmorales y anticristianos? ¿Colaboro en lo que se refiere al bien común? ¿Me porto con los demás como quiero que lo hagan conmigo? ¿Soy agradecido?

 

5. No matarás. ¿He deseado a alguien la muerte o algún mal? ¿Me dejo llevar por la ira, mal humor, envidia, orgullo...? ¿Guardo enemistad, rencor o deseos de venganza? ¿Procuro querer bien a todos?

 

¿He molestado, insultado o despreciado a los demás? ¿Evito que las discrepancias en cosas opinables degeneren en faltas de caridad? ¿Me he peleado con alguien, o he forzado su justa libertad? ¿Sé perdonar y pedir perdón?

 

¿Cometo excesos en la comida, en la bebida...? ¿He tomado o fumado drogas, aunque sean blandas? Sin necesidad ¿he dañado la salud (mía o de otros), la integridad o arriesgado la vida (p. ej. manejando de modo imprudente en carretera?)

 

6. y 9. No cometerás ni consentirás actos y deseos impuros. ¿He consentido pensamientos contra la santa pureza? ¿He cometido actos impuros? ¿Conmigo o con otros? ¿Había alguna circunstancia agravante? ¿He asistido a espectáculos o lugares obscenos?

 

¿Hago uso del matrimonio conforme a la Ley de Dios enseñada por la Iglesia? ¿Antes de asistir a un espectáculo o leer un libro, me entero de su valoración moral? ¿Defiendo el aborto? ¿Uso anticonceptivos? ¿Acepto la esterilización?

 

7. y 10. No robarás y No codiciarás los bienes ajenos. ¿He dañado, robado o quitado lo ajeno? ¿Lo he restituido? ¿Presto mis cosas, trato bien lo que me prestan y devuelvo cuantas antes? ¿Soy egoísta o avaro? ¿Doy limosna, y ayudo a la Iglesia, según mis posibilidades? ¿Malgasto el dinero?

 

¿En los contratos y demás negocios engaño al prójimo? ¿Obro con justicia en lo económico y en todo lo demás? ¿Realizo a conciencia y puntualmente mi trabajo y lo ofrezco a Dios? ¿Pago salarios justos y tomando en cuenta el número de hijos? ¿Pago debidamente los impuestos?

 

8. No darás falso testimonio ni mentiras. ¿He dicho mentiras? ¿Con perjuicio de otros? ¿Soy hipócrita o adulador? ¿Amo la verdad y la sinceridad? ¿Soy leal y cumplo la palabra dada? ¿He dejado que la responsabilidad de mis actos recaiga sobre otros?

¿He pensado o hablado mal de otros? ¿He manifestado lo que debía callar? ¿Llegué a calumniar?

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